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MIS OBRAS

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miércoles, 3 de marzo de 2010

Le Theatre des Vampires Capitulo 6

Capitulo 6

Llegué a casa con el corazón casi a punto de salirse. ¿Por qué demonios tenía que estar tan nerviosa? Solo era una reunión entre compañeros de clase que iban a hacer los deberes juntos y ver una película.
Mamá no estaba en casa, había dejado una nota sujeta por un imán en la puerta del frigorífico. Decía que regresó a las doce en un descanso de un par de horas e hizo la comida, pero que no le daba tiempo a verme, que hasta que no acabase la campaña de publicidad en la que estaba inmersa estaría muy liada y llegando tarde. Suspiré. Mamá había cambiado todo su tiempo libre y su vida por cumplir un sueño roto que estaba robando nuestro tiempo juntas.
Después de que solo me entraran un par de kiwis en la barriga decidí ir a mi habitación para cambiarme de ropa. Opté por una camisola color azul marino, muy larga hasta las rodillas, donde se podía leer “Black Wings”, atado en la cadera con un estrecho cinturón de cadenas entremezcladas con alas de murciélago y unas medias negras tupidas con unos botines llenos de hebillas. Mi pelo liso y suelto, sin cambios.
Llamé a mamá al teléfono esperando que me contestara.
-Biiiiip, biiiiip, biiiiip…Hola, soy Marion Keaton,- abrí mis ojos de par en par al sentir en el contestador que mi madre utilizaba otra vez su apellido de soltera- en estos momentos no puedo atenderle, si es para algún trabajo de diseño, por favor no se olvide de dejarme su número de teléfono y me pondré en contacto con usted a la mayor brevedad, gracias. ¡Pip!- Sonó el pitido que avisaba de que podía dejar un mensaje- mmm… ¿mamá? Soy yo, Kat. He visto tu nota en el frigorífico. Llamaba para decirte que esta tarde he quedado con Tara y Roger para hacer los deberes y ver después una peli. No te preocupes que me llevo el teléfono por si tienes que llamarme. Besos.- Colgué.
Omití que también estaría Dominique para evitar que luego tratara de darme otro sermón. Si el chico ya me había acompañado a casa para mamá era suficiente como señal de alerta. Recogí mis cosas en mi bolso y en ese preciso momento llamaron a la puerta. Miré mi despertador y con asombro vi que ya eran las cinco. Se me había pasado el tiempo volando.
Troté por las escaleras hasta llegar al recibidor llevando en las manos mi bolso y el casco. Respiré profundo para tratar de calmar la respiración, pues no quería que Dominique me viese agitada, y cuando lo conseguí abrí la puerta con mi mejor sonrisa.
¡Dios! Estaba más guapo si cabía decir. Llevaba una camisa blanca con botones metalizados, la llevaba remangada hasta el codo y entreabierta por el cuello, revelando un torso firme pero sin músculos exagerados, unos simples vaqueros ajustados y la parte superior de su pelo recogido en una suave coleta hacia atrás. Tenía la tez más dorada que el día anterior, hoy casi parecía levemente bronceado mientras que ayer estaba casi pálido, y sus labios estaban sonrosados, sobre todo el inferior que era un poco más grueso.
-Veo que ya estás lista- una reluciente sonrisa me dejó KO por un momento sin saber qué decir mientras él sacudía la cabeza para ajustar su mochila en el hombro donde la llevaba colgada, haciendo que su pelo se moviese en un movimiento preciso para volver a caerle sobre los hombros- Kat, ¿estás bien?
-S-si.- debía parecer una idiota tartamudeando.- Tara y Roger no viven muy lejos de aquí, tan solo a dos calles.
-Roger me dijo en clase de Historia que quedábamos a las seis.
-Pues a mí no me dijeron que cambiaban la hora de quedar.- Esto de seguro era cosa de ese par de… Nota para mi diario: tengo que maquinar una buena trastada para ese par de alcahuetas.
-¿Quieres tomar algo en una cafetería? Tenemos tiempo de sobra.
Recordé lo de mi sueño- Bueno, mientras no sea en Marten’s Coffee…
-¿Por qué? ¿No es ahí donde estuvisteis ayer? Tengo entendido que hacen los mejores capuccinos de toda la ciudad. Tienen buena fama.
Le entrecerré los ojos sospechosa- ¿Te gustan los capuccinos?
-¡Oh si! Aunque también me pierdo por el expresso, pero lo dejo para la época de exámenes. Entonces que, ¿vamos?
Sin nada que pudiese argumentar para no ir allá asentí. Cerré la puerta con llave y me monté en la moto con él, agarrándome fuerte suponiendo que iríamos otra vez a máxima velocidad.
Llegamos en un suspiro. La cafetería estaba a rebosar de gente como si fuese el lugar indicado para cualquier reunión. Para mi mala suerte estaba Laura con su grupito, aunque también estaba con ella Jake y los chicos del equipo de rugby. Cuando se percató de nuestra entrada, Lisa codeó suavemente a Laura, que se giró bruscamente y abrió los ojos al vernos entrar en la cafetería. Todas se pusieron a cuchichear y tuve que hacer un esfuerzo supremo para no ir para allá y armar una buena. El odio que sentían hacia mi por ser amiga de Tara se estaba volviendo recíproco, yo tampoco las soportaba.
Tan absorta estaba tratando de escuchar que decían las perras que no me estaba enterando de lo que Dominique me decía, hasta que noté una chispa de electricidad recorrerme el brazo. Él me estaba tirando suavemente del brazo para intentar que fuésemos hasta una mesa que se acababa de quedar vacía. No se como lo hacía, cada vez que me había tocado sentía esa chipa electrizante pasar de él hacia mí. Le sonreí tímidamente, avergonzada de no saber qué me había dicho y lo seguí.
El camarero llegó con una sonrisa de oreja a oreja para limpiar la mesa y tomarnos nota en su libreta.
-Un capuccino con doble de nata- dijimos los dos a la vez, haciendo que nos mirásemos. El camarero asintió y se fue escribiendo nuestro pedido.
Dominique soltó una hermosa carcajada mientras yo me ponía como un tomate- ¡Mon Dieu!, ¡por fin alguien que sabe apreciar un capuccino bien completo!- lo miré extrañada, así que él me explicó- normalmente las chicas no queréis tomar nada con extra de calorías, se agradece poder tomar algo sin tener que ver una mirada exagerada mientras me dicen los problemas que conllevan para el cuerpo tomar tanta nata.
A decir verdad, yo entraba en el exclusivo grupo de las mujeres que podían tomar lo que quisieran sin peligro para su cuerpo. Estaba más bien demasiado delgada para mi gusto, con pequeños pechos pero con la cadera formada, y aunque hacía lo que podía por coger un par de kilos mi cuerpo los rechazaba. Podía tomar lo que quisiera que no engordaba un gramo. Mamá decía que mis grandes ojos, mi pelo negro y esa habilidad con la comida era de lo único de lo que se alegraba que hubiese heredado de papá.
El teléfono de Dominique sonó y estuvo hablando en francés un buen rato. Su rostro y su voz no demostraban ninguna alteración, siempre se mostraba calmado, así que me picó la curiosidad.
Estuvimos hablando un rato sobre lo que habíamos visto en la gran pantalla de televisión que estaba colgada en una de las paredes de la cafetería. Anunciaban el estreno de un par de películas y luego pusieron el canal de música. Descubrimos que nuestros gustos se asemejaban e incluso Dominique insinuó que podíamos ir a ver algún estreno o a un concierto. Si Tara lo hubiese escuchado de seguro luego hubiese estado dándome la vara con que me estaba pidiendo una cita.
Un hombre bastante alto entró en la cafetería. Giró su cabeza por todo el local hasta que nos localizó y se dirigió directo a nosotros. Varias mujeres de mediana edad lo recorrieron con los ojos, devorándolo.
-Hola Dominique.- tenía el mismo acento afrancesado que él. Era un hombre bastante alto, como de metro noventa, con el pelo largo y rubio dorado cayendo en hermosas ondas por alrededor de su cara y hermosos ojos verdes. Vestía con una camisa color crema muy ajustada dejando ver un pecho fuerte y musculado, unos marcados pantalones marrón oscuro sujetos por un cinturón de cuero y con mocasines negros.- Violette me dijo que habías salido.
Educadamente Dominique me presentó- Tío Antoine, ella es Katherin, una compañera de clase.
Sonreí con la sorpresa de ver que Dominique no se parecía en nada a su tío. Antoine me miró a los ojos y los abrió un instante en sorpresa. A mí también me pasó cuando me pareció ver un resplandor como el que creía haber visto alguna vez en Dominique, pero otra vez desapareció cuando parpadeé. Con un fino gesto cogió mi mano para depositar un breve beso sobre ella en un modo anticuado mientras me hacía una reverencia.
-Encantado de conocerte. Dominique podría traerte algún día para casa para que conozcas al resto de la familia, de seguro se sentirán complacidos de verte. Aunque la casa ahora está toda en reformas para montar el espectáculo, la gente tiene la manía de pensar que los vampiros viven en lúgubres casas y se podría decir que la estamos “aviejando” para que parezca más tenebrosa. Y por supuesto tú y tus amigos estáis invitados al estreno.
-Gracias. Dominique me comentó algo sobre lo de las obras de reforma- me acordé de mamá y su trabajo, así que agregué- ¿Tenéis ya a alguien que os haga el diseño para la publicidad?
-Todavía no he buscado a nadie. Recién llegamos y no conocemos a la gente del pueblo.
-La madre de Kat se dedica a diseñar atrezzos para publicidad- agregó rápidamente Dominique mientras me miraba- podría hacernos los diseños para los carteles. Kat dale el número de teléfono para que contacte con tu madre.
Saqué una de las numerosas tarjetas que mamá me había obligado a llevar en el bolso por si surgían situaciones como esta y se la entregué a Antoine.
-Merci, mademoiselle. La llamaré pronto.
Y en un parpadeo ya no estaba. Solo la puerta de la cafetería terminándose de cerrar.

martes, 2 de marzo de 2010

Le Theatre des Vampires Capitulo 5

Capitulo 5

Para cuando llegué a la parada del autobús Tara ya estaba allí, ansiosa porque le contara. Llevaba un corpiño negro bajo una corta chaqueta roja y una vaporosa falda negra llena de calaveras rojas, todo esto acompañado de unas medias tupidas y unas botas de combate. Yo seguía en mis simples vaqueros oscuros y una camiseta de manga larga ajustada en un gris degradado, la punta de mis botines asomando levemente por los bajos de los vaqueros. En verdad los diferentes estilos de moda no iban conmigo en absoluto.
-¿Y bien? ¿Me vas a contar la parte que te saltaste ayer de decirme o tendré que dejar volar a mi imaginación?
-Y dale con el temita… Simplemente dijo que pasaría a recogerme para ir a casa de Roger. No es para nada algo especial. Supongo que es porque no sabe donde vive.
-¿Y no se te ha ocurrido pensar que quizás eso es una excusa? Podría preguntarle a Roger donde vive, hoy, en el insti. Reconoce que el chico está muy bueno y que se tiene que haber fijado en ti. Si intentases arreglarte un poco más no solo él se habría fijado, podrías tener a tus pies a cualquier chico de clase.
Rodé mis ojos- Estoy bien como soy, gracias por decirme que mi aspecto es vulgar. Tengo bastante con que mi madre quiera cambiarme para que tú también me lo digas.- El autobús llegó en ese momento y la apremié a subirnos para coger sitio al fondo.
La verdad es que mamá siempre me estaba sermoneando con que me arreglase más, pero me daba pereza, se puede ir tan cómoda siempre en vaqueros y simples camisetas sin perder tiempo pensando en que maquillaje o peinado ponerse…
Tara me dio un codazo disimulado. Jake, el novio de Laura, había subido al autobús dos paradas más adelante y se había dirigido al fondo al vernos para saludarnos. Lo saludé con una simple sonrisa mientras ojeaba si Laura iba tras él.
-Hola Jake,- dijo Tara alegremente- hacía mucho que no te veía ir a clase en bus. ¿Le ha pasado algo a tu deportivo?
-¡Oh, no! Encargué un par de cosillas nuevas para ponerle y lo dejé ayer en el taller para que las colocasen. Lo tendrán listo para mañana por la tarde. Aunque si te soy sincero, me gustaría volver a ir a clase en el autobús por un tiempo. Estoy cansado de tener que irme más temprano para recoger a las amigas de Laura también.
-Bueno, si decides hacerlo, te guardaremos un sitio aquí atrás ¿no, Kat?- me guiñó un ojo que no entendí.
Otra vez simplemente sonreí. Estaba absorta pensando en la sombra que me pareció ver tras la ventana. Escribí mi sueño en el diario antes de salir y estaba dándole vueltas a todo eso sin prestar mucha atención a la conversación.
Tara y Jake estuvieron hablando todo el camino hasta llegar al instituto. Descubrí que había muchas cosas en las que coincidían y por la manera de hablar se conocían bastante.
Cuando bajamos del autobús Jake se despidió y se acercó hasta donde estaba Laura esperándole con cara de pocos amigos, lanzándonos miradas furiosas por estar cerca de su chico. Las había tenido que acercar su padre y estaba molesta.
-Conoces bien a Jake, ¿verdad?
-Jake y yo íbamos al mismo colegio de pequeños. Cuando estábamos en clase el año pasado pues…bueno… estuvimos saliendo unos meses.
Abrí mis ojos completamente por la sorpresa.- ¿Tú y él?
-Oye que no soy un bicho raro- me dio un suave golpecito en el hombro a modo de queja- A mi me había gustado desde siempre. Jake era diferente entonces. Bueno, sigue siendo el mismo, pero cuando entró en el equipo de rugby no tenía tanto tiempo para que estuviésemos juntos, tenía que entrenar y yo fui egoísta, quería tenerlo conmigo todo el tiempo, así que al final corté con él- su mirada se entristeció-, un último intento de que se quedara a mi lado. Cuando lo nombraron capitán del equipo Laura se empezó a interesar por él y salen desde entonces. Fin de la historia.
-Pues cambiaron sus gustos totalmente. Tú y Laura no tenéis nada en común, salvo haber salido con él. Por tu mirada creo que todavía te gusta y por eso dices que no te interesan los chicos.
-Más o menos. Yo cambié mi estilo de vestir al poco tiempo, revelándome ante todo y todos. Estuve un tiempo sin hablarle y en la fiesta de fin de curso hicimos las paces. Laura sabe que salimos juntos y por eso me odia, a mí y a quien esté a mi alrededor. Cuando haya otro chico popular seguro que lo dejará para ir tras el nuevo. Ella es así de estúpida. Mira- señaló al aparcamiento- Ahí llega Dominique.
Llegó en su preciosa moto. No llevaba puesto el traje a juego, pero para mi sorpresa iba vestido de la misma forma en que lo había visto en mi sueño. Se quitó el casco y se colocó unas gafas oscuras, encaminándose hacia el edificio.
-Joder, las mismas gafas…- estaba tan sorprendida que ni me fijé en que había hablado en voz alta.
-¿Decías?- Tara me había oído hablar.
Le comenté rápidamente mi sueño y lo de la sombra antes de que Roger nos alcanzara. No había llegado a tiempo para coger el bus y su hermano mayor lo había acercado.
-Me dejas tiesa. Eso tiene que tener algún significado. A lo mejor Dominique es telépata o algo así y se conectó en sueños contigo.
-¡Venga ya Tara! Ya estás desvariando… Será coincidencia.
-¡Hola chicas! Siento el atraso. Tuve un pequeño accidente con el desayuno y tuve que cambiarme a última hora.
Lo miramos de arriba abajo. Llevaba una camiseta arrugada de Aerosmith y unos vaqueros desgastados. No es que hubiese usado mucho tiempo en cambiarse, concluimos riendo.
-No pongas excusas Roger. Siempre llegas tarde. Un día tu hermano Tommy se hartará de tener que traerte a clase antes de irse a trabajar y tendrás que venir a patita.
Roger unió sus dedos como si fuese a rezar y miró hacia el cielo- ¡Dios quiera que ese día no llegue! Sería horrible perderme la clase de la señora Collins, amo esa asignatura tan llena de acción…
-Ja ja ja… ¡Que tontito eres Roger! No soportas la Literatura Inglesa.
El timbre sonó cuando entrábamos en el aula. Laura nos miró por encima del hombro y yo dejé mi vista clavada en su cara para demostrarle que no me intimidaba.
-¿Qué miras estúpida?
-Lo mal que vas maquillada hoy. Supongo que será porque papaíto te metió prisa para traerte y no te dejó ponerte más que una capa de maquillaje. Si quieres te presto un poco de esto para que termines de arreglarte- saqué una torta rellena de nata como la que comí en la cafetería- ayer tu aspecto mejoró bastante con ello, realmente se te veía como la payasa que eres.
Laura se echó para atrás temiendo que la manchase otra vez con la torta y Jake hizo caso omiso a su agarre del brazo. Supuse que habrían discutido antes de entrar por haberle visto bajar del autobús con nosotras. Tara me sonrió contenta por haber asustado a Laura. Seguimos hacia nuestras mesas.
-Ya era hora de que esa perra encontrase la horma de su zapato- me dijo alzando un poco la voz para que nos oyese.
Laura la señaló con el dedo índice y luego hacia su oreja para indicarle que la había escuchado. Tara se giró levemente para enseñarle un puño cerrado con el dedo corazón subido y una sonrisa como si acabase de recibir un premio mientras me cogía del brazo con la otra mano para que no sacase otra vez mi torta dispuesta a hacer diana.
Dominique ya estaba sentado en la mesa más cercana a las nuestras. Iba directa a sentarme en mi sitio junto a Tara después de saludarle con la mano cuando al girarme para tomar mi silla vi que Tara había pegado un tirón del brazo de Roger para que se sentara en mi lugar. Tara tenía una risita tonta en su rostro mientras con las cejas me indicaba el lugar al lado de Dominique. La muy jodida me la había jugado para que acabase a su lado. Ese era el sitio de Roger supuestamente. Le lancé una mirada fulminadora que no parecía ser lo suficientemente buena cuando Roger miró de mí a Tara y viceversa, comprendiendo el asuntillo.
-Kat, déjame el sitio que tengo que decirle unas cosillas a Tara.- me dedicó una sonrisa de oreja a oreja.
Resignada me dirigí al asiento junto a Dominique mientras oí como los dos traidores daban una palmada uniendo sus manos mientras reían. Me giré esta vez hacerles una pequeña señal a ambos, muy disimuladamente coloqué un dedo sobre mi cuello dirigiéndolo de un lado al otro, como diciéndoles que en cuanto pudiese les cortaría la cabeza. Se pusieron muy quietecitos, sus manos sobre la mesa, con cara de niños buenos pero con la boca apretada aguantándose la risa por la trastada que me habían hecho.
La señora Collins entró cargada de libros hasta su mesa, soltándolos con un bufido por el peso que había llevado y comenzó a buscar la lista de alumnos para revisar si faltaba alguien.
Dominique se acercó un poco para susurrarme.- No se si te molesta estar a mi lado. No te he hecho nada, creo.
Me agaché un poco para que me escuchara, me pareció que estaba dolido- No es por ti, es por esa cosa de chicas, eso de que nos gusta hacer todo juntas, como lo de ir al baño de dos en dos…etc. Por cierto, a Roger no le importa que vengas- no le había preguntado pero por su complicidad con Tara supuse que le daría igual.
Dominique sonrió comprendiendo. Para mi disgusto, porque esa sonrisa me calaba dejándome absorta por un rato y su melodiosa voz tampoco me ayudaba a salir del trance.
-¿Entonces te parece bien que te recoja a las cinco?- más de su espléndida sonrisa, amenazando con terminar con mi cordura.
Asentí rápidamente mientras hacía como que rebuscaba en mi mochila un bolígrafo y no me viese ponerme levemente colorada.

lunes, 1 de marzo de 2010

Le Theatre des Vampires Capitulo 4

Capitulo 4
Miré hacia mi cama donde había dejado el teléfono y me di cuenta de que también había dejado el casco allí. Coloqué el casco de Dominique dentro de mi armario para que mamá no lo viese, solo yo tocaba mis cosas y era una regla que respetábamos la una de la otra desde que entré en la adolescencia.
Cogí mi teléfono y vi en la pantalla que era Tara. Descolgué sabiendo qué quería.
-Tara, no he hecho nada más que llegar a casa y ya quieres saber qué pasó con Dominique.
-¡Joder, parece que me conocieras de toda la vida! Que sepas que eso no te libra de explicarlo. Suelta por esa boquita ya, que me tienes en ascuas…
-¿Qué quieres que pase? Nada, no pasó nada. Me trajo a casa y punto. Lo único que me dijo es que si podía venir con nosotros mañana a casa de Roger.
-¿Ves? Ahí lo tienes. Dijo de acompañarte.- soltó una risita.
-No líes las cosas. Dijo que nos acompañará.- le bufé- Si te apetece hacer de casamentera usa a Roger que te conoce de más tiempo y sabe de qué van tus locuras.- se rió por mi enfado- Seguro que conoces sus gustos en chicas.
-Roger no piensa en chicas, solo le interesan las películas terroríficas, los nachos, las palomitas y escuchar a Aerosmith y a Muse. Es como yo. A su aire.
-Bueno, volviendo al tema, ¿le importará a Roger que nos acompañe?
-¡Nah!- chasqueó- Cuantos más seamos, más nos divertiremos. ¿Vendrás primero a mi casa, o no?
-Después del insti nos veremos directamente en casa de Roger, Dominique me llevará.
Colgué rápido para no darle tiempo a que dejara volar la imaginación y me reí a gusto pensando en el dolor de cabeza que me daría al día siguiente en clase preguntando de todo. Me fui a preparar la cena, estaba hambrienta.
Mamá llegó bastante tarde, con cara de cansada y sacándose los zapatos nada más entrar. Le había dejado la cena dentro del microondas para que la calentase cuando llegara, así que cuando la vi entrar regresé a la cocina para calentársela. Mamá llego detrás de mí y se sentó agradecida de que le sirviese yo y no tuviese que caminar más.
-Tuvimos que cambiar el escenario tres veces porque a la modelo no terminaba de gustarle el efecto de las luces sobre su cara ¿Te lo puedes creer? Mandaba más que el fotógrafo o yo.- mamá suspiró resignada- Y eso es lo que me retrasó. Kat, ¿Llegaste a tu hora?
-Mmm… si mamá- dije dudosa, no estaba acostumbrada a mentir así que al final me delaté- Bueno, realmente llegué un poquito más tarde pero no fue para tanto. Además me acompañaron.
-Sabes que no me gusta que llegues tarde, no conocemos todavía esta ciudad ni sus peligros. ¿Quién te acompañó?
-Un compañero de clase. Nos encontramos con él cuando volvíamos y Tara le pidió que me trajera para casa para no llegar tarde.- mamá me miraba con los ojos bien abiertos y muy sorprendida.- Mamá, no te enojes. Es un compañero de clase, está en mi grupo de química y es nuevo en el instituto como yo. Quiere hacer amigos y ha empezado por nuestro grupo. Se ve buen chico.
-Solo te diré una cosa…
-Ten cuidado con los chicos- terminé la frase por ella, siempre me repetía lo mismo.- Lo sé mamá, pero no me parece justo que los metas a todos en el mismo saco. Todos no son papá.
Con esa frase dejé a mamá para irme a mi dormitorio. Estaba molesta porque ella no pasaba página y rehacía su vida. Definitivamente a mamá le hacía falta salir por ahí a divertirse y olvidarse de papá. Yo ya lo había hecho, cuando al conseguir que mamá le firmase los papeles del divorcio dejó de venir a vernos al rancho. Papá estaba solo interesado en seguir su nueva vida junto a su amante.
Me senté en la cama tapándome con las sábanas, escribí unas frases en mi diario y después me puse los auriculares para escuchar mi mp3 esperando coger el sueño lentamente. Ni bajé la persiana siquiera, me gustaba tener la luz de la luna entrando por la ventana cuando estaba en fase llena y la habitación parecía estar iluminada.
Dominique estaba esperándome en la cafetería donde estuve con Tara y Roger la tarde anterior. Estaba espléndido con el pelo suelto muy liso, una camisa negra súper ajustada y unos vaqueros muy ceñidos. Llevaba unas gafas de sol, Armani por lo que me fijé al acercarme y lucía una maravillosa sonrisa con esos dientes tan perfectos.
Por un instante me pareció ver un destello alrededor de su cuerpo que desapareció al parpadear. Creo que sufrí una alucinación otra vez.
-Buenas tardes, petit étudiant... Creí que al final no vendrías.
Ayyyy… ese acento me gustaba tanto. Y esas palabras en francés…Un momento.
-¿Qué me llamaste?
-Petit étudiant. Pequeña estudiante. Se que te gusta oírme hablar francés.- me sonrió de la manera más dulce que podía cuando me senté y el color iba apareciendo por mis mejillas.
-No te he dicho que me gustara, ¿cómo llegaste a esa conclusión?- aparté mi mano rápidamente y la puse sobre mi regazo. Casi nos habíamos rozado- ¿Qué demonios hago aquí? Había quedado con Tara en casa de Roger y…
-El brillo de tus ojos cuando hablo lo dice. ¿Qué te apetece tomar? Yo siempre tomo un café expreso.- me dijo mientras se levantaba para ir a hacer el pedido.
-Bu-bueno… A mí me gustan los capuchinos, – me sonrojé antes de decir-con doble de nata.
-D'accord…- sonrió. Mientras se alejaba yo seguía mirando a donde había estado, embobada recordando su bella sonrisa.
Dejé volar mi imaginación. Me dije a mí misma que esto no era una cita y que recordara haber quedado con Tara y Roger.
-Estás pensando tonterías.- Me dije yo en voz alta.- ¿Por qué iba yo a fantasear con estar a solas con Dominique? “Porque te está gustando, idiota”, me contesté mentalmente a mí misma.
Dominique llegó con las bebidas y volvió a sentarse después de darme la mía.
Tomé un sorbo de mi capuccino teniendo cuidado de que la nata no se me quedara pegada encima de los labios antes de hablar.- ¿Hiciste el trabajo que nos pidió la señora Collins? Yo he escrito sobre Chaucer y “The Canterbury Tales”, y de William Shakespeare con sus comedias románticas.
-Oh si. Lo terminé. Yo opté por Shakespeare también, pero me centré en sus tragedias, y también me decidí por Christopher Marlowe. ¿Quieres hacer otra cosa que no sea hablar de cosas de clase? Mañana de todos modos nos enteraremos de lo que los demás escribieron.
Me condujo hasta unas máquinas de videojuegos que estaban al fondo y me subió una ceja preguntándome si quería echar una partida. Miré a las pantallas para percatarme de que en una estaba un juego con el que solía jugar con los hermanos Stuart cuando no nos estábamos peleando: Escapada del cementerio. Se trataba de eliminar todos los zombis y esqueletos que nos íbamos encontrando hasta llegar al gran mausoleo, donde debíamos luchar contra el malo-malísimo, Drácula. Te daban mejores armas si conseguías hacer muchos combos con los esqueletos y no dejabas un solo murciélago volando. Era todo un clásico en el que yo era una experta.
-Juguemos a este. Te voy a dar una paliza en puntos.- sonreí maliciosa cuando vi su cara de sorpresa.- El que pierda paga los cafés, ¿vale?
- D'accord.
Puse mi bolso y la chaqueta en lo alto de la máquina y me remangué las mangas de la camiseta. Hicimos una cuenta atrás desde el tres para empezar y me concentré en la pantalla. Aunque llevaba ya algún tiempo sin jugar pronto cogí el ritmo. Incluso un par de veces me equivoqué al apuntar y le dí al policía que manejaba Dominique, con su consecuente queja.
-Eres una tramposilla. Quieres que me eliminen.
Me reí a gusto- Ha sido sin querer…- un ultimo golpe de suerte cuando nos enfrentábamos a Drácula y salieron las puntuaciones- ¡Gané! ¡Gane! Todavía no he perdido mi record.
Tenía las manos alzadas y pegando botes de alegría. Estaba tan eufórica que ni me dí cuenta de que le di a mi chaqueta, hasta que cayó a mis pies. Dominique y yo nos agachamos a recogerla y nuestras caras quedaron muy cerca. Por instinto nos miramos uno al otro durante unos segundos.
Su mirada estaba puesta fijamente en mis labios mientras sonreía pícaramente. Fue acercándose lentamente, con la respiración contenida mientras se mojaba los labios en un instante, casi podía sentir el roce…
Un ruido de algo rompiéndose me sobresaltó. La imagen de la cafetería se volvió borrosa, girando mientras arrastraba todo lo que encontraba a su paso. Dominique se vio envuelto en medio del torbellino con una cara de sorpresa mientras intentaba con una mano alcanzarme, volviéndose cada vez más borroso…hasta que todo quedó sumido en la oscuridad y el silencio.
Abrí mis ojos sobresaltada incorporándome en la cama. Todo había sido un sueño y Bloody había tirado mi lapicero del escritorio mientras buscaba un lugar donde acurrucarse. Era un lapicero de arcilla que había hecho en clase, en cuarto curso. Tenía forma de calavera un tanto deformada y cuando la señorita Harris lo vio me dijo que tenía una imaginación desbordante pero muy tenebrosa. Incluso quería que mamá me llevase a una sicóloga por si tenía problemas.
-Pero Bloody, ¿qué has hecho?... era mi lapicero favorito. Tienes ahí el que me regaló mi prima Cinthia que es horrendo, pero no, tú tenías que cargarte el mío…
Salí de la cama en busca de mi gata para acunarla conmigo. La gata saltó inmediatamente a mis brazos, ronroneante y moviendo el rabo en un ritmo lento.
Giré la cabeza inconscientemente hacia la ventana y me pareció ver una sombra oscura a través de ella. Parpadeé un segundo y ya no estaba.
Me envalentoné y me acerqué más al cristal. No había nada, ni en la ventana ni por el jardín de casa.
-Habrán sido imaginaciones mías- acaricié la cabeza de Bloody suavemente mientras volvía a meterme en cama y la puse sobre mi. La cogí por debajo de sus patas delanteras y acerqué su cara hasta mi nariz.- ¿O quizás no?- La solté sobre la cama para que se hiciera un ovillo- Buenas noches Bloody.