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Algunas de las historias que escribiré pueden contener contenido calificado "Para Adultos", si lo lees sin ser mayor de edad será bajo tu propia responsabilidad...

MIS OBRAS

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viernes, 6 de agosto de 2010

Moonlight: Capítulo 31, Capitulo final y descarga completa

Si chicas, por fin mi mente trabajó bastante en organizar cómo quería que fuese el último capi. Es muy largo, más o menos el doble de lo habitual, pero no sabía donde hacer un corte para dividirlo en dos así que lo dejo como me salió. De todos modos, como siempre hago, os lo dejo para descargar la historia completa ;) Besitos.








Capitulo 31

Valiant cogió una pequeña bolsita de tela que también guardaba en su escondite secreto y los alentó a seguirlo hacia la primera planta poniendo mucho cuidado en los pasos que daban. April y Giselle siguieron por el pasillo que daba al patio para unirse junto a Isobel y Nínice para ayudarlas a protegerse.
Las tropas del general Wolfgang estaban dando un buen espectáculo. Todo el mundo estaba tan entusiasmado en la exhibición que no se percataron de su llegada por uno de los balcones que daban al patio de armas. Era el único que no estaba ocupado por nadie por ser uno de los antiguos aposentos de la madre de Valiant. Desde que la reina murió, el rey Faulo había determinado que aquella zona estaba prohibida para todo el mundo, sirvientes, soldados e incluso sus propios hijos no debían acceder a él, pero Valiant tenía en su poder una de las llaves que lo abrían. La usaba cuando necesitaba un lugar donde esconderse de su padre cuando se airaba con él por haber hecho alguna trastada. Todo el mundo entró allí y cerró tras pasar y encender un pequeño candelabro junto a la puerta. La habitación estaba completamente cerrada, olía a polvo acumulado y los muebles estaban ocultos tras montones de sábanas. Valiant se acercó hasta la ventana para dar un vistazo hacia lo que ocurría en el patio.
En el centro, en el área de lucha, se amontonaban gran cantidad de soldados heridos, rodeados de grandes manchas de sangre como resultado de la brutal pelea que habían concluido un par de minutos antes. Por el gran cansancio de la lucha habían vuelto a su forma humana y yacían quietos, con el único movimiento de su pecho al respirar. Estaban aguantando estoicamente el haber sido derrotados.
Los vencedores también resoplaban cansados mientras se acercaban al palco donde estaban Oliver y las princesas. Hicieron su saludo militar y se alinearon en espera de la opinión de Oliver, que miraba fascinado a la tropa y al general.
Oliver se levantó, palmeó el hombro del general y se acercó al borde del palco.


-En verdad estoy muy feliz por esta magnífica exhibición de fuerza, arte y poder. Sois unos soldados muy valerosos y recibiréis una compensación por vuestro esfuerzo en agradarnos a mi esposa y a mí- miró hacia Isobel, quien tenía cara de preocupación pero que cambió a una sonrisa forzada en cuanto se dio cuenta de que Oliver la miraba.- Verdaderamente estáis dispuestos a mostrar lealtad hacia mí, si no, no creo que hubieseis montado un espectáculo de tal magnitud. Quizás, creo que debía compararos a mi guardia de élite por vuestra maestría.


Dicho esto se volvió hacia donde estaba su guardia personal. Notó que estaban más relajados de lo normal, como agotados y torpes de reflejos. En otras circunstancias sus soldados hubiesen dado vítores de alegría al ver a su señor hablar de ellos, pero los notó aletargados.- ¿Qué demonios os pasa?


-Lo que les pasa es que no van a poder salvarte de mi ira.


Oliver giró su cabeza hacia arriba para ver de donde provenía la voz tan familiar de Valiant. Lo vio posicionado en el balcón de los aposentos de su tía. Valiant se había subido al borde del alfeizar blandiendo una espada. Savage estaba a su lado sonriendo con malicia y Optimus apuntaba directamente a él con un arco y una flecha tensados.- ¿Cómo te has escapado? ¡Guardia, a mí! ¡Ayudadme! ¡Atrapad al traidor!


Los soldados trataron de dar unos pasos para cruzar hacia la puerta de salida. La droga que habían ingerido estaba haciendo su efecto y lo único que consiguieron fue tropezarse. April y Giselle se situaron a los lados del palco y cortaron las cuerdas que sujetaban los cortinajes que adornaban la parte trasera. Las cortinas cayeron sobre los soldados dejándolos atrapados por mucho que tratasen de escapar de allí.
Valiant saltó desde el balcón con gran maestría mientars se transformaba en licántropo para dar lo mejor de su fuerza recién renovada. Cayó justo delante de Oliver que ya estaba tratando de transformarse y desenfundando su espada, y comenzó la lucha.
Savage saltó también para interceptar al cabecilla de la élite y Optimus junto a Wolfgang hizo lo propio con los sirvientes leales a Oliver que se aproximaban para tratar de ayudarlo. Isobel cogió de la mano a Nínice y la empujó bajo la mesa donde estaban para protegerse de las armas.
Miraras a donde miraras todo eran espadas, lanzas e incluso piedras agitándose entre los dos bandos. La batalla llevaba ya cerca de media hora cuando Oliver cogió aliento para gritar.


-¡Cómo osas presentarte aquí, debería haberte matado cuando tuve oportunidad!- gritaba tratando de estocar a Valiant.


-¡Y yo debería haberte pateado el culo cuando te lo dije hace muchos años! ¡Vas a pagar por haber matado a mi padre, se que has sido tú!- y le hizo una llave militar para apartar el filo que se le aproximaba. Le dio una patada en el centro del pecho y lo derribó. Se acercó con la punta de la espada apuntando a su garganta.


-El puñal que lo atravesó es tuyo. ¡Tú eres el asesino!- Oliver seguía gritando mientras trataba de acercarse de nuevo a donde estaba Isobel escondida- Tu hermana piensa lo mismo.


Valiant no se lo pensó dos veces, atravesó la garganta de Oliver sin vacilar, gritando justicia y haciendo que se atragantase con su propia sangre. Decayó al instante, sus ojos que habían estado muy abiertos por la sorpresa fueron cerrándose lentamente. La pelea cesó para todo el mundo. Al morir Oliver nadie estaba dispuesto a seguir luchando, tiraron sus armas y se arrodillaron para rendirle honores como su verdadero rey.
Valiant seguía enfadado, estaba como poseído. Todavía en su forma licántropa saltó hacia la mesa del palco. Apoyó una mano en el borde y con increíble fuerza la mesa salió despedida por los aires, rompiendose en múltiples pedazos al chocar en el suelo. Isobel chillaba horrorizada, encogiéndose todo lo que podía al ver a su hermano ir en busca de ella por temor a que también la matase.- Pagarás por haberle ayudado a matar a nuestro padre y por haber maltratado a Nínice.- Y levantó su garra derecha para asestarle un fuerte golpe.


Giselle corrió desde donde estaba hasta alcanzar a Isobel. En el último momento consiguió interponerse entre ellos dos gritando un no desgarrador. La garra de Valiant se clavó en un costado y la sangre comenzó a salir en borbotones.
Valiant aulló al darse cuenta de lo ocurrido y se dejó caer al suelo de rodillas para tratar de contener la herida.


April ya estaba corriendo hacia ellos para ayudar.- ¡Valiant eres un capullo! ¿De qué sirve tanta fuerza y tanta ira si luego no sabes contenerla? Giselle quería que parases para explicarte que Isobel fue engañada por Oliver igual que los demás, ella está segura de que Oliver mató a tu padre y ha estado ayudando a Giselle en el castillo.


-Yo no… no sabía… Tengo que detener la herida o morirá.


Se colocó a cuatro patas para lamerle el costado. Durante varios minutos tuvo que hacerlo hasta que por fin la hemorragia se detuvo. Optimus alentó a unos sirvientes para que trajeran una camilla y la llevasen al interior del castillo. El curandero ya estaba esperando con vendajes y algunos medicamentos. La metieron en un salón y el curandero cerró la puerta tras él.
Pasaron varias horas, sirvientas entraban y salían con vendas nuevas y llevándose las sucias. Valiant, Savage, April, Optimus, Isobel, Nínice y Wolfgang esperaban impacientes en la puerta. Por fin el curandero salió.


-He tenido que drogarla y coserla. La herida era muy profunda y había hecho bastante daño en su interior.


-Marco, saldrá bien, ¿verdad?- preguntó preocupado Valiant.


Marco lo miró con algo de preocupación- Creo que sí, pero eso no es lo que me preocupa.


-¿Entonces qué?


-Bueno… cuando estuve examinándola me di cuenta de que ella no es… como nosotros. Si no a estas alturas ya estaría casi curada totalmente.


Savage se acercó hasta el curandero- Marco no te enrolles, ¿qué ocurre?


-Está bien, creo que la has infectado con nuestra sangre, ella va a ser como nosotros en pocos días, posiblemente cambie completamente en una llena. L que no sé es si su cuerpo estará preparado para este cambio.


-Hay escritos antiguos sobre que los humanos ya lo consiguieron- exclamó Optimus.


-Si, yo también lo leí, lo que no he leido en ningún sitio es si el cambio es posible estando la mujer embarazada.


-¿Queeeeeé?- Exclamaron a la vez Valiant, April y Savage.


-Está de muy poco tiempo, dos o tres semanas a lo sumo desde que se quedó, pero lo está estoy seguro.


Valiant corrió hacia la puerta- Tengo que verla, no puedo pensar en haberla encontrado reciente y tener que perderla ahora.


-Ve si quieres con ella, pero está sedada. De todos modos no sabremos nada hasta que llegue el cambio. Me gustaría darte mejores noticias, pero no sé más sobre ello. Investigaré por si encuentro la solución. Por ahora ella está bien, te lo prometo.




Días después, en la noche de luna llena.


-No puedo creer que hayas decidido hacer esto conmigo.- refunfuñó Giselle tocándose la barriga- Menos mal que Marco encontró unas hierbas que protegerán a mi bebé durante el cambio.


-¿Y por qué no? Savage me estuvo comentando y es tentador, así que decidí que el me infectase también. – April sacó cuatro dedos- Longevidad por cientos de años, vivir en el castillo donde estemos rodeados de sirvientes para nuestro servicio, no preocuparme más por mis finanzas ya que tengo un tesorero que me las distribuye, y lo mejor de todo, ¡me caso!


-Eso si que no me lo esperaba de ti. ¿Quien me iba a decir a mí que al final alguien te atraparía? Savage no sabe lo que hace…- dijo riendo Giselle.


-¿Qué no sé qué?- preguntó Savage mientras entraba acompañado de Valiant. Los chicos se fueron cada uno a abrazar a su futura esposa.


-Nada- rió de nuevo- ¿Se puede saber qué entendéis vosotros por ir de gala para la transformación- preguntó mientras tiraba de la tira de su bikini.


Valiant la miró deseoso- Bueno, a ver si entendéis. Vosotras queríais estar bonitas para cuando llegue vuestro cambio, pero si os vestís con ropa normal esta se desgarrará y quedará inservible. Lo mejor que hemos encontrado es esto, pero que si te estorba… yo te ayudo a quitártela en nuestros aposentos…


-Chicos, ¿queréis dejarlas en paz hasta que pase el cambio?- dijo Isobel entrando junto a Nínice.


Savage alzó las manos a la vez que Valiant- Está bieeen…


Todos se rieron y Nínice fue hasta el balcón para abrirlo y dejar que la luz de la luna inundase toda la habitación.- Duele un poquito la primera vez, pero es soportable.


Sin más preámbulos abrió las cortinas, las dos cayeron al suelo retorciéndose mientras sus cuerpos cambiaban. Tras unos cuantos dolores estaban totalmente cambiadas a licántropos, luego sus cuerpos continuaron para dejar paso a dos pequeñas lobas de hermoso pelaje. Giselle tenía el pelo de un color claro y grisáceo, mientras April lo tenía de un marrón anaranjado muy parecido a su pelo natural. Los demás también se habían transformado. Valiant olisqueó el hocico de Giselle y luego saltó por la ventana al jardín. Sin pensarlo dos veces le siguió para corretear por allí libremente. Los demás saltaron también para jugar toda la noche.
A la mañana siguiente estuvieron durmiendo hasta bien entrada la tarde debido al agotamiento. Valiant la despertó suavemente con un tierno beso.


-Han traído ya tus cosas de tu casa.


Giselle se desperezó- Me visto y vamos a por ellas. Hay una cosa que quiero mostrarte, te va a sorprender.


Bajaron al salón principal. Habían puesto un enorme cuadro en un caballete, oculto tras una gran sábana. Valiant la miró confuso.


-Esto es lo que estuve haciendo en la semana en que estuviste lejos de mí, aquí en el bosque. No pensé que saldría tan parecido a la realidad. Lo imaginé cuando te vi transformarte en lobo por primera vez.


Tiró de la sábana y el cuadro asomó. Giselle estaba retratada en mitad del bosque, con un camisón blanco ondeando por su cuerpo. Tras ella estaba un licántropo de pelaje negro igual a Valiant. Los dos estaban fusionados en una ligera luz de luna.


-¿Te gusta? Lo he titulado “Moonlight”, luz de luna.


A Valiant se le escaparon un par de lágrimas que trató de disimular.- Es magnífico, me entristece que mi padre no pueda estar aquí para ver la dicha que tengo ahora, saber que en unos días nos casamos y que en poco tiempo tendremos un bebé…


-No te preocupes cariño, procuraremos ser felices para siempre y honraremos a tu padre.


-Te aseguro, Giselle, que lo seremos, lo prometo.






FIN

miércoles, 28 de julio de 2010

Moonlight Capitulo 30

Capitulo 30

Otro pequeño movimiento por parte de él le indicó que comenzaba a reaccionar más firme. Arrimó un pequeño caldero con agua que April había dejado para poder limpiarle las heridas y se rasgó los bajos del vestido para usarlos como toalla.
Escurrió bien la tela y le limpió el rostro para poder contemplarlo, estaba más delgado, pero para ella estaba igual de hermoso que la primera vez que lo vio. Volvió a remojar el trapo y le quitó como pudo lo que quedaba de sus pantalones rasgados para poder asearlo por completo. Cuando llegó a la parte superior de sus piernas y suavemente le lavó, su pene reaccionó y ella se sobresaltó ante la facilidad con que lo hizo. Decidió terminar de asearlo antes de ponerse manos a la obra con su idea de tratar de reanimarlo y terminó por último con su pecho y abdomen. Cortó otro trozo de tela y le fue secando allí con pequeños toques ligeros hasta que sin darse cuenta sus manos abandonaron el trapo para dedicarse ella misma a masajearlo.
Sus dedos iban trazando lentos círculos alrededor de su pecho en una suave sinfonía de ritmos tentadores. Su boca volvió a juguetear con ínfimos roces sobre la boca de él, incitándolo. Para ella, cada toque que le proporcionaba era la promesa no dicha de una pronta recuperación y un intento de demostrarle que lo necesitaba despierto más que nunca. Si reaccionaba a sus toques significaría que todavía había esperanzas de terminar con el propósito por el que había vuelto, salvar a su gente de un angosto final esclavista en manos de Oliver y recuperar el trono perdido.
Valiant tardó un poco más en abrir los ojos de lo que esperaba, la tortura a la que había sido sometido y la gran perdida de sangre había mermado sus fuerzas. Pero cuando Giselle aceleró el ritmo y la intensidad de sus toques su corazón latió más deprisa, sus pulmones se hincharon tanto que pensó que estallarían y la fuerza perdida poco a poco volvió a su ser. La miró con ojos ansiosos, llenos de lujuria y deseo a través del tono meloso dorado que tomaron sus iris.


-Podrías ser una buena enfermera, sabes exactamente cómo hacer que me despierte lleno de energía y ganas por poseerte- le dijo en un tono ronco ardiente y después alzó sus brazos para atraparla y acercarla más a sí mismo.


Giselle le sonrió en respuesta y se lanzó hacia su boca con ansia. Nunca había sido ella la que tomara la iniciativa y esta vez tenía claro que quería ser ella la que se ocupara primero de él. Apoyó una mano en el suelo para no poner su peso en las heridas que todavía estaban sanando y la otra la encauzó hacia sus partes íntimas, lo que le valió un sexy gruñido de él que la envalentonó más. Lo masajeó con delicadeza hasta dejarlo duro como una roca y dispuesto para ella. Poco a poco fue descendiendo por su abdomen con un reguero de besos hasta alcanzar su objetivo, la ingle.
Valiant se incorporó rápidamente tirando de ella hacia arriba dispuesto a darle placer primero como siempre hacían y tuvo que frenarlo poniendo una mano en su pecho para indicarle que la dejara continuar.


-Giselle…


Fue lo único que pudo decir cuando ella posó su boca en la punta de su pene y chupó ávida. Luego continuó con lentos lametones para después cambiar de nuevo a una succión intensa, mirándole fijamente a sus ojos para poder ver la expresión de su rostro y eso lo excitó más aún, poniéndolo en el borde del éxtasis.
Valiant ya no pudo aguantar más la espera y contraatacó cogiéndole por debajo de los brazos para subirla encima de él a horcajadas. Deslizó una mano por debajo de la falda y llegó hasta sus ingles. Con gran maestría desgarró las braguitas e introdujo un dedo en ella, estaba preparada y húmeda sólo con haberlo visto a él excitarse.
Giselle apartó delicadamente la mano para poder introducirse ella misma su miembro y poco a poco se deslizó hacia abajo provocándoles a los dos un jadeo sonoro. Lo cabalgó con ansiedad, necesitando sentirlo dentro de ella como nunca antes.
Valiant se dedicó a besarla duro tras dejar a sus manos volar por su espalda en busca de su trasero para masajearlo con firmeza en las embestidas que cogieron un ritmo escalofriante para hacerlos llegar juntos al orgasmo. Los gritos de placer fueron ahogados entre sus bocas unidas por temor a ser descubiertos y cuando por fin dejaron de temblar él la levantó con cuidado para llevarla hasta la mesa de torturas y sentarla con su miembro todavía dentro, tenían que esperar todavía un rato para poder salir de ella.
Pasaron unos hermosos minutos besándose hasta que él pudo salir. Ella le miró con ojos relajados esta vez.


-Hubiese preferido un encuentro en un sitio más bonito, pero quería que te recuperaras pronto.


-¿Cómo supiste que así podría hacerlo?- le dijo subiéndole la ceja sospechosamente pero a la vez con una sonrisa.


-Savage. Se fue con April para conseguir lo propio y por eso me enteré. Él estaba en mejores condiciones que tú cuando os encontramos. Toma, vístete con esto, me lo dio Wolfgang ayer pensando en que podías necesitarlo.


Le extendió unas ropas y mientras él se vestía le explicó todo lo que habían pasado para llegar hasta allí. Cuando iba a contarle lo de sus hermanas sintieron los pasos de Savage y April que volvían a buscarlos. April le silbó al verlo.


-¡Uau, menudo cambio! Tu rostro vuelve a ser el de siempre y ya no hay marcas de heridas en él. Es una suerte tener vuestra naturaleza, esa facilidad para sanar.


Savage se acercó para palmearle contento por verle de nuevo bien y los alentó a irse pronto. No sabían cuánto podía durar y cuanto efecto tendría el somnífero que habían echado en las bebidas.
Cuando llegaron a los dormitorios de la guardia de élite el soldado que estaba de guardia seguía dormido. Lo cogieron entre los dos y lo bajaron a la celda para atarlo por si despertaba. Optimus estaba esperando en la entrada de los dormitorios haciendo de vigía. No tenía el cuerpo todavía sanado del todo, pero claro, él no había estado con ninguna mujer.
Caminaron por los pasillos con sigilo y agachados en dirección al área privada de Valiant, una torre del mismo estilo que la de Isobel. En su dormitorio predominaba el negro y el verde, en concordancia con sus ojos y su pelo. El baño era de un azul intenso y las vidrieras de los ventanales eran de múltiples colores formando el escudo de la familia.
Valiant se aproximó al armario, apartó hacia un lado las ropas que colgaban en él y tiró de una cuerdecita pequeña para dejar entrever un doble fondo de donde sacó espadas para ellos y un par de pequeños puñales para ellas.


-Usadlos sólo si estáis en peligro. No quiero que os metáis en la pelea, así que manteneos alejadas. Es hora de ir a por Oliver.

viernes, 23 de julio de 2010

Moonlight Capítulo 29

Capitulo 29

Por fin llegaron a la maldita puerta que separaba las mazmorras del resto del castillo. Se abrió con un finísimo chirrido que las dejó sobresaltadas aunque supiesen que el guardia estaba bien dormido. Pensaban que darían directamente con las celdas, pero lo que encontraron fue unas grotescas y sucias escaleras en semipenumbra. Bajaron con cuidado, conteniendo la respiración.
Al final de los escalones el pasadizo se ensanchaba en una especie de placeta subterránea bastante grande, con una mesa grande de madera en el centro donde reposaba un cubo de agua y un cazo para dar de beber. A un lado había un par de celdas enrejadas donde eran visibles cinco hombres bastante esqueléticos que nada más verlas clamaron piedad para ser liberados y tuvieron que pedirles que dejaran de gritar para no ser descubiertas.


-Por lo que me dijo el jefe de cocina, desde que Oliver está al mando ha sido cuando las celdas comenzaron a usarse. Mientras el rey Faulo estuvo reinando no hicieron falta jamás.- susurró April.


Giselle la estaba escuchando pero no aminoró su paso para acercarse a la pared opuesta donde había tres puertas cerradas con candados, cada una de ellas con una pequeña ventana enrejada. Se asomó a la primera y distinguió la silueta de un hombre atado con cadenas a la pared. Llamó a Valiant por si era él, pero cuando el hombre levantó la cabeza y ella apuntó hacia su rostro con la linterna que portaba se estremeció. Era Optimus, con tan solo unos pantalones raídos como atuendo y el pecho lleno de latigazos sangrantes. Optimus se sorprendió al verla por el ventanuco y musitó algo como “debo estar teniendo alucinaciones”. April se acercó enseguida y abrió la puerta. Con la llave maestra que cogió de un pilar consiguió abrir las cadenas y liberarlo. Al instante Optimus cayó desplomado pidiendo agua.
Giselle la dejó atendiéndolo y se encaminó hacia la siguiente puerta dispuesta a abrirla sin mirar por la ventana, estaba segura de que allí lo encontraría.
Y no sólo estaba él, tendido sobre una mesa de torturas con varios cuchillos de plata clavados en las extremidades y atado de pies y manos, si no que Savage estaba atado a la pared de la misma forma que lo había estado Optimus. El pobre no paraba de tratar de romper sus cadenas para poder alcanzar a Valiant y liberarlo.
Avanzó despacio, totalmente consternada por su aspecto. Lucían algo más delgados pero Savage estaba en mejor forma, claro que él no estaba perdiendo sangre de la misma forma en que lo hacía Valiant. Con sumo cuidado fue quitando los cuchillos y Valiant elevó la vista hacia ella, sus ojos estaban entrecerrados pero cuando consiguió enfocarlos hacia ella sonrió.


-Debo estar soñando. El dolor desaparece de mis manos y pies. Mi amor, soñar contigo me alivia el dolor.- Y se desplomó.


A Giselle le entró el pánico pensando que había llegado tarde y estalló en llanto. April ya había alcanzado a Savage Y lo mantenía sentado sujeto a su hombro para darle agua y algo de comer de la mochila que portaba. Pasaron unos minutos mientras Savage se alimentaba ávidamente. Su rostro fue cambiando de un aspecto blanquecino grisáceo a uno dorado y sonrosado, muy sano. Al terminar indicó a April con la mano que esperase y se levantó muy despacio, como si aunque hubiese recuperado su aspecto fornido todavía no estuviese completamente bien. Se acercó hasta Giselle y le puso una mano en el hombro para calmarla.


-No te preocupes, no le pasa nada muy grave.- su voz estaba ronca por la cantidad de gritos que había estado dándole a Valiant para mantenerlo despierto.- Conseguiste sacarle los cuchillos y eso es lo importante.


Ella se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y lo miró- ¿Estás seguro? Sus heridas no paran de sangrar. Quizás lo haya hecho mal sacándoselos, podría morir más rápido por culpa mía. Las heridas que tiene en el pecho y el costado están más débiles, pero las otras no.


-Desde que nos capturaron ha estado con los cuchillos clavados en las extremidades. Son de plata y son muy perjudiciales para los de nuestra especie, por eso tarda tanto en que cierren. Oliver es muy retorcido a la hora de buscar cómo hacer daño. Quizás pueda ayudar de alguna manera y consigamos salir pronto de aquí. Todavía estoy muy cansado para intentarlo, pero es lo único que se me ocurre para curarlo.- miró primero a April y luego hacia ella mientras se apartaba un poco para tener espacio- No os asustéis por lo que vais a ver ahora, aunque creo que después de haber llegado hasta aquí debéis de saber lo que somos, después de todo.


Sin esperar a que ellas reaccionaran, Savage inspiró fuertemente y comenzó a transformarse en lobo. Tardó más que de costumbre, pero al cabo de unos tres minutos en vez de la silueta de un hombre había un hermoso y gigantesco lobo de pelo cobrizo muy espeso y brillante. Se acercó despacio hacia Valiant y le dio con el hocico en una mejilla mientras daba pequeños gemidos. Valiant continuó sin reaccionar, así que se dirigió hacia las heridas que tenía por todo el cuerpo y fue lamiéndolas una a una, demorándose más en las de las extremidades.
Fue asombroso, conforme lamía las heridas se iban cerrando, pasando de ser graves a simples cicatrices que tras unos cuantos lengüetazos más quedaron sanadas completamente. Un color ligeramente más oscuro era la única señal de que allí habían estado.
Cuando terminó cayó a un lado al lado de él y volvió a transformarse de nuevo en humano. Respiraba entrecortadamente y temblaba. Subió la cabeza para poder mirar a Valiant y sonrió al ver cómo su pecho subía y bajaba a un ritmo normal.- Nuestra saliva es curativa cuando no estamos en forma humana, se curará.


April se apresuró a acercarle una manta para paliarle los temblores. Como si hubiese encendido un interruptor, Savage la cogió desprevenida y la tiró encima de él para besarla y poder acariciarle todo el cuerpo.
Giselle estaba cohibida y sorprendida a la vez. Sorprendida por la rápida sanación de las heridas y cohibida porque el muchacho se había olvidado de que estaban acompañados.- Savage, ¿podrías dejar las celebraciones de pareja para cuando hayamos salido de aquí y consigamos derrotar a Oliver?


Paró en seco, pero con una sonrisa pícara.- Perdóname, no trato de ruborizarte, sólo seguía mi instinto. La transformación ha terminado con las pocas energías que me quedaban y la manera más rápida de recuperarnos es… a través del sexo.- Giselle se ruborizó- No te miento, eso es natural para nosotros.


April tironeó de Savage para levantarlo- Si eso que dices es verdad, ven. Vamos a buscar un sitio apartado y concederte una sesión completa de recuperación. Necesitamos a todos los soldados posibles en buena forma, y luego pelearemos contra Oliver.- Miró hacia Giselle y su rostro volvió a ser un poco triste.- No te preocupes Gis, volveremos enseguida. Tenemos que llevar a Valiant a algún sitio seguro para que se cure y luego iremos a unirnos con Wolfgang para la batalla.- Y se fueron de la habitación para buscar un lugar apartado sin darle tiempo a reaccionar.


Giselle estaba impactada. ¿Cómo se podía pensar en sexo con una batalla a punto de empezar, un general esperando la señal y cientos de hombres ávidos de un buen enfrentamiento por su rey? No tenía respuesta. Se acurrucó junto a Valiant, apoyando su cabeza sobre su pecho para poder escuchar su respiración y tranquilizarse. Si respiraba quería decir que podía sanar. Pasó su mano lentamente por el pecho de él y por el oído que tenía pegado a su cuerpo sintió cómo el corazón se le aceleraba. Paró la mano y poco a poco los latidos se normalizaron. Volvió a acariciarlo y pasó de nuevo lo mismo. ¿Y si Savage le había dicho la verdad? Se alzó un poco más sobre él y rozó sus labios con los de él en un lento y sensual beso. Tras medio minuto así Valiant respondió con un casi imperceptible “Mmm...” porque le estaba gustando el roce. Quizás después de todo podría conseguir despertarlo con un poco de caricias. Se montó un poco más sobre él y lo besó más apasionadamente. Tenía que intentar cualquier cosa por él.

lunes, 5 de julio de 2010

Moonlight Capítulo 28

Capítulo 28:

April agradeció la visita de Giselle, desde que habían llegado al castillo no habían tenido mucho tiempo para hablar entre ellas. Giselle se colocó junto a ella para mezclar las especias en la carne que ella iba cortando y se susurraron al oído para ponerse al día. April había entablado buena amistad con el cocinero, que a su vez estaba conforme con las ideas de Wolfgang para derrocar a Oliver, y habían planeado algo que podía ayudar a bajar las fuerzas de sus enemigos. Iban a condimentar los alimentos del banquete con unas sustancias muy parecidas a los somníferos. No conseguirían dormirlos, pero sí mermar sus fuerzas.
Giselle estaba eufórica, por fin tenía alguna noticia sobre lo que se haría durante la competición. Luego llegó su turno de explicar cómo le estaba yendo con la familia de Valiant y le explicó sus teorías sobre que Isobel también era una víctima de los deseos de un loco por hacerse con el trono.


-Menos mal que lo has conseguido averiguar, si tú crees que no se interpondrá en nuestros propósitos, tendré cuidado de que ella no reciba los alimentos “súper condimentados”-aseguró April.


Aunque su conversación estaba siendo hablada en su idioma natural y nadie más las podía entender, decidieron dejarlo por ahora porque uno de los ayudantes de cocina de los que April no se fiaba estaba acercándose muy interesado. Cualquier mala acción tan cerca del campeonato podía dar al traste con toda la operación.


El resto de la jornada y de los dos días siguientes estuvo realmente ocupada entre terminar el retrato, conseguir la libertad de movimientos de Nínice por el castillo, tratar de ver a Wolfgang sin éxito y conseguir la ubicación exacta de Valiant. Lo último lo consiguió a última hora, pero no pudo verlo porque estaba bien custodiado.


La noche antes del campeonato llegó y no pudo evitar estar nerviosa por no saber exactamente que iban a hacer hasta que llegó Wolfgang de madrugada. Tuvo ganas de abrazarlo y llorar por lo mal que lo había pasado esos días, pero decidió envalentonarse y no mostrar debilidad por si acaso Wolfgang la podía considerar débil para hacer el rescate. Preparó todas las cosas que podían serle útiles para el rescate y las escondió en uno de los baúles que adornaban cerca del área donde dormían la guardia de élite.


La competición comenzó muy temprano, justo después de un buen desayuno que ellas mismas se encargaron de repartir entre los soldados. Varios criados portaban grandes bandejas cargadas de frutas, dulces o jarras de café y leche.
Giselle y April se habían puesto los mejores vestidos que encontraron, de esos que realzan el escote sugerentemente, y acicalaron su cabello para tener una apariencia imposible de resistirse. Ningún soldado se pudo negar a tomar algo de desayuno con las encantadoras sonrisas picantonas que les dedicaron.
Luego llegó el turno de servir el desayuno a Oliver, Isobel y Nínice, a la que por fin su cuñado había dejado asistir al evento después de aparentar sumisión hacia él.
Oliver estaba nervioso, muy inquieto, esperando ver una competición donde deseaba que todos los seguidores de Valiant por fin aceptaran su mandato. Nada más terminar los desayunos fueron hacia un palco que había sido preparado para la ocasión. Estaba en un lateral en el patio de armas, fabricado en madera y adornado con enormes banderas con los escudos familiares. Habían colocado tres butacas, dos enormes en el centro para el matrimonio y una algo más pequeña a la izquierda para Nínice. Varios guardias de la élite se colocaron justo detrás para vigilar y el resto de personas que asistían al evento con sus mejores galas- o sea, toda la gente del castillo, incluidos los sirvientes- se colocaron tanto en los balcones y ventanales que daban al patio como en la barrera de madera que se usaba para delinear la zona de la exhibición.
El general Wolfgang estaba también en el palco. Se levantó para dar un discurso de apertura que todo el mundo vitoreó y luego sonaron unas trompetas, el torneo comenzaba. Toda una estampa típica medieval.
Los primeros caballeros iban montados a caballo e iban a competir con lanzas. Tenían tres intentos de derribar al oponente antes de que Oliver diera su voto por el vencedor. Una sesión de ocho combates con dieciséis oponentes en total. Los que ganasen se enfrentarían de nuevo hasta que sólo quedase un vencedor.
Todos se cuadraron delante del palco montados en sus caballos, doblaron las lanzas hacia el palco a modo de saludo y con un grito de “que gane el mejor” las subieron rápidamente hacia arriba. Oliver levantó su mano complacido y los caballeros se separaron para tomar su puesto a cada lado del terreno.
Los choques de lanzas se sucedieron continuamente y al cabo de una hora se había resuelto la lucha. Turno para una exhibición con espadas.
Giselle y April habían estado mirando el torneo en un lado cercano a la salida del patio. Giselle se acercó hasta la oreja de April para susurrarle sin que nadie las oyese.


-¿Pusiste suficiente somnífero en el desayuno? Todavía están muy despiertos.


-¡Oh si!, pero por si acaso preparé más en las jarras de vino, cerveza y agua que vamos a servir. Con este calor nadie se negará a tomar un vaso. Tú encárgate de llevar con un criado las que no lo tienen para servirle a Wolfgang y los aliados.


Fueron hasta la cocina seguidas de los criados y volvieron cargados de jarras. April se acercó primero a Oliver ofreciéndole vino y él aceptó encantado. Luego lo ofreció a Isobel y Nínice, que dijeron al unísono que preferían agua, por lo que se acercó Giselle con otra jarra para servirlas. Continuaron con los guardias que custodiaban el palco. Wolfgang se giró hacia April para pedirle un poco de vino, pero ella dijo que se le había terminado la jarra y Giselle ofreció con una sonrisa la suya. Oliver había estado atento, pero al ver finalmente que el general también tomaba lo mismo que él no objetó nada.
Las dos mujeres continuaron su arduo trabajo de servir a todo el mundo allí presente con cautela de a quien iban dándole la bebida no contaminada. Estaban sudorosas cuando terminaron la ronda, justo cuando la lucha de espadas llegaba a su fin como si hubiesen sido coreografiadas con ella.
Ahora era el momento del combate cuerpo a cuerpo. Todos los que iban a realizar aquel espectáculo eran soldados de Wolfgang. Para sorpresa de todo el mundo los treinta luchadores se despojaron de todas sus ropas a excepción de unos pequeños pantalones cortos que tapaban lo justo de sus partes íntimas y comenzaron a transformarse en licántropos. Querían hacer una lucha en su verdadera naturaleza, peleando con garras colmillos y fuerza sobrenatural, todo un espectáculo.
Esa era la señal para que las dos mujeres abandonasen el patio de armas y fuesen hacia las celdas donde estaban Valiant y Savage. April corría junto a Giselle haciéndole pucheros


-No tenías que haberle dicho al general que les ordenase ponerse pantalones cortos para el cambio a licántropos.


Giselle le subió una ceja acusadora- Ellos estarán acostumbrados a verse en la desnudez, pero nosotras no teníamos que pasar por esa visión. Luego me lo agradecerás, si Savage se hubiese enterado después de que has visto a todos sus compañeros desnudos se iba a volver loco con ellos.


April resopló divertida pero no aminoraron el paso. Llegaron hasta los dormitorios donde residían los soldados de la guardia Real. En el pasillo estaba el baúl donde habían guardado las armas y la ropa para los muchachos, la recogieron y entraron. Todo estaba silencioso. Olía a “macho sudado”, según April, que se tapó la nariz ante el típico olor de los descuidados dormitorios masculinos. Al fondo estaba una puerta que daba a las mazmorras. La abrieron silenciosamente y comprobaron que solo habían dejado a un único soldado custodiando la zona. Estaba dormido, roncando como un tronco.


-¿Por qué este es el único que ya está dormido?- se preguntó Giselle.


-Porque a este le puse triple dosis de somnífero para asegurarme de que no nos molestaba en el rescate.- dijo April mientras le quitaba al guardia la llave que abría la celda.- Espero que nuestros chicos estén conscientes.


Giselle se acercó a la puerta temblando- Yo también.

miércoles, 23 de junio de 2010

Moonlight Capitulo 27

Capitulo 27

Tras ese momento revelador, Giselle volvió a acercarse a sus herramientas de trabajo, recogió un poco en la mesa y animó a Isobel a que posara para continuar con el lienzo. Estaba tan contenta y a la vez tan preocupada por cómo iba a conseguir sacar a Valiant de allí que no creía que iba a ser capaz de seguir pintando, pero necesitaba una distracción hasta que pudiese librar para ir a hablar con Wolfgang.
Isobel posó más feliz que nunca, y eso se reflejó en el lienzo. Parecía haber sufrido una transformación desde que decidió desahogar su tristeza con ella y no paraba de sonreir.
Tras una hora y media pincelando Giselle decidió que ya era hora de descansar. Isobel no se había quejado ni un poco, pero debería de estar rígida por la postura mantenida.


-¿Paramos ya?


Isobel movió sus pies hacia delante y hacia atrás para hacer circular la sangre- Si tú crees que es lo mejor de acuerdo. ¿Volverás después de un rato para seguir?


Se lo pensó un poco antes de contestar- Creo que sería mejor que visitase a Nínice. Necesitan tener una conversación para explicar unas cuantas cosas equivocadas que hay entre ustedes.


-Nínice no quiere saber de mí, intentaría agredirme en cuanto me viese. Y por favor, tutéame, te has comportado como la buena amiga que nunca he tenido, aparte de cuando me llevaba bien con mi hermana y ella lo era.


Giselle asintió, poco a poco estaba ganándose a su cuñada y comprendiendo un poco más a la gente que rodeaba a Valiant.- Pues entonces déjame decirte que si quieres te acompaño yo a verla, entro primero y preparo la situación antes de que entres y te aseguro de que ella querrá verte. Lo que tienes que hacer es confiar en ella como has hecho conmigo y decirle lo que crees que pasó. Ella entenderá por qué actuaste así y que tú también has sido engañada.


Isobel lo pensó un poco. Mientras organizaba sus ideas su cara reflejaba los estados de ánimo que remolinaban en su mente al pensarlo. Su rostro no podía ocultar los gestos tan claros de miedo, preocupación y alegría que finalmente tenía. Se acercó hasta la puerta y le hizo señas a Giselle para que la siguiera. Se encaminaron hacia donde estaban los aposentos de Nínice. El guardia de la puerta se cuadró nada más ver a Isobel. Su cara estaba pálida cuando la vio llegar junto a Giselle, temiéndose que vinieran a aclarar lo que había pasado la noche anterior y a castigarlo por su atrevimiento. Giselle pensó que quizás más tarde se lo contaría a Isobel para que lo castigaran, pero ahora mismo estaba muy ocupada en conseguir que las dos hermanas volvieran a reunirse.
Entró ella sola primero después de pegar en la puerta. Nínice estaba leyendo un libro sobre el alfeizar de la ventana, justo en el mismo sitio donde la vio la primera vez. Su semblante estaba serio al no saber quién iba a entrar, pero en cuanto la vio, éste cambió a una sonrisa genuina de oreja a oreja.


-¡Qué bien que hayas podido venir de nuevo! Estaba leyendo mi libro favorito y…


-Vengo en lo que yo llamaría una misión. Tu hermana está ahí fuera esperando para hablar contigo.


-¡No tengo nada que hablar con ella! ¡Es una traidora! No me puedo creer que haya confiado en ti. ¿Ahora estás de su lado?


Ella estuvo esperando pacientemente a que se desahogara hablando. Con el carácter fuerte que tenía cualquier intento de cortarle para intentar explicarse podía haberla provocado aun más en un ataque de furia.
Nínice se quedó sin palabras tras unos largos minutos, sus brazos estaban cruzados en su pecho y su cara tenía un mohín de disgusto.


-¿Te sientes mejor después de haber soltado todo lo que te ha dado la gana?- Nínice la miró con sorpresa- Sí, porque eso es lo que has hecho, decir cosas sin sentido porque no me has dejado explicarme. En este momento estoy viendo a la niña caprichosa que esperaba ver ayer cuando entré aquí por primera vez, no a la adolescente llena de alegría que resultaste ser en ese momento. Si yo no estuviera segura de que habéis tenido las dos un malentendido no me hubiese atrevido a traer a tu hermana aquí. Quiero que habléis, no que tengáis una pelea y acabéis haciéndoos daño. Después me lo agradecerás.


-Si quieres que hable con ella, te quedarás a mi lado por si acaso.


-No, esto es una cosa de hermanas, no necesitáis audiencia para volver a entenderos y explicaros todo. Ahora voy a abrir la puerta para que entre Isobel y yo me marcharé.


No le dio tiempo de protestar a Nínice, abrió para que su hermana entrase y después de hacerla pasar les dijo que se iba a dar una vuelta por el castillo para darles tiempo de hablar a solas. Cerró la puerta y salió corriendo de allí para no hablar con el guardia que ya la estaba llamando.
Se dirigió apresuradamente hacia el patio de armas para llegar hasta la capilla. Necesitaba hablar con el capellán para que enviase un aviso a Wolfgang y se reuniera con ellos lo antes posible, los días pasaban y faltaba muy poco para la exhibición de lucha.
Justo cuando alcanzaba el enorme portón que daba al patio tropezó con alguien y casi se cayó hacia atrás por lo fuerte del impacto. Era Oliver.


-¿Dónde vas con tanta prisa? Deberías de estar con Isobel en sus aposentos.


-Isobel me dijo que necesitaba descansar, llevaba mucho tiempo en la misma pose y se encontraba algo entumecida.- no le gustaba mirar hacia aquel hombre de mirada fiera, pero se armó de valor y alzó la mirada hacia él- ¿Necesita que la busque y le diga algo?


-No, yo mismo iré a verla. Puedes marcharte.


No sabía si debía hacerle una reverencia, pero por si acaso la hizo. Eso pareció gustarle a Oliver, que enseguida se dio la vuelta para continuar con su camino. Giselle dejó salir el aire que había estado conteniendo y se acercó a la capilla. Regius estaba colocando nuevos cirios encendidos en los laterales.


-¿Qué pasa, niña?


-Regius, necesito que hables con el general y conciertes una cita para que nos reunamos todos. Tengo algo que contar que cambia un poco nuestros planes.


Regius asintió y sin mediar palabra se fue a buscar al general. Llegó al cabo de una media hora que a Giselle se le hizo interminable.


-El general dice que desgraciadamente está ahora mismo muy vigilado y que tiene que comenzar con los preparativos de la exhibición, hasta dentro de un par de días no podrás reunirte con él.


-¡Pero eso nos da muy poco margen! Sólo faltará un día para el espectáculo. ¡No puede haber errores!


Regius le cogió de la mano y se la palmeó cariñosamente- No te preocupes niña, Wolfgang es un reconocido estratega y hará todo lo que esté en su mano para ayudar a Valiant, aunque haya muy poco tiempo para prepararse. Algunas cosas ya están más o menos arregladas. Mantente en tus quehaceres con Isobel como si nada y espera que te avise.


Sin saber que más podía hacer se fue a ayudar en la cocina donde estaba April para intentar distraerse de la preocupación que se había desencadenado en su mente.

jueves, 17 de junio de 2010

Moonlight Capítulo 26

Capítulo 26:

Tras la revelación de quién era Giselle, Nínice dejó a un lado la brusquedad y estuvo ansiosa por conocer a fondo la historia de cómo su hermano y ella se habían conocido, y por supuesto quería saber cómo era el mundo exterior. Giselle estuvo relatándole por más de una hora mientras Nínice cenaba todo lo que había en la bandeja. Como había tardado tanto en convencerla de que no era como los del castillo la cena se había quedado fría, pero no le importó.
El agotamiento por el trabajo se marcó en Giselle a través de unos cuantos bostezos y tuvo que disculparse para irse a dormir después de prometerle que por la mañana sería ella quien le trajera el desayuno y la ayudase a vestirse.
Salió de la habitación y el guardia la estaba contemplando con ojos sospechosos, haciendo que su corazón latiera muy rápido por si había sido descubierta. Se colocó lo más derecha posible, alzó su barbilla desafiándolo, puso sus manos a los lados de la cintura y trató de que su voz sonase altiva.


-¿Qué estás mirando?


-Nada. Eres la primera persona que se queda allí dentro tanto tiempo con ella y sale ilesa.


-Por eso me envió Isobel. Dijo que mi carácter amable haría que Nínice no tratase de herirme.


El guardia se acercó un poco más hacia ella, haciendo un barrido de su cuerpo con los ojos de arriba abajo- ¿Y por qué eres tan brusca conmigo? Yo podría ser mucho más amable contigo que una mujer si tú lo fueses hacia mí, hace tiempo que no estoy con una y tú eres muy apetitosa. La última mujer que traía la comida a Nínice era muy amable conmigo.


Casi la estaba tocando con el brazo al hablar y Giselle dio un paso hacia atrás.- Y de seguro que por eso tuvo que dejar de venir y se encarga Limos desde entonces. No te atrevas o le diré a Isobel lo que estabas tratando de hacerme. ¡Estoy bajo su protección!


Esas palabras parecieron detener al guardia, que volvió a su puesto enfadado después de decirle que no sabía qué se perdía. Giselle dejó salir el aire que había estado conteniendo y se alejó rápidamente de allí. ¿Pero en qué siglo vivía este imbécil, que trataba a la servidumbre como simples sacos de patatas a su antojo? Cuando Valiant recuperase el trono tenían que hablar de cambiar unas cuantas cosas en el castillo.


Llegó extenuada al dormitorio, donde la esperaba April muy preocupada. Se pusieron al día sobre lo que habían estado haciendo, pero no hubo muchos avances por parte de las dos en saber dónde estaba Valiant. El tiempo se les estaba echando encima, sólo quedaban cinco días para el espectáculo que Wolfgang tenía preparado para hacer el ataque. Aunque estaba segura de que no podría dormir por los nervios, cayó en el sueño sin previo aviso por lo cansada que estaba.
La mañana llegó rápidamente, o eso le pareció a ella. Se apresuró a desayunar para estar a tiempo de llevarle el desayuno a Nínice. La muchacha estaba ya esperándole despierta y ansiosa por seguir con la conversación por donde la habían dejado. Giselle estuvo con ella una hora, pues había sido avisada de que después debía ir a los aposentos de Isobel para continuar con el retrato.
Isobel la estaba esperando ya vestida con el vestido que utilizaban para el lienzo y el diván estaba ya colocado en el centro de la habitación. Antes que nada le preguntó por cómo había sido su encuentro con su hermana.


-Al principio fue muy arisca, pero después de un poco de conversación por mi parte conseguí que cambiara. Es una muchacha con mucha vitalidad y llena de ideas maravillosas.


Isobel se volvió hacia el ventanal como si estuviese mirando tristemente a través de él hacia un punto lejano- Mi hermana era así conmigo hasta que me casé con Oliver. Creo que mi unión afectó a nuestro vínculo como hermanas, se sintió engañada. Pero no la culpo, yo también me siento así.


Las sinceras palabras de Isobel la cogieron desprevenida- Mi señora, no os entiendo.


Isobel se alejó del ventanal y se acercó hasta ella. Dos lágrimas en sus ojos estaban a punto de resbalarse- Sé que no debería decirte nada, pero no tengo a nadie en quién apoyarme y como eres nueva aquí no tendrás una idea hecha de mí, quizás lo que hayas sentido por ahí entre los sirvientes. La forma en que ayer saliste de aquí al ver a Oliver me mostró que tú no serías capaz de decir nada, le temes. Ven por favor.- Tendió la mano hacia ella para que se acercase y se sentara al lado de ella en el diván. Giselle dejó los pinceles en su sitio y sacó un pequeño objeto de un bolsillo de su vestido y lo colocó debajo del trapo que usaba para limpiarse y fue hasta ella. Se limpió las lágrimas con el pulgar y luego la miró.- Necesito a alguien con quien desahogarme de mis angustias. Creo que hice algo que no debía y estoy pagando por ello. No me digas nada hasta que haya acabado, te lo ruego. Tú me hiciste ayer recordar mi pasado y he estado toda la noche pensando en ello. Yo estoy enamorada de mi marido desde siempre. Cuando era una adolescente me encantaba que Oliver viniera a meterse conmigo porque así tenía la oportunidad de estar más cerca de él. No fue hasta hace un tiempo que me dijo que estaba interesado en mí y yo me pasaba el día entero entre las nubes, soñando con el día que me casaría, con los niños cantado en mi boda y toda nuestra gente alrededor celebrando nuestra unión. Pero con todo lo que pasó ni siquiera he tenido eso. Oliver siempre hablaba de que Valiant no estaba interesado en el trono y que mi padre todavía no había decidido si sería mi hermano o él el que reinaría y me hacía soñar cómo serían las cosas si nosotros fuéramos los soberanos, gobernando justamente sobre nuestra gente. Desde que nos casamos su actitud hacia mí ha cambiado bastante, sobre todo desde que tiene retenido a Valiant. Ni siquiera me deja que hable con él y me explique que pasó en realidad.


Giselle la interrumpió de todos modos, sintió el empuje de que debía preguntar para que ella continuase relatándole, conforme Isobel hablaba, a ella le parecía que Isobel casi también había sido víctima en todo esto.- Quizás sean los cambios que han ocurrido lo que lo tienen en esa actitud. A lo mejor necesita tiempo para adaptarse a la nueva situación como monarca.


-Desde que tiene asegurado a Valiant en una celda ni siquiera dormimos juntos-Isobel se enrojeció al hablarle de sus intimidades.- ¿No lo entiendes?- Giselle negó con la cabeza- Creo que me ha estado utilizando para llegar al poder. Se comporta con todo el mundo como un déspota y desde que una vez le recriminé su forma de hacer las cosas ha dejado de contármelo todo. Me ha hecho dudar de que mi hermano haya matado a mi padre. Creo que él ha tenido que ver con eso.


Giselle trató de mostrarse neutral- Por lo que tengo entendido, Oliver estaba contigo cuando pasó.


-No exactamente. Estuvo conmigo hasta que un guardia le llamó para un problema entre la élite. Volvió al cabo de media hora y me contó lo que había ocurrido con los guardias. Se quedó el resto de la noche, fantaseando como siempre sobre nuestro futuro reinado si mi padre lo hubiese escogido y diciéndome lo mal que lo iba a hacer Valiant. Por la mañana fui a llevarle el desayuno a mi padre y lo encontré tirado en el suelo, con un puñal que pertenece a mi hermano clavado. Oliver llegó a mis gritos y me atrajo hacia él, diciéndome que debía de ser mi hermano el que lo apuñalara ya que el puñal es suyo. Me dijo que seguramente lo había matado para ser rey antes ya que sabíamos quien iba a ser el sucesor.- Isobel no pudo aguantar las lágrimas- Creo que me he equivocado y ni siquiera soy capaz de ir hasta la tumba de mi padre y pedirle perdón.


Giselle se quedó de piedra, por fin sabía lo que había ocurrido y no sabía que decir. Abrazó a Isobel y la dejó que se desahogase hasta agotar el llanto. Le dio mucha pena por ella, pero tenía que encontrar la forma de llegar hasta Valiant como fuese.- Siento todo lo que te ha pasado, pero todavía puedes arreglar parte de esto- Isobel la miró con ojos desconcertados- tenemos que encontrar la forma de llegar hasta tu hermano y sacarlo de allí. Debe saber que tú no tienes la culpa y de que Oliver te ha utilizado.


-Mi hermano está en el área norte del castillo, en las celdas que hay tras las habitaciones de la guardia de Élite, es imposible llegar allí sin que nadie se entere.


-Buscaré la forma, te lo prometo. Y tu hermano te perdonará.

jueves, 10 de junio de 2010

Moonlight Capítulo 25

Capítulo 25

El criado la acompañó a través de los enormes pasillos hasta un área aislada. La bandeja que ella portaba en sus manos era muy pesada, de un metal y grosor que le dejarían marcas si el trayecto era muy largo. Para darle más énfasis al asunto, el pasillo estaba lúgubremente iluminado, mostrando el aspecto tenebroso que podría tener un manicomio en una película de terror de serie B. Las lámparas de aceite vagamente repartidas a lo largo del pasillo no ayudaban con la iluminación, apenas eran pequeñas áreas iluminadas que daban escalofríos al pasarlas y volver a caer en alguna de las zonas sombreadas.
Giselle no pudo evitar preguntarse si tal vez había sido un error aceptar el encargo de Isobel para ocuparse de llevar los alimentos a Nínice. ¿Y si en realidad estaba loca de verdad y trataba de agredirla al verla? Rezó porque el criado que la acompañaba se quedase con ella hasta haber comprobado que no había peligro.
Para su mala suerte, al poco rato pudo comprobar que no iba a ser así. El pasillo terminaba en un hall amplio, donde un guardia estaba sentado tras una pequeña mesa, haciendo anotaciones distraídamente sobre un pergamino. En cuanto escuchó los pasos de ellos acercándose se puso en pie, preparado hasta saber quién llegaba.


-Buenas noches, Syrius. Mi señora Isobel envía a esta joven para que a partir de hoy se encargue de los asuntos relacionados con su hermana Nínice.


-No he sido informado de ningún cambio, Limos. No puede pasar.


Sin decir una sola palabra, pero esbozando una gran sonrisa de triunfo, el criado le mostró un pergamino enrollado al guardia, en una mano extendida que no decayó hasta que por fin éste lo cogió de mala gana.


Estuvo leyéndolo un buen rato, hasta que Giselle no pudo más y le espetó-No creo que haya tantas palabras escritas ahí como para el rato que llevas ojeando. Si no estás conforme, ve hasta los aposentos de Isobel y pregúntale, o bien te dejo la bandeja y te ocupas tú mismo. Estoy cansada de llevar esto, pesa mucho, y además se está enfriando.


Obtuvo un gruñido bajo, pero al final tomó las llaves que colgaban a un lado de su cintura y le abrió. Giselle esperaba que el criado entrase con ella, pero nada más pasar cerró la puerta y se quedó completamente sola para enfrentarse a lo que hiciese Nínice.
Sin apartar la vista de enfrente, dejó la bandeja apoyada en una pequeña mesa a su derecha. La habitación era bastante amplia, incluso tenía una bañera dispuesta en ella. La cama estaba finamente vestida con sábanas de satén, grandes almohadones, y a los pies de ella reposaba una gran colcha en color rosa palo. En un lado estaba un gran armario entreabierto, mostrando gran cantidad de vestidos y demás prendas femeninas. Justo en el lado opuesto estaba un hermoso tocador en color rosa, con un gran espejo y un montón de muñecas adornando todo el borde.
Pero Giselle se centró en la hermosa jovencita vestida en camisón que estaba sentada sobre el poyete del gran ventanal que iluminaba la estancia. Tenía los pies recogidos, con las rodillas flexionadas hacia su pecho y sus brazos rodeándolas completamente. Una larga cabellera negra caía trenzada sobre su hombro y mantuvo la mirada perdida entre los barrotes del ventanal cuando ella le habló.


-Hola, soy Giselle. Vengo a traerte la comida.- dijo acercándole la pequeña mesa donde había dejado la bandeja.


Ella le dio unas breves gracias con una suave voz, pero sin mirarle, y continuó observando el paisaje a través de los barrotes. Giselle esperó pacientemente a que se sentase a comer.


Después de un rato, Nínice miró por el rabillo del ojo hacia donde ella estaba y puso un gesto de sorprendida cuando notó que seguía esperando de pie. Giró totalmente el rostro a ella, dejando ver una imagen muy parecida a la de Isobel, con las mismas facciones y tono de piel, pero con el pelo negro y los labios carnosos de Valiant- ¿Por qué no te has marchado ya? Limos siempre deja la bandeja y se marcha sin decir nada.


-Bueno, yo no soy Limos. Pensé que te gustaría un poco de compañía para variar mientras comes. ¿Siempre estás sola?


-Mi hermana venía siempre a verme y a tratar de persuadirme para que aceptase lo que había pasado con nuestro padre, pero me niego a creer que mi querido Valiant lo haya matado. Sigo pensando que ha sido Oliver quien lo ha hecho. Hemos tenido un par de discusiones fuertes sobre eso y desde entonces ha dejado de venir y Limos me trae la comida y se va, temiendo que tenga un arrebato y la pague con él. Pero supongo que si estás al servicio de mi hermana ya deberías saberlo.


-Recién llegué aquí, así que no tengo prejuicios hechos. Por favor siéntate y hablamos. Yo no creo que seas peligrosa y tengo algunas cosas que contarte.


Nínice atravesó la distancia que había entre ellas y sujetó el brazo de Giselle con una fuerza increíble para el pequeño cuerpo adolescente que tiene. Le mostró unos afilados colmillos lobunos a través de su boca abierta, tratando de intimidarla.- Si has venido a tratar de convencerme de que asuma que mi hermano es el asesino, más vale que te vayas o sí trataré de lastimarte.


El corazón de Giselle martilleaba fuertemente contra su pecho, casi al punto de hacer que ella creyese que se le iba a escapar en cualquier momento. Trató de mantenerse en calma para no provocarla, pensando en algo que pudiese decir para que la soltase. Tras un par de segundos, pensó que quizás era mejor quitar su tapadera y decirle quién era, y sobretodo, rezar por que la creyese.


-Yo no creo que tu hermano sea el asesino y es imposible que yo pueda creerlo. Él me contó lo que pasó, yo…


-¡Tú no puedes haber hablado con él, tuvo que escapar para que no lo matasen!


Esto iba de mal en peor, pensó. Miró hacia todos los lados, buscando-¿Desde fuera alguien nos puede oír?


La pregunta pilló de sorpresa a Nínice, que la miró con una cara shockeada y aflojó su agarre del brazo-No, pero la ventana está abierta. ¿Por qué?


Giselle se zafó de ella y corrió a cerrar la ventana. Cuando terminó se giró hacia ella con cara feliz-Tu hermano escapó de aquí y corrió por el bosque hasta que encontró una pequeña cueva por la que salió al otro lado, al exterior. Se refugió en mi casa todo este tiempo y me contó todo.-Los ojos de Nínice no podían estar más abiertos mientras ella le relataba- Optimus también tuvo que escapar y consiguió encontrarlo. Le contó cómo estaban las cosas y eso le hizo querer venir hasta aquí para atrapar a Oliver, pero no sé exactamente como pasó que Oliver lo ha atrapado y está en alguna de las celdas del castillo.


-¡No!


-Lo siento, pero es así. Yo tuve un mal presentimiento y decidí atravesar esa cueva junto a una amiga, y estamos aquí para ayudarlo. Necesito toda la ayuda posible para eso, así que me he introducido en el castillo gracias a Regius, el capellán. Me consiguió un trabajo como pintora para tu hermana y empecé hoy. Ella decidió que podía traerte yo la comida y eso me ha dado paso a poder conocerte y buscar tu ayuda. Por lo que contaba Valiant de ti, creí que eras una niña pequeña, no una adolescente.


Nínice giraba sus ojos de un lado para otro, asimilando toda la información que acababa de recibir en tanto daba pasos en círculo.-Entonces, si de verdad no perteneces a este bosque no debes ser como nosotros, ¿Por qué ibas a querer ayudarnos?


Giselle respiró hondo antes de hablar y respondió muy orgullosa de lo que iba a decir- Me preocupo de Valiant y de cualquiera que sea especial para él porque soy su novia.

viernes, 4 de junio de 2010

Moonlight Capítulo 24

Capítulo 24

El lienzo iba tomando forma a lo largo de la tarde. No es que Giselle hubiese hecho gran cosa, era un simple esbozo de la imagen que quería captar de Isobel. Hacer un retrato llevaba su tiempo. Quizás demasiado, pensó Giselle sabiendo que todo el tiempo que perdiese pintando no podía buscar a Valiant para liberarlo. El mayor problema que tenía frente a ella era que Isobel no terminaba de tomar la postura adecuada con sus facciones. Le pareció notar que algo o alguien amargaban su rostro. Por lo demás, era una buena modelo, manteniéndose muy quieta en el diván sin dar queja alguna por el rato que llevaban. Después de dar unos cuantos pasos hacia atrás varias veces tratando de enfocar todo el lienzo suspiró.


-¿Pasa algo, Giselle?


-No señora. Simplemente trato de enfocar todo el conjunto.


-Pero ese suspiro tiene que ser por algo más.


-Bueno… No sé cómo explicarme- estaba tratando de buscar las palabras perfectas para no enojar a Isobel. Todos con los que había hablado en el castillo la tildaban de ser una mujer muy agresiva acostumbrada a que todo se hiciese según su idea- Señora, no se ofenda, pero me gustaría retratarla con naturalidad.


-Explíquese por favor.


-Es la forma de retratarla lo que quiero cambiar. Cuando se hace una fotogr…- se lo pensó mejor, quizás aquí no estuviesen muy familiarizados con lo que es una fotografía- Cuando se hace un retrato la persona posa durante mucho tiempo de la misma forma, y parece más una estatua inerte que una persona, no se si me comprende.-Isobel estaba cavilando sobre lo que le estaba diciendo ella, pero después de un par de minutos sin decir nada, ella prosiguió- Lo que trato de decir que es una pose tan preparada que no queda natural, necesito que se relaje para poder sacarla en todo su esplendor y naturalidad.


-¿Y qué sugiere para eso?- Isobel estaba muy intrigada por la forma de pintar de ella y quería hacerlo lo mejor posible. Todo el que la había pintado nunca le había pedido nada más que se estuviese quieta.


-Pues verá. He pintado muchas veces a animales, y ellos no se suelen quedar quietos hasta que yo acabo. Lo que hago es observarlos y cuando uno de sus movimientos me gusta, lo dejo vagar por mi mente mientras los plasmo sobre el lienzo. Cuénteme algo mientras trabajo. No sé, algo que recuerde que le haya pasado y que le traiga buenos momentos a su memoria.


Isobel se quedó pensativa, tocándose con el dedo índice sobre la barbilla a intervalos, repasando en su memoria. En poco tiempo le llegó un recuerdo que le hizo sonreír abiertamente. Bajó de nuevo su mano a su regazo y con una gran sonrisa comenzó a relatarle.


-Recuerdo cuando pequeña que tuve una pesadilla horrible durante el sueño de la noche. Era invierno y estaba lluvioso. Nunca me había asustado tanto de una tormenta en toda mi vida, pero justo cuando estaba soñando que un zorro corría tras de mí se abrió una de las ventanas de mi dormitorio, pegando fuertemente contra los muros, con lo que grité con todas mis fuerzas por el susto que me había llevado al despertar. Mi hermano acudió a ayudarme sosteniendo en alto una pequeña espada de madera con la que solía jugar en el patio. Venía muy decidido a salvarme, gritando a mis supuestos captores que me dejaran libre o los mataría. Cuando lo vi vestido en pijama, con todo el pelo revuelto y empuñando esa ridícula “arma mortal”, me dio un ataque de risa pensando que si hubiese allí alguien se asustaría más por su apariencia que por su espada.- Isobel soltó una pequeña risita- Mi hermano se enfadó mucho porque me había reído de él y estuvo viniendo toda la semana a buscarme por la noche. Quería pillarme dormida para que me asustase de nuevo, pero cada vez que lo intentaba me divertía más. El último día lo esperaba despierta, escondiéndome tras la puerta para intentar asustarlo yo.


Giselle tuvo un vuelco en el corazón al sentirla hablando de Valiant. Esperaba que le contase algo grave, del tipo de “le hice daño y me divertí”, pero en lo único que ella había pensado era en lo bien que se lo pasaban de pequeños y se relajó. Se concentró en su rostro y se sorprendió de ver cuánto le habían cambiado las facciones al estar contenta. Era más bella todavía.


Isobel continuó hablando sobre anécdotas de su infancia, dejando sorprendida a Giselle porque ni una sola vez mencionó nada sobre Oliver. A veces le hacía alguna pregunta si no entendía algo bien y ella le contestaba amablemente. Tomaron un tentempié a mitad de la tarde y siguieron con la pintura.
El tiempo pasó volando. Se dieron cuenta cuando un sirviente llegó para encender algunas lámparas de aceite.


-Hacía mucho que no se me pasaba la tarde así de deprisa, me ha encantado.


-Yo también, señora. Con esta luz ya no puedo trabajar bien. Si le parece bien mañana seguiremos.


En ese momento llegó Oliver a la habitación y el rostro de Isobel volvió a apagarse, tomando de nuevo los rasgos duros de antes de empezar la sesión. Giselle miró de reojo a Oliver, impresionada por la apariencia fuertemente varonil y hosca de él, y se apresuró a tapar el lienzo, recoger las cosas y marcharse hacia el área donde vive el capellán.
Por el camino se topó con April que andaba buscándola para cenar. La llevó a la cocina donde estaban todos los sirvientes que no estaban en ese momento de servicio comenzando a tomar la cena. Tomaron sopa de primero y asado de cerdo con patatas de segundo, una delicia bien merecida tras las horas que llevaban trabajando.
Procuraron no entrar mucho en las conversaciones que surgían y tras la cena todos se marcharon a descansar excepto el cocinero y ellas, que se habían ofrecido amablemente a ayudarle a recoger lo que quedaba en la mesa.


-Este es Tobías, es el cocinero real del castillo- dijo April mientras Tobías hacía una reverencia hacia Giselle.


-Estoy muy feliz de conocer a la mujer que ha escogido mi señor Valiant. Mis respetos señora.


Giselle estaba horrorizada, no conocía de nada a este hombre y él sabía quienes eran ellas.


-No tengas miedo, por favor. Estoy totalmente de acuerdo con las ideas del general y de Optimus. No voy a delataros. April te comentará lo que hemos estado hablando mientras me ayudaba a cocinar, es muy buena en la cocina- le dedicó un guiño a April y ella se sonrojó.


Eso le hizo soltar el aire que había estado sujetando por culpa del terror y por fin se pudo relajar. Un sirviente entró en la cocina y ellos se pusieron alerta.


-La señora Isobel desea que sea Giselle quien se encargue de llevar la cena a la pequeña Nínice. Me ha encargado que le entregue esto también.


El criado le entregó una nota lacrada. Giselle la abrió y la leyó. Estaba escrita en lengua antigua con bellas letras caligrafiadas. Isobel le pedía que se encargase de atender a su hermana, decía que lo había pasado tan bien esa tarde que estaba segura de que conseguiría alegrar a su hermana. Ella no dijo nada, cogió la bandeja preparada y se fue junto con el criado a la habitación donde estaba retenida Nínice.

martes, 25 de mayo de 2010

Moonlight: Capítulo 23

Capítulo 23

Se despertaron cerca del mediodía, cuando Regius tocó en la puerta para avisarles de que un amigo de Valiant quería hablar con ellas.
Ellas se apresuraron en vestirse con las ropas que le había dado y se refrescaron y peinaron rápidamente para que no las tuvieran que esperar mucho. Las ropas eran unas enormes faldas en color azul marino que les llegaban a los tobillos, unas blusas de escote cuadrado ribeteadas por el borde del escote, con las mangas bombachas en color celeste y un corpiño del mismo tono que la falda, ajustado bajo el pecho a modo de corsé. Incluso les consiguió unos zapatos acordes con la vestimenta, cómo lo había conseguido era un misterio, pero estaban lo bastante agradecidas de la ayuda del capellán como para preguntar. Pensaban que pasarían calor, pero las ropas eran tan finas que no se sintieron incómodas.
Abrieron la puerta tímidamente y se asustaron al ver al imponente hombre que aguardaba sentado en una silla.
Fue verlas y se puso de pie en seguida. Era un hombre de mediana edad, vestido con pantalones negros muy estrechos embutidos en botas de cuero negras que le llegaban justo por debajo de la rodilla. La parte de arriba era muy parecida a la de los hombres que vieron en el bosque, salvo que su chaleco era completamente negro y llevaba bordados dos enormes lobos en hilo dorado, uno a cada lado del pecho. El chaleco estaba sujeto a la cintura por un ancho cinturón negro con una enorme hebilla dorada en forma de escudo. Su sombrero también era algo diferente, era completamente negro y estaba adornado con tres plumas doradas. Lo que más las asustó de su aspecto, además de la altura que alcanzó al levantarse, fue la enorme espada de empuñadura dorada que colgaba en su lado izquierdo. Él se quitó rápidamente el sombrero que llevaba puesto para hacerles una reverencia a modo de saludo, y un mechón de pelo blanco del flequillo le cayó por la frente,


-Giselle, April, este hombre es el general Wolfgang. Él dirige las tropas del castillo.


-Perdóname Regius,- dijo Giselle mientras ellas daban un paso hacia atrás con miedo. April estaba ya mirando hacia el interior de la habitación, calculando lo que tardaría en llegar hasta su arma- dices que este hombre es amigo de Valiant, pero está a cargo de la gente que lo ha capturado. No sé cómo puedes decir que es su amigo.


Wolfgang levantó las manos demostrando que no tenía intención de hacerles nada- Que sea el general no quiere decir que yo haya tenido que ver con su captura. Él fue atrapado por la guardia de élite a las órdenes de Oliver. Tuve que hacer como que no sabía nada de por qué estaba escondido en el panteón para no ser arrestado también junto a ellos.


-¡Qué valiente…!- chasqueó April.


Wolfgang la miró severamente, pero luchó por mantener un tono suave al hablar.- No lo hice por cobardía, lo hice porque estoy a cargo de mis soldados, y son muchos los que pondrían el grito en el cielo al saber que me han encarcelado por traición. Se podría armar un motín y serían muchas las bajas sin nadie que los dirija debidamente. Además, si estoy encerrado no puedo tratar de ayudar a Valiant.


-No se olvide de Savage, general.


La réplica de April obtuvo una sonrisa por parte de Wolfgang- Tú debes ser la mujer que está con él- se volvió hacia Giselle- y tú la mujer de Valiant. No me extraña que los hayáis atrapado, sois muy valientes al haber llegado hasta aquí por vuestra cuenta. También deberíais saber que Optimus fue capturado cuando se fue de mis aposentos en busca de los chicos, me preocupan los tres. Dejémonos de cortesías y centrémonos en lo importante, pensar cómo los vamos a sacar de allí y hacer que Valiant recupere el trono, procurando que haya las menores bajas posibles.


Estuvieron hablando hasta la hora de comer. Ellas le contaron cómo llegaron hasta el mercado y conocieron al capellán. Wolfgang por su parte les contó lo que tenían planeado haber hecho en la exhibición de lucha y buscaron una opción que les pudiera servir. Regius les comentó que podría hacer entrar a Giselle al servicio de Isobel cuando se enteró de que ella era pintora. Por lo visto Isobel quería hacerse un retrato para la coronación y no encontraba un artista adecuado para ello. Wolfgang se acordó del comentario que le hizo Optimus sobre que el cocinero Tobías era partidario de Valiant y decidió ir a hablar con él para que April pudiese trabajar en la cocina.


Regius volvió con un poco de pan, queso y fruta. Estaba contento porque Isobel había dicho que quería ver a Giselle por la tarde para que empezara con el lienzo y el general le dijo que avisase a April de que podía ir a la cocina para ayudar con la cena.


La tarde llegó rápidamente y Regius acompañó a Giselle a los aposentos de Isobel. Estaban en un ala apartada del castillo pasado un hermoso jardín lleno de rosales, arbustos y una fuente que hacía un sonido armonioso cuando el agua caía sobre la base. Para acceder a la torre tuvieron que pasar por delante de dos guardias que custodiaban la entrada. Tuvo un ligero respingo cuando reconoció a uno de ellos, era uno de los tres soldados que vieron en el bosque, así que debía de pertenecer a la guardia real, por eso sus ropas no eran del mismo color que las del general.
Los guardias les dejaron entrar después de que ellos se anunciaran y pasaron al interior. Lo primero que vieron fue una gran entrada donde una joven doncella limpiaba los muebles. En la pared de enfrente estaba colocado un pequeño aparador con un gran ramo de rosas blancas en el centro y un par de filas de libros de distintos tamaños colocadas a ambos lados. Sobre la pared no había nada más que un hueco vacío que Giselle supuso sería el sitio elegido para el retrato. Delante del mueble había una pequeña mesa ovalada y a ambos lados estaban colocadas un par de sillas llenas de mullidos cojines. Sobre uno de ellos descansaba un libro, lo que hacía pensar que Isobel utilizaba la entrada de la torre como lugar de lectura.
Ascendieron por una hermosa escalera en espiral. De vez en cuando veía algún escudo, armas y lámparas de aceite adornando las paredes conforme subían.
Regius tocó en la puerta y esperó pacientemente a escuchar una voz de mujer que dijo que podían pasar.
Isobel estaba acompañada por una doncella que la estaba peinando frente a un hermoso tocador. No se levantó hasta que la doncella terminó con su tarea, por lo que Giselle tuvo tiempo de ver toda la habitación.
Era enorme, llena de muebles tallados finamente en tonos blancos y dorados. Las cortinas en los ventanales eran gruesas, de color lila, con visillos en blanco. El tocador donde estaba Isobel debía de medir al menos dos metros de largo y la cama era de dosel con velos de color lila atados en los postes. La cama tenía puesta una colcha en el mismo tono y la almohada estaba cubierta por múltiples cojines blancos y dorados.
Había dos preciosos divanes en una esquina y frente a ellos una mesita de mármol sobre la que descansaba una bandeja de plata con una jarra y varias copas talladas en el mismo material. Al lado del diván de la derecha, un enorme arco de piedra daba paso a otra habitación contigua. Tenía una cortina igual que la de los ventanales para que se usase a modo de puerta. La cortina estaba sujeta a un lado del arco, por lo que Giselle pudo ver lo que había detrás, era la habitación del baño.
Por fin la doncella terminó e Isobel se levantó para acercarse a ellos. Era muy hermosa, de cabello rubio y labios finos ligeramente coloreados. Usaba un impresionante vestido que a Giselle le recordaba al que había visto usar a la protagonista de los dibujos de la Bella Durmiente, en color rosa pastel. Giselle se sorprendió al ver los verdes ojos de ella, pues eran idénticos a los de Valiant y tuvo que reprimir un gemido al acordarse de él. Se limitó a hacer una reverencia con la cabeza agachada para que no viese la lágrima que estaba a punto de escapársele.


-Por favor, levántate. Estaba deseando conocer a la mujer que Regius me dijo que era pintora. No es usual que este oficio lo haga una mujer.


-Señora, lo hago por afición, pero he conocido a Regius en el mercado y se interesó en mis obras. Me indicó que quería a alguien para hacerle un retrato y estoy a su servicio.


Regius no dijo nada, se limitó a seguirle el juego y se disculpó para irse y que ellas dos pudieran intercambiar opiniones sobre cómo hacer el trabajo.
Después de un rato determinando lo que Isobel quería, llegó a la conclusión de que ella no era una mujer feliz, pero tampoco iba a preguntarle. Además, la habitación era muy femenina, por lo que tampoco creía que la compartiese con su esposo.
Isobel tiró de una gruesa cuerda colocada al lado de la cama y unos criados trajeron un lienzo limpio, un caballete, una bata y material para pintar. Colocaron todo en un lado de la habitación, arrastraron un diván hasta el centro para que Isobel se sentase. Giselle comenzó a trabajar el lienzo después de cubrirse con la bata para no mancharse.

lunes, 24 de mayo de 2010

Moonlight: Capitulo 22

Capítulo 22

Antes de llegar a las primeras casas, depositaron las mochilas bajo unos espesos matorrales, semienterradas para que nadie las encontrase. Caminaron por la calle empedrada hacia una gran plaza cuadrada que se divisaba al final. En el centro de la plaza vieron una hermosa fuente tallada que hacía a la plaza más hermosa si cabía.


Las casas se repartían en dos calles por cada lado de la plaza. En cada esquina había un arco de piedra dando la entrada. Giselle pensó que estaba transportada a la época medieval, todo lucía como de aquellos tiempos. Las casas estaban hechas de piedra, con las paredes blanqueadas con cal y las puertas y ventanas en color azul. Las había de una sola planta o dos.


Para ser la hora del amanecer ya había bastante bullicio de mercaderes preparando sus puestos con ricas telas, vasijas y alimentos.
Se ajustaron un poco más las capas para que nadie viese sus modernas ropas y cruzaron tranquilamente por la plaza, tratando de escuchar cualquier cosa que les pudiese dar la ubicación exacta del paradero de los chicos.
Un par de horas habían pasado sin noticias y decidieron acercarse hasta la fuente para refrescarse. El estar toda la noche despiertas y vagando por el bosque estaba haciendo estragos en sus ojos y un poco de agua podía ayudarlas a aliviarlos.
La gente iba llegando poco a poco, para cuando se habían sentado en el borde de la fuente la plaza estaba bulliciosa, llena de las fuertes voces de los comerciantes tratando de llamar la atención de los compradores.
Un par de niñas jugueteaban en torno a la fuente mientras una mujer que las acompañaba llenaba un par de cántaros con agua. Una de ellas divisó parte de las ropas que vestía April y se acercó a la otra niña cuchicheándole lo que había visto. Fue suficiente para que sonara la voz de alarma en April y tironeó de Giselle para que se levantase y caminar por entre los puestos tratando de pasar desapercibidas.
Giselle se detuvo brevemente en un puesto de arte, fascinada por los rudimentarios colores que se vendían. Luego se acercaron a un puesto de telas, tocando el género de uno de los rollos como si quisiesen apreciar su calidad para comprarlo.
El mercader se acercó enseguida para tratar de persuadirlas y que compraran algo. Giselle tuvo que cuidarse bastante a la hora de hablar para que no se notase que no eran de allí.
Estaba tanteando al mercader cuando un hombre de aspecto religioso se acercó al puesto. Estuvo tocando varias telas y tratando el precio con el vendedor, que se mostró más meloso con él ya que daba muestras de querer comprar.


-Tienes que darme un buen precio, no son para mí. Son para la costurera real, los necesita para los preparativos de la coronación.


Esas palabras llamaron la atención de ellas, que disimuladamente se acercaron un poco más a ese hombre.


-Haberlo dicho antes, Regius. Desde que Oliver se ocupa del castillo no hay manera de negociar el precio, tengo que ponerlo a precio de costo. Para él siempre debo dar el mejor precio si no quiero pagar tributos más altos, se aprovecha de su nueva posición.


-Ten cuidado Minos, hay oídos por todas partes que pueden alertar a Oliver. También necesitaré estos trajes.


Regius dijo aquello mientras miraba con desconfianza a ambos lados por si alguien había oído hablar al mercader. Se detuvo brevemente en las mujeres que estaban mirándole de reojo. Ellas se giraron rápidamente para irse y en ese giro Regius tuvo un pequeño vistazo de las ropas que usaban bajo las capas. Sus ojos se abrieron desorbitadamente mientras su mente iba repasando lo que había visto y tuvo una idea de por qué podían llevar esas ropas. Eran raras como las que había visto en Valiant y Savage. Además era verano, y resultaba raro que usasen capas con el calor que pronto haría.
Regius pagó rápidamente al mercader y después de despedirse se apresuró tras ellas.


Giselle y April estaban asustadas del hombre que las perseguía por todo el mercado. April maldijo susurrando por haber dejado la pistola en la mochila bajo el matorral y apresuró el paso para salir por uno de los arcos en la dirección por donde habían entrado. Se giró a mitad de calle y tiró de Giselle para correr al ver que él asomaba ya por el mismo arco. Casi al final de la calle le escucharon gritar y se paralizaron al oír lo que decía.


-¡Esperad, creo que sé quienes sois o por lo menos a qué habéis venido aquí!. Por favor, confiad en mí, ¡sé donde están ellos!


Aunque lo que había dicho les daba esperanzas, Giselle se quedó a esperarlo mientras April se acercó al espeso arbusto en busca de su arma. Toda precaución era poca en un lugar que desconocían.


-Gracias por esperarme, no estoy acostumbrado a correr y ya me estaba ahogando- dijo entre jadeos- Me llamo Regius.


-Eso ya lo hemos oído en el puesto- contestó rápidamente April, perfectamente en el idioma de él- ¿Sabes a quienes buscamos?


El hombre giró su cabeza buscando espías antes de contestar- Al príncipe Valiant y a Savage.- ellas abrieron sus ojos pilladas por la sorpresa, lo que hizo que él pensara que llevaba razón y continuó- Este no es sitio para hablar, puede haber cerca de aquí seguidores de Oliver. Si no os importa acompañarme os llevaré a mi capilla. Soy el capellán del castillo.


Una miró a la otra para saber qué hacer. Este hombre no las conocía de nada y quería llevarlas al castillo, podía ser una trampa.


-Los tengo escondidos en un lugar seguro. Si me dejáis llevaros puedo conduciros hasta ellos.


Saltó la voz de alarma. Por lo que ellas sabían ellos estaban presos, así que April apuntó con el arma al pecho del hombre.


-Ellos están presos por lo que oímos anoche a unos soldados. Estoy segura de que no conoces un arma como la que tengo, pero te puedo asegurar que antes de que acabes de parpadear podrías estar muerto.


-Y yo te puedo asegurar de que no sabía nada de que los habían descubierto. Dejé al soldado que envió el general a cargo de que les llevase alimentos que preparé en una cesta y llevo un día sin verlos. Ellos estaban escondidos en el panteón familiar del rey hasta que el general les avisase de que habían preparado una trampa para derrocar a Oliver. Estuve comprobando el cementerio pero no me acerqué anoche al panteón porque me topé con un par de soldados en el cementerio y no quise que me pillaran. Si te tranquiliza os llevaré hasta allí mientras me apuntas con esa cosa.


-Si dices que allí hay guardias sería un suicidio aparecer por ese sitio.


-No es necesario entrar por el cementerio, mi capilla tiene una entrada aparte y nadie la vigila porque es un lugar sagrado que nadie profanaría. Además, puedo daros algunas ropas del servicio del castillo para que disimuléis mejor que con una capa. Yo me di cuenta de que no erais de por aquí cuando la capa se abrió y pude ver vuestras ropas.


Giselle estaba ya agotada de ese tira y afloja entre April y el capellán, así que instó a su amiga a creer un poco en las palabras del hombre, alegando que podía haber gritado pidiendo ayuda y no lo había hecho.
Desenterraron las mochilas y las colocaron bajo sus capas antes de seguirlo. Él las condujo bordeando las calles contiguas al mercado a través de un estrecho sendero hasta la entrada de la capilla. Como había dicho, no había guardias custodiando la entrada secundaria que daba a la casa del capellán.
Les ofreció algo de desayuno y las llevó hasta un dormitorio contiguo muy austero, con un par de camas, una mesita entre ellas y un armario. Sacó algunas ropas del armario y se las ofreció después de llevarles también una palangana y toallas para que pudiesen asearse del polvo del bosque.


Miró hacia los cansados rostros de las dos- Sé que estáis impacientes por saber qué les ha pasado, pero debo informarme primero y así os podré decir. Creo que deberíais dormir un poco mientras me informo, os prometo que nadie vendrá a atraparos.


-Gracias Regius.


Tan rendidas estaban que aceptaron el ofrecimiento y Regius se fue apresurado para saber lo ocurrido. Ellas cerraron la puerta con cerrojo, se asearon y se acostaron, cayendo en un sueño profundo en un minuto.