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Algunas de las historias que escribiré pueden contener contenido calificado "Para Adultos", si lo lees sin ser mayor de edad será bajo tu propia responsabilidad...

MIS OBRAS

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martes, 18 de octubre de 2011

Saga "La Mediadora, El Comienzo": Historia completa

Como dije en una publicación anterior, hoy había sorpresa. Hace ya tiempo que avisé que quedaban pocos capis. Y como los dos últimos capítulos y el epílogo tenían mucho que ver entre sí no los he publicado por separado. Como es mi costumbre, no publico el final directamente en el blog. Os facilito el enlace de descarga de la historia completa además de ponerlo también enla página de descargas para facilitar que sea posible localizarlo cuando esté enfrascada en nuevos proyectos. Espero que haya gustado. ya tengo la idea de la segunda parte pero primero quiero terminar con la continuación del Teatre des Vampires. Volveré a poner el primer capitulo de La Danse des Vampires en pocos dias para que sea más facil seguir la historia. Besitos para todas!!



jueves, 22 de septiembre de 2011

Saga "La Mediadora, El Comienzo" Capitulo 39: Ganas de Gritar

Constantin trató de alcanzarme elevando su mano ligeramente sobre mi brazo pero yo me retiré hacia atrás. No me lo podía creer… ¿cómo había sido tan estúpida? Él afirmó al principio de conocernos que sabía que yo era una Mediadora, había admitido que mi sangre le atraía más que la de cualquier otro. Kareemah le hizo un conjuro para unirse a Claire a petición suya y supuestamente yo tengo algo que ver con ella, no como descendiente sanguínea sino con su esencia mística, como si fuésemos parientes mágicos. La atracción que yo sentía por él podía no ser real y la había utilizado para acercarse a mí. Todo por culpa de mi maldita sangre. Y encima ahora mi supervivencia dependía de que yo obtuviese la suya… cosa que también sabía que iba a pasar gracias a Kareemah.
-¡No me toques!- siseé, y de mi boca se derramó un pequeño hilo de sangre. Tendré que aprender a usar mis nuevos colmillos.
-Frumos por favor. Lo de Claire no tiene nada que ver contigo, con lo que siento hacia ti desde el mismo momento en que te vi por primera vez. Por Claire solo sentía gratitud por no alejarse de mí al saber lo que yo era. No la amaba. Eso lo comprendí con el tiempo.
-¿Y ahora que me dirás, la típica excusa de “yo era un vampiro joven, no sabía lo que me hacía”? Es una pena que alguien que no tiene ni la quinta parte de vida vivida que tú tenga que enseñarte que todas las acciones que hacemos tienen sus consecuencias. Tú has actuado a sabiendas y por eso yo ahora necesitaré de ti, de tu sangre. No puedes recriminarme por odiarte y no saber si algún día te podré perdonar. Buscaré la forma de que me lo des sin tener que tenerte cerca, pero lo haré cuando hayamos terminado con El Rayo de Sol. Mantente lejos de mí.
La puerta se abrió en un estruendo haciéndose pedazos al instante. Donovan entró hecho una furia. Sus ojos tenían un color ambarino, su cabeza era ligeramente más ancha y felina. Su piel se estaba oscureciendo y sus andares eran sigilosos, como los de un depredador en el momento de la caza. Sus manos iban desapareciendo bajo unas garras. Su nebulosa de poder destellaba en toda clase de rojos e iba creciendo a cada paso.- ¡Apártate de ella, es mía!- No se si eso sonó más a rugido que a humano, pero estoy segura que su rabia lo acompañaba.- ¡Cómo te atreves a intentar cambiarla!
-No intentes mangonearme, were. Yo no sabía que iba a pasar, sólo quería ayudarla a recuperarse. A ti no te debo ninguna explicación más.
-¿Crees que no he escuchado lo que ha dicho ella que has hecho? ¡Nadie toca lo que es mío!
Tras un rugido se abalanzó contra él, Constantin siseó mostrando sus colmillos y se enzarzaron en una pelea monumental. Donovan había completado su transformación en una bella pantera enorme que había desgarrado su ropa durante el cambio. Si la situación no hubiese sido aquella me habría gustado admirar aquella hermosa piel de color negro azulado bordeada por ese aura rojiza. Yo no sabía qué hacer, aquello estaba pasando por mí, por mi culpa. La habitación no era suficientemente grande para que ellos tomasen toda su velocidad natural y eso hacía que la lucha fuese más intensa, un revoltijo de nebulosas roja y azul que se entremezclaban por la velocidad sobrenatural. Si no conseguía separarlos pronto uno de los dos iba a morir y aunque estuviese dolida con Constantin no quería verlo en ese estado. Tampoco se lo deseaba a Matt. Grité todo lo que pude sin conseguir que se fijaran en mí. Miré hacia la puerta intentando que los agentes que acompañaban a Matt hicieran algo. Estaban manteniendo sus armas en posición de disparo pero sin un objetivo bien expuesto era imposible. Les grité pidiendo que hiciesen algo pero ninguno se movió. La comprensión de lo que pasaba llegó a mí de golpe, como si me hubiesen dado una bofetada instantánea: acababan de descubrir que su apreciado sargento Donovan era una pantera. El policía más joven era el único que mantenía el rostro menos impresionado y a él me dirigí.
-¡Por el amor de Dios, haced algo! ¡ Se van a matar!
-No se me ocurre nada, nuestras armas podrían dañar al sargento. Quizás debería probar usted a llamarlos.
-¿Yo?- pregunté extrañada cortando de golpe la letanía de insultos que les dije por no cooperar.
-Esto parece más una pelea típica de hogar que otra cosa, se están peleando por una mujer y creo que es por usted. Si lo intenta quizás consiga más que nosotros.
Mi boca cayó abierta- ¿Me está diciendo que así es como solucionan las peleas cuando llegan a las manos, diciéndole a una mujer que les diga que paren?
-No señora, lo que quiero decir es que creo que harán mas caso de usted que de nosotros. Después de todo, esa pelea se debe a usted ¿no?
Me mordí la lengua para no decirle gilipollas. O el chico tenía miedo de los seres sobrenaturales o la policía no está bien preparada para un ataque real de ellos. Giré mi cabeza hacia la pelea. Matt sangraba por el cuello y Constantin tenía el estómago lleno de arañazos profundos por donde la sangre se deslizaba rápidamente. Si no paraban se iban a matar.
-Por favor, dejad de luchar.- Dije tranquilamente para intentar un llamado a la calma. En realidad yo me estaba ahogando por todo aquel estallido de poder tan cercano. Nada.- ¡No quiero que os peleéis por mí!- nada de nuevo. La rabia por no ser escuchada me dio un impulso de fuerza superior y grité mientras abría mis manos hacia fuera- ¡Parad ahora!
La energía estalló por todo mi cuerpo en mi propia nebulosa verde y descargó desde mis manos hacia fuera sobre ellos. Los dos salieron despedidos en direcciones opuestas. Matt aterrizó cerca de mí y su cuerpo de pantera fue menguando para volver a ser humano entre respiraciones hondas provocadas por el cansancio de la lucha y el cambio rápido. En el momento en el que recuperó su forma un policía se acercó a él con una manta que no supe decir de donde sacó y envolvió su desnudez con cierto recelo. Constantin estaba de pie en la pared opuesta, sus manos y pies pegados al muro, sus colmillos se habían retraído y su mirada estaba falta de emoción o movimiento. Con esa inamovilidad parecía una de esas mariposas que los biólogos conservan en colecciones de insectos. Una sangrienta y pacífica estatua que pese a su belleza no me engañaba porque sabía que era letal.
“Evelynn, ¿qué hiciste? No me puedo mover” Constantin estaba usando nuestra conexión mental y sonada algo preocupado. Yo también me asusté porque no sé cómo lo hice y por esa misma confusión en mi mente él consiguió liberarse. Cayó a plomo hacia el suelo pero en el último momento sus reflejos estaban al cien por cien y evitó golpearse en un rápido movimiento casi inexistente a mis ojos. La sorpresa en su cara duró poco tiempo, en unos escasos segundos mostraba la cara tiesa e indescifrable que portan todos los vampiros.
Una sonora risa retumbó en mi cabeza envolviéndome en una agradable brisa inexistente. Era como sentir una mano acariciándome suavemente desde mi cabello, pasando por mi nuca y mi cuello de la más erótica manera posible. Un imaginario dedo se deslizó por mi espalda haciendo pequeños círculos hasta alcanzar la parte superior de mi culo. Al llegar allí imaginé quién podía ser y bloqueé mi mente de aquel manoseo imaginándome a mi propia mano dando un manotazo para apartar aquel dedo. La risa fue más insistente pero ya no me alcanzaba de la misma forma que antes. Miré directamente a donde seguía postrada Kareemah, sabía que era ella pero no se había movido ni un milímetro. Lo único diferente eran sus ojos arremolinándose en un profundo rojo. Me asusté. Ella realmente me deseaba.
“Sí Mediadora. Has probado lo que tus poderes hacen, todavía descubrirás más. No trates de engañarme, he visto como has reaccionado a mi toque mental, imagínate lo que podría hacerte realmente, sé que lo deseas. Te he probado a ti a través de mis lazos con Constantin. Me costó trabajo porque tiene una mente muy fuerte pero yo soy milenaria. Juntas seríamos invencibles. Yo obtendría el poder absoluto, ningún humano o vampiro podría con mi poder y tú obtendrías todo lo que desees. Piénsalo Mediadora, todo. No te negaría nada a cambio de alimentarme a diario de ti, solo necesito una pequeña cantidad…”
“No te ilusiones maldita, tú presumes de que podrías darme todo y no creo que sea posible. ¿Qué te parece si te digo que lo que deseo de verdad es que te mueras de una vez? Nada de no muerte, deseo verte convertida en polvo, esparcida por los cinco continentes para que tus cenizas no puedan ser reunidas de nuevo en un intento de hacer algún yu-yu que te devuelva tu cuerpo.”
“Vaya. La nueva Mediadora está llena de sarcasmo, me daba a mí que iba a ser así desde que te conocí.”
Pensé por un momento y le pregunté. “¿Estás diciendo que usaste a Constantin para acercarte a mí?” Ella no respondió, lo que me dio la respuesta. Ella lo había estado influenciando. Quizás solo él tuviese parte de culpa en todo y Kareemah es la hija de puta más grande que he conocido en mi vida. Me acerqué hasta donde ella estaba esposada y pese a todo mi miedo, forcé a mis ojos a mirarla directamente.- No te acerques a mí, no intentes cogerme, mangonear mi vida o la gente que me rodea. Te juro que si vuelves a intentar algo con aquellos que me importan iré directamente al maldito agujero donde reposas de día y te estacaré. Cortaré tu cuerpo en trozos tan minúsculos que ni las ratas tendrán bocado que llevarse a la boca.
Siseó- Está aprovechándote de que yo estoy indefensa en esta especie de camilla.
-Créeme, si lo estuviese haciendo ya serías polvo.
Giré de nuevo hacia fuera. Me paré al lado de Constantin donde seguía mirándome sin pestañear. Por un momento vi en su cara algo parecido al orgullo y admiración por mí.- Eve…
Le tendí una mano aunque no estaba segura si de verdad la necesitaba. Sus heridas ya no sangraban y solo habían pasado unos cinco minutos desde que lo derribé.- He tenido una pequeña conversación mental con ella. Digamos que ella te “lavó el cerebro” para hacerte venir a mí intentando capturarme. Eso no quita que tú has usado deliberadamente mis sentimientos en un momento muy vulnerable para mí. No puedo perdonarte todavía, necesito tiempo.
Pareció pensarlo por un momento. Luego volvió a su inescrutable rostro y asintió con la cabeza a la vez que me dejaba que le ayudase a levantar. No me costó trabajo, lo que me dijo que realmente no lo había necesitado y buscaba un acercamiento.- Te demostraré poco a poco que lo que siento es verdadero, nada que ver con lo que ella me hizo.
Donovan gruñó aproximándose peligrosamente a nosotros. Debería haberse visto mal tratando de verse agresivo envuelto solamente en una manta, pero en él nada estaba mal- ¡Déjala!
Me metí en medio de los dos. Si alguno intentaba hacerle algo al otro tendría que pasar primero sobre mí y eso los frenó. Apreté la mandíbula y hablé entre dientes.- Dejad esa cosa de macho dominante y centrémonos en lo que está pasando. Hay gente a punto de morir, y cuando digo gente me refiero a humanos y sobrenaturales. Están a punto de amotinarse o incluso asesinar al senador Starch enfrente del edificio policial. El cabecilla se llama Jacob y es quien cometió los asesinatos del Bites and Dreams.
-¿Estás segura?- preguntó uno de los oficiales. ¡Vaya! Ahora que estaban a salvo los egos masculinos volvían a interesarse por ellos…
-Tan segura como puedo estarlo de que mis ojos han estado a escasos centímetros de esas garras de águila tatuadas en su antebrazo.
Donovan comenzó a organizar a su grupo de oficiales y alguien le trajo unos pantalones y una camiseta de una mochila en su vehículo. Saber que cuando te transformas sin previo aviso puede dejarte desnudo es un buen motivo para siempre llevar ropa de repuesto guardada. Se vistió sin vergüenza delante de mí. No exactamente delante, se apartó a un lado pero todavía podía verlo si quería. Y Dios me perdone, quería hacerlo. Me dio una completa vista de su trasero antes de embutirse unos vaqueros que se deslizaban sobre sus muslos como una segunda piel. Él me pilló mirando cuando volteó su cara atrás hacia mí. Me ahogué en una mar de calor y vergüenza por haber sido cazada y él me dedicó una sexy sonrisa subiendo la mitad de su boca pícaramente. No sé por qué, pero sabía que el había notado mi deseo y por eso se volvió. Sentí el leve toque de los celosos pensamientos de Constantin y miré hacia él. Estaba limpiándose con una toalla todo lo que podía de la sangre salpicada en su abdomen. No sé si los vampiros debían de hacer ejercicio para mantenerse en forma, pero su pack de seis asomando confirmaba que como mínimo lo había hecho antes de transformarse. El calor regresó a mí cuando aprecié el remolino rojizo en sus ojos. Estaba excitado por mi escrutinio sobre su cuerpo. Pese a que estaba odiando todo lo que había descubierto no podía dejar de desearlo, y a Matt también. Salí de aquel cuarto tan lleno de testosterona refunfuñando una maldición a mis lazos con ellos. No había modo de saber cuanto provenía de mí y cuanto de las ataduras.
Hurgué por el pasillo mientras ellos organizaban todo. Las armas que vi cuando bajé ya no estaban. Entré en la primera habitación de la izquierda y resultó ser una oficina llena de cajas de facturas, licores caros almacenados en una estantería bajo llave, objetos de propaganda de productos hosteleros, un par de sillas simples rente a una mesa de oficina y un cómodo sillón de piel. Tras curiosear un poco sin ver nada importante pasé a revisar los cajones. No había nada raro excepto por el ultimo cajón que estaba cerrado. Con el abrecartas conseguí forzar la cerradura. Fui muy cuidadosa para no dejar indicios del forzamiento y allí encontré facturas pagadas por artículos de armamento, madera y materiales de carpintería. Eso serían pruebas con las que demostrar que aquello no era solo un restaurante donde se celebraban las “inocentes” reuniones de un club de antivampiros. Era un club de antivampiros muy peligroso. Bajo todo aquel papeleo encontré mis cuchillos, mi S&W y mi bolso. Todavía estaban dentro mi Glock y mi cajita. Miré hacia todas mis armas, ¿Las querría guardar Jacob como trofeo? Mejor no pensar en ello y comencé a recolocarme todas mis cosas en su sitio. Donovan entró con un chaleco para mí y le dije que no tenía frío, un poco de rabia y poder funcionaban como el mejor calefactor del mundo.
-No es por el frío. ¿Qué te hizo ese cabrón?- y me señaló hacia la parte superior de mi pecho, el cual estaba casi al descubierto por los desgarrones durante el forcejeo. Ni siquiera me había acordados de eso. Todos los que habían estado en el sótano habían tenido una buena vista de mi sostén y mis generosos pechos ¡A la mierda! Casi debía preguntar por si alguno no había tenido la vista completa…
-Nada por lo que no vaya a pagar cuando lo atrape. Y si lo cazas tu primero quiero cinco minutos con él para mí sola.
El borde de su mirada comenzó a tomar el color ambarino de su were y la neblina rojiza quería pronunciarse. Lo calmé colocando un dedo sobre su boca- Shhh… sabes que puedo cuidarme sola, ese cabrón no obtuvo nada de mí pero le haré pagar por lo que quiso hacer. Prométeme que me conseguirás esos malditos minutos.- Apretó la boca con molestia, pero al final asintió. Eso me hizo sentir muy bien. Él me estaba dando mi espacio y respetaba mi decisión.
-Sargento, la vampiro de aquella habitación a desaparecido. Hemos estado registrando el resto de habitaciones y si allí habían retenido a más no queda ninguno, solo un hombre muy torturado que nos ha insistido en decirte que se llama Adam.
Matt salió disparado hacia donde el oficial le gritaba que estaba. Lo trajo hasta la camilla donde había estado Kareemah. Parecía una hamburguesa, todo lleno de cortes y zonas donde faltaba piel. Su piel emanaba un hedor nauseabundo, mezcla de carne quemada, sangre y desechos. Le habían atado con cadenas de plata como a los demás, incluso tenía una cuerda alrededor del cuello en una malintencionada idea de tratarlo como a un animal. Respiraba fatigosamente y por una de las heridas en su pecho asomaba un trozo blanco ensangrentado que me pareció que podía ser un trozo de costilla rota. Matt llamó con su teléfono a la doctora Maxwell, ordenándole que viniese a atenderlo allí. Dos agentes bajaron a los trabajadores del restaurante que se habían quedado para vigilarnos. Bajaron esposados y Matt ordenó que los recluyesen en la misma habitación donde mantuvieron a Adam. Cuando los dejaron encerrados los agentes tuvieron que salir corriendo a vomitar por el hedor del cubículo. Ni siquiera le habían dejado ir a hacer sus necesidades a un aseo. Matt maldecía por no poder disponer de más agentes para cuidar a los presos hasta que elimináramos la rebelión. Los agentes que lo acompañaban eran solo tres además de é. Uno debía de quedarse con Adam, otro vigilaría la entrada del restaurante y otro controlaría a los presos. Eso dejaba solo a él, Constantin y yo para ayudar.
-Mi señora, he traído refuerzos tal y como me ordenaste.- era William.
-Yo no te ordené, te lo pedí que no es lo mismo. ¿Dónde está la ayuda?- los dos me miraron con asombro aunque no dijeron nada. Sabían que estaba hablando en serio con alguien, después de todo lo que habíamos pasado últimamente esto era lo más normal en los últimos dos días.
-Por lo que veo una llegó antes de que yo volviese. Conseguí contactar con la tía del were tras una sesión de espiritismo- hizo una mueca intentando que yo imaginase la clase de “penalidades” que había sufrido el pobre fantasma en sus inexistentes carnes- y le llamó para indicarle donde estaba usted atrapada. El resto de la ayuda está en donde están concentrados los humanos frente a un edificio de la policía.
-¿Quiénes son?
- La tribu were y una legión de espectros del cementerio más próximo. Por cierto, tendrás que ayudarles a conseguir un poco de energía eléctrica a través de tus poderes. Es lo único que piden como pago. La culpa es mía por hablarles del subidón que me dio…- le dí una mirada fulminante y comprendió que se estaba extendiendo en la explicación- Por cierto, hay alguien más. Una preciosa señora mayor que dice ser su yaya.
Eso me hizo tirar de Constantin y Matt para irnos cuanto antes. Ante el levantamiento de ceja que me hicieron los dos a la vez al entrar en el coche policial suspiré- Preparaos, vais a ver a la abuela Tunner en acción.

martes, 23 de agosto de 2011

Saga "La Mediadora, El Comienzo" Capitulo 38: Del Amor al Odio

Estaba en mitad de un bosque tras unos matorrales que ocultaban una cueva de difícil acceso. La luz de la luna iluminaba débilmente sobre el ramaje pero aun así era suficiente para distinguir todo lo que me rodeaba. A veces pasaban segundos en los que se hacia más oscuro. Miré hacia arriba sobre el firmamento para comprobar que lo que provocaba esos cambios en la iluminación era causado por multitud de nubes corriendo vertiginosamente por culpa de un viento helador que las azotaba.
Sabía que estaba en una de mis visiones pero había algo que no encajaba, era diferente. Miré hacia abajo sobre mi cuerpo y nada estaba cambiado. Era yo misma, lo sabía porque llevaba puestas las mismas ropas que tenía en el restaurante, incluso estaban desgarradas mostrando parte de mi sujetador. Si aquello no podía ser otra visión… era algo diferente.
-Por supuesto que no lo es, yo te traje aquí, a este momento para que compruebes lo que te dije antes de que le dejes darte su sangre. Él realmente no es el vampiro fuerte y temido por todos que crees, es un simple peón.
Giré mi cabeza a mi izquierda hacia la cueva. Kareemah estaba justo en la entrada como si acabase de salir de allí y estaba hablándome directamente a mí. Sus ropas eran vistosas, pomposas y extrañamente llevaba el pelo cubierto por un pañuelo atado en la parte de atrás. Un conjunto policromático de colores brillantes que realzaban su rostro. La miré extrañada.
-¿Qué quieres decir?
-Es mejor que lo veas. He entrado en tu mente y te estoy mostrando mis recuerdos. He tenido que forzar algo parecido a una visión para que estés presente. Tu realmente no has estado teniendo unas buenas visiones, has dejado que él te tocase justo en el momento en el que las alcanzabas y sus deseos y recuerdos se han fusionado lo suficiente como para que la historia se alterara en tu cabeza. Sólo contempla y luego decide qué quieres creer.- me hizo gesto con su mano de que me mantuviese tras los matorrales y ella también lo hizo.
No había pasado más de medio minuto cuando escuchamos el golpeteo de un caballo acercándose. En la lejanía distinguí una figura oscura que conforme se fue acercando tomó la forma de un caballo con dos personas en su lomo. La velocidad con la que se movía el animal era frenética, algo así como si estuviesen huyendo de algo o alguien pero justo cuando creí que iban a pasarnos él tiró de las riendas haciendo que el caballo frenase poco a poco hasta detenerse a un metro de donde yo me encontraba. Del lomo se bajaron Constantin y Claire. Ella tuvo que apoyarse bastante sobre los hombros de él para conseguir bajar sin caer y al final tuvo que cogerla en brazos porque no se sostenía. Parecía débil o mareada, con un chorro de sangre corriendo por el escote de su vestido hasta el canal entre sus pechos. Las mangas de su vestido estaban hechas jirones y sus brazos eran un amasijo de moretones y graves heridas. Constantin tenía los labios y parte de su barbilla también manchados además de la ropa destrozada. Dejó a Claire sobre la hierba apoyada contra la corteza de un árbol y giró en redondo como si buscase a alguien o algo.
-¡Estella! ¡Estella¡ ¡Maldición, no veo su carro por ningún lado!- gritó mientras acudía a comprobar a la mujer.
Yo observaba a Claire sentada inmóvil. Creí que se había desmayado porque no se movía pero ante los gritos que Constantin había dado movió la cabeza hacia arriba y apoyó la nuca en el árbol. A la luz de la luna y sin la intromisión de mi propio ser en su cuerpo pude apreciar con mayor exactitud sus rasgos faciales. Claire y yo no éramos tan parecidas, su nariz era más prominente y sus ojos tampoco se asemejaban a los míos. Realmente Claire y yo teníamos muy poco en común por no decir nada… ¿por qué pensé una vez que nos parecíamos como hermanas?
“Te lo dije, él quería creer que era así y por eso tú así lo viste…” Resonó en mi cabeza la voz de Kareemah.
Quise contestarle pero en ese momento ella decidió dejarme y aparecer en escena justo a ellos con unos pasos al caminar que no tenían el aire majestuoso con los que le había visto hacerlo cuando la conocí en la mansión.
-Hola Constantin, mi carromato está en el pueblo cercano. Tuve que llevarlo para que el herrero arreglara una rueda pero decidí quedarme por aquí a esperarte. Sabía que vendrías.
Me extrañó que Constantin la llamara Estella y no la reconociese como Riath, aunque claro… esto era Francia. Kareemah se acercó hasta ellos e inhaló brevemente, supongo que el aroma a sangre proveniente del cuello de Claire.
-Siempre sabes cuando vendré. Necesito tu ayuda. No creo que le quede mucho tiempo de vida.
Stella/Kareemah arqueó una ceja- ¿Y qué quieres que haga yo? Llevo meses intentando hacerte controlar tus instintos para que no la drenes y ahora ella casi lo está. Además, yo no soy médico, no puedo hacer nada por ella.
-Dijiste que encontrarías el modo de revertir mi monstruosidad, dijiste que podrías hacerme humano de nuevo. Si eres capaz de eso puedes salvarla también.
-Dije que lo intentaría, no que lo supiese.- caminó en círculos por unos pocos minutos para desesperación de Constantin como si buscase la solución. De repente se giró bruscamente y lo miró directamente a los ojos.- Esta bien, deja que me la lleve a mi carromato y trataré de que no muera. Eso puede llevar un tiempo, luego te buscaré y te la entregaré cuando haya sanado. Es lo mejor que puedo hacer.
-No. Ella no se aleja de mí.
-¡Tú no puedes venir! La matarás antes de que pueda hacer nada. Yo me la llevaré.
-¡He dicho que no! Fuimos atacados por el vampiro que te dije que me buscaba justo cuando descubrimos que andaba cerca y decidimos huir. No la dejaré sola. Yo… yo… quiero estar con ella.
-¿Por qué vampiro, la amas? ¿O más bien es su sangre?
-No lo sé, pero sé que necesito tenerla conmigo. Ella ha entrado en problemas por mi culpa y debo protegerla. Si eso puede llamarse amor, entonces si, no creo que haya otra cosa que sienta siendo el monstruo en el que me convertí.
Estella/Kareemah chasqueó la lengua con desprecio-Tú eres adicto a su sangre, eso no es amor. Me vas a poner las cosas difíciles para que me la lleve. Eso no me gusta nada. Deja que te lo aclare. Ella se viene conmigo. No eres rival para Lucien, apenas eres un niño recién nacido en comparación con los años que tiene él. Conseguirás que la mate en despecho por haber matado a su compañera.
Alzó la cabeza con indignación -Soy un vampiro joven, lo sé, pero también se que soy una rareza. Soy un vampiro creado por dos, algo nunca hecho antes. Poseo las características de los Varacolacci y los Strigoii a la vez. Pudo ser capaz de defenderla como hasta ahora, además es cierto que su sangre es adictiva, pero también me da más fuerza que la de cualquier humano. Hacemos un buen dúo.
Ella se acercó hasta donde reposaba Claire dejando su rostro a escasos centímetros y aspiró el aroma de su sangre. No pudo evitar relamerse por lo embriagador que era. Hacia varios milenios que no captaba algo tan apetitoso semejante a su querida Indra. También notó que el latido era ya casi imperceptible. Claire estaba a punto de morir.- Ella no estaba totalmente formada y esto es una pérdida de tiempo. No tiene salvación. Has desperdiciado su sangre.
-¿Qué estás diciendo? Llevo meses drenando completamente a otros humanos tratando de calmar mi ansia por su deliciosa sangre tal y como me aconsejaste, desapareciendo de su lado durante varios días para lograrlo y por culpa de un vampiro no he podido alejarme de ella desde que escapamos y ahora está a punto de morir. La culpa me perseguirá eternamente ¡Ayúdame o dime donde encontrar un medico que la salve!
-¿Y qué les ibas a explicar, que como eres vampiro la has drenado totalmente porque no supiste el modo de parar de comerte la cena? Eso tendría que verlo.
-¡No!- gritó desesperado mientras la acunaba entre sus brazos mientras lágrimas de sangre brotaban de sus mejillas y se unían a las gotas ya existentes en el escote de Claire. Un minuto más tarde alzó en un rápido movimiento vampírico la cabeza como si acabase de entender algo- ¿Cómo sabes tú como se llama el que nos persigue? Nunca te dije su nombre.
-Ya me cansé de esta comedia… Conozco a Lucien y también a Natasha. Ella era uno de mis maestros en el nuevo mundo. Lucien me comentó lo que pasó cuando te convirtieron y sus sospechas de que esa humana era algo especial. Le envié a espiarte y el idiota lo hizo pero solo para vengarse de ti por matar a su compañera. Así que viendo que no entraba en razón decidí hacerme pasar por una gitana sabedora de los vampiros, para poder localizar donde vivías con ella. Debo felicitarte por haberla mantenido tan bien escondida, fue difícil dar con vuestra casa. Todo lo que me explicaste sobre vuestra relación me hizo pensar en que ella podía ser como mi Indra. Quiero sentir ese poder corriendo otra vez por mis venas. Ya no podré retenerla para poder alimentarme mientras durase su estúpida vida gracias a tu falta de control. Dámela antes de que termine de morir, por lo menos podré conseguir un poco de ella y quizás te perdone la vida.- Sin esperar a su reacción la arrancó de sus brazos en un rápido movimiento y en un parpadeo estaba a varios metros de distancia. Dejó que sus colmillos descendiesen y se dispuso a drenar la sangre que le quedaba. Claire dio un mudo gemido de dolor antes de quedar laxa entre sus brazos mientras Constantin la miraba horrorizado. Cuando hubo acabado Kareemah alzó su rostro al cielo con la boca cubierta de sangre y exclamó de placer al sentir la magia de la sangre corriendo por ella. Después dejó caer el cuerpo a sus pies como si no fuese más que un simple trapo y lo encaró.- ¿Sorprendido? Ella era una Mediadora en potencia, no estaba cambiada totalmente para tener sus poderes a plena potencia. He estado aguantando tus molestas quejas sobre tu monstruosidad intentando que la acercaras a mí, pero tenías que ser testarudo y mantenerla en secreto. Al final solo conseguí un pequeño bocado. Tantas noches aparentando ser una zíngara que iba a ayudar al joven vampiro a volver a ser humano… sorpresa, no puedes volver a ser humano. Supéralo de una vez.
Con un rugido de rabia se abalanzó sobre ella y consiguió darle un puñetazo en la cara. Si hubiese sido humana tendría la mandíbula rota. Fue a por un segundo golpe pero ella ya estaba en guardia y lo cogió por el cuello alzándolo en vilo.- No sabes con quién te enfrentas pequeño renacido. Soy la Riath Kareemah del nuevo continente, hija del Nilo, devota de Osiris, señor de los muertos. Por mucha sangre de una medio Mediadora que hayas podido tomar nunca tendrás la suficiente para derrotarme, te llevo muchos milenios de no vida de diferencia.
-No me asustas, termina conmigo de una vez y podré descansar.-su voz era entrecortada por el agarre de la mano sobre su cuello. No necesitaba respirar, pero su garganta estaba siendo estirada en una postura imposible.
Ella estudió su cara en busca de su miedo. Cuando un vampiro es joven no sabe enmascarar sus emociones y son fáciles de leer. Pero ella no vio lo que esperaba, él realmente quería morir. Lo depositó en el suelo y puso sus manos en las caderas para explicarle- Aunque no lo creas Natasha y Lucien te hicieron un precioso regalo. Mucha gente daría todo por la vida eterna que tú tienes. Eres valiente, podrías ser un buen señor para las tierras del nuevo mundo, hay mucho que conquistar. Te voy a dar la oportunidad de servirme a mí fielmente, tendrás una posición alta en nuestra política vampira manejando los terrenos que le pertenecían.
-No podría, como tú has señalado solo los más fuertes acceden a esas posiciones. Termina conmigo de una vez.
Un destello rojo de ira cruzó su mirada, nadie le negaba nada- No me hagas enfadar renacido. Sé a que te dedicabas antes de morir, serás bueno para aquellas tierras. Lo único que necesito es tu lealtad, algo que escasea cuando siempre hay algún traidor detrás deseoso de ocupar mi puesto, cosa que ninguno ha conseguido. Eres una cosa bonita de ver, yo podría quedarme personalmente algún tiempo contigo para enseñarte a manejar todo y quizás podría tenerte en mi cama. Serías mi favorito y nadie te retaría. Además, nadie tiene que saber cómo la suerte jugó de tu parte para derrotar a Natasha, así todos te temerían lo suficiente para respetarte aun siendo joven.- le tendió una mano- si decides que sí, agárrate a mí y nos pondremos en marcha. Tienes toda la eternidad para aprender a controlar tu sed y debo decirte que si apareció una Mediadora en la Tierra es porque será necesaria en años venideros así que no sufras, la Naturaleza se provee de todo lo que necesita para mantener el equilibrio, un nuevo Mediador nacerá a su debido tiempo.
-No será ella.
-Créeme Constantin, después de que me pediste que te uniera con un hechizo a ella te eché la buenaventura vi que tu ser estaba ligado a su esencia más allá de este tiempo. Volverás a ver a un Mediador. Y ahora apresúrate. Debemos de llegar a la costa francesa para embarcarnos hacia el nuevo mundo, ya me cansé de tanto aire de superioridad europeo y tengo que escoger un gran barco en el que zarpar. Cuanta más gente mejor para comer sin ser descubiertos.
Pasaron un par de minutos y al final él tomó lo que le daba y se levantó. En esos momentos volvió la neblina. Sabía que estaba tragando sangre pero tenía tal sed que no podía parar y abrir mis ojos. Kareemah seguía zumbando en mi mente intentando hacer que dejara de beber. Conforme el dulce sabor de la sangre de Constantin bajaba por mi cuello comencé a encontrarme mejor. Me sentía como un deportista dopándose con sangre oxigenada. Mi adrenalina zumbaba por cada poro de mi piel. Su sangre fue el mejor reconstituyente que podría conseguir. Ya reconstituida abrí mis ojos. Constantin estaba mirándome con los ojos muy abiertos en una expresión de dolor. Yo fruncí mi ceño y salté hacia una pared para apartarme de él. El bote que dí me asustó, no fue un salto humano, más bien fue un salto muy vampírico. Mis manos temblaban cuando acerqué mis dedos temblorosos a mi dolorida boca. Una yema se pinchó contra una afilada punta saliente. Ahora tenía además de mis ojos rojos un par de diminutos colmillos como herencia.
-¿Qué me has hecho?- medio pregunté, medio grité con horror.- ¡Me convertiste!
-No, no… no lo sé. Solo quise que te recuperaras. No te siento como un vampiro si eso es lo que piensas que eres ahora. Hueles como uno, pero no eres uno. No sé cómo lo sé exactamente, pero sé que hueles a más cosas.
Fui hacia él en un borrón y lo empujé contra el muro con tanta fuerza que un nuevo agujero se abrió. Esta vez pude ver que la siguiente habitación en el maldito sótano estaba ocupada por Kareemah. Tenía montones de cadenas de plata alrededor de su cuerpo. Su piel pálida era ahora casi translucida y tenía una via en su brazo por donde le estaban sacando su sangre. Unas quemaduras en forma de cruz en una de sus mejillas y en un brazo daban constancia de que había sido torturada. Volví de nuevo mi atención al maldito vampiro frente a mí y me acerqué lo suficiente como para que mi aliento entibiase la punta de su nariz mientras siseaba al intentar hablar con mi nueva dentadura.- La drenaste, la hechizaste para asegurarte que solo te quería a ti, sabías quien era ella porque te lo explicó tu Riath, ¿y ahora intentas transformarme?
-Te juro que no tenía intención de nada, solo quería salvarte. Si has visto lo que pasó con Claire sabrás que no quiero perderte a ti tampoco. Me arrepiento de lo que le hice a ella, pero te juro que contigo no he intentado nada. La atracción y el amor que nos profesamos es pura.
Odiaba admitir que sí tenía sentimientos hacia él, hacia ese hombre que era capaz de manipular con tal de mantenerte a su lado. Ya no estaba segura de si mis sentimientos eran reales o no-¿Amor? ¿Qué coño sabes tú lo que es el amor? Amor es cuando uno acepta a otro libremente, sin coacciones. No me convertirás en una marioneta como hiciste con Claire. ¡No soy Claire!
-Si pudiese mover las manos te juro que te aplaudiría, Constantin. Hiciste una desgracia con aquella Mediadora y te acabas de joder la oportunidad con esta. Debo decir que te tengo lástima, puesto que tal y como te dije tu vida iba a estar unida a ella.- pese a estar sufriendo un infierno de dolor con las cadenas Kareemah sonreía al decirlo.- Un Mediador es como un juez de lo sobrenatural, su fuerza reside en que maneja un numeroso grupo de poderes sobrenaturales, pero para ello necesita estar unido a gente que porte esos poderes. He intentado que me deje entrar en ese distinguido grupo porque todos se benefician de esa unión, todos adquieren fuerza. Pero tú eliminaste esa posibilidad cuando le diste tu protección en la mansión. Ella despertó su esencia Mediadora y adquirió de ti tu necesidad de sangre, pero no la de cualquiera. Necesita exclusivamente tu sangre.
-¿Qué cojones dices y tú cómo sabes eso?
-¿No lo entiendes Evelyn? ¿No te has sentido más débil hasta el punto de desfallecer? Por la expresión de tu cara ya lo has sufrido. Eso era tu falta de su sangre. No sé cada cuanto la necesitarás, pero créeme, tendrás que obtenerla aunque no quieras. Te mentí. Cuando mi Indra estaba en su lecho muy débil traté de darle mi sangre y convertirla. Sus poderes como Mediadora surgieron y se estabilizó. Pero ella no aceptó tener que necesitar mi sangre como alimento, ella al final se suicidó.
Giré mi rostro surcado en lágrimas hacia Constantin y le dije solo dos palabras- Te odio.

martes, 12 de julio de 2011

Saga "La Mediadora, El Comienzo" Capitulo 37: La Habitación de al lado.

Regresé a mi yo presente no sin presentar mareos y ganas de vomitar aunque sin lograr soltar nada ya que devolví todo cuando Jacob me pateó en el aseo. Giré mi cabeza buscando por la habitación a Constantin pero él no estaba allí. Si lo que había presenciado era cierto debía de salir de allí rápido. Jacob era un sicópata capaz de hacer que alguno de sus compañeros se deje transformar en vampiro para su causa y luego matarlo. ¿Qué tipo de crímenes sangrientos más habria sido capaz de hacer en estas cuatro paredes? Me dio repelús y recé por no tener que presenciar todo eso en mis regresiones.
Gracias a mis visiones estaba aclarándoseme todo lo que había estado ocurriendo desde que llegué a Chicago, ahora solo faltaba conseguir pruebas de todo lo que había concluido en mi cabeza. El reverendo Kern no es responsable directo de los actos criminales que se hacen en nombre de su comunidad, pero también es culpable si sabe que se está haciendo y vuelve la mirada para otro lado. Lucius y Moretti son unos hijos de puta ambiciosos a los que no les ha importado tampoco quién caiga, todo por venganza y avaricia, haciendo que los radicales valoren a todos los vampiros de la misma forma y propulsando que la nueva ley que les da más privilegios caiga por presión de los ciudadanos. Así podrían volver a las antiguas cacerías clandestinas. Si Margot no había perecido en el derrumbamiento en la mansión de Moretti iba a encargarme yo personalmente de encontrarla para que la justicia le diese su merecido.
El rugido de mi estómago por hambre me sacó de mis pensamientos,- Shhhh… ahora no es momento de eso- me dije a mí misma ¿Quién piensa en comer cuando se está en una situación así? Mi estómago que va a su aire, supongo. Era una sensación de hambre inmensa, de esas por las que uno diría que sería capaz de comerse un caballo entero.
“Frumos” Sentí decir débilmente en mi cabeza. Mi agotamiento era tal que ni siquiera podía pensar con claridad en su voz.
“¿Dónde estás?” dije yo buscando cómo hablar con él con las suficientes palabras para que me entendiese sin llegar a agotarme del todo.
“No lo sé. Me vendaron los ojos y estoy atado con algo que lleva plata. Estoy muy débil pero siento que estás cerca. Por favor ayúdame.”
“Yo también estoy encerrada y agotada. Creo que nos tienen que haber dado algo con láudano o similar, aunque creo que yo ya padecía un poco antes de que me encerrasen”.
“Puede ser, pero tu agotamiento no solo se debería a un narcótico. La culpa de eso la tiene nuestra unión. Tú me necesitas igual que yo a ti”
“¿Qué estás diciendo con que nos necesitamos?”
“Búscame frumos, y lo entenderás mejor. Estoy muy cansado para seguir con nuestra telepática conversación. Creo que me están drenando la sangre…”
De golpe dejé de sentirlo en mi cabeza. “¿Constantin?” repetí varias veces sin éxito. ¡Mierda, deben de tenerlo en alguna parte por aquí cerca! Quizás esta no sea la única habitación donde se dedican a hacer atrocidades. Quizás está a punto de morir para siempre… ¡y yo sin poder hacer nada! Debia de pensar en algo rápidamente o ninguno saldríamos de allí. Los minutos pasaban mientras yo me devaneaba el seso sin muchas opciones a la vista, tal vez el discurso del senador Starch estaba en marcha y quedaba poco tiempo para salir de allí … quizás si gastase las pocas fuerzas que me quedaban intentando patear la maldita puerta lograría escapar,- para eso tengo algo más de fuerza que un simple humano ¿no?- pero cabría la posibilidad de hubiesen dejado a alguien vigilando. Necesitaba saber donde estaba Constantin, llegar hasta él y ayudarle a liberarse. Entonces podría tomar algo de mi sangre y sacarnos. Yo seguramente saldría inconsciente pero eso es mejor que quedarse. Intenté conectar de nuevo pero no sentí nada. En esos momentos el inconsciente era él. Froté mis brazos intentando consolarme y al hacerlo pasé ligeramente las palmas de mis manos sobre mis pentalfas con el único impedimento de mi ropa, con lo que apenas noté una pequeña vibración.
-¡Eso es! – grité y seguidamente tapé mi boca. Había sido tal la alegría de tener una pequeña posibilidad para escapar que no me pude controlar y alcé la voz.- Voy a intentarlo- susurré aunque no me hacía falta porque me lo decía a mí misma. Lo hice más para alentarme que otra cosa.
Cuando Jacob estuvo buscando mis armas rasgó bastante de la parte delantera de mi ropa así que el pentalfa sobre mi pecho estaba bien visible por encima del sujetador. Pasé mis dedos suavemente por todo el contorno mientras me concentraba. Era impresionante notar todos los salientes que conformaban el diseño. Hace unos días no tenía nada, después apareció el dibujo y era como una tatuaje liso. Ahora todas las líneas eran muy perceptibles al tacto de una forma agradable. “William” Dije mentalmente intentando llamarlo. “William” Repetí cuando no apareció. Varios intentos más y me desesperé. –William, ¡¿se puede saber donde cojones estás cuando te necesito?! -Susurré en un tono enfadado.
El pentalfa comenzó a hormiguear y retiré mis dedos justo a tiempo de ver un casi imperceptible torbellino que lentamente tomó la forma del antiguo guerrero haciéndome una reverencia- ¿Me buscabais, mi señora?
-¿Tú que crees? Todavía no sé exactamente cómo haces para estar dentro de mí, pero estoy segura de que sentiste mi llamada la primera vez.
-No lo niego.
Esa respuesta me enojó más- ¿Y por qué no viniste? No soy partidaria de que te quedases aquí en vez de cruzar al otro lado o lo que sea que haya, pero ya que te metes en mi cuerpo lo menos que podías hacer es asomar.
-Mis más sinceras disculpas. Yo realmente quise salir la primera vez, pero ha sido como estar en un laberinto y no ver la salida. Todo el tiempo andaba en círculos. Viéndoos ahora me parece que estáis muy débil y quizás eso tiene la culpa de que yo no consiguiese salir.
Eso me hizo pensarlo- ¿Tú crees?
-Por supuesto, aunque me incomode decirlo yo requiero de un poco de vuestra energía para mantenerme aquí. Los espíritus debemos anclarnos a algo o a alguien para permanecer en este mundo. Unos lo consiguen por su necesidad de terminar algo que quedó inacabado cuando estaban vivos, otros simplemente no reconocen que están muertos y vagan por todos lados absorbiendo la energía al pasar por entre los objetos o las personas, y por ultimo están los más fuertes, que son aquellos que conviven con alguien en concreto y usan su energía para no desvanecerse. Cuando nos convocaste en la mansión que hay al lado del cementerio usaste una buena cantidad de tus reservas.
-No lo sabía. Recuérdame que no vuelva a hacer una cosa así, todavía me siento como una mierda.
-Mi señora, si me permite decirlo diré que hay algo más que absorbe de usted. No sé lo que es, pero sé que lo presentí en su interior.
-Nos ocuparemos de eso después, cuando consiga salir de aquí. ¿Podrías echar un vistazo ahí fuera y decirme qué ves? También necesito comprobar si Constantin está por aquí encerrado en alguna parte. He tenido una pequeña llamada mental suya y no es muy esperanzadora. Necesito escapar antes de que vuelva a desmayarme.
-¿Se refiere al vampiro? No debería mezclarse con ellos, he visto demasiadas veces cómo ellos ansían la sangre de la gente que tiene magia. Pueden intentar drenarla.
-Si ya… esto debería haberlo sabido antes y me hubiese ahorrado muchos problemas. Ahora ve a hacer lo que te he dicho y gánate la energía que me chupas.
-Será un placer obedecerte.- y se esfumó sonriendo mientras atravesaba la puerta.
Me apoyé en una esquina y acerqué mis rodillas a mi cara para reposar la cabeza. Realmente estaba hecha una mierda, toda mareada y débil, con una mezcla de pensamientos aturdiéndome. Debia de haber hecho caso a mi abuela cuando me desaconsejó mudarme aquí. Ella estaba tratando de advertirme sobre los peligros de acercarme a zonas pobladas por vampiros, pero lo hizo tan sutilmente tratando de no contarme sobre mi verdadera naturaleza que no le hice el más mínimo caso. En fin, eso ahora no tenía arreglo…
-Ya estoy aquí, mi señora. El pasillo y los alrededores están despejados. Solo hay dos camareros y el personal de cocina arriba. Están muy confiados con que van a triunfar que no se preocupan por los que están atrapados aquí abajo.
-¿Quiénes están atrapados?
-Bueno, no se el nombre de todos los que están aquí, pero pude ver al vampiro que buscas. Hay varios más como él incluida esa que parece un hombre refinado. También hay un tigre y un león enjaulados.
-Debes referirte a Kareemah. No puedo creer que también la atrapasen. ¿Dónde están?
-A lo largo de este sótano hay varias habitaciones similares a esta. Los vampiros están comenzando a despertar, pero todos tienen tubos conectados a sus brazos y les están sacando la sangre. Y hay cámaras grabando en todas las habitaciones.
-¡Mierda! Necesito encontrar la forma de salir y necesito llegar hasta Constantin, de todos los que están por aquí sería en el único en quien confiaría para ayudarnos a salir.
-Él no está lejos, lo tienen en la habitación de al lado. Justo sobre una mesa al lado de esa pared.
Saber que estaba cerca me dio ánimos para pensar en la huida. Volví a repasar todo lo que había en la habitación: la esperpéntica mesa, el lavabo vacío, el armario que no podía abrir, la videocámara sobre un trípode… giré hacia William- Asoma la cabeza al pasillo y avísame si baja alguien, voy a hacer ruido.
No dijo nada, simplemente asintió y sacó la cabeza por el centro de la puerta. Hubiese sido cómico estar viendo solo la mitad del guerrero medieval atravesando la puerta si no fuese por la situación que teníamos en esos momentos. Me centré en la videocámara, después de comprobar que no estaba conectada a una toma de corriente la saqué del anclaje que la enganchaba al trípode y la dejé sobre la mesa. Cogí el trípode, reuní la fuerza que me quedaba y comencé a golpear el candado del armario. Armé mucho estruendo pero mientras William no diese la alarma no pasaba nada.
Cinco intentos más y el candado cedió justo en el momento en el que el trípode se partía y me quedé con una de las patas en la mano. Como era de esperar dentro solo había guantes, vías, bolsas, cadenas y esposas con aleación de plata. Encontré un par de bisturís y varias estacas de color azul exactamente iguales a las que usaron para matar a los vampiros del hotel. Un par de sierras que me dieron repelús las dejé donde estaban, no quería imaginar que habrían serrado con ellas. Me puse un par de guantes y extraje dos de las estacas para guardarlas en una de las bolsas para sangre. Podrían usarlas como prueba para incriminarlos. Cerré la bolsa y me la guardé en la parte trasera de mi cintura sujetada por mi ropa. También me apropié de uno de los bisturís para usarlo como arma de defensa. Volví a recoger la pata del trípode y me dispuse a golpear en la pared con su punta. Al poco rato ya podía rascar el cemento para sacar los bloques del muro. Con mucho sigilo acabé por sacar uno y miré hacia el otro lado. Distinguí un cabello rubio muy familiar para mí y eso me animó para continuar con mi labor de quitar trozos de la pared. Mis brazos y manos estaban siendo arañados pero no me importó, tenía que llegar hasta él como fuese. Cuando ya había conseguido desarmar un cuadrado lo suficientemente grande como para pasar al otro lado probé a llamar a Constantin en susurros mientras lo tocaba en el rostro para despertarlo. Estaba muy frío al tacto y su piel estaba tan pálida que casi era translúcida.
“Frumos, al final conseguiste encontrarme”.
“Y tu al fin conseguiste despertar”, contesté yo mentalmente también.
“Es el olor de tu piel y de tu sangre lo que lo consiguió. Es embriagador y más ahora que estoy casi desangrado. Mea floarea, necesito que me alimentes o no podremos salir de aquí”.
“¿No hay otro modo de que te levantes? No me gusta ser mordida”.
“No puedo, mi sangre es la que me mantiene en pie, es la magia que hace que no esté muerto. Sin ella estoy débil. Por favor…”
Suspiré. Tendría que dejarle hacer pero primero necesitaba ocuparme de la videocámara que estaba encendida en su habitación. Jacob era realmente un hijo de puta depravado que disfrutaba viendo como los mataba. Grababa todo para poder verlo una y otra vez. Volví hacia mi lado y llamé a William quien todavía estaba en la misma posición vigilando el pasillo. Desde luego debió ser un soldado eficiente en su vida medieval.
-¿Qué necesitas, mi…?
-Lo primero, que dejes de llamarme tu señora. Esto es Chicago, siglo XXI, no la época de las caballerías y las cruzadas. Lo segundo, necesito saber si la energía que necesitas para mantenerte aquí puede ser eléctrica.
William lo pensó por un momento- No conozco bien el funcionamiento de la electricidad ya que en el cementerio no ha habido mucho de ella, pero recuerdo un par de veces haber pasado por el muro donde está la pequeña capilla y me choqué con el farol de la entrada. Fue algo inmenso, como estuviese estallando y rehaciéndome de nuevo en un segundo. Es algo parecido a lo que siento cuando estoy dentro de ti, así que sí, supongo que también me puedo alimentar de la luz eléctrica. ¿Por qué mi…?
Alcé la palma de la mano para detener sus divagaciones- Está bien. Puede ser que puedas ayudarme en otra cosa más. Necesito que entres en la habitación de al lado y vayas hasta un aparato como el que hay en el lavabo. Necesito que chupes toda la energía que puedas hasta que consigas fundirlo.
-¿Fundirlo? ¿Cómo voy a fundir nada si no tengo una fragua o un horno?
Rodé mis ojos. A veces es difícil tratar de explicarle las cosas a un fantasma que vivió hace varios siglos y ha tenido poco roce con los avances tecnológicos.- Mira, tú solo ve y extrae su energía hasta que una lucecita verde que tiene en un lado se apague, ¿OK?
Asintió y fue hasta la videocámara murmurando no se qué sobre mejor luchar contra dragones. Lo principal es que le vi atravesar la cámara y mantenerla en su centro. Aquello comenzó a echar humo y al minuto ya estaba fundida. Los cables conectados al enchufe estaban medio derretidos. William sonrió. -¡Oh mi Dios, fue magnífico! -Estaba vigorizado, incluso su espectro era más opaco.- ¿Puedo ir a las otras habitaciones y tomar un poco más de eso que llamas electricidad?
-Mejor vete a buscar ayuda y luego si quieres haces lo que te apetezca con esas cámaras.
-No sabría a quien pedirle, resulta que sólo puedes verme tú y otros espectros. Y que yo sepa, no quieres volver a tenernos a todos a tu alrededor extrayéndote la energía.
Llevaba razón. Pensé en quién más sería capaz de notarlo y decidí que quizás Enrietta podría captar algo de su esencia. Enrietta no podría verlo pero seguro que encontraba el modo de recibir el mensaje. Le expliqué como llegar hasta allí igual que si fuese montado en un coche y tras verlo partir hacia la carretera recé porque lograse pedir ayuda.
Una vez que ya no podían verme por cámara entré a gatas pasando por debajo de la mesa donde estaba él. Me apoyé sobre el borde y me impulsé para incorporarme. Me quedaba poco antes de caer desplomada. Constantin yacía inerte nuevamente. Menuda escena, una medio muerta y débil intentando revivir a uno muy muerto y desangrado...
Iba a deslizar mi muñeca hacia su boca cuando sentí otra voz en mi cabeza. “¿De verdad vas a dejarle hacer?” Era Kareemah “Yo podría darte más protección que la que puede proporcionarte él”
“Si tan buena eres protegiendo, ¿cómo es que te atraparon?” Espeté. “Si no puedes hacer eso por ti no eres más buena que él. Incluso me atrevo a decir que él es mejor, por lo menos consiguió que escapase de tus garras”.
“Él no te cuenta todo, piensa que es un vampiro, está en nuestra naturaleza. Por favor, ayúdame a liberarme y te explicaré todo. Él y yo nos conocimos en cuando tú moriste”
“No voy a caer en tus trampas, tu solo quieres drenarme. Cuando escapemos de aquí enviaré a alguien para ayudarte, pero debes prometerme que no drenarás a quién venga. Es mi última oferta y no estás en una posición como para ofrecerme algo más”.
“Yo solo estoy atrapada, solo necesito que liberes una de mis muñecas”.
“No trates de liarme Kareemah, sé que también estás siendo drenada”
Pensé que se había dado por vencida cuando no me respondió y me centré en desarmar las esposas con el bisturí. Fue algo trabajoso pero al final pude dar con el cierre y liberé uno de sus brazos. Constantin se incorporó con su habitual velocidad vampírica y se arrancó sin preocupaciones la esposa de su otra mano. Volvió su rostro hacia mí, con una mezcla en su cara de hambre desnuda al ver mi pecho casi al descubierto y de hambre feroz al descender sus colmillos. En un momento estaba susurrándome en la oreja desde atrás.
-Perdóname, mi flor. Pronto no dolerá, lo prometo.
No pude preguntar a qué se refería porque instantáneamente estaba tras de mí sobre mi cuello con una mano apartando mi cabeza para que quedase más expuesta. Mi vena palpitaba locamente al saber que iba a ser mordida. Él sabía de mi pánico por recibir un mordisco desde que tuve la visión de cómo fue mordido, por eso me pedía perdón anticipado. Se relamió con mi palpitar y descendió la boca. Fue un dolor agudo, enorme, que duró lo suficiente como para que yo entrara en pánico. Chupaba ávidamente y mi dolor acrecentaba. Mi cuello estaba rígido por la postura. Se separó de mi para darme un lametón en las heridas, luego volvió a chupar, esta vez sin pincharme con sus colmillos, como si el hambre cruda hubiese pasado y ahora quisiera disfrutar de su cena. Esto último lo digo porque me acercó más a él y pude notar la dureza de su pene contra la parte trasera de mi cuerpo. Además, deslizó su mano por mi cintura hasta que alcanzó uno de mis pechos y se dispuso a masajearlo. Comencé a notar un calorcito por entre mis piernas. Dios, estaba poniéndome cachonda en un mal momento que no quería que acabase.
-Constantin, por favor. Estoy desmayándome y debemos de salir de aquí.
-Y yo te necesito, Frumos. Después nos iremos…- dijo volviendo a beber de mi y a manosearme.
“Te dije que él es un vampiro, y como tal piensa primero en sus prioridades. Nuestro instinto nos hace así, cuando nos alimentamos no siempre pasa, pero a veces necesitamos también cubrir nuestras necesidades primarias, como por ejemplo el sexo. En un estado como el que está teniendo él puede ser o muy placentero o muy peligroso. No despertará hasta que lo haya aplacado” Kareemah estaba ahí de nuevo.
“Me niego” dije girándome para impulsarlo hacia atrás y alejarlo de mí. Una luz fluyó de mi mano y Constantin cayó impulsado sobre la mesa. Se levantó de prisa y se acercó de nuevo.
-¡Oh Frumos, cuanto lo siento!. Ese no soy yo, es el monstruo en mí. Yo nunca te haría eso. Permíteme que te ayude dándote un poco de mi sangre, eso te hará recuperar tu energía.
Yo podía sentirlo pero estaba deslizándome a mi inconsciente. Mi cuerpo no aguantaba más. Me cogió por el cuello tratando de levantar mi cabeza y de nuevo presentí una neblina. Otra mierda de visión y me temía que iba a tener que ver con él…

martes, 28 de junio de 2011

Saga "La Mediadora, El Comienzo" Capitulo 36: Odio las visiones

Siento la tardanza y pido mil perdones. Estábamos en casa de limpieza general y pintando paredes cuando recibimos la llamada que llevábamos tiempo esperando para que operaran a mi marido. Como decimos aquí, nos pilló el toro con la casa patas arriba, y entre la operación y poner todo de nuevo en su sitio no he parado para escribir. Espero que os guste el cap. Besitos.



Capitulo 36: Odio las visiones
Pese a que creí que mi vida había terminado todavía respiraba. Tal vez hubiese sido mejor estar muerta porque el dolor tan intenso por todo mi cuerpo era insoportable. Por unos largos minutos no reconocí donde estaba, ni cómo había llegado allí ni tan siquiera porqué todo me dolía… por unos interminables minutos, luego los recuerdos llegaron de golpe y la rabia fluyó por mi cuerpo dolorido. Los ojos me escocían del coraje, en esos momentos no debían de ser rojos como siempre, si no parecer dos ascuas bien prendidas. Juré con el poco aliento que conseguí reunir que si salía de esta iba a hacer sopa de picadillo con Jacob. Hurgué por mi cuerpo en busca de mis armas y debían de haberme registrado porque no quedaba ni una sola. Suspiré entrecortadamente, si tan sólo pudiese pedir ayuda… El sabor metálico a cobre sobre mis labios era solo un recuerdo más de la paliza. Por instinto relamí mis labios y degusté mi propia sangre ya seca y con asombro debo decir que me gustó, fue algo así como una pequeña recarga en mi batería interior y quise incorporarme. Armándome de valor conseguí apoyar las palmas de mis manos sobre el suelo y erguirme un poco imitando una flexión. Bueno esto iba bien, ahora a intentar levantar el tronco y sentarme. Tras cinco minutos conseguí permanecer sentada apoyándome sobre una fría pared y eché un vistazo a mi alrededor. La habitación permanecía a oscuras pero como siempre había tenido buena vista podía ver todo, supongo que es uno de los pequeños lujos de ser una humana mestiza, o vampi-humana o como me gusta llamarme, ser la hermana blanca de Blade.
Estaba en una habitación pequeña que apenas llegaría a los nueve metros cuadrados. En la pared frente a la que yo estaba usando como soporte pude ver una mesa bastante grande que ocupaba dos tercios del muro y una taquilla metálica muy ancha, a su lado tenía un lavabo y un frigorífico. Algo en la habitación me decía que era extraña, como si algo no encajase. Normalmente tengo buen instinto así que fui gateando hasta allí para investigar y usando el asidero de la puerta del Frigo conseguí levantarme. Fue bastante lento y pesado, pero lo conseguí. La cabeza estuvo dándome vueltas un minuto hasta que me estabilicé y mi cuerpo seguía lento y cansado, pero nada como conseguir alzarme para hacerme sentir mejor.
Cogí el tirador de la puerta del frigorífico pero no se abrió. Me enfoqué un poco más en la puerta y vi que tenía un candado. Probé en la taquilla y tampoco tuve suerte, también estaba cerrado. El lavabo tampoco tenía nada. Menuda mierda… pensé en que mejor me iba a la mesa y me tumbaba sobre ella a esperar a que algún hijo de puta viniese a por mí cuando todo terminara, siempre sería mejor que estar en el frío suelo. En las pelis siempre encuentras algún objeto de última hora que te sirve para escapar, pero esto es la vida real y aquí no hay nada.
Con un pequeño saltito apoyé mi culo sobre la mesa y mis pies quedaron colgando. Era un a mesa demasiado alta y daba una sensación al tacto muy fría, como si fuese hecha de acero o un material similar. Roté mi cadera hacia la pared tratando de tumbarme y noté algo medio húmedo- medio reseco en la palma de mi mano cuando cogía la posición adecuada para echarme hacia atrás sobre la espalda. Con el dedo índice y el pulgar masajeé aquello intentando adivinar qué era porque mi vista era superior pero no daba para tanto. Al contacto con mi propio calor y el roce percibí el olor, era sangre. ¿Qué coño hacía eso allí?, quise preguntarme, pero no tuve tiempo. La neblina que me llevaba a otro momento anterior me cubrió y mis ojos se cerraron. Esto no me iba a gustar…
Estuve a la deriva completamente ciega durante algunos minutos. Conseguí abrir los ojos y fue la peor decisión de mi vida, estaba mareada, la cabeza me daba vueltas y mi cuerpo era tan pesado que apenas podía moverme. Una tortuga podría hacerlo a más velocidad que yo. Levanté mis manos intentando frotar mis ojos para aclarar mi visión pero el olor a quemado y el escozor sobre mis muñecas hizo saltar mi alarma. Ignoré el dolor y acerqué mis dedos lo más que pude hasta que comprobé que estaba atada con cadenas de plata a la mesa. Pensando sobre qué cuerpo había ocupado temporalmente y teniendo hechas algunas conjeturas toqué con la yema de mis dedos sobre mis dientes y tal como había supuesto mis colmillos sobresalían.
Giré mi cabeza para verificar la habitación que al contrario de cómo estaba en mi tiempo presente ahora se veía bien iluminada. Todo estaba igual a excepción de que también había una videocámara colocada sobre un trípode apuntando directamente a mí. En ese preciso instante la puerta se abrió y entró Jacob acompañado de dos personas más.
-Hola Martin, por fin despiertas.
Como siempre que le daba la gana mi cuerpo anfitrión comenzó a moverse ajeno a mi voluntad. Martin miró fijamente hacia Jacob y le siseó.- ¿Por qué me colocaste unos grilletes?
Jacob le palmeó en el hombro y expuso la que supondría era su mejor sonrisa falsa- Ha sido por tu bien y el nuestro. Como estábamos experimentando con el láudano no sabíamos como iba a reaccionar tu cuerpo con el fármaco y decidimos atarte por nuestra propia seguridad.
-¿Y bien?-Dije en un tono agrio por el que Martín dejaba ver que no estaba a gusto con la posición en la que era mantenido sobre la mesa. Qué extraño se me hacía saber que estaba moviendo la boca y la voz que salía no era la mía, nunca me acostumbraré a ello.
-El resultado ha sido excelente. Se necesitó una dosis extremadamente alta para conseguir debilitarte por completo pero con el tiempo conseguiremos algo más concentrado y difícil de detectar. También hay que tener en cuenta que tu edad es demasiado joven para sacar conclusiones definitivas, pero es un gran paso. Cuando consigamos algún ejemplar con más años haremos nuevas pruebas.
-No recuerdo bien cuantos vasos de sangre me diste a probar, pero recuerdo que en los tres últimos noté un regusto extraño.
Uno de los acompañantes se acercó hasta la taquilla y abrió la cerradura con combinación. Me esforcé en alargar mi cuello con precaución y conseguí avistar los números, 3479. Abrió la puerta y pude ver que el armario estaba lleno de utensilios de enfermería: vías, agujas, bolsas, guantes, bisturís… cogió una bolsa, un tubo y una vía y se las dio a Jacob que volvió su atención de nuevo a mí, o sea, a Martin-Eso es lo que tenemos que conseguir que no se note para cuando regreses de nuevo a la mansión. Ellos no deben notar nada extraño en el sabor. Ahora voy a sacarte sangre y hacer nuevas pruebas.
-¡Joder! ¿No sacaste ya suficiente mientras me drogabas como para tener que hacerlo de nuevo?
-Cada una ha tenido un resultado diferente. Además, ¿qué le puede suponer un pinchazo más o menos a un vampiro? Lo único malo es que debo sacarte la sangre mientras estás despierto, si no se queda coagulada y permanece así hasta que despiertas. Por fuerza debes notar el dolor.
-Si fueses cuidadoso no sería nada, pero tú lo haces con mala idea y aunque ahora sea un vampiro duele bastante. ¿Que tenga más fuerza y aguante no significa que en algún momento no pueda doler tanto según como tu vayas a inyectar la aguja! ¿Qué diría el reverendo si viese lo que estás haciendo con un hermano que ayuda en la causa?
-Shhh… será la última vez, lo prometo.- e inyectó la vía sobre la parte interna del antebrazo. Tal y como advirtió Martin dolió como el infierno y Jacob sonrió, estaba disfrutando de ver la cara de dolor del vampiro.- Tú deja a Kern la parte política y déjame a mí que consiga su camino despejado para conseguirlo.
Los minutos pasaban lentamente entre el dolor por culpa de la vía y de mis muñecas y el mareo procedente de la droga que portaba en mi cuerpo. Cambiaron tres veces la bolsa llena con la sangre de Martin y los efectos de la falta de ella en las venas iban sustituyendo al láudano perdido. El mareo desaparecía pero el cansancio me llenaba y era muy parecido al que yo sufría por mi misma en el presente. Iban a colocar la cuarta bolsa y Martin por fin habló.
-Jacob, ¿qué estás haciendo? ¡Para o conseguirás desangrarme!-Siseando Martin tironeó de las cadenas intentando soltarse consiguiendo solo que el nivel de dolor aumentara para ambos. ¡Joder, lo que daría yo ahora mismo por no estar aquí! ¿Por qué demonios tenía yo que revivir esto? ¿Qué finalidad?
Una carcajada maliciosa resonó en la habitación mientras colocaba la cuarta bolsa en su lugar y apretaba un poco más la aguja para provocar mayor dolor en el brazo- ¿De verdad creíste que tú no terminarías como los demás? Ahora eres uno de ellos y no puedo dejarte libre, Martin.
-¡Lo hice porque tú me lo pediste! ¡Tú pediste un voluntario para infiltrarse entre los vampiros!- gritó asustado, ya sabía cual iba a ser su destino y yo iba sabiendo cosas que me dejaron helada.- ¡Tú me necesitabas para saber sobre ellos y cómo matarlos!
-Y la causa agradece tu ayuda para saber como podemos atraparlos, pero todos sabemos que lo que te impulsó a dejarte convertir en un monstruo fue el cáncer que padecías. Ahora que estás sano, ¿quién dice que cuando consigamos eliminar a toda esa escoria terminarás por eliminarte también a ti mismo? Yo no lo creo, ahora bebes y cazas igual que ellos, eres uno de ellos, ¡eres un monstruo!
Martin lloró lágrimas de sangre e imploró por su no-vida. Nada de lo que dijo cambió la actitud de Jacob. Él era un monstruo y no los vampiros. Los que lo acompañaban sacaron del armario metálico varias probetas y sustancias en las que iban vertiendo pequeñas cantidades de sangre vampira. Algunas reaccionaban al mezclarse y se prendieron. Otras se ennegrecieron pero no supe adivinar qué significaba. Otras no mostraron nada. El vampiro intentó negociar en un último esfuerzo por salvarse con información concerniente a los vampiros de Indiana, explicando la reciente llegada de la Riath a la mansión del maestro de allí y de la animosidad de un vampiro llamado Lucius sobre el maestro de Illinois. Martin sabía de una trampa que Lucius tramaba para sacar a Constantin Dinescu de su territorio e intentar acabar con él. Eso llamó la atención de Jacob que paró de aguijonearlo con la aguja y le instó a que le contara. Se negó a hacerlo si no le soltaba y Jacob explotó en ira, sacó un frasco lleno de plata líquida y tras rasgarle la camisa vertió unas gotas sobre su estómago. La carne de Martin humeó por la quemadura y gritó en agonía. Yo no podía soportar más el compartir aquel dolor y recé por salir de aquello, pero continué allí sin poder hacer nada.
-Ahora me vas a contar todo lo que sabes o te juro que antes de morir sufrirás una tortura como nunca has visto antes. Tú decides, o hablas y termino rápido contigo o lo hacemos de la forma que me hará disfrutar más.- dijo vertiendo nuevamente un poco más de plata.
Martín al final contó todo: había trazado buena amistad con Lucius por ser uno de los antiguos y pensando en que podría sacarle más información y éste al final lo metió en la operación contra Dinescu. Como vivía en Chicago pensó que era un buen enlace para meter a sus aliados en la ciudad sin levantar sospecha. Uno de los contactos que ya estaban en Chicago era Margot, que trabajaba como infiltrada en la mansión haciendo de puta de Constantin a la espera de que o él o Moretti al final la convirtiesen en vampira. Margot le había contado en una de sus reuniones para informar de lo que hacían en Chicago que a ella le daba igual quien llevara a cabo su conversión mientras consiguiera su objetivo, pero que sentía devoción por Lucius. ¡Ya sabía yo que esa perra era una chalada hija de puta que me daba mala espina!
Por lo visto el plan era meter a Bernie Prescott en la ciudad con una cautiva- en este caso Gina Banks- y dejarse atrapar por Constantin para provocar un juicio en Indianápolis acusándolo de secuestro e intromisión en territorio de otro maestro vampiro. Cuando estuviesen allí lo acusarían de traición haciendo que Margot confirmase que era Dinescu quién había preparado el rapto para derrocar a Moretti haciendo que fuese ejecutado por sentencia de Kareemah. Todo un plan retorcido propio de la mentalidad de un vampiro sediento de venganza. En todo esto Moretti iba a apoyar a Lucius con tal de conseguir que le diesen también Illinois para gobernar. Cuando Martin terminó de contar lo que sabía se quedó mirando a Jacob esperando por lo que le fuese a hacer.
-Sabes, esto nos puede venir muy bien para nuestra causa. Será un momento perfecto para eliminarlos a todos cuando estén reunidos en Indiana. ¿Cuándo van a hacer todo esto?
-Está en marcha. Prescott tuvo encerrada a la famosa bailarina en un piso que tengo y ya fue atrapado por Dinescu, aunque escapó. Pronto llamarán para decir que lo atraparon y hacerle ir allí.
-Bien, entonces debemos colarnos en los principales negocios de Dinescu y poner algunos micrófonos para que sepamos cuando partirá. El muy estúpido sigue pensando a veces como un humano y no toma tantas precauciones como hacen los demás vampiros de alto rango. Será pan comido y aprovecharé para hacer algunos destrozos en nombre de nuestra causa.
-¿Qué harás conmigo?- preguntó temeroso.
-¿Qué qué haré? Mmm… déjame pensar… ¿Matarte? No creo que tengas ya nada que pueda servirme y has demostrado que traicionarías a cualquiera con tal de salvar tu culo y tus colmillos. Eres basura, Martin.- dijo cogiendo una estaca y acercándose de nuevo a él. Justo cuando creí que nos mataría a los dos ya que mi espíritu también estaba allí en ese momento, Jacob pareció pensárselo mejor y volvió de la taquilla con algo parecido a una navaja grande y una sierra- Creo que al final sí servirás para algo más en nuestra causa. Voy a cortarte en pedacitos para comprobar si después del cambio de humano a vampiro el cuerpo es exactamente igual o varía. Siento curiosidad por comprobar cómo la sangre os mantiene.
-¡Noooooo!
¡Dios, Jacob está loco! Un temor me inundó, no sabía cómo salir de allí. Estaba tan cansada, nerviosa y bloqueada que no conseguía concentrarme para querer estar de nuevo en el presente. Probé a chillar, probé a patalear pero nada servía, seguía viendo a Jacob acercarse a mí. Me pregunté a mí misma donde estaban todos, Donovan, Mina, Kane, Dinescu, mi abuela… quería que en esos momentos hubiese alguien conmigo para ayudarme a escapar. Entonces escuché una voz lejana.
-Evelynn, ven. Vuelve a mí, te necesito. Despierta.
No reconocí la voz pero me calmé lo suficiente como para volver a escucharle hablarme.
-Evelynn regresa. Eres la única esperanza que tengo, ven.
La neblina me envolvió en el momento justo que Jacob se lanzaba con el cuchillo sobre Martin e hice ademán de respirar con mi espíritu incorpóreo. De nuevo escuché la voz.
-Evelynn, necesito ayuda. Por favor, frumos. Búscame.
Por fin reconocí la voz. Me estaba llamando Constantin.

viernes, 3 de junio de 2011

Saga "La Mediadora, El Comienzo" Capitulo 35: Piezas encajando

Jacob me pidió que le dejase escoger la comida esperando impresionarme con algo bueno y yo acepté. Sin usar la carta pidió directamente dos menús del número veinticinco, una jarra de cerveza para él y yo pedí una cola. Me miró todo sonrisa tras decirle al camarero que no olvidase traer un extra de la salsa que acompañaba al plato. Mirándolo minuciosamente, Jacob podría ser un buen partido si le quitásemos algo de músculo -en exceso es demasiado para mi gusto-, suavizásemos su mirada asesina y tuviese algo más de cerebro. La sonrisa estaba bien ¿Cómo se puede ser tan radical y extremista? ¿Para qué me pregunto?… solo hay que mirar a los fanáticos del futbol y te haces la misma cuestión. De todas formas no entraría a formar parte dentro de mi vida, bastante enredada y sobrenaturalizada estaba ya con un vampiro y un panther merodeándola. Solo quería decir que si le modificabas un par de aspectos podría llegar a ser incluso agradable. En fin… trataré de disfrutar como pueda del almuerzo hasta que pueda escapar al aseo. Las bebidas llegaron enseguida y di un buen sorbo a mi cola. Me preguntó por qué no me había quitados las gafas al entrar en el local y me excusé diciéndole que como estaba cansada y me dolían los ojos era mejor que los descansase tras un cristal que oscureciese un poco mi visión. Pensé en algo inteligente que decir que desviase la atención de mí.
Traté de hacer un cumplido sobre la decoración del local con bastante esfuerzo por mi parte. Decir que un puñado de animales disecados en actitud agresiva es magnífico estaba fuera de posibilidad en mí, soy amante de los animales. Probé a decir algo bastante similar sin llegar a un gran elogio. Si no hubiese estudiado periodismo mi segunda opción hubiese sido biología o quizás incluso me habría apuntado a alguna ONG como WWF o Green Peace. Mi yaya me dijo que podría hacerlo siempre que terminara mi carrera universitaria y no pusiese en mi lista de animales en peligro de extinción a los vampiros. Las cosas de mi abuela… los vampiros saben defenderse lo suficiente como para no pertenecer a ese grupo.
Jacob no notó nada raro en mi comentario y me explicó orgulloso que todos habían sido cazados por los miembros de la iglesia de Kern, les pareció divertido practicar con ellos para un futuro enfrentamiento con los vampiros.
-Si, parece divertido,- falseé- pero el armamento de caza poco podría hacer con uno de ellos, son inmunes además de mucho más rápidos.
-¿Estás diciendo que sabes eso porque te has enfrentado a una sanguijuela de esas? ¿Una cosita tan dulce y caliente como tú? Wow! Yo sabía que tú tenías que tener las mismas ideas que nosotros, si no nunca te hubiese visto en el “Sol en la Noche”, pero como nunca te he visto en as reuniones no estaba seguro. ¿Quizás no eres de Chicago?
“¡Alerta Eve, nada de dar datos de ti que puedan perjudicar a yaya!”- Mmm… bueno si, quiero decir, que no soy de Chicago, soy de Louisiana- eso era cercano, pero no totalmente, decir Louisiana no era concretar.
-¡Caray, yo estudié en la Universidad de Tulane! ¡Menuda coincidencia! Yo hice mis estudios en la Escuela de Ciencia y Tecnología, además de jugar con los Green Wave en el equipo de fútbol americano. ¿Y tú?
¡Joder! Casi podía haberlo conocido antes de toda esta mierda… la alarma sobre poder decir algo que no debiese me hizo despertar un poco de mi cansancio y ponerme algo más alerta- ¿Yo? Sociales… y no estuve en ningún equipo. – busqué en las paredes algo que me hiciese cambiar de tema ¿Quizás un escudo de piedra grabado en el techo lo consiguiese?- ¡Uy, que escudo más hermoso!
El camarero llegó en ese momento con los menús, un par de bandejas de carne variada asada en barbacoa acompañada con vegetales adobados también a la brasa, algo de ensalada de lechuga y un cuenco grande de una salsa oscura muy brillante en la que estaba hundido un pincel de mediana anchura. Olía de maravilla y mi estómago cobró vida de nuevo. Me puse roja porque él seguramente había escuchado mi estómago y pedí disculpas.
-¡Oh no, por favor! Eso quiere decir que acerté con lo que pedí, es mi menú favorito. Permíteme darle al tuyo el toque que lo convertirá en ambrosía para tu paladar.
Tomó el cuenco con la salsa y deslizó el pincel impregnado sobre la carne dando ligeros movimientos horizontales con un pequeño gesto de su muñeca. La carne adquirió el tono melado brillante de la salsa y yo no podía dejar de mirar cómo su mano maniobraba sobre los alimentos. Parecía estar hipnotizada por el vaivén o quizás era ese maldito cansancio… Trinché los filetes y mastiqué pausadamente. Mis ojos se pusieron blancos por el exquisito sabor. La salsa era casera, con un toque especiado ligeramente ahumado típico en las salsas barbacoa, solo que mucho mejor. Jacob miraba fascinado mi rostro orgulloso de mi reacción. Mientras comía preferí no intentar ir hacia el aseo. En el momento que contactase con Donovan iba a poner pies en polvorosa de allí y esos manjares eran algo digno de que la noticia esperara. Total, ¿qué podían suponer unos minutos más o menos cuando eres un amante de lo culinario? Además, el discurso no era hasta dentro de unas tres horas, justo cuando anocheciese y los vampiros pudiesen también opinar.
Durante la comida Jacob reanudó la conversación justo donde la dejamos, en el momento en que yo pregunté por aquella piedra grabada con forma de escudo. A mí ya me daba igual, estaba disfrutando de aquellos manjares e intentando no pensar en otra cosa. Por una vez desde hacía tres o cuatro semanas mi vida estaba teniendo un momento normal, sin ninguna cosa sobrenatural o peligrosa a mi vista. Él quería impresionarme, así que me explicó que aquella piedra la había mandado tallar el reverendo con el símbolo de su grupo, El Rayo de Sol. Aunque eran una comunidad muy reciente formada justo cuando los vampiros expusieron su existencia eran ya un grupo muy numeroso seguido por todos aquellos que consideraban a los vampiros abominaciones del demonio. La talla estaba compuesta por un paisaje montañoso en el fondo, con un enorme sol ocupando la mayoría de ella con prominentes filigranas formando los radiantes solares. Desde el más perpendicular se deslizaba un águila imperial que portaba entre sus garras un símbolo religioso y un corazón estacado. Era todo simbólico, el águila los representaba a ellos como cazadores, el sol era el toque divino que los ayudaba a conseguirlo y el corazón estacado no creo que tenga que explicar qué simbolizaba. ¿Necesitaba más pruebas para explicar a Matt donde me hallaba? No, con eso bastaba.
Jacob me explicó con qué materiales fue construido el escudo. Era una aleación preparada por el gracias a sus conocimientos en química. Daba datos y nombres de elementos con gran profesionalidad. Era un experto en química que tenía la apariencia de un musculitos sin cerebro. ¿Dónde había metido la bata blanca, las gafas de cristal gordo reparadas con aislante y la calculadora científica de bolsillo? No, en serio, alguien que hablaba así por lo general era un flacucho con esas pintas según los estándares de las pelis universitarias y Jacob no encajaba.
Terminamos la comida y tocaba elegir postre. Dudé entre tarta de queso con arándanos o un trozo de Selva Negra acompañado con café expreso. Para lo que a mí me gustaba el dulce estaba poco antojosa, solo quería irme a descansar, ya no podía más. Mis párpados amenazaban con cerrarse y declararse en huelga por unas horas. Tomé un sorbo del café y cogí mi bolso haciendo ademán de levantarme. Jacob me dijo que me quedara un rato más.
-En serio Jacob, no puedo más. Tengo que irme a descansar. Mis párpados no aguantan más y todavía tengo que conducir hasta casa. Voy al aseo para refrescarme un poco y conseguir despertar, por lo menos hasta que llegue a casa.
-Podría llevarte a tu casa si quieres. Después de que todo se solucione esta noche quizás quieras que retomemos este almuerzo, ¿quedar para salir? Eres una chica bonita con grandes ideales.
Puaj, si tan solo supiera… Si estuviese todavía en la uni y mis amigas hubiesen visto que he tenido a tres hombres pidiéndome salir en menos de un mes, – sin importar que dos no sean humanos-ellas alucinarían y me harían popular por algo más que mi mal vocabulario. Tuve dos rollos oficiales, pero de poco tiempo y en diferentes años. Nunca me sentí realmente hermosa, solo normal. O en Chicago tienen puesto el listón más bajo que en otros sitios o realmente he sido un diamante en bruto recién descubierto.
-Gracias, pero es mejor que me lleve el coche. ¿Y si después de un rato de descanso me siento lo bastante bien como para ir a ver lo que hacéis frente a Starch? Necesitaré un vehiculo para llegar.- y sonreí lo mejor que pude.
-Tienes razón, estaré lo bastante ocupado como para no poder ir a buscarte.
Con ese problema resuelto me fui al aseo. Era muy bonito, en estilo rustico y olía a limpio. Tras mojarme ligeramente la nuca en el lavabo me metí en uno de los retretes para hablar con más intimidad. Llamé a casa pero nadie contestó. Al quinto beep saltó el contestador con la voz de Mina pidiendo dejar mensaje si era importante. Me extrañó sabiendo que ellos debían de estar allí en casa.- Mina soy yo. Estuve almorzando en el restaurante “La Ermita” Ya te explicaré. Voy para casa.-colgué. Algo no iba bien, lo sentía en mi interior. Pensé en llamar a Matt al trabajo, solo por si acaso. Como en este teléfono no tenía el número grabado llamé a emergencias. Otro maldito contestador… “Por favor si es una emergencia manténgase a la espera, si es una broma sepa que tenemos localizada su llamada Biip” -unos segundos- “Por favor, diga claramente y despacio con qué departamento policial quiere contactar Biip” Chicago, distrito 54- otros segundos- “Por favor diga claramente y despacio con qué departamento desea contactar Biip”- Criminología. “Un momento por favor, en breve será atendida por un oficial” y comenzó a sonar una molesta música ambiental.
-¡Malditos contestadores!
-Criminología, aquí Dyckson.
-Hola, soy Evelynn Tunner, ¿llegó ya Matthew Donovan?
-Si, llegó hace una hora, pero ahora no se puede poner al teléfono, estamos reunidos en la sala de operaciones. A mí me conseguiste por casualidad porque fui a cargar la cafetera, va a ser una tarde y noche movidita y…
-Mira, lo siento pero es muy urgente, dile que he llamado y tengo algo importante que decirle y seguro que cogerá el teléfono. Por favor- Agregué para que me hiciera caso.
Hubo una pequeña pausa silenciosa., supongo que Dyckson estaba evaluando qué hacer. Cuando creí que me iba a colgar volví a escucharlo hablar y esperaba buenas noticias. Sin embargo me equivoqué- Sé que tu y Matt tienen que tener algo juntos porque vi la cara que puso cuando hablaba de ti sobre el caso del Bites and Dreams, pero eso no te da derecho a llamarlo al trabajo cuando te plazca. Ahora mismo estamos metidos en algo gordo y no tiene tiempo de romances, ¿lo captas?
Si no fuera porque casi me estaba derrumbando al suelo con las piernas flaqueándome le hubiese gritado con más fuerza que en un partido de fútbol. Además, no quería que me escuchasen en el restaurante y alertar a Jacob. Conseguir reunir suficiente aire como para soltar lo primero que me vino a la cabeza sin gritar demasiado- ¡Mira pedazo de idiota, no estoy llamando para concertar una cita amorosa!, estoy llamando porque tengo información que puede ayudar con lo que va a pasar esta noche. He encontrado la sede…
¡Plaf! La puerta se abrió de un portazo haciendo que yo me chocara con la pared justo enfrente de mí. Como apenas había distancia el impacto me dio de lleno y mi nariz comenzó a gotear sangre. Temí habérmela partido. ¡Qué cojones de dolor…! El teléfono había abandonado mi mano y milagrosamente estaba todavía entero a un lado de la taza del wc. Escuché la voz de Dyckson gritando por él.
-¡Evelynn!, ¿que está pasando? ¿Dónde estás?
Todo en espacio de un segundo. No había tenido tiempo de ver quién me había empujado, mi nariz era un reguero de sangre, Dyskson trataba de que le dijese donde estaba y yo tenía décimas de segundo para agarrar el teléfono y decir mi ubicación, tomar mi arma de debajo de mi chaqueta y conseguir un milagro para derribar a quien fuese. Comencé mi giro moviendo ambas manos para hacer mi plan realidad y recibí un puñetazo que me dejó medio inconsciente en el suelo. Si hubiese estado con toda mi energía las posibilidades hubiesen sido de una a una, con mi debilidad acuciada fueron solo de una a cien. Vi una pierna pisoteando mi teléfono con el talón de su zapato y supe inmediatamente quién era, el camarero del restaurante.
-¡Sabía que eras una zorra que tramaba algo! ¡Jacob, mira lo que tu amiguita trataba de hacer, estaba llamando por teléfono a la poli!
Jacob llegó enseguida y miró la escena, seguidamente me dio una patada en la boca del estómago y vomité todo lo que había comido. Gracias al cielo que pude torcer el cuello un poco y le puse perdido los zapatos al camarero, él me lanzó una maldición ¡Un pequeño tanto para mí! Limpié mi boca con el dorso de la mano con la poca energía que me quedaba y sonreí con una desfigurada mueca. -Sabía que no era bueno venir a comer aquí, mal ambiente que te hace vomitar…- dije en medio de una tos y eso me valió otra patada por parte de él.
Jacob me alzó sujetándome por la chaqueta y mi arma asomó. El otro no tardó mucho en quitármela y registrarme hallando también mis cuchillos en las muñequeras. Al tirar de las tiras para sacármelas vieron la mordedura que Constantin me hizo para marcarme. Anteriormente había estado sanando con rapidez pero su marca no se había borrado del todo, quizás porque era eso, precisamente una marca. Jacob estaba rojo de ira.
-¡Eres una puta de los vampiros!- y me abofeteó en zigzag cruzándome la cara en los dos sentidos. Si tan solo pudiera alzar mis manos y devolverle una… pero ya no podía, me estaba desmayando.- Y pensar que me había fijado en ti. Bien, ya que te gusta tanto follar con fiambres no te opondrás a que otros jueguen contigo. Cuando hayamos conseguido nuestro objetivo esta noche servirás para la diversión de los miembros del Rayo de Sol. Esta noche habrá un cambio importante sobre la opinión de los ciudadanos y ganaremos.
-¿Qué vas a hacer con ella?- preguntó con unos ojos hambrientos el camarero.
-Déjame hacer Bob. Por ahora debemos centrarnos en lo de esta noche, así que la voy a ocultar abajo, en el sótano de los monstruos. Ella va a ser el culmen de nuestra fiesta post-victoria.
-¿Y qué crees que dirá Kern cuando se entere? Quizás no le agrade que hagas esto sin su permiso.
-Créeme, cuando le cuente a Kern sobre ella, pedirá ser el primero en joderla. El hijo de puta tiene unos gustos retorcidos y la dejará mansa para el resto. Cuando terminemos parecerá que ha montado a caballo por días.- Bob se rió y se fue a la barra como si nada. Entonces Jacob volvió a prestarme atención, me tiró al suelo sin ningún miramiento y me volvió a patear. Después me ató las manos por delante con una cuerda que le había traído Bob y me llevó a rastras fuera de los aseos. Como cuando entré allí el local seguía vacío sin clientela, así que no tuvo que ocultarme mientras me llevaba a rastras por la cocina hasta el almacén. Los empleados nos vieron pasar y ni se inmutaron ¿Cuántas veces podrían haber visto algo como esto? Pasamos el almacén de bebidas hasta el fondo. Jacob separó un congelador de la pared y una entrada secreta a algún sitio, una especie de sótano, estaba bajo él.
Mientras el desarmaba la cerradura conseguí llegar a los único que no habían encontrado. Mis cuchillos en los tobillos. Para lo fanfarrón que era Bob no había sido muy minucioso escrutando donde podía llevar armas. En lugar de eso se había entretenido bastante sobre mis pechos. Le de3bía una a ese maldito. Antes de que Jacob volviera a cogerme para bajar metí el cuchillo entre mi atadura intentando que no se viese.
La cabeza me dio vueltas cuando me cargó sobre un hombro y tuve que esperar a recuperar el sentido del equilibrio y casi a estar abajo para poder sacarlo de entre mis manos. Jacob encendió el interruptor de la luz y comprobé que aquello era otro almacén, pero muy distinto a un almacén de bar. Olía a humedad y hacía frío. Estaba lleno de artilugios para el combate y posters o pancartas con símbolos religiosos exigiendo muerte para las bestias. Armas, escopetas, espadas y estacas cuidadosamente encerradas en vitrinas de cristal extra-resistente que sospechaba debían de ser de alguna aleación especial. Las estacas llamaron mi atención, eran iguales a las que vi en el video sobre el asesinato del hotel de Dinescu. Y entonces recordé que también las había visto en otro sitio. Fue cuando me crucé con Jacob cuando salí a correr y vi algo caerse de una mochila. Él había dicho que estaba mudando algunas cosas de sitio, entonces debía referirse a que estaban cambiando la sede de la organización. Estábamos pasando un amplio pasillo lleno de puertas y debía de reaccionar antes de que perdiese la consciencia del todo. Arremetí con la navaja en su brazo rasgando su ropa y farfulló una maldición mientras me tiraba como si fuese un saco de patatas en el suelo. Me cogió del cuello y pude ver que tenía un tatuaje de un águila idéntico al del escudo sobre su antebrazo. Además era el mismo tatuaje del asesino del vídeo, las garras coincidían y no me había percatado hasta ahora. Jacob era el cabecilla del asesinato en el Bites and Dreams.
Volvió a sacudirme dejándome inconsciente totalmente y ya no pude hacer nada por mi vida.
¿De qué sirven tantos poderes si la energía me abandona en el peor momento? Soy una mierda de Mediadora.

lunes, 30 de mayo de 2011

Saga "La Mediadora, El Comienzo" Capitulo 34: La Sede

Me costó un infierno hacerles ver que no iba a cambiar de opinión por muy peligroso que Mina creyese que podía ser para mí. Creo que es algo de los genes familiares, los Tunner somos testarudos al cien por cien.
Justo cuando cogía una chaqueta para salir sonó el teléfono de Kane y me detuvo sujetándome ligeramente por el brazo, era Matt. Tras preguntarle donde estábamos y lanzarle varias palabras maldiciones por haberme traído a la ciudad le ordenó que me retuviese en casa hasta que llegase él, temía que los vampiros o su séquito me encontrasen. Kane intentó decirle que yo quería salir pero tras intentar decirle unos cuantos “peros”, “sí” y “no” sin conseguir terminar su frase desistió y dejó que su hermano descargase sobre él lo que quiso. Me alegro de no haberme puesto al teléfono, Matt estaba hecho una furia.
Kane colgó y dio un salto para alcanzarme justo cuando agarraba el pomo- ¡Espera! ¿Dónde vas? Matt dijo que lo esperes aquí hasta que llegue.
-Matt puede decir lo que quiera. Pienso recoger mis cosas le guste o no y pienso hacerlo antes de que los vampiros puedan intentar entrar en casa de Dinescu. No quiero que encuentren ciertas cosas que llevaba en mi maleta.
-¿Cómo qué? No creo que sea algo que no pueda esperar a que Matt llegue.
-Uy Kane, no sabía que fueses tan cotilla.- dije con sorna antes de ponerme seria- Lo más importante para mí es mi portátil, es mío, no de la editorial. En él estaba escribiendo mi reportaje para luego pasarlo a la computadora de la empresa. Pero además tiene archivos personales, como fotos mías con mi abuela o de la casa donde vive junto con un listado de direcciones donde está la de ella incluida por si alguna vez me pasaba algo y era necesario que la localizaran. No quiero que tengan acceso a mi familia, es lo único que me importa. También está esta dirección.
-Es mediodía, puedes esperar a que Matt llegue, no te dejaré salir.
Suspiré, me quité la chaqueta y me volví hacia el pasillo- Sabes Kane, creí que eras simpático y que nos entendíamos. Ahora pienso que eres un grano en el culo… y tu hermano también.- y me metí en mi dormitorio.
-Prefiero ser un grano en el culo para ti a ser un simpático grano en el culo pateado por mi hermano.- escuché a Kane decir mientras yo hurgaba en mi maleta de armas. Volví a colocar todo en su sitio y regresé al salón con un abrigo tres cuartos en mi brazo.
Kane se había vuelto a sentar en el sofá junto a Mina. Tenía que ser rápida así que me lancé hacia la puerta con rapidez. Kane dio un salto y se colocó detrás de mí para sujetarme. En ese momento yo me giré mientras lo cogía por la muñeca y eché su brazo hacia abajo. Se escuchó un click y Kane abrió los ojos sorprendido, le había puesto unas esposas en el brazo que lo mantenían atado al radiador. Sonreí maliciosamente- ¿No pensarías de verdad que iba a quedarme, no? Fui a mi dormitorio a por esto y a por un abrigo más grueso, en la chaqueta se podía adivinar que llevo mi Smith.
-¡Joder Eve, estás loca!- dijeron en sincronía Mina y Kane.
-Loca no, lo que sé es que tuve unos cuantos were persiguiéndome y esos no necesitan que sea de noche para moverse.
-Al menos déjame que vaya contigo para respaldarte.
-Prefiero que te quedes aquí. No te ofendas, pero si yo pude engañarte no tienes mucho que hacer contra los que me buscan, todavía necesitas entrenamiento. Volveré enseguida. Intentaré llegar antes que Matt, si no, él podrá quitarte las esposas cuando venga, son policiales y se abren con una llave maestra. –Y salí corriendo antes de que Mina también me reprochase dejarlo así.
No vi al portero en recepción y como tenía intención de llevarme mi coche de la casa de Constantin salí a pie por la entrada principal. Mejor, así no tenía que ver la cara pocha del vigilante del aparcamiento. No me caía nada bien.
Pese a ser Chicago, una ciudad con bastante polución, exceso de vehículos y gente a todas horas, no estaba mal ir caminando para variar. Lo único que enturbiaba aquel paseo era los grupos pre-vampiros que inundaban toda el área. Los había pacíficos, dedicados exclusivamente a portar sus carteles, pregonar su odio a los vampiros a través de un megáfono y repartir panfletos en apoyo al reverendo Kern como única salvación contra la nueva ley. Esos eran los pacíficos, y menudo lío estaban armando. Luego estaban los alborotadores, que usando la manifestación como excusa iban haciendo destrozos en el mobiliario urbano, todo en honor a la purga de la ciudad. Iba procurando pasar desapercibida, oculta tras unas gafas de sol de cristal amarillo que camuflaban el color de mis ojos. Cualquiera que me mirase los veía de un color marrón melado. Mi mano derecha estaba dentro de mi bolso sujetando la pistola y había abierto mi abrigo lo suficiente para poder meter la mano en busca de mi S&W si llegara el punto. Por lo demás, procuraba no mirar fijamente a nadie. Estaba bastante agotada, nunca me había sentido así de cansada. Era como si llevase una semana sin comer y necesitase recargar las pilas. Conforme caminaba los pensamientos de todo el mundo entraban a golpe en mi cabeza. ¡Dios, como odiaba eso! Desde que había regresado había vuelto esa maldita habilidad a mí. “¡Por culpa de los vampiros vamos a morir!” “¡Nos comerán si no los matamos primero!” “Mi hijo se ha liado con una puta que tiene los mismos años que podría tener mi tatarabuela si viviese. Si se entera alguien de la familia nos desheredan” “Kern tiene que evitar que existan, al menos en Illinois”… y así todo el camino. Con lo cansada que estaba no había modo de evitar escuchar la mierda de pensamientos de todo el mundo.
Intenté para un taxi, pero ninguno se fiaba de nadie que caminase en medio del alboroto y resignada seguí con mi paseo. Tras lo que me pareció una eternidad por fin entré en la calle donde estaba la residencia de Constantin. Allí el tumulto era mayor y las expectativas hacían suponer que solo era el comienzo. Si no conseguía pronto salir del atasco mi cabeza iba a estallar con los pensamientos. Argg! Lo que acababa de oir… y luego me dicen a mí que soy mal hablada…
A la entrada principal de la mansión de Constantin era imposible de acceder, los manifestantes tenían secuestrada toda la zona para impedir el paso. Un numeroso grupo de agentes de la policía los mantenían a raya para que no intentaran entrar a la fuerza. Lo único que estaba más accesible milagrosamente era el restaurante, tan solo estaban unos cuantas personas sentadas sobre el pequeño muro que separaba el aparcamiento privado de la zona pública. Salté el muro sin demasiado esfuerzo y me encaminé hacia el local.
Dentro estaba calmado aunque se respiraba una pequeña tensión casi impalpable. Eché una pequeña mirada abarcándolo todo y no fue sorprendente encontrarme con que allí había weres entre las personas, ninguno que diera indicios de hostilidad o de ser enemigo en potencia. Me acerqué hasta el mostrador del maître y con voz suave le pregunté por Elliot. Al principio dudó de mí pero tras insistir y darle mi nombre añadiendo que Elliot mismo iba a querer que pasara de inmediato descolgó un teléfono y tecleó una clave para poder comunicarse con él. Al cabo de un minuto me acompañaba hacia las oficinas del restaurante. Me dejó en la puerta inclinándose en una pequeña reverencia y tras dar un ligero toque en la puerta para indicar que estaba allí entré.
Elliot estaba embutido en uno de esos trajes de raya diplomática tan ajustados que le hacían verse como de los años veinte. Se levantó del sillón que había tras la mesa de despacho de Constantin y con una sonrisa se acercó a mí-¡Señorita Tunner, un placer comprobar que se encuentra bien! No está herida, ¿verdad?
-Gracias Elliot, solo estoy agotada. ¿Han tenido noticias sobre Constantín? No he sabido nada desde que Donovan me sacó de la mansión de Moretti.
Su rostro cambió a un estado más serio, casi lacrimoso, pero se mantuvo con esa actitud estirada típica en él.- Poca cosa. Cristine es la única que ha vuelto y tras explicarnos lo que sabia la enviamos con otros were ara que se curase. Llegó haciendo autostop en un camión de mercancías hace un par de horas. Nos contó lo que vio y como el señor Dinescu se quedó peleando con Lucien. Vio como Mei Ling era asesinada, reducida a cenizas. Pero no supo decir si había conseguido escapar de allí porque el techo y parte del muro cayó desplomado. Ella cree que le alcanzó y a Adam también, pero como consiguió salir por el hueco abierto por el derrumbe y estaba siendo perseguida poco pudo hacer. Intentó volver a buscarlos pero era muy peligroso.
-¿Entonces qué opina? Creo que si él hubiese muerto a estas alturas ya lo habrían gritado a los cuatro vientos. No me pareció que todos los presentes fuesen muy amigos de él.
-Es exactamente lo mismo que pienso yo. Moretti ha estado siempre muy ansioso por hincarle en colmillo a Chicago, no hubiese desperdiciado la oportunidad de jactarse de haber conseguido Illionis en un combate.
-Constantin no estuvo luchando con Moretti, fue con Lucien. Ellos tienen una mierda de historia entre ellos.
Elliot pareció de pronto sorprendido- ¿Se lo ha contado el señor?
-En cierto modo si. He estado teniendo visiones de la época en la que él fue convertido cada vez que me rozaba o apoyaba su mano en mí. Gracias a una mujer llamada Claire consiguió matar a Natasha.
-Entonces usted es vidente, usted sabe por qué ellos están enfrentados. No solo mató a Natasha, también consiguió el favor de Kareemah, le cedió el dominio de estas tierras que entonces le pertenecían a ella. Por culpa de Lucin perdió a Claire.
-¿Cómo? Eso nunca lo he visto.- Después de preguntar me dí cuenta de que no debí de hacerlo.
-Eso mejor se lo explica el señor cuando consigamos localizarle. No le gustará saber que hablé de esto con usted. Comprende que esto no puede escribirlo en su artículo, ¿verdad?
-Mi artículo no va de su vida pasada, sólo se trata de explicar como es la vida cotidiana de un vampiro dueño de una ciudad. Nunca utilizaría información sin su permiso, tengo principios.
-Gracias señorita, disculpe que le haya hablado así, pero después de haber leído el artículo que publicó la editorial donde trabaja no sé cómo fui capaz de hablar de esto con usted.
-Yo me enteré hace una hora y desde luego tengo que hablar con mi jefe sobre eso, me ha puesto en una mala situación con todo lo que está pasando. Suerte que no se distingue bien mi rostro. Aún así tendré que tener cuidado. La información que me ha dado no me ayuda a intentar localizar a Constantin, tendremos que esperar a que llegue Donovan y pueda conocer algo de la policía que no hayan dicho a los medios. Si no le importa, necesito recoger mi portátil de la habitación. Cuando todo esté más calmado volveré a por el resto de mis cosas. No quiero que me vean salir de aquí con un bolso de viaje después de lo que han publicado.
-Por eso no se preocupe, traje sus cosas a la oficina del restaurante, para que en caso de que asaltaran la mansión sus cosas no fuesen destruidas. Coja lo que necesite ahora.
Abrió un enorme armario que había en un lateral. Una parte estaba llena de carpetas y archivos que debían ser de las cuentas del restaurante. En el otro lado estaban un botiquín, varias cajas y mis cosas. Cogí mi portátil y le dí las gracias para irme.
-Perdone señorita Eve, ¿puede darme algún número de teléfono donde poder localizarla? Solo en caso de que usted sepa algo antes que nosotros o me entere yo.
-Mi teléfono se rompió en mitad de la lucha en la mansión de Moretti. Hasta mañana que estén abiertos los comercios no podré comprarme uno. Me llevaré una tarjeta del restaurante y le llamaré para dárselo.
Elliot abrió una de las cajas del armario y me ofreció un teléfono móvil metido en su caja en la que estaba escrito el número treinta y cinco. Era de alta y costosa tecnología y era nuevo.- Tenga, siempre tenemos nuevos teléfonos de sobra. Cuando Constantin se enoja tiene tendencia a desahogarse con el teléfono y cualquier pared a mano, así que nunca nos faltan repuestos. Por el número que hay escrito en la caja yo sabré cual es el número al que tengo que marcar para contactarle. Tenga cuidado.
Le di las gracias y salí de la oficina. Iba a coger el coche pero pensé primero en encargar algo de comida para llevar de allí mismo. Podíamos estar en una situación de riesgo pero como dice mi abuela, “Aunque las cosas vayan mal hay que comer, puede ser que luego no puedas hacerlo”. Mi cuerpo necesitaba de verdad comer algo, si tenía suerte recuperaría algo de mis fuerzas. ¿Y si luego venían Kareemah o Lucien a por mi? Mejor estar fuertes y con el estómago lleno que vacía y debilucha. Tras veinte minutos alcancé la puerta de mi Beetle con una paquete lleno de costillas asadas, patatas bravas y ensalada, suficientes para cuatro personas. Esperaba que Donovan pudiese comer con nosotros antes de irse a la manifestación. El aroma que llegaba a mi nariz me decía “corre pronto a casa antes de que se enfríe”.
-¡Hola! ¿Qué haces tú en ese restaurante? Pertenece a los vampiros.
Me giré, era Jacob, el portero de “Sol en la Noche”, la sede del reverendo Kern. “Piensa Eve” -me dije a mí misma- “No te conviene levantar sospechas ante un activista antivampiros en mitad de un grupo de ellos”
-Ah… hola Jacob, estaba comprando algo para el almuerzo. ¿Sabes? ¡Aquí hacen unas costillas asadas de chuparse los dedos! Y...
-¿Y qué? Sigue siendo un local de vampiros. Nos quitan nuestra sangre, matan a los nuestros, ¿y encima les regalas tu dinero?
De su mente me llegaban pensamientos muy confusos, apenas imaginables. Ya no sabía si se debía a mi agotamiento cada vez más agravado o a que el tío tenía el seso hecho una mierda. Encontraba imágenes difusas de mí, del día en que nos vimos en el local donde trabajaba unidas a otras con una iluminación tan oscura que apenas conseguía ver algo. Las palabras “bonita” y “divertida” aparecían cuando me veía a mí misma, pero se unían inmediatamente a “odio” y al “asco” cada vez que una imagen oscura y borrosa se entremezclaba. Incluso tuve varias visiones de Kern en medio de todo el combinado. Conseguí unir algo de mis pensamientos para contestarle-Bueno, no exactamente… Les doy mi dinero a cambio de algo, comida. Es puro y simple comercio. ¿Quieres probar una? Así sabrás a lo que me refiero.
Jacob cogió la bolsa del restaurante de mis manos y la tiró a un cubo de basura cercano con muy malos modos- Sigue siendo comida de vampiros. Si te gusta la buena comida de verdad voy a mostrarte un restaurante que de verdad la tiene, sin riesgos a que también te pidan algo de tu sangre.
De nuevo las imágenes atravesaron mi mente como un tornado y se fueron en un flash, entonces reaccioné, ¿por qué cojones iba a él a tirar mi almuerzo? Me moría de hambre -¡Hey, que yo pagué por esa comida! ¿No crees que yo sería quien tendría que decidir si está buena o no?
-Yo te invito en compensación. ¿Es este tu coche? Yo te indico por donde ir.
“Mierda, ¿y ahora qué hago? Si le digo que no a un radical como él me va a señalar como pro vampiro y con el jaleo que hay aquí no creo que sea buena idea. Si le digo que sí voy a llegar tarde a casa y Donovan va a pensar que me han encontrado los perros de Kareemah. Voy a intentar persuadirle de que me deje ir con alguna excusa y si no tendré que excusarme para ir al aseo en cuanto lleguemos al restaurante y llamaré a casa para tranquilizarlos”. –Esto… Jacob, ¿seguro que no quieres quedarte? Esto se va a poner caliente en un rato…
-Lo sé. Vamos a sabotear el discurso de Starch con nuestras movilizaciones. Estarán aquí todos los medios de comunicación y cuando vean la repulsa que tiene Chicago a los vampiros Kern conseguirá los votos que le faltan para eliminar las leyes que protegen a esa escoria. ¿Tú vendrás también, verdad?
-Creo que no, nos es que me falten ganas, pero acabo de llegar de viaje tras una semana fuera por culpa de mi trabajo y necesito descansar. Veré todo por la televisión, seguro que estarás imponente cuando te vea por la pantalla.- forcé una sonrisa en mi boca pese a la desgana intentando parecer a gusto con sus palabras. Hace poco tiempo yo era alguien que odiaba a los vampiros como el que más, aunque no fuera tan extremista. Ahora creo que no hay un único lado bueno o malo. Los vampiros son como nosotros, hay de todo, buenos y malos. ¡Qué coño digo! Los vampiros fueron como nosotros antes de mutar a lo que son ahora, así que es normal que tengan las mismas formas que nosotros. Esperaba que con esa sonrisa Jacob no tuviera objeción a que no estuviera entre las filas de radicales cuando se liara el discurso.
-Si, la verdad se te ve un poco cansada, pero aún así estás guapa. ¿Nos vamos?
“Joder, tengo la sensación que desde que se activaron mis poderes wicca todo el mundo está atraído por mí de alguna manera. Soy un imán para los tipos raros… y perseverantes”- Está bien, pero me iré pronto. En serio, no me encuentro muy fuerte y voy a ser una pésima compañía.- quemé mi último cartucho de excusas para ver si tenía suerte y me dejaba irme.- Ahora que lo pienso… ¿cómo voy a sacar el coche de aquí con toda esa gente cortando el paso? Será mejor que me valla a casa aunque sea a pie.
-¡Sin problema! Yo soy la mano derecha de Kern en algunos de sus asuntos como este. ¡Chicos dejad paso al Beetle que tengo que salir un rato con esta linda mujer!
Como si quien hubiese hablado fuese el mismo Moisés la multitud se abrió hacia los lados dejando hueco para que sacara el coche. ¡A la mierda mi último cartucho de excusas tontas!... Resignada, montamos en mi coche y seguí las instrucciones que Jacob iba dándome hasta que alcanzamos un restaurante justo en las afueras al norte de Chicago. Era un local de carretera enorme típico de los que usan los camioneros por su gran estacionamiento, con una pequeña ermita a la derecha, grandes maceteros de hormigón repletos de arbustos recortados en todo el frontal y un salón inmenso para celebraciones a la izquierda con un maltrecho césped y un gran arco de forja repleto de rosales en la entrada, quedaba algo pobre debido a que sus flores no eran visibles por culpa de la estación en la que nos encontrábamos. Si fuese primavera o verano sería un precioso sitio donde celebrar una boda. Aparqué lo más cerca posible de la entrada para no tener que caminar mucho, los pies me parecían estar cargando algo pesado.
Me pareció extraño que solo estuviesen estacionados tres coches y un camión en el aparcamiento, algo raro para ser domingo. Normalmente los bares de carretera suelen estar más ocupados por vehículos en fin de semana y por camiones entre semana. Tal y como esperaba, el local estaba vacío, los vehículos debían de pertenecer a los empleados. Era un restaurante sencillo, con las mesas cubiertas con las típicas mantelerías a cuadros rojos que tienen casi todos los restaurantes de tipo medio. Eso sí, al dueño debían de gustarle mucho la religión y la caza, porque aquello estaba lleno de símbolos religiosos cristianos y de animales disecados, sobre todo aves rapaces. Un escalofrío recorrió mi cuerpo nada más pisar allí, aquello no me gustó. Tenía que poner tierra de por medio en cuanto tuviese oportunidad.
Un sonriente camarero vino enseguida a ayudarme a sentarme mientras saludaba a Jacob- ¡Eh, tipo duro! ¿Qué haces aquí en vez de estar frente a la mansión del vampiro? ¿Y quién es tu chica?
-No es mi chica, es una amiga. Y aquello va bien, está controlado. De todas formas habrá una reunión para la “carga especial” antes de que vayamos al discurso. Hemos quedado en el salón en tres horas.
El camarero recelaba porque Jacob hablara tan abiertamente frente a mí y tosió intentando hacerle callar, pero Jacob le dijo que no pasaba nada. Yo no quería realmente estar aquí. Necesitaba descansar sin importar cómo, pero esta información para Donovan iba a ser la bomba. Estábamos en la nueva sede de los radicales antivampiros.