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Algunas de las historias que escribiré pueden contener contenido calificado "Para Adultos", si lo lees sin ser mayor de edad será bajo tu propia responsabilidad...
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viernes, 30 de abril de 2010
Le Theatre des Vampires Historia completa
Estuve dándole vueltas a la idea del capítulo final, en cómo quería que apareciese en el blog. Al final me decidí por dejaros la historia completa en descarga. En él descubriréis quienes son las personas que tenían retenida a Katherine. Espero que os guste el final. Por favor dejad un comentario con lo que os ha parecido. Siempre es bueno saber vuestra opinión para mejorar en las próximas historias.
jueves, 29 de abril de 2010
Le Theatre des Vampires Capitulo 23
Capitulo 23
Dominique dio un grito desgarrador tras mi último latido. Los demás miembros de su familia se acongojaron al saber que yo había muerto. Incluso Jean Luc dio un fuerte puñetazo en una de las paredes de la habitación haciendo un gigantesco agujero en ella.
Mi cerebro todavía estaba funcionando y me dediqué a pensar en como habría sido mi vida si le hubiese podido decir que sí, para no escuchar los sollozos de él y derramar lágrimas ante la imposibilidad de mover mi cuerpo junto al suyo y abrazarlo. Podría estar junto a él eternamente, recibiendo palabras tiernas, besos y abrazos apasionados sin fin y amándonos durante las largas noches del invierno. Podría haber recorrido el mundo entero con él, dejándole que me enseñara todos los lugares que ya hubiese visitado en sus muchos años. ¡Que idiota! Me dije a mi misma, ni siquiera llegué a preguntarle cuantos años tenía verdaderamente. Hasta ahora siempre había creído que me gustaba mucho, pero lo que mi mente revelaba era que de verdad lo amaba y había dejado pasar la oportunidad de que fuésemos felices. Pensé en lo corta que era la única palabra que tenía que haberle dicho…
“Si” dije en mi mente.
Dominique irguió la cabeza esperanzado- Kat, ¿verdaderamente te he escuchado?
No me había acordado de que podía conectarme con él mentalmente, lo hice justo cuando necesitaba decir “si” y él me había oído. Volví a concentrarme.
“¿No te acuerdas de que en Ciencias nos dijeron que el cerebro tardaba un poco más en pararse?,”- dije intentando no mostrar lo horrorizada que estaba porque sabía que iba a morir- “por lo menos podré decirte adiós”
-¡Y una mierda!- dijo Dominique mientras salía corriendo de la habitación.
Todos lo miraban estupefactos, Dominique seguía con lágrimas en los ojos, pero tenía una sonrisa en los labios que mostraba que estaba feliz.
-¡Dios, creo que se ha vuelto loco!- farfulló Maximilien horrorizado-¡Primo, si intentas hacer una locura te estaco!
-¡Y yo te estacaré como no me ayudes!- le dijo feliz mientras tiraba de él hacia la habitación donde yo estaba- Kat me ha hablado por el canal mental, todavía hay una posibilidad de que pueda convertirla para salvarla.
Llegaron hasta mí y Dominique se sentó en el suelo llevándome a su regazo. Maximilien se acuclilló para esperar órdenes.
-Max hazle los movimientos de reanimación en el pectoral mientras yo intento que tome mi sangre.
Maximilien comenzó a masajear mi pecho, empujándome hacia Dominique que aguantaba estoicamente sus impulsos, tratando de mandar bocanadas de aire a mis pulmones. Después de un minuto que pareció una hora, mi corazón dio un pequeño latido.
-¡Eso es Max, sigue!- exclamó feliz al escuchar el latido.
Rápidamente se mordió la muñeca al escuchar el segundo y tercer latido. Dulcemente posó su mano en mi boca para que su sangre se deslizara por ella. Ordené a mi boca que se abriera, aunque aun estaba un poco reticente a tomar sangre, pero en cuanto noté un sabor dulce, como frambuesas almibaradas, me esforcé por tragar. Cuando Dominique creyó que yo había tomado suficiente retiró la muñeca lentamente y le indicó a Maximilien que ya podía dejar de ayudarme a bombear sangre.
Su enérgica sangre se iba deslizando poco a poco por mi garganta, llenándola de un agradable calor que emanaba vida. Noté como me recorría el cuerpo por completo, desde el estómago, filtrándose por todas las venas y arterias en menos de lo que tarda en decirse amen.
Poco a poco se fue formando una sonrisa en mis labios que mi vampiro interpretó como que yo estaba bien. Si esto es lo único que hace falta para transformarse, debí de habérselo pedido yo que lo hiciese antes.
Dominique me besó dulcemente- Creí que te había perdido por completo- dijo acariciando mi cabello, luego se puso tenso- Kat, lo fácil está hecho, pero ahora tendrás que ser fuerte o no lo superarás.
Me extrañó lo que dijo, pero antes de tratar de hablar con él para que me lo explicara llegó Antoine.
-He hablado con su madre, está nerviosa y pide que se la llevemos a casa para que descanse allí, salga bien o no. Cógela y álzate en vuelo.
-Antoine, sabes que nunca conseguí volar rápido. Deberíamos dejarla aquí hasta ver que ocurre.-le dijo cerrando los puños por impotencia.
-¿Todavía no te has dado cuenta de que llegaste aquí volando para tratar de salvarla? ¡Por Dios Dominique, estamos a casi trescientos kilómetros de casa y llegamos en diez minutos! Llévala antes de que empiecen los espasmos.
No se lo pensó dos veces, me cogió delicadamente del suelo y salió como el rayo por la puerta. Ni siquiera se molestó por si alguien nos veía fuera en la claridad del día.
Mis ojos estaban cerrados por lo cansada que me sentí después de la gran euforia que me envolvió al beber su sangre. Además no quería mirar a que altura estábamos por si eso me mareaba más. Sentí la suave brisa del aire deslizándose por mi cuerpo durante el vuelo y me estremecí. Puse una mano temblorosa en su brazo para sentirme más segura y recogida, tratando de no percibir mas viento, y eso le dio ánimos para acelerar más.
El aterrizaje fue suave, como el posar de una pluma. Entrecerré los ojos y pude vislumbrar que las ventanas de la casa estaban todas bien cerradas y cubiertas de gruesas cortinas nuevas. Quizás mamá estaba todavía muy sensible por ser una nueva convertida y el sol le afectaba mucho más que a los demás.
La puerta estaba entreabierta y Dominique no se lo pensó dos veces para entrar y subir a mi dormitorio en un instante. Me dejó tumbada en la cama y me cogió de la mano, esperando ver que pasaba. Mamá entró espacio, temiendo por mí. No es que hubiese dicho nada, pero nunca había sido buena intentando ocultar emociones y un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas. Nada más verme se puso cerca de la cama, de rodillas en el suelo.
-¡Oh Dios Katherine, creí volverme loca cuando Antoine me dijo que no habían conseguido llegar a tiempo! Pero ahora estás aquí, y si pudiera me cambiaba por ti para no verte sufrir.
-Mamá, no te preocupes estoy bien. Yo…
No pude decir nada más. Un agudo dolor me atravesó completamente desde la cabeza a los pies. Mi estómago se contrajo igual que si alguien me lo hubiese cogido apretadamente en un puño y quisiese arrancármelo de un fuerte tirón. Di el mayor grito de mi vida. La cabeza me ardía, los ojos amenazaban con salirse de las órbitas y mis venas pulsaban con un calor radiante, intentando hacer manar la sangre por mis poros para evitar la presión a la que estaban siendo sometidas. Me puse en posición fetal tratando de aliviar inútilmente mi calvario. Dominique me acercó un cubo justo a tiempo para que vomitase. Mamá trajo paños mojados en agua fría para aliviar mi fiebre.
-¿Es-es-esto normal?- no se como diablos pude terminar la frase. Mis palabras iban dirigidas a él, que me miraba con una gran preocupación- Dime que terminará pronto, por favor.
-Kat, no sé cuanto tardará. Cada uno lo termina antes o después, según su naturaleza defensiva. Tú estabas casi muerta cuando te pude dar mi sangre, solo queda esperar.
Volví a vomitar y a sufrir espasmos por no sé cuanto tiempo. La lucha que tenía mi sangre por aceptar la nueva era mayor que mi dolor, la sangre realmente humana transmitida por mi padre tomaba la nueva por intrusa y trataba de sacármela a cualquier costo. Estaba segura de que mi mente me lo estaba diciendo. Después de unos cuantos espasmos más mi cuerpo se puso rígido por completo y luego se relajó completamente. Llegó la oscuridad, el vacío absoluto y mis pensamientos se apagaron. Yo ya no respiraba ni nada de nada.
Dominique dio un grito desgarrador tras mi último latido. Los demás miembros de su familia se acongojaron al saber que yo había muerto. Incluso Jean Luc dio un fuerte puñetazo en una de las paredes de la habitación haciendo un gigantesco agujero en ella.
Mi cerebro todavía estaba funcionando y me dediqué a pensar en como habría sido mi vida si le hubiese podido decir que sí, para no escuchar los sollozos de él y derramar lágrimas ante la imposibilidad de mover mi cuerpo junto al suyo y abrazarlo. Podría estar junto a él eternamente, recibiendo palabras tiernas, besos y abrazos apasionados sin fin y amándonos durante las largas noches del invierno. Podría haber recorrido el mundo entero con él, dejándole que me enseñara todos los lugares que ya hubiese visitado en sus muchos años. ¡Que idiota! Me dije a mi misma, ni siquiera llegué a preguntarle cuantos años tenía verdaderamente. Hasta ahora siempre había creído que me gustaba mucho, pero lo que mi mente revelaba era que de verdad lo amaba y había dejado pasar la oportunidad de que fuésemos felices. Pensé en lo corta que era la única palabra que tenía que haberle dicho…
“Si” dije en mi mente.
Dominique irguió la cabeza esperanzado- Kat, ¿verdaderamente te he escuchado?
No me había acordado de que podía conectarme con él mentalmente, lo hice justo cuando necesitaba decir “si” y él me había oído. Volví a concentrarme.
“¿No te acuerdas de que en Ciencias nos dijeron que el cerebro tardaba un poco más en pararse?,”- dije intentando no mostrar lo horrorizada que estaba porque sabía que iba a morir- “por lo menos podré decirte adiós”
-¡Y una mierda!- dijo Dominique mientras salía corriendo de la habitación.
Todos lo miraban estupefactos, Dominique seguía con lágrimas en los ojos, pero tenía una sonrisa en los labios que mostraba que estaba feliz.
-¡Dios, creo que se ha vuelto loco!- farfulló Maximilien horrorizado-¡Primo, si intentas hacer una locura te estaco!
-¡Y yo te estacaré como no me ayudes!- le dijo feliz mientras tiraba de él hacia la habitación donde yo estaba- Kat me ha hablado por el canal mental, todavía hay una posibilidad de que pueda convertirla para salvarla.
Llegaron hasta mí y Dominique se sentó en el suelo llevándome a su regazo. Maximilien se acuclilló para esperar órdenes.
-Max hazle los movimientos de reanimación en el pectoral mientras yo intento que tome mi sangre.
Maximilien comenzó a masajear mi pecho, empujándome hacia Dominique que aguantaba estoicamente sus impulsos, tratando de mandar bocanadas de aire a mis pulmones. Después de un minuto que pareció una hora, mi corazón dio un pequeño latido.
-¡Eso es Max, sigue!- exclamó feliz al escuchar el latido.
Rápidamente se mordió la muñeca al escuchar el segundo y tercer latido. Dulcemente posó su mano en mi boca para que su sangre se deslizara por ella. Ordené a mi boca que se abriera, aunque aun estaba un poco reticente a tomar sangre, pero en cuanto noté un sabor dulce, como frambuesas almibaradas, me esforcé por tragar. Cuando Dominique creyó que yo había tomado suficiente retiró la muñeca lentamente y le indicó a Maximilien que ya podía dejar de ayudarme a bombear sangre.
Su enérgica sangre se iba deslizando poco a poco por mi garganta, llenándola de un agradable calor que emanaba vida. Noté como me recorría el cuerpo por completo, desde el estómago, filtrándose por todas las venas y arterias en menos de lo que tarda en decirse amen.
Poco a poco se fue formando una sonrisa en mis labios que mi vampiro interpretó como que yo estaba bien. Si esto es lo único que hace falta para transformarse, debí de habérselo pedido yo que lo hiciese antes.
Dominique me besó dulcemente- Creí que te había perdido por completo- dijo acariciando mi cabello, luego se puso tenso- Kat, lo fácil está hecho, pero ahora tendrás que ser fuerte o no lo superarás.
Me extrañó lo que dijo, pero antes de tratar de hablar con él para que me lo explicara llegó Antoine.
-He hablado con su madre, está nerviosa y pide que se la llevemos a casa para que descanse allí, salga bien o no. Cógela y álzate en vuelo.
-Antoine, sabes que nunca conseguí volar rápido. Deberíamos dejarla aquí hasta ver que ocurre.-le dijo cerrando los puños por impotencia.
-¿Todavía no te has dado cuenta de que llegaste aquí volando para tratar de salvarla? ¡Por Dios Dominique, estamos a casi trescientos kilómetros de casa y llegamos en diez minutos! Llévala antes de que empiecen los espasmos.
No se lo pensó dos veces, me cogió delicadamente del suelo y salió como el rayo por la puerta. Ni siquiera se molestó por si alguien nos veía fuera en la claridad del día.
Mis ojos estaban cerrados por lo cansada que me sentí después de la gran euforia que me envolvió al beber su sangre. Además no quería mirar a que altura estábamos por si eso me mareaba más. Sentí la suave brisa del aire deslizándose por mi cuerpo durante el vuelo y me estremecí. Puse una mano temblorosa en su brazo para sentirme más segura y recogida, tratando de no percibir mas viento, y eso le dio ánimos para acelerar más.
El aterrizaje fue suave, como el posar de una pluma. Entrecerré los ojos y pude vislumbrar que las ventanas de la casa estaban todas bien cerradas y cubiertas de gruesas cortinas nuevas. Quizás mamá estaba todavía muy sensible por ser una nueva convertida y el sol le afectaba mucho más que a los demás.
La puerta estaba entreabierta y Dominique no se lo pensó dos veces para entrar y subir a mi dormitorio en un instante. Me dejó tumbada en la cama y me cogió de la mano, esperando ver que pasaba. Mamá entró espacio, temiendo por mí. No es que hubiese dicho nada, pero nunca había sido buena intentando ocultar emociones y un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas. Nada más verme se puso cerca de la cama, de rodillas en el suelo.
-¡Oh Dios Katherine, creí volverme loca cuando Antoine me dijo que no habían conseguido llegar a tiempo! Pero ahora estás aquí, y si pudiera me cambiaba por ti para no verte sufrir.
-Mamá, no te preocupes estoy bien. Yo…
No pude decir nada más. Un agudo dolor me atravesó completamente desde la cabeza a los pies. Mi estómago se contrajo igual que si alguien me lo hubiese cogido apretadamente en un puño y quisiese arrancármelo de un fuerte tirón. Di el mayor grito de mi vida. La cabeza me ardía, los ojos amenazaban con salirse de las órbitas y mis venas pulsaban con un calor radiante, intentando hacer manar la sangre por mis poros para evitar la presión a la que estaban siendo sometidas. Me puse en posición fetal tratando de aliviar inútilmente mi calvario. Dominique me acercó un cubo justo a tiempo para que vomitase. Mamá trajo paños mojados en agua fría para aliviar mi fiebre.
-¿Es-es-esto normal?- no se como diablos pude terminar la frase. Mis palabras iban dirigidas a él, que me miraba con una gran preocupación- Dime que terminará pronto, por favor.
-Kat, no sé cuanto tardará. Cada uno lo termina antes o después, según su naturaleza defensiva. Tú estabas casi muerta cuando te pude dar mi sangre, solo queda esperar.
Volví a vomitar y a sufrir espasmos por no sé cuanto tiempo. La lucha que tenía mi sangre por aceptar la nueva era mayor que mi dolor, la sangre realmente humana transmitida por mi padre tomaba la nueva por intrusa y trataba de sacármela a cualquier costo. Estaba segura de que mi mente me lo estaba diciendo. Después de unos cuantos espasmos más mi cuerpo se puso rígido por completo y luego se relajó completamente. Llegó la oscuridad, el vacío absoluto y mis pensamientos se apagaron. Yo ya no respiraba ni nada de nada.
lunes, 26 de abril de 2010
Le Theatre des Vampires Capitulo 22
Capitulo 22
Caí desplomada en el suelo sobre el pequeño charco de sangre que empezaba a formarse. La droga que me habían suministrado no debía estar muy concentrada porque a los diez minutos estaba ya despertándome. Justo en el momento en que mis rescatadores rompían puertas y ventanas para entrar. El jefe estaba a mi lado en ese momento, observándome con su vil cara que cambió a una de sorpresa en cuanto los vio entrar. La claridad del día indicaba que faltaba poco tiempo para anochecer y no esperaba que llegasen tan pronto. Quizás esperaba que yo muriese antes de poder cazarlos y utilizar mi cuerpo inerte para desestabilizarlos emocionalmente, por lo menos a Dominique.
“Deja de pensar idioteces, estoy aquí ya y voy a salvarte. Trata de mantenerte despierta y tranquila, y no te muevas hasta que pueda alcanzarte, si te mueves sangrarás más deprisa”
Una sonrisa se dibujó en mis labios al sentir a Dominique. Entre puñetazo y mordisco tenía tiempo de tratar de tranquilizarme.- “Vale amor, pero concéntrate en lo que estás haciendo”
“Por ti, siempre”
“¿Quieres dejar de hablar conmigo y concentrarte en lo que estás haciendo? Si consiguen matarte antes de que puedas llegar a mí, buscaré la forma de revivirte para luego matarte yo por no haberme hecho caso”- traté de que mis pensamientos sonaran divertidos y no regañones, quería mostrarle que podía aguantar.
Me llegó una imagen a mi mente de él haciéndome burla y luego cortó nuestra comunicación. Me sentí vacía y sola, quizás no había sido buena idea decirle que se apartara de mí, quizás sí era capaz de pelear mientras me hablaba. Suspiré. Ya estaba hecho y me tocaba esperar a que llegase.
La verdad, me estaba encontrando cada vez más débil. Por si acaso, hice caso a lo que Dominique me dijo y solo traté de girar mi cabeza para poder ver qué pasaba. La habitación era un caos, todo estaba patas arriba, ninguna cosa estaba puesta en el lugar que recordaba que tenía. Podía escuchar gruñidos y golpes por todos los lados, pero mi vista no lograba distinguir a nadie, solo veía borrones en movimiento y de vez en cuando, un hombre salía despedido por el aire hacia una de las paredes. Antes de que llegara al suelo deslizándose por la pared, alguno llegaba y se aproximaba a su cuello. Lo último que llegaba a decir era un grito de dolor cuando le desgarraban la garganta.
Dominique acababa de llegar hasta mí e iba a cogerme cuando alcancé a ver al jefe alejándose. Estaba esquivando a todo el mundo y trataba de llegar hasta la habitación del mapa.
“¡Dominique, el rubio de pelo corto es el jefe! ¡Está tratando de alcanzar la primera habitación del pasillo donde tiene guardada una ballesta!”, grité mentalmente.
“Ahora vengo, mon amour”
Se hizo un borrón por la velocidad que llevaba y llegó a él en un parpadeo. Dominique alcanzó la ballesta antes que él y la partió en dos asestándole un golpe contra su muslo derecho. El hombre se echó hacia atrás sacándose del chaleco un par de botellas de líquido transparente.
-¡Detente o te rociaré con agua bendita!- dijo antes de comenzar a rezar.
Dominique giró su cabeza de lado observándolo divertido- Si lo que tratas de decir es que me hace falta bañarme te equivocas, lo hice esta mañana temprano.
Rodé mis ojos y los puse en blanco.
“Dominique, por favor, dime que ahora no te quieres meter a cómico… no te pega”
“Es que estoy harto de que todo el mundo crea que somos sirvientes del Diablo y que por eso si nos rocían con agua bendita nos quemaremos… pero bueno, si no te gusta mi sarcasmo…”
Directamente lo cogió de la camisa de debajo del chaleco y lo elevó del suelo, mostrándole sus ojos rojos de furia. Dominique los entrecerró, luego le sonrió diabólicamente- Te conozco. Tenía mis sospechas sobre quién era el que se creía el nuevo Van Helsing.
El hombre se orinó en sus propios pantalones y dejó caer los viales que llevaba en las manos, rompiéndose al contacto con el suelo.
Dominique iba a morderlo en el cuello, pero la mano de Antoine en su hombro, que se había acercado por detrás, lo detuvo.
-Deja que me encargue yo de él. Tengo en mente algo para él y su hija. Veronique la ha interceptado cuando trataba de escapar en un coche y ya la trae para acá.
Me sorprendí al saber que allí había estado una mujer, porque yo no la había escuchado. Quizás yo también la conocía y había tratado de que yo no la oyese para que no la reconociese.
Una hermosa mujer se acercó hasta mí y me cogió en brazos como si no pesase más que una pluma.- Tranquila, soy Violette. Mi hermano no tuvo tiempo de presentarnos. Te llevaré a una cama donde estarás más cómoda. Pronto vendrá él y te ayudará.
Solo asentí con mis párpados, estaba ya muy débil. Cuando pude fijar la vista en medio del mareo que estaba sintiendo, logré ver su cara. Se parecía mucho a Dominique solo que aparentaba tener unos tres o cuatro años más y sus mismos rasgos, mismo pelo liso negro y mismos ojos. Me sorprendí de saber que Dominique tenía una hermana y nunca me la hubiese presentado. Tampoco es que yo hubiese hecho algún esfuerzo por conocer a todo el clan Duboise- Le Fontaine. Luego recordé aquel día en Marten’s Coffee en el que conocí a Antoine y él dijo que Violette le había dicho que había salido. Debía de tratarse de su hermana pero no me dijo quien era. De todos modos ahora daba igual, la conocí en una mala situación pero gracias al cielo me estaba ayudando.
Violette me depositó sobre una de las camas del dormitorio de aquellos hombres y después de lamer mis heridas durante un par de minutos en cada una me miró preocupada. El ruido del exterior había cesado, lo que quería decir que la pelea había terminado al fin. Yo apenas podía abrir los párpados y respirar.
-¡Dominique, ven enseguida!- gritó Violette.
Llegó como el rayo acompañado de los demás vampiros, algunos logré reconocerlos y a otros no. Se puso de rodillas en el suelo para estar a mi altura, con lágrimas en los ojos. Yo estaba tiritando de frío, levanté mi mano para acariciar su rostro y me sorprendió ver que mis heridas eran ya solamente cicatrices, pero lo que más me sorprendió fue ver que mi piel estaba pálida a más no poder y la bajé pesadamente, sin fuerzas.
-¿A qué esperas? Conviértela antes de que muera- gritó Maximilien.
Dominique lo miró enfadado- No puedo, ella aún no lo había decidido.
-¿Y prefieres verla morir? Eres un idiota.
Dominique se levantó bruscamente, empujando a todo el mundo para que saliesen de allí. Llegó hasta Maximilien y se puso a escasos centímetros de su rostro.
-¿Cómo quieres que la cambie si ella no me lo ha pedido? ¿Y si la cambio y la condeno a una vida eterna donde no quiere estar? Vete, sal de aquí. Necesito estar a solas con ella.
Cerró la puerta tras salir el último vampiro y rápidamente se acercó hasta mí.
-Kat, no tenemos mucho tiempo- dijo agarrándome la mano- Casi has perdido toda la sangre de tu cuerpo y tu corazón late débilmente. Necesito que me digas si de verdad quieres pasar la eternidad junto a mí. Te prometo que lo haré lo mejor que sepa y que siempre te seré fiel, te amaré hasta que un día decidamos que ya no queremos estar aquí y nos vayamos juntos al descanso eterno. Te quiero y quiero que seas mía para siempre.
No había llegado a pensar mucho en ello. Dominique me gustaba mucho y aunque llevábamos poco tiempo conociéndonos, lo sentía como si lo conociese de toda la vida. Yo nunca había llegado a decirle que lo amaba, pero lo sentía igualmente. Lo que no sabía era como encajar el ser vampira si le decía que si. Lo de beber sangre me resultaba repugnante, no me veía capaz.
Mi corazón dio un último latido y se detuvo justo cuando quise contestarle. En mis pulmones ya no entraba el aire.
Caí desplomada en el suelo sobre el pequeño charco de sangre que empezaba a formarse. La droga que me habían suministrado no debía estar muy concentrada porque a los diez minutos estaba ya despertándome. Justo en el momento en que mis rescatadores rompían puertas y ventanas para entrar. El jefe estaba a mi lado en ese momento, observándome con su vil cara que cambió a una de sorpresa en cuanto los vio entrar. La claridad del día indicaba que faltaba poco tiempo para anochecer y no esperaba que llegasen tan pronto. Quizás esperaba que yo muriese antes de poder cazarlos y utilizar mi cuerpo inerte para desestabilizarlos emocionalmente, por lo menos a Dominique.
“Deja de pensar idioteces, estoy aquí ya y voy a salvarte. Trata de mantenerte despierta y tranquila, y no te muevas hasta que pueda alcanzarte, si te mueves sangrarás más deprisa”
Una sonrisa se dibujó en mis labios al sentir a Dominique. Entre puñetazo y mordisco tenía tiempo de tratar de tranquilizarme.- “Vale amor, pero concéntrate en lo que estás haciendo”
“Por ti, siempre”
“¿Quieres dejar de hablar conmigo y concentrarte en lo que estás haciendo? Si consiguen matarte antes de que puedas llegar a mí, buscaré la forma de revivirte para luego matarte yo por no haberme hecho caso”- traté de que mis pensamientos sonaran divertidos y no regañones, quería mostrarle que podía aguantar.
Me llegó una imagen a mi mente de él haciéndome burla y luego cortó nuestra comunicación. Me sentí vacía y sola, quizás no había sido buena idea decirle que se apartara de mí, quizás sí era capaz de pelear mientras me hablaba. Suspiré. Ya estaba hecho y me tocaba esperar a que llegase.
La verdad, me estaba encontrando cada vez más débil. Por si acaso, hice caso a lo que Dominique me dijo y solo traté de girar mi cabeza para poder ver qué pasaba. La habitación era un caos, todo estaba patas arriba, ninguna cosa estaba puesta en el lugar que recordaba que tenía. Podía escuchar gruñidos y golpes por todos los lados, pero mi vista no lograba distinguir a nadie, solo veía borrones en movimiento y de vez en cuando, un hombre salía despedido por el aire hacia una de las paredes. Antes de que llegara al suelo deslizándose por la pared, alguno llegaba y se aproximaba a su cuello. Lo último que llegaba a decir era un grito de dolor cuando le desgarraban la garganta.
Dominique acababa de llegar hasta mí e iba a cogerme cuando alcancé a ver al jefe alejándose. Estaba esquivando a todo el mundo y trataba de llegar hasta la habitación del mapa.
“¡Dominique, el rubio de pelo corto es el jefe! ¡Está tratando de alcanzar la primera habitación del pasillo donde tiene guardada una ballesta!”, grité mentalmente.
“Ahora vengo, mon amour”
Se hizo un borrón por la velocidad que llevaba y llegó a él en un parpadeo. Dominique alcanzó la ballesta antes que él y la partió en dos asestándole un golpe contra su muslo derecho. El hombre se echó hacia atrás sacándose del chaleco un par de botellas de líquido transparente.
-¡Detente o te rociaré con agua bendita!- dijo antes de comenzar a rezar.
Dominique giró su cabeza de lado observándolo divertido- Si lo que tratas de decir es que me hace falta bañarme te equivocas, lo hice esta mañana temprano.
Rodé mis ojos y los puse en blanco.
“Dominique, por favor, dime que ahora no te quieres meter a cómico… no te pega”
“Es que estoy harto de que todo el mundo crea que somos sirvientes del Diablo y que por eso si nos rocían con agua bendita nos quemaremos… pero bueno, si no te gusta mi sarcasmo…”
Directamente lo cogió de la camisa de debajo del chaleco y lo elevó del suelo, mostrándole sus ojos rojos de furia. Dominique los entrecerró, luego le sonrió diabólicamente- Te conozco. Tenía mis sospechas sobre quién era el que se creía el nuevo Van Helsing.
El hombre se orinó en sus propios pantalones y dejó caer los viales que llevaba en las manos, rompiéndose al contacto con el suelo.
Dominique iba a morderlo en el cuello, pero la mano de Antoine en su hombro, que se había acercado por detrás, lo detuvo.
-Deja que me encargue yo de él. Tengo en mente algo para él y su hija. Veronique la ha interceptado cuando trataba de escapar en un coche y ya la trae para acá.
Me sorprendí al saber que allí había estado una mujer, porque yo no la había escuchado. Quizás yo también la conocía y había tratado de que yo no la oyese para que no la reconociese.
Una hermosa mujer se acercó hasta mí y me cogió en brazos como si no pesase más que una pluma.- Tranquila, soy Violette. Mi hermano no tuvo tiempo de presentarnos. Te llevaré a una cama donde estarás más cómoda. Pronto vendrá él y te ayudará.
Solo asentí con mis párpados, estaba ya muy débil. Cuando pude fijar la vista en medio del mareo que estaba sintiendo, logré ver su cara. Se parecía mucho a Dominique solo que aparentaba tener unos tres o cuatro años más y sus mismos rasgos, mismo pelo liso negro y mismos ojos. Me sorprendí de saber que Dominique tenía una hermana y nunca me la hubiese presentado. Tampoco es que yo hubiese hecho algún esfuerzo por conocer a todo el clan Duboise- Le Fontaine. Luego recordé aquel día en Marten’s Coffee en el que conocí a Antoine y él dijo que Violette le había dicho que había salido. Debía de tratarse de su hermana pero no me dijo quien era. De todos modos ahora daba igual, la conocí en una mala situación pero gracias al cielo me estaba ayudando.
Violette me depositó sobre una de las camas del dormitorio de aquellos hombres y después de lamer mis heridas durante un par de minutos en cada una me miró preocupada. El ruido del exterior había cesado, lo que quería decir que la pelea había terminado al fin. Yo apenas podía abrir los párpados y respirar.
-¡Dominique, ven enseguida!- gritó Violette.
Llegó como el rayo acompañado de los demás vampiros, algunos logré reconocerlos y a otros no. Se puso de rodillas en el suelo para estar a mi altura, con lágrimas en los ojos. Yo estaba tiritando de frío, levanté mi mano para acariciar su rostro y me sorprendió ver que mis heridas eran ya solamente cicatrices, pero lo que más me sorprendió fue ver que mi piel estaba pálida a más no poder y la bajé pesadamente, sin fuerzas.
-¿A qué esperas? Conviértela antes de que muera- gritó Maximilien.
Dominique lo miró enfadado- No puedo, ella aún no lo había decidido.
-¿Y prefieres verla morir? Eres un idiota.
Dominique se levantó bruscamente, empujando a todo el mundo para que saliesen de allí. Llegó hasta Maximilien y se puso a escasos centímetros de su rostro.
-¿Cómo quieres que la cambie si ella no me lo ha pedido? ¿Y si la cambio y la condeno a una vida eterna donde no quiere estar? Vete, sal de aquí. Necesito estar a solas con ella.
Cerró la puerta tras salir el último vampiro y rápidamente se acercó hasta mí.
-Kat, no tenemos mucho tiempo- dijo agarrándome la mano- Casi has perdido toda la sangre de tu cuerpo y tu corazón late débilmente. Necesito que me digas si de verdad quieres pasar la eternidad junto a mí. Te prometo que lo haré lo mejor que sepa y que siempre te seré fiel, te amaré hasta que un día decidamos que ya no queremos estar aquí y nos vayamos juntos al descanso eterno. Te quiero y quiero que seas mía para siempre.
No había llegado a pensar mucho en ello. Dominique me gustaba mucho y aunque llevábamos poco tiempo conociéndonos, lo sentía como si lo conociese de toda la vida. Yo nunca había llegado a decirle que lo amaba, pero lo sentía igualmente. Lo que no sabía era como encajar el ser vampira si le decía que si. Lo de beber sangre me resultaba repugnante, no me veía capaz.
Mi corazón dio un último latido y se detuvo justo cuando quise contestarle. En mis pulmones ya no entraba el aire.
domingo, 25 de abril de 2010
Le Theatre des vampires Capitulo 21
Capitulo 21
No me dio tiempo a reaccionar a su revelación, el sueño me inundó por completo. No sé cuanto tiempo estuve durmiendo profundamente. Cuando por fin mi cabeza comenzó a funcionar me encontraba entumecida, mis brazos y piernas estaban flojos. Por más que trataba de moverme no podía, algo me estaba sujetando para que no lo hiciera. Levanté todo lo que pude la cabeza para poder mirarme hacia abajo y descubrí que me habían atado las extremidades con cadenas. ¡Qué idiotas! Seguramente pensarían que ahora que sabía que era un cebo para cazar a los Duboise trataría de escaparme y avisarlos.
Mis secuestradores eran simples humanos que trataban de aplicar ellos mismos lo que creían era justicia. Mi amor y su familia tenían fuerzas y poderes sobrenaturales con los que acabar con ellos, ¿para qué demonios iba a intentar escaparme? Lo único que podría pasar es que complicara más las cosas.
“Dominique, ¿estás ahí?”- imploré mentalmente.
“Si, mon amour. Intenta mantenerte concentrada en hablarme mientras miras a todos los sitios posibles para poder localizarte. Tengo solo una pequeña percepción de ti y eso significa que estás bastante lejos, pero poco a poco me situaré.”
“Aquí no te puedo ayudar mucho. La habitación parece un trastero y no tiene ventanas”.
“Llámalos o haz ruido para que entren y pueda verlos, mantente concentrada y todo saldrá bien”.
Hice lo que me pidió. Comencé a moverme salvajemente para hacer tintinear las cadenas, cuidando de no lesionarme. Al instante aparecieron varios hombres con estacas alzadas y cara de sorpresa. Intenté parecer lo más inocente posible y les puse una pequeña sonrisa quedándome quieta nada más verlos.
-Siento haberos asustado, pero estaba tratando de sentarme en la cama.
-Tú no asustas ni a una mosca.- Me dijo el mismo que me había traído algo para comer.- Estate quietecita. Podíamos haber tratado de matarte pensando que aquí había alguien más.
Ya iban a darse la vuelta para salir y tuve que pensar rápidamente en algo para que no se fuesen, rezando porque el verlos le sirviese de algo a Dominique.
-Pues para no asustar a una mosca, la cara que habéis opuesto al entrar decía que si. Si no te importa, necesito ir al baño, tengo necesidades que cubrir.
-Espera un momento, voy a preguntarle al jefe.
Sin más se fueron.
“Buena excusa”- me dijo Dominique.
Yo bufé en mi mente. La verdad es que sí estaba empezando a impacientarse mi vejiga. Con la cantidad de tiempo que llevaba allí encerrada no me extrañaba que lo necesitase urgentemente. Miré a mis cadenas, tenía que llevar las manos bajas para que la cadena de los tobillos no tirase de la de las muñecas, estaban cruzadas para que quedasen más cortas.
El hombre volvió a la habitación y se acercó hasta mi camastro. Di un pequeño respingo cuando se dobló hacia mi estómago, pero simplemente iba a desencadenarme.- No trates de escapar- dijo mientras yo me levantaba.
-Tranquilo, si hubiese querido escapar, ya lo hubiese hecho hace tiempo.- era una bravuconada por mi parte, pero no iba a dejarle que me amedrentara.- Sólo necesito ir al baño.
El cambio de intensidad de la luz al salir a la siguiente habitación me hizo entrecerrar los ojos. Me esforcé todo lo que pude en acostumbrarme rápidamente para poder observar. La habitación era bastante grande, llena de imágenes religiosas y cruces, con las paredes también de piedra antigua. Tres hombres estaban afilando trozos de madera para hacer estacas, me fijé todo lo que pude en sus rostros antes de que el que me llevaba me empujase para que siguiese caminando. Tres hombres más estaban saliendo en ese momento al exterior, pero no pude verles el rostro. El que me llevaba me condujo por un pasillo estrecho. La primera puerta estaba entreabierta, por el rabillo del ojo distinguí un hombre sentado frente a una mesa, observando lo que parecía un mapa. Estaba de espaldas a la puerta, pero pude ver que también era grande y fornido, con cabello rubio muy corto, de estilo militar. A sus pies descansaba una ballesta pegada a la pata de la mesa. No pude ver más de esa habitación, pues me vi obligada a continuar. Pasamos por delante de tres puertas más que estaban abiertas, mostrando tres dormitorios, que supuse por las enormes diferencias con el que me tenían asignado, eran los que usaban ellos.
En la siguiente puerta, que era la última, el hombre me detuvo- Este es el baño, la ventana que hay está cerrada. De todos modos te aviso de que debajo de ella se encuentran tres de nuestros hombres esperando por si huyes por ahí. No tardes.
-¡Bueno señor impaciente!- dije levantando mis manos a modo de rendición- En todo el tiempo que llevo aquí no he podido ir ni una vez. Como comprenderás, mi situación no es exactamente de mi agrado, así que no sé cuanto necesitaré para estar cómoda y terminar, ¿sabes?
Él hizo un gesto de desagrado y abrió la puerta del aseo bruscamente, me cogió del brazo y me metió dentro de un empujón.- Tres minutos, después entraré, hayas acabado o no, para sacarte.- Y cerró de un portazo.
Miré el baño. ¡Puaj, qué asco! El pequeño lavabo estaba sucio, no sabría decir qué color tenía originariamente. La bañera era de esas antiguas de patas, tampoco es que estuviese hecha un primor, hasta tenía una araña de patas largas moviéndose por dentro de ella, tratando inútilmente de salir de allí. Lo único que estaba algo más decente era el water, pero aún así no iba a sentarme en él.
“Dominique, ¿te importa no estar en mi mente durante al menos un minuto?”- necesitaba privacidad.
Una risita llegó a mi mente nada mas hacer mi ruego “Por supuesto, chére”. Sentí como si una parte de mí se alejase, señal de que ya podía ocuparme de mi vejiga.
Cuando acabé no tiré de la cisterna para que creyesen que estaba todavía en ello y pensé en asomarme por la ventana. Sentí la presencia de Dominique otra vez en mi mente.
“No deberías de haber tratado de enojarlo. No quiero que te lastimen. En vez de acabar con ellos rápidamente, me enojaría lo suficiente para que le demos una sesión mortuoria”
“¿Cómo que le demos?”- pregunté mientras me acercaba hasta la ventana e ignorando su reprimenda.
“Nosotros somos una familia, por eso hemos conseguido sobrevivir en el tiempo. Antoine, Maximilien, Jean Luc y otros cuantos más de los que no tuve tiempo de presentarte vienen conmigo para rescatarte y ocuparnos del problema”.
Estaba sorprendida de tanta atención para salvarme.
“Mi amor, no es solo por ti, también es por nosotros. Debemos acabar con todo lo que amenace nuestra existencia. Cuando te hayas convertido en uno de los nuestros lo entenderás mejor”
“Todavía no me he planteado lo de convertirme, piensa que recién me enteré de que los vampiros existen. Ni siquiera sabía que mi madre había cambiado”
Dominique se quedó callado por unos largos segundos. Luego me aventó secamente a que me asomase de una vez por la ventana. Creo que no le gustó que tuviera que pensarme lo de ser convertida.
La ventana era bastante pequeña, ni modo que yo podría coger por allí, por no hablar de la reja cruzada que tenía en ella y que la hacía ser más pequeña todavía. Bajo la ventana había una pequeña banqueta. Me tuve que reír en tanto hacía una reflexión.
“Si de verdad tanto temen que me escape, no deberían de dejar objetos como este que pueden servir para alcanzar la ventana más fácilmente, aunque de todos modos no quepa”
Dominique no dijo nada, debía de estar todavía enfadado. Alcancé el bordillo y conseguí asomarme. Fuera frente a mí estaba el mar. Las olas rompían en la ensenada provocando un baño de espuma remolinante en una zona rocosa. Me asusté un poco cuando me fijé que bajo la ventana se distinguían las coronillas de los tres guardias que esperaban por si escapaba. Ahogué el grito que iba a dar por el susto para no ser descubierta y seguí con mi cometido. Giré la cabeza hacia la parte rocosa de la derecha y alcancé a ver un viejo faro bastante demacrado, con puertas y ventanas en color malva medio caídas. Una rareza.
Escuché pasos acercándose y me apresuré para bajar de la banqueta y tirar de la cisterna como si acabase de terminar allí.
-No te quejes que al final te he dejado cinco minutos. Volvamos.
“Kat, el faro que has visto me suena bastante, pero no consigo ubicarlo. Le preguntaré a Antoine y le mostraré la imagen para que me indique donde está. Seguro que él se acuerda”
“¿Tu crees que has estado por aquí?”, atisbé que ya estaba caminando al lado de la habitación del hombre del mapa.
“Creo que si, piensa que en mi larga existencia he tenido mucho tiempo de viajar por el mundo”.
-¡Idiotas! ¡Está comunicándose con ellos! ¡Drogadla ahora mismo!
Me giré para ver al jefe gritando a los hombres. Tan concentrada había estado en hablar con Dominique que no me había percatado de que el jefe me estaba preguntando algo e incluso había insistido un par de veces.
El jefe se acercó a mi en tanto sentía un pinchazo en mi cuello desde atrás y sacó una navaja.- Tengo una idea mejor para ti, estúpida- dijo mientras me cogía las muñecas y me daba un par de cortes verticales muy profundos en ellas- Diles que les estoy esperando. Si tardan mucho morirás desangrada.
Dominique me estaba gritando que iban a por mí, que ya sabían donde estaba y que tratara de no dormirme, pero era inútil, la droga ya estaba haciéndome efecto. Tuve una pequeña percepción del rostro del jefe mientras me sonreía diabólicamente y sus ojos me resultaron muy familiares.
“¡Dominique, socorro! ¡Me estoy durmiendo!”
No me dio tiempo a reaccionar a su revelación, el sueño me inundó por completo. No sé cuanto tiempo estuve durmiendo profundamente. Cuando por fin mi cabeza comenzó a funcionar me encontraba entumecida, mis brazos y piernas estaban flojos. Por más que trataba de moverme no podía, algo me estaba sujetando para que no lo hiciera. Levanté todo lo que pude la cabeza para poder mirarme hacia abajo y descubrí que me habían atado las extremidades con cadenas. ¡Qué idiotas! Seguramente pensarían que ahora que sabía que era un cebo para cazar a los Duboise trataría de escaparme y avisarlos.
Mis secuestradores eran simples humanos que trataban de aplicar ellos mismos lo que creían era justicia. Mi amor y su familia tenían fuerzas y poderes sobrenaturales con los que acabar con ellos, ¿para qué demonios iba a intentar escaparme? Lo único que podría pasar es que complicara más las cosas.
“Dominique, ¿estás ahí?”- imploré mentalmente.
“Si, mon amour. Intenta mantenerte concentrada en hablarme mientras miras a todos los sitios posibles para poder localizarte. Tengo solo una pequeña percepción de ti y eso significa que estás bastante lejos, pero poco a poco me situaré.”
“Aquí no te puedo ayudar mucho. La habitación parece un trastero y no tiene ventanas”.
“Llámalos o haz ruido para que entren y pueda verlos, mantente concentrada y todo saldrá bien”.
Hice lo que me pidió. Comencé a moverme salvajemente para hacer tintinear las cadenas, cuidando de no lesionarme. Al instante aparecieron varios hombres con estacas alzadas y cara de sorpresa. Intenté parecer lo más inocente posible y les puse una pequeña sonrisa quedándome quieta nada más verlos.
-Siento haberos asustado, pero estaba tratando de sentarme en la cama.
-Tú no asustas ni a una mosca.- Me dijo el mismo que me había traído algo para comer.- Estate quietecita. Podíamos haber tratado de matarte pensando que aquí había alguien más.
Ya iban a darse la vuelta para salir y tuve que pensar rápidamente en algo para que no se fuesen, rezando porque el verlos le sirviese de algo a Dominique.
-Pues para no asustar a una mosca, la cara que habéis opuesto al entrar decía que si. Si no te importa, necesito ir al baño, tengo necesidades que cubrir.
-Espera un momento, voy a preguntarle al jefe.
Sin más se fueron.
“Buena excusa”- me dijo Dominique.
Yo bufé en mi mente. La verdad es que sí estaba empezando a impacientarse mi vejiga. Con la cantidad de tiempo que llevaba allí encerrada no me extrañaba que lo necesitase urgentemente. Miré a mis cadenas, tenía que llevar las manos bajas para que la cadena de los tobillos no tirase de la de las muñecas, estaban cruzadas para que quedasen más cortas.
El hombre volvió a la habitación y se acercó hasta mi camastro. Di un pequeño respingo cuando se dobló hacia mi estómago, pero simplemente iba a desencadenarme.- No trates de escapar- dijo mientras yo me levantaba.
-Tranquilo, si hubiese querido escapar, ya lo hubiese hecho hace tiempo.- era una bravuconada por mi parte, pero no iba a dejarle que me amedrentara.- Sólo necesito ir al baño.
El cambio de intensidad de la luz al salir a la siguiente habitación me hizo entrecerrar los ojos. Me esforcé todo lo que pude en acostumbrarme rápidamente para poder observar. La habitación era bastante grande, llena de imágenes religiosas y cruces, con las paredes también de piedra antigua. Tres hombres estaban afilando trozos de madera para hacer estacas, me fijé todo lo que pude en sus rostros antes de que el que me llevaba me empujase para que siguiese caminando. Tres hombres más estaban saliendo en ese momento al exterior, pero no pude verles el rostro. El que me llevaba me condujo por un pasillo estrecho. La primera puerta estaba entreabierta, por el rabillo del ojo distinguí un hombre sentado frente a una mesa, observando lo que parecía un mapa. Estaba de espaldas a la puerta, pero pude ver que también era grande y fornido, con cabello rubio muy corto, de estilo militar. A sus pies descansaba una ballesta pegada a la pata de la mesa. No pude ver más de esa habitación, pues me vi obligada a continuar. Pasamos por delante de tres puertas más que estaban abiertas, mostrando tres dormitorios, que supuse por las enormes diferencias con el que me tenían asignado, eran los que usaban ellos.
En la siguiente puerta, que era la última, el hombre me detuvo- Este es el baño, la ventana que hay está cerrada. De todos modos te aviso de que debajo de ella se encuentran tres de nuestros hombres esperando por si huyes por ahí. No tardes.
-¡Bueno señor impaciente!- dije levantando mis manos a modo de rendición- En todo el tiempo que llevo aquí no he podido ir ni una vez. Como comprenderás, mi situación no es exactamente de mi agrado, así que no sé cuanto necesitaré para estar cómoda y terminar, ¿sabes?
Él hizo un gesto de desagrado y abrió la puerta del aseo bruscamente, me cogió del brazo y me metió dentro de un empujón.- Tres minutos, después entraré, hayas acabado o no, para sacarte.- Y cerró de un portazo.
Miré el baño. ¡Puaj, qué asco! El pequeño lavabo estaba sucio, no sabría decir qué color tenía originariamente. La bañera era de esas antiguas de patas, tampoco es que estuviese hecha un primor, hasta tenía una araña de patas largas moviéndose por dentro de ella, tratando inútilmente de salir de allí. Lo único que estaba algo más decente era el water, pero aún así no iba a sentarme en él.
“Dominique, ¿te importa no estar en mi mente durante al menos un minuto?”- necesitaba privacidad.
Una risita llegó a mi mente nada mas hacer mi ruego “Por supuesto, chére”. Sentí como si una parte de mí se alejase, señal de que ya podía ocuparme de mi vejiga.
Cuando acabé no tiré de la cisterna para que creyesen que estaba todavía en ello y pensé en asomarme por la ventana. Sentí la presencia de Dominique otra vez en mi mente.
“No deberías de haber tratado de enojarlo. No quiero que te lastimen. En vez de acabar con ellos rápidamente, me enojaría lo suficiente para que le demos una sesión mortuoria”
“¿Cómo que le demos?”- pregunté mientras me acercaba hasta la ventana e ignorando su reprimenda.
“Nosotros somos una familia, por eso hemos conseguido sobrevivir en el tiempo. Antoine, Maximilien, Jean Luc y otros cuantos más de los que no tuve tiempo de presentarte vienen conmigo para rescatarte y ocuparnos del problema”.
Estaba sorprendida de tanta atención para salvarme.
“Mi amor, no es solo por ti, también es por nosotros. Debemos acabar con todo lo que amenace nuestra existencia. Cuando te hayas convertido en uno de los nuestros lo entenderás mejor”
“Todavía no me he planteado lo de convertirme, piensa que recién me enteré de que los vampiros existen. Ni siquiera sabía que mi madre había cambiado”
Dominique se quedó callado por unos largos segundos. Luego me aventó secamente a que me asomase de una vez por la ventana. Creo que no le gustó que tuviera que pensarme lo de ser convertida.
La ventana era bastante pequeña, ni modo que yo podría coger por allí, por no hablar de la reja cruzada que tenía en ella y que la hacía ser más pequeña todavía. Bajo la ventana había una pequeña banqueta. Me tuve que reír en tanto hacía una reflexión.
“Si de verdad tanto temen que me escape, no deberían de dejar objetos como este que pueden servir para alcanzar la ventana más fácilmente, aunque de todos modos no quepa”
Dominique no dijo nada, debía de estar todavía enfadado. Alcancé el bordillo y conseguí asomarme. Fuera frente a mí estaba el mar. Las olas rompían en la ensenada provocando un baño de espuma remolinante en una zona rocosa. Me asusté un poco cuando me fijé que bajo la ventana se distinguían las coronillas de los tres guardias que esperaban por si escapaba. Ahogué el grito que iba a dar por el susto para no ser descubierta y seguí con mi cometido. Giré la cabeza hacia la parte rocosa de la derecha y alcancé a ver un viejo faro bastante demacrado, con puertas y ventanas en color malva medio caídas. Una rareza.
Escuché pasos acercándose y me apresuré para bajar de la banqueta y tirar de la cisterna como si acabase de terminar allí.
-No te quejes que al final te he dejado cinco minutos. Volvamos.
“Kat, el faro que has visto me suena bastante, pero no consigo ubicarlo. Le preguntaré a Antoine y le mostraré la imagen para que me indique donde está. Seguro que él se acuerda”
“¿Tu crees que has estado por aquí?”, atisbé que ya estaba caminando al lado de la habitación del hombre del mapa.
“Creo que si, piensa que en mi larga existencia he tenido mucho tiempo de viajar por el mundo”.
-¡Idiotas! ¡Está comunicándose con ellos! ¡Drogadla ahora mismo!
Me giré para ver al jefe gritando a los hombres. Tan concentrada había estado en hablar con Dominique que no me había percatado de que el jefe me estaba preguntando algo e incluso había insistido un par de veces.
El jefe se acercó a mi en tanto sentía un pinchazo en mi cuello desde atrás y sacó una navaja.- Tengo una idea mejor para ti, estúpida- dijo mientras me cogía las muñecas y me daba un par de cortes verticales muy profundos en ellas- Diles que les estoy esperando. Si tardan mucho morirás desangrada.
Dominique me estaba gritando que iban a por mí, que ya sabían donde estaba y que tratara de no dormirme, pero era inútil, la droga ya estaba haciéndome efecto. Tuve una pequeña percepción del rostro del jefe mientras me sonreía diabólicamente y sus ojos me resultaron muy familiares.
“¡Dominique, socorro! ¡Me estoy durmiendo!”
sábado, 17 de abril de 2010
Le Theatre des Vampires Capitulo 20
Capitulo 20
Cuando desperté estaba todo bastante oscuro, una minima luz entraba por la rendija de una puerta a unos siete pasos de mí. Me levanté tambaleándome medio mareada, debían de haberme drogado con un dardo o algo así. Al mover un poco las piernas escuché un suave tintineo de cadenas y tenía algo pesado sujetándome un tobillo. ¡Demonios, estoy atada!-pensé mientras me entraba el pánico.
Traté de respirar despacio para intentar calmarme. No me acordaba de cómo había llegado allí. Puse mis manos sobre las sienes tratando de aliviar el intenso dolor de cabeza y el mareo. Después de unos momentos me toqué en la nuca, otro lugar donde me dolía bastante y noté algo seco entre mi cabello y el cuero cabelludo, llegué a la conclusión de que tenía que ser sangre seca de una pequeña herida causada al caer desplomada al suelo. Poco a poco fui recordando lo que hice la pasada noche, o por lo menos quería creer que sólo habían pasado unas horas. ¿Quiénes me habían secuestrado serían los mismos de los que me hablaba Dominique? Otra vez el pánico amenazaba con apoderarse de mí y tuve que hacer grandísimos esfuerzos para no gritar pidiendo ayuda.
Sentí el cerrojo deslizándose en la puerta y me agaché para acurrucarme haciéndome una bola como si siguiese dormida, dejando mis parpados caer al instante. Sentí unos pasos acercándoseme tras el clic de un interruptor que iluminó la habitación.
-¡Tú, despierta, aquí tienes el desayuno!- dijo mientras me daba una patada en el tobillo para despertarme- Sé que estás despierta, sentí el ruido de la cadena al moverte.
Para qué fingir. Abrí los ojos lentamente para acostumbrarme a la intensidad de la luz y vislumbré unos enormes zapatos negros. Fui elevando la mirada hasta ver el rostro de mi secuestrador. Era un hombre fornido, de anchos hombros, cubierto con un chaleco lleno de cosas atadas en él: un par de crucifijos de plata, varios tubos llenos de un líquido transparente, estacas de madera, una maza, una biblia y un revólver. Estaba claro, era un fanático de esos que creen en las macabras historias de vampiros que estaban escritas en los libros. Yo no conocía bien todas las cosas sobre eso, pero por lo poco que me llegó a explicar Dominique, creo que no funcionaría nada de lo que llevaba colgado en el chaleco, salvo las estacas. Me miraba con ojos de loco poseído y una sonrisa diabólica. Tenía los dientes amarillos, manchados seguramente por estar masticando o fumando tabaco durante mucho tiempo y un pelo entrecano muy enmarañado, mostrando la poca higiene que hacia de sí mismo.
-Siéntate a comer, necesito que te mantengas viva hasta que vengan a buscarte. Llevas dormida dos días enteros.
Mis ojos se desorbitaron. Dos días era mucho tiempo, podían haberme llevado muy lejos de mi casa. Llegué a la conclusión de que debía de hacerle caso hasta que encontrase la manera de escapar.
-¿Dónde estoy?- pregunté mientras me acomodaba en una austera silla junto a una mesa donde había puesto la bandeja con comida.
-No puedo decirte nada, son órdenes del jefe. Cuando él lo crea conveniente, te lo dirá. Todavía no ha llegado. Ahora come.
Se giró para ir hasta la puerta y marcharse. Por lo menos me había dejado la luz encendida y podía ver toda la habitación. Era un cuarto pequeño, sin ventanas. La pared estaba hecha de gruesas piedras. No había nada más que la mesa y la silla donde ahora me encontraba y un pequeño camastro al otro lado de donde yo había estado tirada en el suelo. Por lo menos me podían haber puesto en la cama mientras estaba inconsciente.
Miré la bandeja. Una jarra de agua, un vaso de leche fría, un trozo de pan, dos de tocino y un par de manzanas. Mi estómago rugió de hambre y me lo comí todo en un parpadeo. Dos días es mucho tiempo sin comer. Fui al camastro para tumbarme, la cabeza aún me dolía un poco y mi espalda estaba magullada por haber estado tirada en el suelo. No era muy confortable, pero por lo menos era algo menos duro que el suelo.
Después de unos cinco minutos entró el mismo hombre otra vez. Me incorporé dispuesta a hacerle preguntas otra vez. Él cogió la bandeja mirando satisfecho que me lo había comido todo. Solo me dejó la jarra con el agua.
-Me alegro de que te hayas comido todo, ahora duérmete.
-¿Cómo que me d…?
No terminé la frase. Mis ojos se iban cerrando otra vez, los párpados me pesaban mucho. Seguramente me habían echado algún somnífero. Solo atiné a escuchar a varios hombres al otro lado de la puerta cuando él salió antes de caer en un profundo sueño.
Me encontré en la habitación de Dominique. Él estaba tumbado en su cama. Pero se levantó de un salto en cuanto me vio aparecer.
-Kat, ¡por fin!- me abrazó fuertemente mientras me besaba. Luego me examinó de arriba abajo.- ¿Te han hecho daño? ¿Dónde te tienen?
Yo miré a todos los lados- ¿Es que no estoy soñando?
-Mon amour, si lo estás. He conseguido contactar contigo por medio de tus sueños. Llevo casi dos días tratando de localizarte, pero creo que has estado drogada y por eso no podía llegar a tu mente.
-Pues me han vuelto a drogar. Me han traído el desayuno y creo que me han echado un somnífero en la leche.
-Me lo he imaginado. Estaba concentrado tratando de localizarte. He sentido tu presencia muy débilmente por un rato. Tienes que estar bastante lejos para que yo no pueda llegar bien a ti. Cuando por fin he conseguido alcanzarte he tenido que hacer un gran esfuerzo para que no cayeses en el sueño producido por la droga. Si no, no podrías estar aquí.
De repente me acordé de que aquella noche escuché dos disparos- ¿Te hirieron a ti?
- Si. Estaba distraído porque estábamos juntos y no noté la presencia de nadie alrededor. Seguramente estarían en la dirección del viento para que no pudiera olerlos. Me dispararon con una bala de plata que me dejó paralizado en poco tiempo. Me extrañó que no me cogiesen pero pensé que quizás querían dejarme como aviso para mi familia. Antoine y Jean Luc salieron a buscarnos después de unas horas, extrañados de que no volviéramos y me encontraron a través del poco hilo de conciencia que me quedaba. Nada más extraerme la bala y curarme me puse a buscarte.
Me cogió en brazos y me depositó en la cama para que pudiese sentarme más cómoda a su lado.
-Kat, necesito que hagas un esfuerzo por tratar de imaginarte quien son tus captores para que pueda verlos. No sé cuanto podré retrasar que entres en el sueño del somnífero.
-Sólo he visto a uno, el que me llevó el desayuno.
Traté de recordarlo minuciosamente. Para cuando la imagen estaba totalmente en mi mente el hombre apareció en la puerta del dormitorio. Me asusté y pegué un brinco a los brazos de Dominique. Él se rió suavemente mientras trataba de calmarme.
-Tranquila, solo es la imagen que tu mente ha desarrollado cuando has pensado en él.
Efectivamente el hombre no se movía, parecía una estatua. Dominique se acercó a examinarlo, frunciendo el ceño.
-No lo reconozco. ¿Este es el jefe? Estoy seguro que esto no puede haberlo hecho una persona sola.
-No. Me dijo que su jefe todavía no había llegado. Cuando nos dispararon, recuerdo sentir una voz de mujer que me resultó muy familiar, pero puede que sea solo una mala pasada de mi imaginación cuando iba cayendo desplomada. De todos modos no consigo ubicar la voz con nadie.
La imagen de la habitación de Dominique y él mismo empezó a volverse un poco borrosa.
-Kat, escúchame rápidamente. Estoy empezando a perderte y no tardarás mucho en entrar en un sueño más profundo donde no podré alcanzarte. Trata de ver a todos tus captores para que cuando podamos conectar los vea. Estamos tratando de aparentar normalidad y tu madre ha llamado al colegio avisando de que has ido a ver a tu padre que está enfermo y tardarás unos días en volver.
-No había otro que escoger nada más que mi padre. Mamá sabe cuanto lo odio.
-¡Céntrate, por favor! Eso no es importante.- Ya se estaba volviendo más borroso.- En cuanto estés despierta llámame mentalmente para que te pueda localizar mejor. No te asustes si me sientes en tu cabeza.
-No te preocupes, lo haré.
-Y Kat…
-¿Qué?- la imagen era ya solo una mancha.
-Te quiero.
Cuando desperté estaba todo bastante oscuro, una minima luz entraba por la rendija de una puerta a unos siete pasos de mí. Me levanté tambaleándome medio mareada, debían de haberme drogado con un dardo o algo así. Al mover un poco las piernas escuché un suave tintineo de cadenas y tenía algo pesado sujetándome un tobillo. ¡Demonios, estoy atada!-pensé mientras me entraba el pánico.
Traté de respirar despacio para intentar calmarme. No me acordaba de cómo había llegado allí. Puse mis manos sobre las sienes tratando de aliviar el intenso dolor de cabeza y el mareo. Después de unos momentos me toqué en la nuca, otro lugar donde me dolía bastante y noté algo seco entre mi cabello y el cuero cabelludo, llegué a la conclusión de que tenía que ser sangre seca de una pequeña herida causada al caer desplomada al suelo. Poco a poco fui recordando lo que hice la pasada noche, o por lo menos quería creer que sólo habían pasado unas horas. ¿Quiénes me habían secuestrado serían los mismos de los que me hablaba Dominique? Otra vez el pánico amenazaba con apoderarse de mí y tuve que hacer grandísimos esfuerzos para no gritar pidiendo ayuda.
Sentí el cerrojo deslizándose en la puerta y me agaché para acurrucarme haciéndome una bola como si siguiese dormida, dejando mis parpados caer al instante. Sentí unos pasos acercándoseme tras el clic de un interruptor que iluminó la habitación.
-¡Tú, despierta, aquí tienes el desayuno!- dijo mientras me daba una patada en el tobillo para despertarme- Sé que estás despierta, sentí el ruido de la cadena al moverte.
Para qué fingir. Abrí los ojos lentamente para acostumbrarme a la intensidad de la luz y vislumbré unos enormes zapatos negros. Fui elevando la mirada hasta ver el rostro de mi secuestrador. Era un hombre fornido, de anchos hombros, cubierto con un chaleco lleno de cosas atadas en él: un par de crucifijos de plata, varios tubos llenos de un líquido transparente, estacas de madera, una maza, una biblia y un revólver. Estaba claro, era un fanático de esos que creen en las macabras historias de vampiros que estaban escritas en los libros. Yo no conocía bien todas las cosas sobre eso, pero por lo poco que me llegó a explicar Dominique, creo que no funcionaría nada de lo que llevaba colgado en el chaleco, salvo las estacas. Me miraba con ojos de loco poseído y una sonrisa diabólica. Tenía los dientes amarillos, manchados seguramente por estar masticando o fumando tabaco durante mucho tiempo y un pelo entrecano muy enmarañado, mostrando la poca higiene que hacia de sí mismo.
-Siéntate a comer, necesito que te mantengas viva hasta que vengan a buscarte. Llevas dormida dos días enteros.
Mis ojos se desorbitaron. Dos días era mucho tiempo, podían haberme llevado muy lejos de mi casa. Llegué a la conclusión de que debía de hacerle caso hasta que encontrase la manera de escapar.
-¿Dónde estoy?- pregunté mientras me acomodaba en una austera silla junto a una mesa donde había puesto la bandeja con comida.
-No puedo decirte nada, son órdenes del jefe. Cuando él lo crea conveniente, te lo dirá. Todavía no ha llegado. Ahora come.
Se giró para ir hasta la puerta y marcharse. Por lo menos me había dejado la luz encendida y podía ver toda la habitación. Era un cuarto pequeño, sin ventanas. La pared estaba hecha de gruesas piedras. No había nada más que la mesa y la silla donde ahora me encontraba y un pequeño camastro al otro lado de donde yo había estado tirada en el suelo. Por lo menos me podían haber puesto en la cama mientras estaba inconsciente.
Miré la bandeja. Una jarra de agua, un vaso de leche fría, un trozo de pan, dos de tocino y un par de manzanas. Mi estómago rugió de hambre y me lo comí todo en un parpadeo. Dos días es mucho tiempo sin comer. Fui al camastro para tumbarme, la cabeza aún me dolía un poco y mi espalda estaba magullada por haber estado tirada en el suelo. No era muy confortable, pero por lo menos era algo menos duro que el suelo.
Después de unos cinco minutos entró el mismo hombre otra vez. Me incorporé dispuesta a hacerle preguntas otra vez. Él cogió la bandeja mirando satisfecho que me lo había comido todo. Solo me dejó la jarra con el agua.
-Me alegro de que te hayas comido todo, ahora duérmete.
-¿Cómo que me d…?
No terminé la frase. Mis ojos se iban cerrando otra vez, los párpados me pesaban mucho. Seguramente me habían echado algún somnífero. Solo atiné a escuchar a varios hombres al otro lado de la puerta cuando él salió antes de caer en un profundo sueño.
Me encontré en la habitación de Dominique. Él estaba tumbado en su cama. Pero se levantó de un salto en cuanto me vio aparecer.
-Kat, ¡por fin!- me abrazó fuertemente mientras me besaba. Luego me examinó de arriba abajo.- ¿Te han hecho daño? ¿Dónde te tienen?
Yo miré a todos los lados- ¿Es que no estoy soñando?
-Mon amour, si lo estás. He conseguido contactar contigo por medio de tus sueños. Llevo casi dos días tratando de localizarte, pero creo que has estado drogada y por eso no podía llegar a tu mente.
-Pues me han vuelto a drogar. Me han traído el desayuno y creo que me han echado un somnífero en la leche.
-Me lo he imaginado. Estaba concentrado tratando de localizarte. He sentido tu presencia muy débilmente por un rato. Tienes que estar bastante lejos para que yo no pueda llegar bien a ti. Cuando por fin he conseguido alcanzarte he tenido que hacer un gran esfuerzo para que no cayeses en el sueño producido por la droga. Si no, no podrías estar aquí.
De repente me acordé de que aquella noche escuché dos disparos- ¿Te hirieron a ti?
- Si. Estaba distraído porque estábamos juntos y no noté la presencia de nadie alrededor. Seguramente estarían en la dirección del viento para que no pudiera olerlos. Me dispararon con una bala de plata que me dejó paralizado en poco tiempo. Me extrañó que no me cogiesen pero pensé que quizás querían dejarme como aviso para mi familia. Antoine y Jean Luc salieron a buscarnos después de unas horas, extrañados de que no volviéramos y me encontraron a través del poco hilo de conciencia que me quedaba. Nada más extraerme la bala y curarme me puse a buscarte.
Me cogió en brazos y me depositó en la cama para que pudiese sentarme más cómoda a su lado.
-Kat, necesito que hagas un esfuerzo por tratar de imaginarte quien son tus captores para que pueda verlos. No sé cuanto podré retrasar que entres en el sueño del somnífero.
-Sólo he visto a uno, el que me llevó el desayuno.
Traté de recordarlo minuciosamente. Para cuando la imagen estaba totalmente en mi mente el hombre apareció en la puerta del dormitorio. Me asusté y pegué un brinco a los brazos de Dominique. Él se rió suavemente mientras trataba de calmarme.
-Tranquila, solo es la imagen que tu mente ha desarrollado cuando has pensado en él.
Efectivamente el hombre no se movía, parecía una estatua. Dominique se acercó a examinarlo, frunciendo el ceño.
-No lo reconozco. ¿Este es el jefe? Estoy seguro que esto no puede haberlo hecho una persona sola.
-No. Me dijo que su jefe todavía no había llegado. Cuando nos dispararon, recuerdo sentir una voz de mujer que me resultó muy familiar, pero puede que sea solo una mala pasada de mi imaginación cuando iba cayendo desplomada. De todos modos no consigo ubicar la voz con nadie.
La imagen de la habitación de Dominique y él mismo empezó a volverse un poco borrosa.
-Kat, escúchame rápidamente. Estoy empezando a perderte y no tardarás mucho en entrar en un sueño más profundo donde no podré alcanzarte. Trata de ver a todos tus captores para que cuando podamos conectar los vea. Estamos tratando de aparentar normalidad y tu madre ha llamado al colegio avisando de que has ido a ver a tu padre que está enfermo y tardarás unos días en volver.
-No había otro que escoger nada más que mi padre. Mamá sabe cuanto lo odio.
-¡Céntrate, por favor! Eso no es importante.- Ya se estaba volviendo más borroso.- En cuanto estés despierta llámame mentalmente para que te pueda localizar mejor. No te asustes si me sientes en tu cabeza.
-No te preocupes, lo haré.
-Y Kat…
-¿Qué?- la imagen era ya solo una mancha.
-Te quiero.
viernes, 16 de abril de 2010
Le Theatre des Vampires Capitulo 19
Capitulo 19
Me llevó a una zona apartada de la ciudad, una que yo no había visitado nunca. Las calles estaban muy descuidadas, con múltiples destrozos en toda su extensión adoquinada. Parecía un barrio antiguo, con casas de planta baja con tejados a medio caer, fachadas con la pintura desprendida en grandes trozos y puertas y ventanas en madera cuarteada. Miré hacia arriba para ver que nos estábamos acercando a las ruinas de lo que parecía un puesto de vigilancia de la época medieval.
Recordé que, cuando conocí a Tara, una vez me estuvo comentando sobre que la ciudad había sido famosa por haber servido de puesto fronterizo en una batalla importante, allá por el siglo XIV, y que la única zona histórica que quedaba como prueba de ello estaba casi derrumbada. Los vecinos de la ciudad habían pedido constantemente que fuese restaurada, pues seria muy importante para traer prosperidad en la ciudad a base de turistas interesados en la cultura de la época. Pero el alcalde hacia caso omiso, decía que era un derroche de dinero importantísimo y que las arcas públicas no estaban boyantes para hacerse cargo de una deuda de tal magnitud.
Dominique aparcó el coche en la mismísima entrada de las ruinas y se apresuró a abrirme la puerta. Yo estaba algo “mosca” por que me hubiera llevado a una zona tan solitaria.
-¿Por qué me has traído aquí?- pregunté inquieta.
-Si te estás cuestionando si este sitio tan solitario al que te he traído es para morderte y convertirte, te equivocas.- levantó cuatro dedos, que fue bajando uno a uno conforme me explicaba- Punto numero uno, no es mi idea de romanticismo para realizar una conversión. Punto número dos, para poder convertirte, tendrías que darme tu consentimiento, si no, podría conseguir que murieses. Punto numero tres, necesito que me entiendas antes de cambiarte. Punto número cuatro, este sitio es al que voy cuando necesito tranquilidad y es el único en el que estoy seguro de que no vendrá mi familia para entrometerse. Ahora, si ya estas mas tranquila, ven conmigo. Te llevaré justo al sitio que me hizo que me gustara este lugar.
Le di la mano a Dominique para dejarle que me condujese dentro de las ruinas. Seguí todas sus indicaciones para no tropezarme o caer por algún hueco en la madera podrida del suelo y por los escalones que llevaban hasta la parte más alta de la torre de vigilancia. Cuando llegamos a la parte más alta me quedé boquiabierta, jadeando por la cantidad de escalones que habíamos subido. Desde allí podía contemplarse toda la ciudad por completo. Era impresionante, con inmensa cantidad de luces de diferentes colores que sobresalían en lo que adiviné seria la zona comercial o la zona de pubs.
Quise apoyarme en la barandilla de madera para poder elevarme un poco más y lograr discernir cada parte de la ciudad, pero Dominique me atrajo hacia dentro de un tirón.
-Procura no tocar la barandilla de madera, está podrida y podrías caer de una altura igual a cinco pisos.
Todavía no había recuperado el aliento por completo y mi corazón, que ya había comenzado a tomar un pulso casi normal, se aceleró de nuevo cuando tímidamente me asomé para comprobar la altura y que no me había mentido.
-Todavía estoy exhausta. ¿Es mentira eso de que los vampiros podéis volar o convertiros en animales?
-Yo no lo llamaría volar, si no más bien levitar. Algunos lo hacen más rápido que otros. Con respecto a si nos transformamos, es mentira. Cuentos que van cambiando conforme la historia los reinventa.
-¡Demonios, Dominique! Podías haberme cogido en brazos y levitar o como sea que lo llames y nos hubiésemos ahorrado un esfuerzo tan grande al subir.
-Discúlpame. No quería preguntarte si querías por si todavía recelabas de mí. Si quieres, cuando bajemos lo hago. Ven siéntate aquí conmigo.
Dominique se sentó con la espalda pegada a la pared y me dejé caer en sus piernas, sentándome sobre él. A estas alturas, si hubiese querido morderme, ya lo habría hecho. Se limitó a recogerme entre sus brazos y a inhalar el perfume que llevaba puesto durante unos momentos.
-Kat, el motivo por el que todos quieren que te lo explique es porque, aunque tratamos de no dañar a nadie y de pasar desapercibidos, estamos siendo perseguidos, nosotros y todos aquellos que todavía no estén convertidos. El simple hecho de llevar nuestros genes en su sangre los hace un blanco apetecible.
-¿Quieres decir que Van Helsing de verdad existe?
-El Van Helsing de los libros no, pero es parecido. Hay una familia dedicada a buscarnos y exterminarnos desde tiempos remotos. Ese fue el motivo de nuestro traslado aquí, tratar de evitarlos. Tenemos indicios de que están cerca de nosotros y tu llevas sangre de uno de nuestros clanes, por lo que eres un objetivo potencial. Desde que llegamos hace ya algo más de un año ha desaparecido uno de nuestros compañeros.
-¡Pero si tu has llegado nuevo este año al instituto!- dije mirándole con ojos muy abiertos- Supuestamente dijiste que recién habíais llegado.
-Y es verdad. Recién llegamos a esta ciudad. Veronique y Antoine son los que llevan el mando en nuestra familia. Antes permanecíamos escondidos en otra ciudad, en otro estado, a unos doscientos kilómetros de ésta. Fue cuando René desapareció y ellos decidieron que no podíamos seguir así. Llegaron a la conclusión de que, si queríamos pasar desapercibidos, era mejor mostrar lo que somos. ¿Quién va a fijarse en unos actores que hacen de vampiros ahora que estamos de moda con tanta película o serie que se ha hecho famosa? Todos creen que aprovechamos el momento. Procuramos que no se vea cuando de verdad tomamos sangre, la gente cree que es todo mentira.
Estaba empezando a comprender el peligro que tanto me anunciaban. Si alguien descubría que uno de mis antepasados era vampiro podrían querer matarme.
-Bueno, ya que voy a tener que ser convertida- eso hizo sonreír de alegría a Dominique- o tendré que vivir con vosotros,- eso le gustó menos- quizás podrías decirme cosas vuestras. Por ejemplo qué hay de verdad en lo de las estacas.
-¿No crees tú que si a cualquier persona le clavan una estaca en el corazón puede morir? Por supuesto que nosotros también. Lo único es que solemos recuperarnos más rápido que los humanos cuando nos herimos. La manera más segura de matarnos usando una estaca es que ésta esté hecha de madera de cedro. Ese material tiene tendencia a absorber la humedad y nos seca el corazón rápidamente, por lo que no podemos quitarla y regenerarnos.
-¿Y la plata?
-La uso sin problemas. Solo es peligrosa si nos toca en alguna herida abierta, nos paraliza. Pero como ya te dije, las heridas no duran mucho en nuestros cuerpos, así que no me preocupa.
-Me dijiste que tenéis problemas con el sol, pero yo te he visto de día andando por la calle.
-Te dije que Antoine es un loco de la química. Creó un protector solar mil veces mejor que los que se usan para ir a la playa.
-¿Y el ajo?
-Unos huevos fritos con ajos me encantan. Los tomo en el desayuno siempre que puedo. No me gustan revueltos.
Me abracé un poco más a él. Quería tocarlo para comprobar que era de verdad y no estaba soñando.
-Dominique, ¿por qué no me lo dijiste antes?
-Cuando te conocí vi el destello a tu alrededor y me sorprendió. Yo te había visto entrando en el instituto con Tara y me gustaste nada más verte. Cuando le comenté a Antoine de que había posibilidades de que fueses una de los nuestros, me mandó protegerte y explicarte, pero cada día me iba enamorando más de ti y temía que me rechazases por lo que soy. Para colmo, cuando llegó Maximilien aquí tuviste un encontronazo con él y tuve que borrar esa parte de tu memoria para que no te asustases.
Como si algo se hubiese despertado en mí el recuerdo de lo que pasó esa noche volvió a mi consciencia y me sobresalté señalándolo con un dedo acusador- ¡Me mordiste! ¡Ahora lo recuerdo!
-No me quedó más remedio, tenía que poder localizarte en cualquier momento. Maximilien te reconoció como familiar sin protección y quiso marcarte para poder seguirte por si alguna vez necesitabas de ayuda. Lo malo es que lo hizo de manera abrupta, según nuestro código tendría castigo. Yo no lo he delatado, tuve una conversación después con él y lo ha comprendido.
No quise preguntar nada más. Nos quedamos un rato besándonos hasta que comenzó a amanecer. Bajamos levitando hasta la entrada de las ruinas y al salir solo recuerdo algo como un par de disparos, Dominique cayendo al suelo y yo sintiendo un profundo sueño.
-Papá, ven. He descubierto a un de ellos con una candidata.
Me llevó a una zona apartada de la ciudad, una que yo no había visitado nunca. Las calles estaban muy descuidadas, con múltiples destrozos en toda su extensión adoquinada. Parecía un barrio antiguo, con casas de planta baja con tejados a medio caer, fachadas con la pintura desprendida en grandes trozos y puertas y ventanas en madera cuarteada. Miré hacia arriba para ver que nos estábamos acercando a las ruinas de lo que parecía un puesto de vigilancia de la época medieval.
Recordé que, cuando conocí a Tara, una vez me estuvo comentando sobre que la ciudad había sido famosa por haber servido de puesto fronterizo en una batalla importante, allá por el siglo XIV, y que la única zona histórica que quedaba como prueba de ello estaba casi derrumbada. Los vecinos de la ciudad habían pedido constantemente que fuese restaurada, pues seria muy importante para traer prosperidad en la ciudad a base de turistas interesados en la cultura de la época. Pero el alcalde hacia caso omiso, decía que era un derroche de dinero importantísimo y que las arcas públicas no estaban boyantes para hacerse cargo de una deuda de tal magnitud.
Dominique aparcó el coche en la mismísima entrada de las ruinas y se apresuró a abrirme la puerta. Yo estaba algo “mosca” por que me hubiera llevado a una zona tan solitaria.
-¿Por qué me has traído aquí?- pregunté inquieta.
-Si te estás cuestionando si este sitio tan solitario al que te he traído es para morderte y convertirte, te equivocas.- levantó cuatro dedos, que fue bajando uno a uno conforme me explicaba- Punto numero uno, no es mi idea de romanticismo para realizar una conversión. Punto número dos, para poder convertirte, tendrías que darme tu consentimiento, si no, podría conseguir que murieses. Punto numero tres, necesito que me entiendas antes de cambiarte. Punto número cuatro, este sitio es al que voy cuando necesito tranquilidad y es el único en el que estoy seguro de que no vendrá mi familia para entrometerse. Ahora, si ya estas mas tranquila, ven conmigo. Te llevaré justo al sitio que me hizo que me gustara este lugar.
Le di la mano a Dominique para dejarle que me condujese dentro de las ruinas. Seguí todas sus indicaciones para no tropezarme o caer por algún hueco en la madera podrida del suelo y por los escalones que llevaban hasta la parte más alta de la torre de vigilancia. Cuando llegamos a la parte más alta me quedé boquiabierta, jadeando por la cantidad de escalones que habíamos subido. Desde allí podía contemplarse toda la ciudad por completo. Era impresionante, con inmensa cantidad de luces de diferentes colores que sobresalían en lo que adiviné seria la zona comercial o la zona de pubs.
Quise apoyarme en la barandilla de madera para poder elevarme un poco más y lograr discernir cada parte de la ciudad, pero Dominique me atrajo hacia dentro de un tirón.
-Procura no tocar la barandilla de madera, está podrida y podrías caer de una altura igual a cinco pisos.
Todavía no había recuperado el aliento por completo y mi corazón, que ya había comenzado a tomar un pulso casi normal, se aceleró de nuevo cuando tímidamente me asomé para comprobar la altura y que no me había mentido.
-Todavía estoy exhausta. ¿Es mentira eso de que los vampiros podéis volar o convertiros en animales?
-Yo no lo llamaría volar, si no más bien levitar. Algunos lo hacen más rápido que otros. Con respecto a si nos transformamos, es mentira. Cuentos que van cambiando conforme la historia los reinventa.
-¡Demonios, Dominique! Podías haberme cogido en brazos y levitar o como sea que lo llames y nos hubiésemos ahorrado un esfuerzo tan grande al subir.
-Discúlpame. No quería preguntarte si querías por si todavía recelabas de mí. Si quieres, cuando bajemos lo hago. Ven siéntate aquí conmigo.
Dominique se sentó con la espalda pegada a la pared y me dejé caer en sus piernas, sentándome sobre él. A estas alturas, si hubiese querido morderme, ya lo habría hecho. Se limitó a recogerme entre sus brazos y a inhalar el perfume que llevaba puesto durante unos momentos.
-Kat, el motivo por el que todos quieren que te lo explique es porque, aunque tratamos de no dañar a nadie y de pasar desapercibidos, estamos siendo perseguidos, nosotros y todos aquellos que todavía no estén convertidos. El simple hecho de llevar nuestros genes en su sangre los hace un blanco apetecible.
-¿Quieres decir que Van Helsing de verdad existe?
-El Van Helsing de los libros no, pero es parecido. Hay una familia dedicada a buscarnos y exterminarnos desde tiempos remotos. Ese fue el motivo de nuestro traslado aquí, tratar de evitarlos. Tenemos indicios de que están cerca de nosotros y tu llevas sangre de uno de nuestros clanes, por lo que eres un objetivo potencial. Desde que llegamos hace ya algo más de un año ha desaparecido uno de nuestros compañeros.
-¡Pero si tu has llegado nuevo este año al instituto!- dije mirándole con ojos muy abiertos- Supuestamente dijiste que recién habíais llegado.
-Y es verdad. Recién llegamos a esta ciudad. Veronique y Antoine son los que llevan el mando en nuestra familia. Antes permanecíamos escondidos en otra ciudad, en otro estado, a unos doscientos kilómetros de ésta. Fue cuando René desapareció y ellos decidieron que no podíamos seguir así. Llegaron a la conclusión de que, si queríamos pasar desapercibidos, era mejor mostrar lo que somos. ¿Quién va a fijarse en unos actores que hacen de vampiros ahora que estamos de moda con tanta película o serie que se ha hecho famosa? Todos creen que aprovechamos el momento. Procuramos que no se vea cuando de verdad tomamos sangre, la gente cree que es todo mentira.
Estaba empezando a comprender el peligro que tanto me anunciaban. Si alguien descubría que uno de mis antepasados era vampiro podrían querer matarme.
-Bueno, ya que voy a tener que ser convertida- eso hizo sonreír de alegría a Dominique- o tendré que vivir con vosotros,- eso le gustó menos- quizás podrías decirme cosas vuestras. Por ejemplo qué hay de verdad en lo de las estacas.
-¿No crees tú que si a cualquier persona le clavan una estaca en el corazón puede morir? Por supuesto que nosotros también. Lo único es que solemos recuperarnos más rápido que los humanos cuando nos herimos. La manera más segura de matarnos usando una estaca es que ésta esté hecha de madera de cedro. Ese material tiene tendencia a absorber la humedad y nos seca el corazón rápidamente, por lo que no podemos quitarla y regenerarnos.
-¿Y la plata?
-La uso sin problemas. Solo es peligrosa si nos toca en alguna herida abierta, nos paraliza. Pero como ya te dije, las heridas no duran mucho en nuestros cuerpos, así que no me preocupa.
-Me dijiste que tenéis problemas con el sol, pero yo te he visto de día andando por la calle.
-Te dije que Antoine es un loco de la química. Creó un protector solar mil veces mejor que los que se usan para ir a la playa.
-¿Y el ajo?
-Unos huevos fritos con ajos me encantan. Los tomo en el desayuno siempre que puedo. No me gustan revueltos.
Me abracé un poco más a él. Quería tocarlo para comprobar que era de verdad y no estaba soñando.
-Dominique, ¿por qué no me lo dijiste antes?
-Cuando te conocí vi el destello a tu alrededor y me sorprendió. Yo te había visto entrando en el instituto con Tara y me gustaste nada más verte. Cuando le comenté a Antoine de que había posibilidades de que fueses una de los nuestros, me mandó protegerte y explicarte, pero cada día me iba enamorando más de ti y temía que me rechazases por lo que soy. Para colmo, cuando llegó Maximilien aquí tuviste un encontronazo con él y tuve que borrar esa parte de tu memoria para que no te asustases.
Como si algo se hubiese despertado en mí el recuerdo de lo que pasó esa noche volvió a mi consciencia y me sobresalté señalándolo con un dedo acusador- ¡Me mordiste! ¡Ahora lo recuerdo!
-No me quedó más remedio, tenía que poder localizarte en cualquier momento. Maximilien te reconoció como familiar sin protección y quiso marcarte para poder seguirte por si alguna vez necesitabas de ayuda. Lo malo es que lo hizo de manera abrupta, según nuestro código tendría castigo. Yo no lo he delatado, tuve una conversación después con él y lo ha comprendido.
No quise preguntar nada más. Nos quedamos un rato besándonos hasta que comenzó a amanecer. Bajamos levitando hasta la entrada de las ruinas y al salir solo recuerdo algo como un par de disparos, Dominique cayendo al suelo y yo sintiendo un profundo sueño.
-Papá, ven. He descubierto a un de ellos con una candidata.
jueves, 15 de abril de 2010
Le Theatre des Vampires capítulo 18
Capitulo 18
Mamá lucía esplendorosamente bien. Aunque seguía aparentando ser una mujer llegada a la madurez, las pequeñas arrugas que bordeaban su rostro se habían afinado tanto que casi pasaban desapercibidas por completo. Tenías que saber que las ha tenido y estar fijándote un buen rato para notarlas. Sus labios estaban más carnosos y su tez más pálida.
-Katherine, me alegro de que por fin lo entiendas. Esto es maravilloso, no puedo encontrar las palabras correctas para describírtelo, tienes que sentirlo por ti misma para entenderlo.
-Mamá, ¿se puede saber que es lo que has hecho?- la situación me estaba llevando a actuar como si yo fuese la madre y ella la hija que ha hecho algo malo.
Mamá borró la sonrisa de sus labios. Miró hacia Antoine, estaba justo detrás de ella rodeándole la cintura con un brazo. – Antoine, creo que ella no se lo está tomando muy bien.
-Mon amour, dale tiempo de asimilarlo, recién supo de nosotros. Intenté explicarle en sueños para que fuese aceptándonos, pero siempre ocurría algo que la hacia despertarse antes de que le pudiese decir todo.
-Espera Antoine…- dije mientras recopilaba los datos que estaba recibiendo. Di un par de pasos cavilando y lo miré con ojos muy abiertos- ¡Eras tú el que se metía en mis sueños! ¿Qué demonios hacías ahí metido? Los sueños son algo muy personal y te hiciste pasar por Dominique ¿Qué querías, lavarme el cerebro? ¡Eres un jodido cabrón que se aprovecha de mis sentimientos para querer manipularme!
Dominique se posicionó a mi lado. Estaba todavía sentado en el borde de la cama y en un parpadeo, estaba junto a mí. Lo miré cuando sentí una pequeña ráfaga de aire acariciándome el lado derecho de mi cara. Estaba furioso, por primera vez le vi enseñando colmillos y unos ojos rojos como brasas encendidas. Le siseó a Antoine muy bruscamente.
-¿Quién te ha dado permiso para hacer tal cosa? ¿Acaso me he entrometido yo en tu relación con Marion? Ten por seguro de que cuando venga el Consejo le comentaré lo que has hecho y te castigarán debidamente.
Aunque me imaginaba que tanta salida de mamá con Antoine significaba que se gustaban, no me cabía en la cabeza que hubiese estado manipulándola para convertirla en lo que él era. Mamá estaba con las lagrimas a punto de salirle de los ojos y miraba hacia Dominique buscando que no tratase de discutir.
-Dominique,- dijo Antoine acercándose un poco más con mamá- has estado posponiendo mucho tu deber de explicarle todo lo que está pasando. En mi opinión, lo has hecho al revés. Podías haber actuado según se te indicó y luego, enamorarte y enamorarla, o lo que sea que tengáis.
-Pues bien, si tanto querías que lo hiciese no teníais que haber venido hasta aquí. Trataba de explicarle sobre nosotros y sentí vuestra presencia tras la puerta. Tuve que detenerme en cuanto entrasteis sin ni siquiera llamar para poder hacerlo.
Dominique se giró hacia mí, ya no tenía esa fiera mirada roja que tanto me había impresionado y sus colmillos estaban retraídos. Volvía a ser el chico dulce y amable de siempre. El chico que tanto me había gustado.
-Kat, ven conmigo. Te llevaré a un sitio donde no podamos ser molestados y contestaré a todas tus preguntas, si las tienes. Necesito terminar de contarte lo que te estaba diciendo.
Sin más me cogió de la mano y me condujo fuera de su habitación, no sin antes dedicarle una mirada severa a Antoine para que nos dejase pasar. Cuando pasé por delante de mamá, ella levantó levemente la mano y me miraba acongojada, como si tratara de consolarme como cuando era pequeña y sufría por algo. Yo ni siquiera la miré, casi no reconocía esta nueva actitud de mi madre, ella nunca hubiese creído en que de verdad existieran los seres sobrenaturales.
Bajamos por la gran escalera sin decir nada hasta que llegamos a la primera planta. Tara, Roger y Jake estaban viendo una escena desde el umbral de una puerta. Paré a Dominique y le dije que quería decirles a Tara y los demás que me marchaba con él. Aunque mi corazón confiaba en él, mi cerebro me decía que tomase alguna precaución por si las cosas se torcían. Nos acercamos hasta ellos y le hablé a Tara al oído. Cuando levanté la cabeza para girarme de nuevo, vislumbré a Veronique. Estaba metida en su papel de marquesa de Montignac, dando órdenes a diestro y siniestro y tomando a un espectador para morderlo. Ella no tuvo reparos en cogerlo del cuello y exponerlo para un buen mordisco, no sin antes dedicarme una mirada y una sonrisa perversa. Estaba claro que con ella las cosas no iban a marchar muy bien, no me terminaba de gustar su arrogancia y su gran petulancia de mujer sabelotodo que hace y deshace a su antojo porque está de vuelta de todo.
Seguimos nuestro camino hasta la planta baja y Dominique sacó del guardarropa una gruesa capa negra con capucha para que me la pusiera al salir al fresco. Al pasar junto a Jean Luc en la salida se detuvo. Jean Luc estaba sujetándole levemente del brazo.
-Dominique, ¿Dónde vais? Ya casi es el momento de tu actuación. Ahora no podéis marchar.
-Luc, hazme el favor y ocupa mi lugar. Pídele a Gastón que te reemplace en la entrada. Tengo algo muy urgente que hacer.
Jean Luc se quedó mirándole unos instantes sin hablar. Luego de más o menos entender que algo pasaba, habló.
- Está bien, yo haré de sobrino del marques, pero me deberás una. Yo no lo represento tan bien como tú, y cuando en otro pase estés tú y empiecen los comentarios comparándonos, mi ego se va a sentir muy mal. Tendré que pensar en la forma en que me compensarás para que me recupere.
Dominique le sonrió asintiendo, prometiéndole que en cuanto pudiese trataría de volver y me llevó hasta su S5. Me abrió cortésmente la puerta y estaba yo terminando de arreglar la falda del disfraz al sentarme cuando al levantar la cabeza lo vi ya sentado en el lugar del conductor.
Solté un pequeño grito ahogado y me llevé la mano al corazón.- ¡Por Dios, Dominique! Vale ya que sepa que eres un vampiro, pero por favor, no trates de asustarme apareciendo de repente. Me va a dar un ataque al corazón.
-Lo siento. Simplemente es que me siento ya tan cómodo de poder moverme como normalmente hago cuando no estás, que ahora que puedo hacerlo ante ti me sale solo. Procuraré no repetirlo hasta que te hayas acostumbrado.
Estaba hasta las narices de que todo el mundo se metiera en mi vida y la pusiese patas arriba. No pude evitar decirle algo desagradable.- El que ya lo sepa no supone que lo tenga asimilado o que haya decidido que es tan guay que me voy a unir a vuestro clan así como así. Mi vida es una mierda desde que en casa empezaron los problemas y mi madre decidió que nos mudáramos, pero es mi vida y está bien tal como está.
Lo miré por el rabillo del ojo y me sentí culpable cuando su rostro cambió a uno de decepción. No dijo nada, arrancó el coche y salimos a velocidades extremas del aparcamiento.
Mamá lucía esplendorosamente bien. Aunque seguía aparentando ser una mujer llegada a la madurez, las pequeñas arrugas que bordeaban su rostro se habían afinado tanto que casi pasaban desapercibidas por completo. Tenías que saber que las ha tenido y estar fijándote un buen rato para notarlas. Sus labios estaban más carnosos y su tez más pálida.
-Katherine, me alegro de que por fin lo entiendas. Esto es maravilloso, no puedo encontrar las palabras correctas para describírtelo, tienes que sentirlo por ti misma para entenderlo.
-Mamá, ¿se puede saber que es lo que has hecho?- la situación me estaba llevando a actuar como si yo fuese la madre y ella la hija que ha hecho algo malo.
Mamá borró la sonrisa de sus labios. Miró hacia Antoine, estaba justo detrás de ella rodeándole la cintura con un brazo. – Antoine, creo que ella no se lo está tomando muy bien.
-Mon amour, dale tiempo de asimilarlo, recién supo de nosotros. Intenté explicarle en sueños para que fuese aceptándonos, pero siempre ocurría algo que la hacia despertarse antes de que le pudiese decir todo.
-Espera Antoine…- dije mientras recopilaba los datos que estaba recibiendo. Di un par de pasos cavilando y lo miré con ojos muy abiertos- ¡Eras tú el que se metía en mis sueños! ¿Qué demonios hacías ahí metido? Los sueños son algo muy personal y te hiciste pasar por Dominique ¿Qué querías, lavarme el cerebro? ¡Eres un jodido cabrón que se aprovecha de mis sentimientos para querer manipularme!
Dominique se posicionó a mi lado. Estaba todavía sentado en el borde de la cama y en un parpadeo, estaba junto a mí. Lo miré cuando sentí una pequeña ráfaga de aire acariciándome el lado derecho de mi cara. Estaba furioso, por primera vez le vi enseñando colmillos y unos ojos rojos como brasas encendidas. Le siseó a Antoine muy bruscamente.
-¿Quién te ha dado permiso para hacer tal cosa? ¿Acaso me he entrometido yo en tu relación con Marion? Ten por seguro de que cuando venga el Consejo le comentaré lo que has hecho y te castigarán debidamente.
Aunque me imaginaba que tanta salida de mamá con Antoine significaba que se gustaban, no me cabía en la cabeza que hubiese estado manipulándola para convertirla en lo que él era. Mamá estaba con las lagrimas a punto de salirle de los ojos y miraba hacia Dominique buscando que no tratase de discutir.
-Dominique,- dijo Antoine acercándose un poco más con mamá- has estado posponiendo mucho tu deber de explicarle todo lo que está pasando. En mi opinión, lo has hecho al revés. Podías haber actuado según se te indicó y luego, enamorarte y enamorarla, o lo que sea que tengáis.
-Pues bien, si tanto querías que lo hiciese no teníais que haber venido hasta aquí. Trataba de explicarle sobre nosotros y sentí vuestra presencia tras la puerta. Tuve que detenerme en cuanto entrasteis sin ni siquiera llamar para poder hacerlo.
Dominique se giró hacia mí, ya no tenía esa fiera mirada roja que tanto me había impresionado y sus colmillos estaban retraídos. Volvía a ser el chico dulce y amable de siempre. El chico que tanto me había gustado.
-Kat, ven conmigo. Te llevaré a un sitio donde no podamos ser molestados y contestaré a todas tus preguntas, si las tienes. Necesito terminar de contarte lo que te estaba diciendo.
Sin más me cogió de la mano y me condujo fuera de su habitación, no sin antes dedicarle una mirada severa a Antoine para que nos dejase pasar. Cuando pasé por delante de mamá, ella levantó levemente la mano y me miraba acongojada, como si tratara de consolarme como cuando era pequeña y sufría por algo. Yo ni siquiera la miré, casi no reconocía esta nueva actitud de mi madre, ella nunca hubiese creído en que de verdad existieran los seres sobrenaturales.
Bajamos por la gran escalera sin decir nada hasta que llegamos a la primera planta. Tara, Roger y Jake estaban viendo una escena desde el umbral de una puerta. Paré a Dominique y le dije que quería decirles a Tara y los demás que me marchaba con él. Aunque mi corazón confiaba en él, mi cerebro me decía que tomase alguna precaución por si las cosas se torcían. Nos acercamos hasta ellos y le hablé a Tara al oído. Cuando levanté la cabeza para girarme de nuevo, vislumbré a Veronique. Estaba metida en su papel de marquesa de Montignac, dando órdenes a diestro y siniestro y tomando a un espectador para morderlo. Ella no tuvo reparos en cogerlo del cuello y exponerlo para un buen mordisco, no sin antes dedicarme una mirada y una sonrisa perversa. Estaba claro que con ella las cosas no iban a marchar muy bien, no me terminaba de gustar su arrogancia y su gran petulancia de mujer sabelotodo que hace y deshace a su antojo porque está de vuelta de todo.
Seguimos nuestro camino hasta la planta baja y Dominique sacó del guardarropa una gruesa capa negra con capucha para que me la pusiera al salir al fresco. Al pasar junto a Jean Luc en la salida se detuvo. Jean Luc estaba sujetándole levemente del brazo.
-Dominique, ¿Dónde vais? Ya casi es el momento de tu actuación. Ahora no podéis marchar.
-Luc, hazme el favor y ocupa mi lugar. Pídele a Gastón que te reemplace en la entrada. Tengo algo muy urgente que hacer.
Jean Luc se quedó mirándole unos instantes sin hablar. Luego de más o menos entender que algo pasaba, habló.
- Está bien, yo haré de sobrino del marques, pero me deberás una. Yo no lo represento tan bien como tú, y cuando en otro pase estés tú y empiecen los comentarios comparándonos, mi ego se va a sentir muy mal. Tendré que pensar en la forma en que me compensarás para que me recupere.
Dominique le sonrió asintiendo, prometiéndole que en cuanto pudiese trataría de volver y me llevó hasta su S5. Me abrió cortésmente la puerta y estaba yo terminando de arreglar la falda del disfraz al sentarme cuando al levantar la cabeza lo vi ya sentado en el lugar del conductor.
Solté un pequeño grito ahogado y me llevé la mano al corazón.- ¡Por Dios, Dominique! Vale ya que sepa que eres un vampiro, pero por favor, no trates de asustarme apareciendo de repente. Me va a dar un ataque al corazón.
-Lo siento. Simplemente es que me siento ya tan cómodo de poder moverme como normalmente hago cuando no estás, que ahora que puedo hacerlo ante ti me sale solo. Procuraré no repetirlo hasta que te hayas acostumbrado.
Estaba hasta las narices de que todo el mundo se metiera en mi vida y la pusiese patas arriba. No pude evitar decirle algo desagradable.- El que ya lo sepa no supone que lo tenga asimilado o que haya decidido que es tan guay que me voy a unir a vuestro clan así como así. Mi vida es una mierda desde que en casa empezaron los problemas y mi madre decidió que nos mudáramos, pero es mi vida y está bien tal como está.
Lo miré por el rabillo del ojo y me sentí culpable cuando su rostro cambió a uno de decepción. No dijo nada, arrancó el coche y salimos a velocidades extremas del aparcamiento.
lunes, 12 de abril de 2010
Le Theatre des Vampires Capitulo 17
Capitulo 17
Me levanté tambaleando. ¡Dios, no me lo podía creer! ¡Yo candidata a vampira! ¿Cuándo había cambiado mi vida entera?
-Veronique… por favor. Espero que estés bromeando- dije dando ya pasos lentos hacia mis amigos, tratando de no sobresaltar a la hermosa mujer que tenía ante mí.
Ella se levantó elegantemente del taburete triangular donde habíamos estado sentadas las dos un momento antes. Retiró su largo pelo que caía sobre su pecho con un ligero movimiento de cabeza, dejándola ligeramente inclinada hacia un lado observándome curiosa y divertida, mientras avanzaba hacia mí con la mano levemente alzada tratando de calmarme.
-Mon chère, ¿por qué te asustas de algo completamente natural? Sé que debería haber esperado que Dominique te preparase para saberlo, pero dado tu renuencia a venir a nuestro hogar, no iba a desperdiciar la ocasión de decírtelo. No te voy a hacer daño, ya has comprobado nuestra hospitalidad y nuestra devoción por los seres humanos. Nadie en esta casa sería capaz de destruir a gente como tú. ¿Acaso has visto que alguno de los espectadores haya sufrido mal alguno?
Estaba ya casi tocando a Roger con mi talón y tenía que decidir rápidamente que hacer- Normal que no nos queráis hacer daño, os servimos fantásticamente para alimentaros…
-S'il vous plaît, ma petite, deja que te explique bien lo errada que estás en tus suposiciones. Quédate un poco. A tus amigos no les pasará nada por estar un rato más así. Por lo menos espera a que llegue Dominique, estoy segura de que Antoine fue a avisarle para…
-Para decirte que no tenias que haberte metido en mis asuntos, Veronique. Te aseguro que esto no quedará así.
Dominique apareció en el umbral de la puerta de la habitación, acompañado de Maximilien. Estaba enfadado con ella, tenía los puños cerrados fuertemente y la miraba con unos ojos que, de haber sido lanzallamas, seguramente Veronique sería solo brasas. Todo era normal en él, ojos y dientes incluidos. La única diferencia estaba en su vestimenta. Acostumbrada como estaba a verle en vaqueros y camisetas ajustadas, se hacía raro verle vestido con un traje de época. La verdad es que no le quedaba mal, le sentaba como un guante. Lo estaba contemplando mientras tenía estos pensamientos, así que sacudí mi cabeza para enfocarme en lo que de verdad era importante: las ganas de Veronique de clavarme los colmillos en la yugular. Casi podía sentir su mirada penetrándome por la nuca cuando yo me había girado al sentir la voz de Dominique.
Veronique soltó una carcajada, mientras muirmuraba algo en frances que no llegué a entender, pero que por su entonación sonaba así como si estuviese diciendo alguna maldición para él. Luego dijo algo a Maximilien señalando a mis amigos y se sentó como si nada en el taburete para seguir acicalándose el cabello. A través del espejo miró a Dominique.- Yo he tratado de hacer lo que tú a estas alturas todavía no has hecho. Deberías avisarla de una vez. Y ahora largaos a otra parte, necesito terminar de arreglarme para mi actuación.
Maximilien fue hasta Tara y los otros y les susurró algo que los despertó de inmediato. Los saludó como si acabase de llegar y les dijo que por favor le acompañasen a la planta de abajo para que siguiesen disfrutando del espectáculo.
Los tres estaban algo confusos. Tara se giró para mirarme mientras eran conducidos al pasillo y Dominique la saludó casualmente mientras le pedía que me dejasen con él, que tenía algo muy importante que decirme. Yo no tuve tiempo de decir nada, para cuando las palabras volvieron a mi garganta, ellos se habían ido.
-Ven conmigo, por favor,- dijo alzando una mano para señalarme la puerta- necesito hablar contigo para aclarar un poco todo este lío. Acompáñame a mi dormitorio.
No sabía que hacer. ¿Y si trataba de secuestrarme? Las palabras de Veronique todavía retumbaban en mi cabeza.
-Te prometo que no te pasará nada, solo quiero que hablemos.
Asentí callada, le dejé tomar mi mano y me condujo hasta la última habitación al final del pasillo. Hasta ahora no me había fijado en que el tacto de su mano estaba algo fría al tocarla, no totalmente fría, pero sí bastante más que la mía.
Su dormitorio era una pasada. Era gigantesco, con muebles de época extremadamente recargados con múltiples diseños torneados en todos ellos. La cama era de dosel, con tupidas cortinas en color crudo, rematadas con bordados dorados en todos los bajos y cinco cojines sobre la almohada. El tocador estaba junto a un gran ventanal cubierto con gruesas cortinas marrones sujetas por cordones dorados. Tenía pocos objetos sobre él: una bandeja donde reposaban varios llaveros, un cofre repujado, un reloj clásico con un par de pequeños ángeles sujetando la esfera y una foto de Dominique. Me acerqué para mirarla y comprobé que en la fotografía estaba vestido al estilo de las películas de los años veinte. La foto estaba un poco desgastada por el paso del tiempo pero el rostro no dejaba dudas de que era él.
Al otro lado de la habitación había dos puertas, supuse que una seria un vestidor y otra estaba entreabierta y se vislumbraba una bañera de patas al fondo. Tras la puerta por la que entramos había un escritorio sobre el que estaban algunos libros de los que usábamos en el instituto y un par de carpetas.
Dominique me ofreció la silla del escritorio para que me sentase. La puso al lado de la cama y él se sentó sobre el colchón. Miraba hacia abajo, a sus pies, como si buscase las palabras que mejor pudieran encajar para empezar la conversación.
-Bien, explícame que es lo que está pasando. Veronique me ha asustado bastante.- dije tratando de ayudarle a comenzar.
-¿Qué te dijo ella? Veronique cuando se lo propone puede ser brusca para decir algo.
-Básicamente que soy perfecta para ser vampira, que lo sabe por la sangre de mi madre. Me enseñó sus colmillos para que viese que son de verdad. Dominique, ¿de verdad sois vampiros? Por favor, explícame todo desde el principio.
-Si.- lo dijo mirando hacia otro lado, no se atrevía a mirarme para decirlo-Somos vampiros, pero no en la manera que todo el mundo piensa que lo somos. No estamos muertos, es una diferencia genética que ha perdurado en el tiempo. Hace milenios, existían por igual humanos y vampiros. Digamos que nosotros éramos los débiles debido a nuestros problemas para soportar el sol y nuestra lentitud para asimilar los alimentos, requeríamos de un aporte extra de los nutrientes básicos para subsistir. Nuestros colmillos se alargan por esa razón, porque tratábamos de conseguir lo que nos faltaba a través de los animales y necesitábamos una herramienta con la que hacer brotar la sangre. Cuando se descubrió que la sangre humana nos compensaba más, comenzamos a tomarla directamente de los humanos. En la primera época, en la que no había normas hubo gran cantidad de asesinatos y eso fue lo que nos llevó a casi perecer, éramos perseguidos, llamándonos asesinos y tratando de quemarnos hasta convertirnos en cenizas. Por eso se crearon las normas, para respetar y ser respetados, aunque lo que se consiguió fue que se crearan falsas leyendas e historias sobre nosotros y nuestras costumbres.
Traté de asimilarlo. Visto de la manera que lo describía, eran casi victimas, siempre luchando por que se reconociera que no eran los seres crueles que habían sido en el pasado.
-Bueno, más o menos lo entiendo, pero no se que pintamos en todo esto mi madre o yo.
-Cuando te conocí, vi el pequeño destello dorado a tu alrededor. Eso es lo único que nos hace reconocernos entre nosotros si no estamos mostrando nuestros colmillos. Lo provoca nuestra sangre al ser atraída por otra parecida. Se lo comenté a Antoine y trató de conocerte para comprobarlo. El que tu madre se dedicase a la publicidad nos ayudó a conocerla, porque en verdad necesitábamos a alguien que se encargara de la publicidad, y estuvo comentándonos sobre tu familia materna. Antoine se enteró de que tu bisabuela materna tenía como primer apellido Marcille, típico de la zona de Marsella y muy reconocido entre los nuestros por su larga estirpe de vampiros de sangre pura. Indagando un poco más comprobó que descendéis de vampiros franceses que no fueron convertidos en su momento, bien por no quererlo ellos mismos, por no haber sido descubiertos por otros, o por haber muerto a edad temprana.
-¿Y mi madre sabe todo esto? ¿Se lo habéis contado?
-Pregúntale tú misma.
La puerta se abrió y una hermosa mujer entró con una amplia sonrisa dibujada en su rostro, mostrándome unos largos y relucientes colmillos. Me fijé mejor y comprobé que quien había entrado era mamá.
Me levanté tambaleando. ¡Dios, no me lo podía creer! ¡Yo candidata a vampira! ¿Cuándo había cambiado mi vida entera?
-Veronique… por favor. Espero que estés bromeando- dije dando ya pasos lentos hacia mis amigos, tratando de no sobresaltar a la hermosa mujer que tenía ante mí.
Ella se levantó elegantemente del taburete triangular donde habíamos estado sentadas las dos un momento antes. Retiró su largo pelo que caía sobre su pecho con un ligero movimiento de cabeza, dejándola ligeramente inclinada hacia un lado observándome curiosa y divertida, mientras avanzaba hacia mí con la mano levemente alzada tratando de calmarme.
-Mon chère, ¿por qué te asustas de algo completamente natural? Sé que debería haber esperado que Dominique te preparase para saberlo, pero dado tu renuencia a venir a nuestro hogar, no iba a desperdiciar la ocasión de decírtelo. No te voy a hacer daño, ya has comprobado nuestra hospitalidad y nuestra devoción por los seres humanos. Nadie en esta casa sería capaz de destruir a gente como tú. ¿Acaso has visto que alguno de los espectadores haya sufrido mal alguno?
Estaba ya casi tocando a Roger con mi talón y tenía que decidir rápidamente que hacer- Normal que no nos queráis hacer daño, os servimos fantásticamente para alimentaros…
-S'il vous plaît, ma petite, deja que te explique bien lo errada que estás en tus suposiciones. Quédate un poco. A tus amigos no les pasará nada por estar un rato más así. Por lo menos espera a que llegue Dominique, estoy segura de que Antoine fue a avisarle para…
-Para decirte que no tenias que haberte metido en mis asuntos, Veronique. Te aseguro que esto no quedará así.
Dominique apareció en el umbral de la puerta de la habitación, acompañado de Maximilien. Estaba enfadado con ella, tenía los puños cerrados fuertemente y la miraba con unos ojos que, de haber sido lanzallamas, seguramente Veronique sería solo brasas. Todo era normal en él, ojos y dientes incluidos. La única diferencia estaba en su vestimenta. Acostumbrada como estaba a verle en vaqueros y camisetas ajustadas, se hacía raro verle vestido con un traje de época. La verdad es que no le quedaba mal, le sentaba como un guante. Lo estaba contemplando mientras tenía estos pensamientos, así que sacudí mi cabeza para enfocarme en lo que de verdad era importante: las ganas de Veronique de clavarme los colmillos en la yugular. Casi podía sentir su mirada penetrándome por la nuca cuando yo me había girado al sentir la voz de Dominique.
Veronique soltó una carcajada, mientras muirmuraba algo en frances que no llegué a entender, pero que por su entonación sonaba así como si estuviese diciendo alguna maldición para él. Luego dijo algo a Maximilien señalando a mis amigos y se sentó como si nada en el taburete para seguir acicalándose el cabello. A través del espejo miró a Dominique.- Yo he tratado de hacer lo que tú a estas alturas todavía no has hecho. Deberías avisarla de una vez. Y ahora largaos a otra parte, necesito terminar de arreglarme para mi actuación.
Maximilien fue hasta Tara y los otros y les susurró algo que los despertó de inmediato. Los saludó como si acabase de llegar y les dijo que por favor le acompañasen a la planta de abajo para que siguiesen disfrutando del espectáculo.
Los tres estaban algo confusos. Tara se giró para mirarme mientras eran conducidos al pasillo y Dominique la saludó casualmente mientras le pedía que me dejasen con él, que tenía algo muy importante que decirme. Yo no tuve tiempo de decir nada, para cuando las palabras volvieron a mi garganta, ellos se habían ido.
-Ven conmigo, por favor,- dijo alzando una mano para señalarme la puerta- necesito hablar contigo para aclarar un poco todo este lío. Acompáñame a mi dormitorio.
No sabía que hacer. ¿Y si trataba de secuestrarme? Las palabras de Veronique todavía retumbaban en mi cabeza.
-Te prometo que no te pasará nada, solo quiero que hablemos.
Asentí callada, le dejé tomar mi mano y me condujo hasta la última habitación al final del pasillo. Hasta ahora no me había fijado en que el tacto de su mano estaba algo fría al tocarla, no totalmente fría, pero sí bastante más que la mía.
Su dormitorio era una pasada. Era gigantesco, con muebles de época extremadamente recargados con múltiples diseños torneados en todos ellos. La cama era de dosel, con tupidas cortinas en color crudo, rematadas con bordados dorados en todos los bajos y cinco cojines sobre la almohada. El tocador estaba junto a un gran ventanal cubierto con gruesas cortinas marrones sujetas por cordones dorados. Tenía pocos objetos sobre él: una bandeja donde reposaban varios llaveros, un cofre repujado, un reloj clásico con un par de pequeños ángeles sujetando la esfera y una foto de Dominique. Me acerqué para mirarla y comprobé que en la fotografía estaba vestido al estilo de las películas de los años veinte. La foto estaba un poco desgastada por el paso del tiempo pero el rostro no dejaba dudas de que era él.
Al otro lado de la habitación había dos puertas, supuse que una seria un vestidor y otra estaba entreabierta y se vislumbraba una bañera de patas al fondo. Tras la puerta por la que entramos había un escritorio sobre el que estaban algunos libros de los que usábamos en el instituto y un par de carpetas.
Dominique me ofreció la silla del escritorio para que me sentase. La puso al lado de la cama y él se sentó sobre el colchón. Miraba hacia abajo, a sus pies, como si buscase las palabras que mejor pudieran encajar para empezar la conversación.
-Bien, explícame que es lo que está pasando. Veronique me ha asustado bastante.- dije tratando de ayudarle a comenzar.
-¿Qué te dijo ella? Veronique cuando se lo propone puede ser brusca para decir algo.
-Básicamente que soy perfecta para ser vampira, que lo sabe por la sangre de mi madre. Me enseñó sus colmillos para que viese que son de verdad. Dominique, ¿de verdad sois vampiros? Por favor, explícame todo desde el principio.
-Si.- lo dijo mirando hacia otro lado, no se atrevía a mirarme para decirlo-Somos vampiros, pero no en la manera que todo el mundo piensa que lo somos. No estamos muertos, es una diferencia genética que ha perdurado en el tiempo. Hace milenios, existían por igual humanos y vampiros. Digamos que nosotros éramos los débiles debido a nuestros problemas para soportar el sol y nuestra lentitud para asimilar los alimentos, requeríamos de un aporte extra de los nutrientes básicos para subsistir. Nuestros colmillos se alargan por esa razón, porque tratábamos de conseguir lo que nos faltaba a través de los animales y necesitábamos una herramienta con la que hacer brotar la sangre. Cuando se descubrió que la sangre humana nos compensaba más, comenzamos a tomarla directamente de los humanos. En la primera época, en la que no había normas hubo gran cantidad de asesinatos y eso fue lo que nos llevó a casi perecer, éramos perseguidos, llamándonos asesinos y tratando de quemarnos hasta convertirnos en cenizas. Por eso se crearon las normas, para respetar y ser respetados, aunque lo que se consiguió fue que se crearan falsas leyendas e historias sobre nosotros y nuestras costumbres.
Traté de asimilarlo. Visto de la manera que lo describía, eran casi victimas, siempre luchando por que se reconociera que no eran los seres crueles que habían sido en el pasado.
-Bueno, más o menos lo entiendo, pero no se que pintamos en todo esto mi madre o yo.
-Cuando te conocí, vi el pequeño destello dorado a tu alrededor. Eso es lo único que nos hace reconocernos entre nosotros si no estamos mostrando nuestros colmillos. Lo provoca nuestra sangre al ser atraída por otra parecida. Se lo comenté a Antoine y trató de conocerte para comprobarlo. El que tu madre se dedicase a la publicidad nos ayudó a conocerla, porque en verdad necesitábamos a alguien que se encargara de la publicidad, y estuvo comentándonos sobre tu familia materna. Antoine se enteró de que tu bisabuela materna tenía como primer apellido Marcille, típico de la zona de Marsella y muy reconocido entre los nuestros por su larga estirpe de vampiros de sangre pura. Indagando un poco más comprobó que descendéis de vampiros franceses que no fueron convertidos en su momento, bien por no quererlo ellos mismos, por no haber sido descubiertos por otros, o por haber muerto a edad temprana.
-¿Y mi madre sabe todo esto? ¿Se lo habéis contado?
-Pregúntale tú misma.
La puerta se abrió y una hermosa mujer entró con una amplia sonrisa dibujada en su rostro, mostrándome unos largos y relucientes colmillos. Me fijé mejor y comprobé que quien había entrado era mamá.
sábado, 3 de abril de 2010
Le Theatre des Vampires Capitulo 16
Capitulo 16
Cruzamos el salón tras otras personas hacia la siguiente habitación. Era una biblioteca. Una par de hombres vestidos también de época hablaban sobre la fiesta que un tal Marques de Pontignac iba a dar en honor al décimo octavo cumpleaños de su sobrino. Mientras hablaban, uno de ellos vertía un líquido rojo en un par de copas, ofreciéndole unas de ellas mientras tomaba de la suya. Cuando acabó de bebérsela giró su cabeza hacia arriba, abriendo su boca para dejar salir un gemido de satisfacción, mostrando un par de afilados colmillos.
-¡Dios, esta sangre está realmente exquisita!- volvió su mirada hacia el otro hombre poniendo un gesto de extrañado- ¿Por que no te has tomado ya tu copa? Si se enfría no tendrá el sabor tan agradable que tiene ahora.
-Prefiero beber directamente de un humano, me resulta más agradable y placentero, por no hablar de la excitación que sienten cuando lo hago.
Se encaminó hacia el público expectante, recorriendo con su roja mirada los rostros de los que estábamos allí. Cuando una joven vestida de diablesa se echó hacia delante, apartando su pelo para indicarle que se ofrecía voluntaria, el hombre sonrió mientras elevaba su mano a la altura de su pecho para que ella la cogiese y la llevó hasta un diván frente al público.
La dejó que se tumbase, apoyada sobre el brazo del asiento. La diablesa miró queda sus ojos y el preguntó.- ¿Me cedes libremente tu sangre?- ella asintió girando la cabeza a un lado, tratando de dejarle bien expuesto su cuello- Lo siento. Solo bebería de tu cuello en condiciones de urgencia o si estuviese enamorado de ti. Es una zona que los vampiros solo usamos con nuestra pareja.
La chica puso cara apenada, pero él la calmó acariciándole delicadamente el rostro, mientras le dijo algo al oído que ninguno de los presentes llegamos a escuchar por lo bajo que lo hizo. Ella se quedó tranquila, sin poder apartar la vista de sus ojos cuando él le cogió el brazo para apoyarlo sobre el brazo del diván. Poco a poco bajó la cabeza hasta la muñeca, abrió la boca levemente y luego todos sentimos el jadeo de la joven cuando supuestamente la mordió. El sonido jadeante que hizo me sonó más a placentero que a dañino. Realmente no estábamos viendo como la mordía porque él estaba de espaldas a nosotros, apoyado en una de sus rodillas, pero no podía negarse que la chica estaba sintiendo algo bueno por el rostro tenía. Llegué a la conclusión de que tenía que ser una actriz contratada para esta actuación.
El vampiro que estaba contemplándolo todo, apoyado contra la mesa donde estaba la botella de la supuesta sangre, miraba excitado como bebía. Tenia entreabierta la boca y sus colmillos habían apretado su labio inferior, dejando caer una pequeña gota de sangre.
Cuando acabó de beber se levantó y la chica pareció salir de un trance, mirando perpleja al hombre.
-Ven preciosa. –Dijo amablemente mientras la ayudaba a levantarse- parecía un poco débil- y la condujo hasta el grupo- ¿Has sufrido algún daño o dolor?- Ella negó con la cabeza, mirando su muñeca que no tenia cicatriz alguna.
El hombre siguió con su guión como si tal cosa, retomando la escena en el momento en el que hablaban de los preparativos para la fiesta.
Continuamos viendo la escena por un par de minutos más y seguimos hasta la siguiente habitación. Era una cocina y había un bullicio de personas trabajando en platos y fogones. Uno de las cocineras se dirigió a dos de los espectadores como si fuesen también empleados de la cocina, dándoles prisa para que se pusiesen a trabajar en los platos que se servirían en la fiesta. Los dos se rieron y aceptaron su papel en el espectáculo, cogiendo un par de delantales y dos cuchillos para cortar verduras en trocitos. Uno se hizo una pequeña herida en un dedo después de haber picado ya tres zanahorias. Se iba a chupar el dedo instintivamente pero una mano le sujetó la muñeca. Era la cocinera jefe, que miraba embobada, colmillos abajo, el chorrito que caía del dedo.
-¿Me permites que lo haga yo? Haré que sane con mi saliva cicatrizante.
El hombre encontró divertido eso y no dudó en asentir. La cocinera cogió suavemente el dedo herido y se lo llevó a la boca en un gesto muy sensual. Chupó un poco dando un pequeño ronroneo al probar el sabor metálico de la sangre y después lo lamió. Soltó la mano tras una pequeña sonrisa y el hombre se quedó fascinado al comprobar que no había ya ninguna herida.
-No se qué clase de truco has usado, pero el dedo está intacto, como si nunca me hubiese cortado.
-Yo me preocuparía más por tu nivel de azúcar, está muy alto. Si no te cuidas te harás diabético en poco tiempo.- El público se rió por la anécdota- Por cierto, eres cero negativo, una sangre muy apreciada entre nosotros por ser uno de los grupos más primitivos y poco mutados de todos los que existen.
Hizo una pequeña reverencia cuando el hombre aseguró que había acertado con su grupo sanguíneo y siguió con su papel.
Poco a poco iba entendiendo la función. Todo giraba entorno a un guión sobre una supuesta fiesta, donde todos eran vampiros y trataban de demostrar que eran iguales a nosotros, no como solían ser descritos en los numerosos libros de terror sobrenatural que existían. Era un espectáculo extraño, muy diferente a lo habitual, que había llamado la atención del público por su singularidad y su forma de llevarse a cabo.
Una a una todas las habitaciones estaban ocupadas por actores, dando lo mejor de sí mismos en sus papeles e invitando al público a actuar por un par de minutos.
Tara, Jake, Roger y yo nos alejamos de los demás y subimos a la siguiente planta. Estábamos comentando todo lo que habíamos visto que no nos dimos cuenta de que seguíamos subiendo las gigantescas escaleras de caracol hasta la última planta. En una de las habitaciones estaba Antoine ayudando a terminar de ponerse un tocado a una hermosa mujer de cabello rojo. Le vi el rostro por el espejo y reconocí a Veronique, que enfrentó mi mirada en el espejo y abrió los ojos por sorpresa. Se giró con mucha elegancia, haciendo que su vestido en azul noche ondease suavemente. En verdad se parecía en sus modales a una princesa, toda ella muy altiva pero con un gesto amable, que caminó hacia nosotros con una mano levantada ligeramente a modo de invitación a acercarnos.
-Tú debes de ser Katherine, la hija de Marion. Soy Veronique Le Fontaine. Tu madre me ha hablado mucho de ti.
Supuse que me había reconocido por el vestido y que Antoine le había dicho que me lo prestaría para asistir.
-Estos son mis amigos, Tara, Jake y Roger.- recordé que habíamos subido una planta de más y enseguida quise disculparnos.- Siento habernos metido aquí. Antoine dijo que esta zona estaba prohibida, pero estábamos comentando lo que habíamos visto en la función y no nos dimos cuenta.
-¡Oh querida! No te preocupes. Estábamos deseando conocerte, Dominique dijo que nos presentaría un día de estos pero no lo ha hecho. Celebro que tú misma hayas decidido hacerlo.
Se acercó hasta mis amigos para darles un beso de bienvenida y me extrañé de lo fijos que se habían quedado, casi juraría que estaban hipnotizados.
-Bien querida, siéntate aquí conmigo y déjame saber adivinar tu edad. A mis años no estoy segura de saber decirlo, después de unos años todos me parecéis iguales.
¿A sus años? ¡Si no debía tener más de veinticinco! Estaba empezando a sentir un hormigueo extraño que me avisaba de que algo no me iba a gustar. Aun así fui a sentarme junto a ella frente al tocador.
-Eres preciosa- comentó mientras me quitó el antifaz- Dominique tiene buen gusto. Eres la candidata ideal para unirte a nuestra familia, y tu resplandor es innegable, perfectamente serás una de los nuestros.
-Chère, ella no sabe nada aún.- Antoine trataba de hacer callar a Veronique.- He intentado hacerla ver, pero Dominique todavía no le ha dicho nada.
-¡Pues debería!- dijo disgustada dejando asomar sus colmillos siseando.- ¿Cómo se puede estar cortejando a una bella chica como ella, con sus dotes sanguíneas, y no haberle explicado nada?- volvió a recomponer su rostro en una bella expresión y se giró hacia mí- Querida, ¿Nunca has notado un resplandor en Dominique o Antoine, incluso ahora en mí?
-¡Veronique, por favor!
Estaba confusa y Antoine trataba de callarla. ¿Qué demonios tenía que ver mi sangre con todo esto y con Dominique? La miré de reojo y efectivamente pude ver por unos instantes un destello dorado alrededor de ella, haciéndome recordar que también los había visto en Dominique y su tío. Miré hacia mis amigos que seguían parados en el mismo sitio de cuando entramos. Con toda la serenidad que pude reunir, le hablé tras ver que Antoine desaparecía de la habitación con una rapidez sobrenatural.
-Veronique, lo siento no te entiendo y no se que les pasa a mis amigos, ¿Qué les hiciste?
-Nada, chère, los dejé hipnotizados para que pudiésemos hablar tranquilamente. Lo que trato de decirte es que, por lo que hemos podido conocer a través de la sangre de tu madre, eres la perfecta candidata para ser convertida en vampira si tú quieres.
Cruzamos el salón tras otras personas hacia la siguiente habitación. Era una biblioteca. Una par de hombres vestidos también de época hablaban sobre la fiesta que un tal Marques de Pontignac iba a dar en honor al décimo octavo cumpleaños de su sobrino. Mientras hablaban, uno de ellos vertía un líquido rojo en un par de copas, ofreciéndole unas de ellas mientras tomaba de la suya. Cuando acabó de bebérsela giró su cabeza hacia arriba, abriendo su boca para dejar salir un gemido de satisfacción, mostrando un par de afilados colmillos.
-¡Dios, esta sangre está realmente exquisita!- volvió su mirada hacia el otro hombre poniendo un gesto de extrañado- ¿Por que no te has tomado ya tu copa? Si se enfría no tendrá el sabor tan agradable que tiene ahora.
-Prefiero beber directamente de un humano, me resulta más agradable y placentero, por no hablar de la excitación que sienten cuando lo hago.
Se encaminó hacia el público expectante, recorriendo con su roja mirada los rostros de los que estábamos allí. Cuando una joven vestida de diablesa se echó hacia delante, apartando su pelo para indicarle que se ofrecía voluntaria, el hombre sonrió mientras elevaba su mano a la altura de su pecho para que ella la cogiese y la llevó hasta un diván frente al público.
La dejó que se tumbase, apoyada sobre el brazo del asiento. La diablesa miró queda sus ojos y el preguntó.- ¿Me cedes libremente tu sangre?- ella asintió girando la cabeza a un lado, tratando de dejarle bien expuesto su cuello- Lo siento. Solo bebería de tu cuello en condiciones de urgencia o si estuviese enamorado de ti. Es una zona que los vampiros solo usamos con nuestra pareja.
La chica puso cara apenada, pero él la calmó acariciándole delicadamente el rostro, mientras le dijo algo al oído que ninguno de los presentes llegamos a escuchar por lo bajo que lo hizo. Ella se quedó tranquila, sin poder apartar la vista de sus ojos cuando él le cogió el brazo para apoyarlo sobre el brazo del diván. Poco a poco bajó la cabeza hasta la muñeca, abrió la boca levemente y luego todos sentimos el jadeo de la joven cuando supuestamente la mordió. El sonido jadeante que hizo me sonó más a placentero que a dañino. Realmente no estábamos viendo como la mordía porque él estaba de espaldas a nosotros, apoyado en una de sus rodillas, pero no podía negarse que la chica estaba sintiendo algo bueno por el rostro tenía. Llegué a la conclusión de que tenía que ser una actriz contratada para esta actuación.
El vampiro que estaba contemplándolo todo, apoyado contra la mesa donde estaba la botella de la supuesta sangre, miraba excitado como bebía. Tenia entreabierta la boca y sus colmillos habían apretado su labio inferior, dejando caer una pequeña gota de sangre.
Cuando acabó de beber se levantó y la chica pareció salir de un trance, mirando perpleja al hombre.
-Ven preciosa. –Dijo amablemente mientras la ayudaba a levantarse- parecía un poco débil- y la condujo hasta el grupo- ¿Has sufrido algún daño o dolor?- Ella negó con la cabeza, mirando su muñeca que no tenia cicatriz alguna.
El hombre siguió con su guión como si tal cosa, retomando la escena en el momento en el que hablaban de los preparativos para la fiesta.
Continuamos viendo la escena por un par de minutos más y seguimos hasta la siguiente habitación. Era una cocina y había un bullicio de personas trabajando en platos y fogones. Uno de las cocineras se dirigió a dos de los espectadores como si fuesen también empleados de la cocina, dándoles prisa para que se pusiesen a trabajar en los platos que se servirían en la fiesta. Los dos se rieron y aceptaron su papel en el espectáculo, cogiendo un par de delantales y dos cuchillos para cortar verduras en trocitos. Uno se hizo una pequeña herida en un dedo después de haber picado ya tres zanahorias. Se iba a chupar el dedo instintivamente pero una mano le sujetó la muñeca. Era la cocinera jefe, que miraba embobada, colmillos abajo, el chorrito que caía del dedo.
-¿Me permites que lo haga yo? Haré que sane con mi saliva cicatrizante.
El hombre encontró divertido eso y no dudó en asentir. La cocinera cogió suavemente el dedo herido y se lo llevó a la boca en un gesto muy sensual. Chupó un poco dando un pequeño ronroneo al probar el sabor metálico de la sangre y después lo lamió. Soltó la mano tras una pequeña sonrisa y el hombre se quedó fascinado al comprobar que no había ya ninguna herida.
-No se qué clase de truco has usado, pero el dedo está intacto, como si nunca me hubiese cortado.
-Yo me preocuparía más por tu nivel de azúcar, está muy alto. Si no te cuidas te harás diabético en poco tiempo.- El público se rió por la anécdota- Por cierto, eres cero negativo, una sangre muy apreciada entre nosotros por ser uno de los grupos más primitivos y poco mutados de todos los que existen.
Hizo una pequeña reverencia cuando el hombre aseguró que había acertado con su grupo sanguíneo y siguió con su papel.
Poco a poco iba entendiendo la función. Todo giraba entorno a un guión sobre una supuesta fiesta, donde todos eran vampiros y trataban de demostrar que eran iguales a nosotros, no como solían ser descritos en los numerosos libros de terror sobrenatural que existían. Era un espectáculo extraño, muy diferente a lo habitual, que había llamado la atención del público por su singularidad y su forma de llevarse a cabo.
Una a una todas las habitaciones estaban ocupadas por actores, dando lo mejor de sí mismos en sus papeles e invitando al público a actuar por un par de minutos.
Tara, Jake, Roger y yo nos alejamos de los demás y subimos a la siguiente planta. Estábamos comentando todo lo que habíamos visto que no nos dimos cuenta de que seguíamos subiendo las gigantescas escaleras de caracol hasta la última planta. En una de las habitaciones estaba Antoine ayudando a terminar de ponerse un tocado a una hermosa mujer de cabello rojo. Le vi el rostro por el espejo y reconocí a Veronique, que enfrentó mi mirada en el espejo y abrió los ojos por sorpresa. Se giró con mucha elegancia, haciendo que su vestido en azul noche ondease suavemente. En verdad se parecía en sus modales a una princesa, toda ella muy altiva pero con un gesto amable, que caminó hacia nosotros con una mano levantada ligeramente a modo de invitación a acercarnos.
-Tú debes de ser Katherine, la hija de Marion. Soy Veronique Le Fontaine. Tu madre me ha hablado mucho de ti.
Supuse que me había reconocido por el vestido y que Antoine le había dicho que me lo prestaría para asistir.
-Estos son mis amigos, Tara, Jake y Roger.- recordé que habíamos subido una planta de más y enseguida quise disculparnos.- Siento habernos metido aquí. Antoine dijo que esta zona estaba prohibida, pero estábamos comentando lo que habíamos visto en la función y no nos dimos cuenta.
-¡Oh querida! No te preocupes. Estábamos deseando conocerte, Dominique dijo que nos presentaría un día de estos pero no lo ha hecho. Celebro que tú misma hayas decidido hacerlo.
Se acercó hasta mis amigos para darles un beso de bienvenida y me extrañé de lo fijos que se habían quedado, casi juraría que estaban hipnotizados.
-Bien querida, siéntate aquí conmigo y déjame saber adivinar tu edad. A mis años no estoy segura de saber decirlo, después de unos años todos me parecéis iguales.
¿A sus años? ¡Si no debía tener más de veinticinco! Estaba empezando a sentir un hormigueo extraño que me avisaba de que algo no me iba a gustar. Aun así fui a sentarme junto a ella frente al tocador.
-Eres preciosa- comentó mientras me quitó el antifaz- Dominique tiene buen gusto. Eres la candidata ideal para unirte a nuestra familia, y tu resplandor es innegable, perfectamente serás una de los nuestros.
-Chère, ella no sabe nada aún.- Antoine trataba de hacer callar a Veronique.- He intentado hacerla ver, pero Dominique todavía no le ha dicho nada.
-¡Pues debería!- dijo disgustada dejando asomar sus colmillos siseando.- ¿Cómo se puede estar cortejando a una bella chica como ella, con sus dotes sanguíneas, y no haberle explicado nada?- volvió a recomponer su rostro en una bella expresión y se giró hacia mí- Querida, ¿Nunca has notado un resplandor en Dominique o Antoine, incluso ahora en mí?
-¡Veronique, por favor!
Estaba confusa y Antoine trataba de callarla. ¿Qué demonios tenía que ver mi sangre con todo esto y con Dominique? La miré de reojo y efectivamente pude ver por unos instantes un destello dorado alrededor de ella, haciéndome recordar que también los había visto en Dominique y su tío. Miré hacia mis amigos que seguían parados en el mismo sitio de cuando entramos. Con toda la serenidad que pude reunir, le hablé tras ver que Antoine desaparecía de la habitación con una rapidez sobrenatural.
-Veronique, lo siento no te entiendo y no se que les pasa a mis amigos, ¿Qué les hiciste?
-Nada, chère, los dejé hipnotizados para que pudiésemos hablar tranquilamente. Lo que trato de decirte es que, por lo que hemos podido conocer a través de la sangre de tu madre, eres la perfecta candidata para ser convertida en vampira si tú quieres.
viernes, 2 de abril de 2010
Le Theatre des Vampires Capitulo 15
Capitulo 15
Durante toda la semana Dominique no volvió a comentarme nada del espectáculo, y aunque Tara estuvo muy ansiosa queriendo saber de que iba y no paraba de preguntarle, él dijo simplemente que ya lo veríamos. Lo que si mostró fue muchos cariños y mimos cuando estábamos a solas, casi se parecía a los soldados que parten en misión y no saben si volverán a ver a su novia, por lo que se muestran mas amorosos que nunca. Yo estaba segura de que a él le importaba mucho mi opinión sobre el espectáculo y temía que al verlo no me gustase lo que hacía y quisiese dejarlo.
Cuando el lunes les enseñé a Tara, Roger y Jake las entradas, Tara dio un tremendo grito de alegría, pues había escuchado que las funciones tenían aforo limitado y casi no quedaban entradas para el día del estreno. El grito que dio alertó a Brandon, el hermano de Roger, que entró como un loco en el salón pensando que había pasado algo malo. Fue muy divertido porque Brandon estaba afeitándose en el aseo cuando vino a socorrernos, tenía la mitad de la cara llena de espuma y la otra mitad ya rasurada, dándole el aspecto de llevar puesta una máscara bicolor. Solo hicieron falta un par de risas nuestras y un par de comentarios burlones de parte de Roger para que nos mandase al carajo o más allá. Tara retomó la conversación sobre Halloween pensando qué se iba a poner como disfraz y Jake puso una cara acongojada cuando le miró con ojos entrecerrados mientras decía que él también tendría que disfrazarse de algo en lo que fueran a juego. ¡Pobrecito Jake!, le pasaba lo que a mí, en su vida se había disfrazado salvo por las representaciones de la escuela, en el parvulario.
Aunque primeramente habíamos decidido ir al pase de las once de la noche, Tara me llamó después de comer para decirme que mejor íbamos a la primera función de las nueve, de todos modos nuestras entradas no tenían especificada la hora a la que debíamos asistir.
Estaba nerviosa, tenía un no se qué en el estomago que me decía que algo iba a pasar y por mas que me dijese a mi misma que no iba a pasar nada, la sensación no despareció. Cogí el precioso vestido y lo saqué del armario sopesando cual sería el mejor peinado que conjuntaría con él. Después de ducharme y secarme el cabello me puse un sujetador de esos que realzan el busto para que luciera mejor el escote y unas medias algo tupidas. Trabajé bastante en el cabello para conseguir a partir de una coleta un moño que fuese lo suficientemente fuerte para aguantar el tocado y el resto del pelo lo dejé caer liso hacia un lado de mi cabeza. No iba a maquillarme, pero al final si lo hice cuando descubrí que el antifaz se podía quitar. Me miré al espejo y me quedé asombrada del resultado, parecía una mujer de época, de las de clase alta, y el vestido quedaba tan bien afinado a mi cuerpo que casi parecía hecho especialmente para mí. Descubrí un precioso abanico de encaje en el fondo de la caja del tocado y lo abrí haciendo mohines como los que había visto hacer a la aristocracia en la peli “El conde de Montecristo”. La única película que se me vino en ese momento a la cabeza.
Tara, Roger y Jake llegaron a mi casa a las ocho y media. Cuando les abrí la puerta me tuve que reir bastante, Tara se las había ingeniado para vestirlos como si fuesen la familia Adams. Ella iba de Morticia, Jake de Gomez Adams y Roger de Tío Fetido.
Tara me miró de arriba abajo- Nena, estás preciosa, pero tenía que haberte avisado de lo que ibamos a ponernos, te habia reservado el puesto de Miercoles.
-No me veo con un par de trenzas y cara de pocos amigos-dije con cara horrorizada pensando en como hubiese lucido- El vestido me lo trajo Antoine, es de los del atrezzo de su espectáculo.
-Pues si es de los que usan los vampiros, quizás deberlas ponerte unos colmillitos o un poco de sangre artificial en el cuello.
-¿Sangre? Ni loca, podría ensuciarse el vestido y me pesaría que se estropease por no poder quitar la mancha.- dije mientras cogía un echarpe de seda negro que tenía de un vestido que usé en una boda.
-Chicas, dejad ya la conversación y vámonos.- Roger estaba ansioso por llegar a la casa de los Dubois- Por los comentarios que he sentido en la radio local debe haber ya una cola descomunal para entrar.
Roger no se había equivocado, la cola era inmensa y había tanto gente disfrazada como gente vestida normal.- Para cuando alcanzásemos el principio seguramente nos tocaría entrar en el siguiente pase del espectáculo.- Habían tenido que poner unas cuerdas a modo de valla para controlar la cola. Jean Luc estaba supervisando la entrada y aunque estábamos muy lejos, al final de la cola, nos reconoció y me llamó agitando su mano. Tara tiró de mí para ir hasta Jean Luc. Yo no quería utilizar el ser novia de Dominique para conseguir colarnos antes, pero ella me repetía mientras avanzábamos que si había algo que nos facilitase las cosas debíamos aprovecharlo.
Jean Luc estaba guapísimo vestido con unos pantalones negros ajustados y una levita color borgoña. Se había puesto una peluca castaña de cabello largo que estaba atada atrás con un lazo negro. Nos dedicó una gran sonrisa, luciendo unos colmillos alargados que casi parecían reales mientras nos indicaba que entrásemos. Le di las gracias y entramos por la gran puerta principal.
Tal y como me había dicho Dominique, la casa estaba ambientada totalmente. La iluminación estaba conseguida a base de gigantescos candelabros dorados llenos de velas encendidas, sobre todo la lámpara que colgaba en el centro del salón. Los grandes ventanales estaban cubiertos por gruesas y ricas cortinas verdes ribeteadas con borlas doradas. Los muebles eran bellos, en madera noble o dorados y con múltiples tallas que los recargaban a más no poder. Había un par de mayordomos y una sirvienta dedicados a coger los abrigos amablemente.
La música de violines sonaba, pero no sabría decir de donde. Todos estábamos admirando la decoración, extrañados de que no nos condujesen hasta el teatro, hasta que la música cambió para anunciar a Antoine. Lucia como un verdadero conde o marques, metido en un magnífico traje en tono champán compuesto por unos pantalones ceñidos metidos en unas botas marrones muy lustrosas, un chaleco a juego haciendo aguas, camisa blanca con ribete largo al cuello y levita, también en tono dorado.
-Señoras y señores,- dijo en su tono afrancesado, con las manos alzadas igual que el presentador de un circo y dedicando a todo el mundo una cálida sonrisa con colmillos al igual que nos había hecho Jean Luc- bienvenidos al hogar de los vampiros. Se que se estarán preguntando por qué no han sido conducidos hasta un teatro, pero es que nuestro espectáculo no es típico. Está vivo y cambia constantemente.- giró con las manos estiradas a ambos lados- Toda esta casa es un teatro en sí misma. Son libres de pasear por ella durante una hora para admirar cómo viven los vampiros en su hogar, y quien sabe, quizás alguno de ustedes quiera ofrecerse para que cenemos.- se oyeron risas y alguna que otra voz admitiendo que no les importaría si todos eran tan apuestos como él.- Descubrirán que no todo es como lo pintan en los libros, los vampiros no somos crueles, tenemos un gran corazón, dispuesto a ser capturado por alguno de ustedes si nos dejan.
Cuando dijo esto último hizo un giro de muñeca, mientras se acercaba a una mujer que le miraba extasiada y en su mano apareció una hermosa rosa roja, la olió y se la ofreció a la mujer, que se puso colorada y le dio las gracias mientras la cogía.
Antoine se fue hacia atrás, caminando de espaldas hacia donde había estado hablando y dijo antes de que la gente comenzase a moverse, sorprendidas de la manera del espectáculo.- Una última cosa, la última planta es la única a la que no pueden ir, está cerrada al público. Disfruten de espectáculo.- En un parpadeo, Antoine ya no estaba allí.
Tara tiró de mi manga para sacarme de donde tenía fija la mirada, que era donde habia estado Antoine.- Kat, ¿por donde quieres que empecemos?
-Por donde quieras, solo quiero ver que hace un vampiro en concreto y espero que lo veamos pronto.
Durante toda la semana Dominique no volvió a comentarme nada del espectáculo, y aunque Tara estuvo muy ansiosa queriendo saber de que iba y no paraba de preguntarle, él dijo simplemente que ya lo veríamos. Lo que si mostró fue muchos cariños y mimos cuando estábamos a solas, casi se parecía a los soldados que parten en misión y no saben si volverán a ver a su novia, por lo que se muestran mas amorosos que nunca. Yo estaba segura de que a él le importaba mucho mi opinión sobre el espectáculo y temía que al verlo no me gustase lo que hacía y quisiese dejarlo.
Cuando el lunes les enseñé a Tara, Roger y Jake las entradas, Tara dio un tremendo grito de alegría, pues había escuchado que las funciones tenían aforo limitado y casi no quedaban entradas para el día del estreno. El grito que dio alertó a Brandon, el hermano de Roger, que entró como un loco en el salón pensando que había pasado algo malo. Fue muy divertido porque Brandon estaba afeitándose en el aseo cuando vino a socorrernos, tenía la mitad de la cara llena de espuma y la otra mitad ya rasurada, dándole el aspecto de llevar puesta una máscara bicolor. Solo hicieron falta un par de risas nuestras y un par de comentarios burlones de parte de Roger para que nos mandase al carajo o más allá. Tara retomó la conversación sobre Halloween pensando qué se iba a poner como disfraz y Jake puso una cara acongojada cuando le miró con ojos entrecerrados mientras decía que él también tendría que disfrazarse de algo en lo que fueran a juego. ¡Pobrecito Jake!, le pasaba lo que a mí, en su vida se había disfrazado salvo por las representaciones de la escuela, en el parvulario.
Aunque primeramente habíamos decidido ir al pase de las once de la noche, Tara me llamó después de comer para decirme que mejor íbamos a la primera función de las nueve, de todos modos nuestras entradas no tenían especificada la hora a la que debíamos asistir.
Estaba nerviosa, tenía un no se qué en el estomago que me decía que algo iba a pasar y por mas que me dijese a mi misma que no iba a pasar nada, la sensación no despareció. Cogí el precioso vestido y lo saqué del armario sopesando cual sería el mejor peinado que conjuntaría con él. Después de ducharme y secarme el cabello me puse un sujetador de esos que realzan el busto para que luciera mejor el escote y unas medias algo tupidas. Trabajé bastante en el cabello para conseguir a partir de una coleta un moño que fuese lo suficientemente fuerte para aguantar el tocado y el resto del pelo lo dejé caer liso hacia un lado de mi cabeza. No iba a maquillarme, pero al final si lo hice cuando descubrí que el antifaz se podía quitar. Me miré al espejo y me quedé asombrada del resultado, parecía una mujer de época, de las de clase alta, y el vestido quedaba tan bien afinado a mi cuerpo que casi parecía hecho especialmente para mí. Descubrí un precioso abanico de encaje en el fondo de la caja del tocado y lo abrí haciendo mohines como los que había visto hacer a la aristocracia en la peli “El conde de Montecristo”. La única película que se me vino en ese momento a la cabeza.
Tara, Roger y Jake llegaron a mi casa a las ocho y media. Cuando les abrí la puerta me tuve que reir bastante, Tara se las había ingeniado para vestirlos como si fuesen la familia Adams. Ella iba de Morticia, Jake de Gomez Adams y Roger de Tío Fetido.
Tara me miró de arriba abajo- Nena, estás preciosa, pero tenía que haberte avisado de lo que ibamos a ponernos, te habia reservado el puesto de Miercoles.
-No me veo con un par de trenzas y cara de pocos amigos-dije con cara horrorizada pensando en como hubiese lucido- El vestido me lo trajo Antoine, es de los del atrezzo de su espectáculo.
-Pues si es de los que usan los vampiros, quizás deberlas ponerte unos colmillitos o un poco de sangre artificial en el cuello.
-¿Sangre? Ni loca, podría ensuciarse el vestido y me pesaría que se estropease por no poder quitar la mancha.- dije mientras cogía un echarpe de seda negro que tenía de un vestido que usé en una boda.
-Chicas, dejad ya la conversación y vámonos.- Roger estaba ansioso por llegar a la casa de los Dubois- Por los comentarios que he sentido en la radio local debe haber ya una cola descomunal para entrar.
Roger no se había equivocado, la cola era inmensa y había tanto gente disfrazada como gente vestida normal.- Para cuando alcanzásemos el principio seguramente nos tocaría entrar en el siguiente pase del espectáculo.- Habían tenido que poner unas cuerdas a modo de valla para controlar la cola. Jean Luc estaba supervisando la entrada y aunque estábamos muy lejos, al final de la cola, nos reconoció y me llamó agitando su mano. Tara tiró de mí para ir hasta Jean Luc. Yo no quería utilizar el ser novia de Dominique para conseguir colarnos antes, pero ella me repetía mientras avanzábamos que si había algo que nos facilitase las cosas debíamos aprovecharlo.
Jean Luc estaba guapísimo vestido con unos pantalones negros ajustados y una levita color borgoña. Se había puesto una peluca castaña de cabello largo que estaba atada atrás con un lazo negro. Nos dedicó una gran sonrisa, luciendo unos colmillos alargados que casi parecían reales mientras nos indicaba que entrásemos. Le di las gracias y entramos por la gran puerta principal.
Tal y como me había dicho Dominique, la casa estaba ambientada totalmente. La iluminación estaba conseguida a base de gigantescos candelabros dorados llenos de velas encendidas, sobre todo la lámpara que colgaba en el centro del salón. Los grandes ventanales estaban cubiertos por gruesas y ricas cortinas verdes ribeteadas con borlas doradas. Los muebles eran bellos, en madera noble o dorados y con múltiples tallas que los recargaban a más no poder. Había un par de mayordomos y una sirvienta dedicados a coger los abrigos amablemente.
La música de violines sonaba, pero no sabría decir de donde. Todos estábamos admirando la decoración, extrañados de que no nos condujesen hasta el teatro, hasta que la música cambió para anunciar a Antoine. Lucia como un verdadero conde o marques, metido en un magnífico traje en tono champán compuesto por unos pantalones ceñidos metidos en unas botas marrones muy lustrosas, un chaleco a juego haciendo aguas, camisa blanca con ribete largo al cuello y levita, también en tono dorado.
-Señoras y señores,- dijo en su tono afrancesado, con las manos alzadas igual que el presentador de un circo y dedicando a todo el mundo una cálida sonrisa con colmillos al igual que nos había hecho Jean Luc- bienvenidos al hogar de los vampiros. Se que se estarán preguntando por qué no han sido conducidos hasta un teatro, pero es que nuestro espectáculo no es típico. Está vivo y cambia constantemente.- giró con las manos estiradas a ambos lados- Toda esta casa es un teatro en sí misma. Son libres de pasear por ella durante una hora para admirar cómo viven los vampiros en su hogar, y quien sabe, quizás alguno de ustedes quiera ofrecerse para que cenemos.- se oyeron risas y alguna que otra voz admitiendo que no les importaría si todos eran tan apuestos como él.- Descubrirán que no todo es como lo pintan en los libros, los vampiros no somos crueles, tenemos un gran corazón, dispuesto a ser capturado por alguno de ustedes si nos dejan.
Cuando dijo esto último hizo un giro de muñeca, mientras se acercaba a una mujer que le miraba extasiada y en su mano apareció una hermosa rosa roja, la olió y se la ofreció a la mujer, que se puso colorada y le dio las gracias mientras la cogía.
Antoine se fue hacia atrás, caminando de espaldas hacia donde había estado hablando y dijo antes de que la gente comenzase a moverse, sorprendidas de la manera del espectáculo.- Una última cosa, la última planta es la única a la que no pueden ir, está cerrada al público. Disfruten de espectáculo.- En un parpadeo, Antoine ya no estaba allí.
Tara tiró de mi manga para sacarme de donde tenía fija la mirada, que era donde habia estado Antoine.- Kat, ¿por donde quieres que empecemos?
-Por donde quieras, solo quiero ver que hace un vampiro en concreto y espero que lo veamos pronto.
martes, 30 de marzo de 2010
Le Theatre des Vampires Capitulo 14
Capitulo 14
El domingo no vi a Dominique pero el lunes estaba esperándome en la puerta como me dijo que iba a hacer. Estaba en vaqueros, con una camiseta gris, una preciosa chaqueta negra y el pelo recogido en una coleta. Le di un beso antes de ponerme el casco e irnos al instituto. Tara, Roger y Jake llegaron al poco tiempo en el autobús. Ya le había comentado a Tara que Dominique me había pedido salir y que le había dicho que si, así que no le importó que acudiese a clase en moto con él.
Los problemas empezaron cuando entramos a la clase de la señora Collins y Jake fue hasta uno de sus amigos a pedirle que le cambiase el sitio cuando Laura comenzó a decir comentarios insultantes. Tara no se lo pensó dos veces para intentar darle su merecido y nosotros tuvimos que sujetarla. No nos dimos cuenta de que trataban de distraernos hasta que comenzó la clase y la señora Collins nos pidió que entregásemos la redacción que nos había mandado como deberes el viernes. Tara no estaba muy segura de haber dejado su mochila abierta y mis sospechas se confirmaron cuando descubrió que su trabajo no estaba dentro. Los nervios la carcomían tratando de rebuscar en la mochila.
Dominique me preguntó que pasaba y se lo dije. Se quedó muy quieto mirando al grupo de Laura, examinando minuciosamente todo lo que se podía observar bajo los pupitres. Cuando lo percibió, me dijo que distrajese a la señora Collins para poder regresarle a Tara su trabajo. Tuve que ir hasta la mesa de la profesora y aparentar que tenía una duda acerca del trabajo y que quería corregirla antes de entregárselo.
Dominique se acercó a Laura luciendo su mejor sonrisa. No se como lo hacia, pero ellas estaban embobadas escuchándole y no parecían darse cuenta de que cogió el trabajo de Tara bajo la mesa de Laura. Les dijo que se marchaba antes de que la señora Collins se diese cuenta y ellas le dieron una sonrisita tonta mientras lo veían alejarse y se centraban en verle el trasero, lo cual me molestó casi más que el que hubiesen robado el trabajo. Tuve que respirar hondo para no terminar con lo que había comenzado Tara unos minutos antes y borrar esa sonrisita estúpida de sus caras. Cuando llegó el momento de que la señora Collins pidiese a Tara su trabajo las perras estaban expectantes para ver como le ponían un enorme cero y se llevaron un buen chasco. En fin, esa fue la anécdota de ese día.
En las siguientes tres semanas todo fue más o menos bien. Dominique y yo quedábamos casi todos los días y cada día estaba mas feliz, era un chico estupendo que se preocupaba por saber todo lo que me gustaba para complacerme, sobre todo cuando se enteró de que en verdad me gustaba la velocidad y cada vez que cogíamos la moto me llevaba dando el máximo de su máquina. Casi creo que he echado músculos de tanto apretarme contra su cintura para no caerme. Lo único que iba mal era la intromisión de Laura en la relación de Tara y todos la apoyábamos en la medida de lo que podíamos. Y aparte de todo eso estaba también mamá, que actuaba muy rara desde que comenzó a trabajar para los Dubois. Mamá ha sido siempre una mujer muy dedicada a lo que hace y desde que Antoine habló con su jefe no hacía horas extra y estaba totalmente dedicada a la publicidad de la compañía de teatro, lo que le dejaba mucho tiempo para salir con Antoine aunque ella me negase que mantenía una relación con él. En los principales carteles anunciando el estreno podía verse a Antoine, Maximilien o a una hermosa mujer pelirroja en una pose que daba a entender que iban a morder una victima, en este caso algunas de las modelos que solían trabajar con mamá. Iban vestidos de época y tengo que decir que se les veía guapísimos, sobre todo la mujer pelirroja, que tenía una larga cabellera ondulada y unos vivísimos ojos rojos que destacaban sobre una tez blanca a más no poder.
Faltaba una semana para Halloween y ya llevaba unos cuantos días anunciándose el estreno de Le Theatre des Vampires. Yo no había querido ir a la casa de Dominique por eso de que pareciese que estábamos haciendo ya nuestra relación muy formal. Él si venía a casa a veces ya que mamá lo conocía de venir a hacer los deberes junto a los otros del grupo.
Estaba esperando que Dominique llegase a casa mientras veía la tele junto a mamá. Era uno de los pocos días que se quedaba por la tarde en casa y aprovechábamos para ver algún programa sobre el que poder dar nuestras opiniones. Mamá me había hecho un chocolate caliente exquisito que me hacía recordar cuanto me gustaba de pequeña que me hiciese uno en los días tormentosos en los que no podía salir a la pradera a jugar con los hermanos Stuart. Como era normal en mí, al chocolate le agregué un poco de nata para darle mi toque personal.
Llamaron a la puerta y mamá dijo de abrir mientras Bloody se subía a mi regazo. Ya sabía de antemano que sería Dominique, porque cuando él venia a casa, Bloody tenía la costumbre de subirse sobre mí para indicar su pertenencia. Si la gata supiese hablar diría: Esta dueña es mía. Dominique y Antoine entraron al salón con un par de cajas en las manos. Antoine estaba vestido como siempre en un espléndido traje de firma y Dominique iba con los vaqueros que más me gustaba que llevase, acompañado de una camiseta azul marino y la chaqueta de cuero.
-Bonnes nuits, belles mesdemoiselles.- dijo galantemente Antoine mientras besaba la mano de mi madre sin apartar la vista de sus ojos. Casi tengo que ir a por la fregona para recoger a mamá que se derretía sonriendo sin saber qué decir.- Katherine- me saludó haciéndome una pequeña reverencia y se giró otra vez para hablarle a mamá mientras que Dominique se acomodó a mi lado y me dio un casto beso en la mejilla. Bloody le maulló suavemente y se apartó de mi regazo de mala gana- Las campañas de publicidad están siendo todo un éxito, hemos recibido numerosas llamadas de teléfono haciendo reservas para el estreno.- se giró otra vez hacia mi- Por supuesto traigo las invitaciones para que vayas con tus amigos. Como estrenamos en Halloween estoy seguro de que irás disfrazada, pero por si no tienes aun un traje me he tomado la libertad de traerte uno de los de nuestro atrezzo, seguro que quedará muy bien en ti.
Cogí las invitaciones después de darle las gracias y las deposité en mi bolso que estaba en un brazo del sofá. Estaba alucinada. En mi vida me había disfrazado pero Dominique me miraba muy complacido mientras me daba la enorme caja que no pude hacer más que sonreír y cogerlo. Cuando lo abrí mis ojos se iban a salir de las orbitas. Era un precioso traje de época en un suave color vino de mangas bombachas hasta el codo, rematado con una finísima tela en oro viejo y ribeteado con encajes en el mismo tono dorado. En la parte de la falda tenía varias telas superpuestas mezclando el color base con otras en el mismo oro viejo, dándole un volumen majestuoso. Le di la vuelta admirándolo y descubrí que, aparte de tener un generoso escote, la espalda quedaba descubierta hasta casi la mitad.
Todavía no me había repuesto de la impresión cuando Antoine me alcanzó la otra caja más pequeña. La abrí y saqué un hermoso tocado a juego con el vestido. Era muy alto y estaba lleno de hermoso adornos en los mismos colores y con un antifaz negro sujeto a él.
-Estoy seguro de que estarás muy bella. -Dijo Dominique antes de que pudiese decir algo.
-Gracias. No se que más decir. Me ha cogido por sorpresa.
Antoine sonrió amablemente y mamá se apresuró a ofrecerle una copa de vino, del tipo que sabía que a él le gustaría. Yo por mi parte me levanté para llevar el traje a mi habitación y Dominique lo cogió rápidamente para ayudarme.
Al entrar en mi dormitorio se quedó contemplándolo todo muy atento.- Tienes una habitación preciosa.
-Bueno, no es gran cosa. Llevamos aquí dos meses y pico y todavía no le he dado muchos retoques.
-Pues a mi me gusta como está, tan minimalista. En casa nuestras habitaciones parecen de otra época con tantos remates y adornos, pero Veronique dijo que teníamos que adornarlos acorde al estilo de nuestro espectáculo.
-No tiene por qué ser así. Una cosa es interpretar y otra la vida normal de cada uno. ¿Ella es la pelirroja de la publicidad?
-Si, es ella. Y eso lo dices porque todavía no la conoces, ella siempre está metida en su papel. Ven un rato a casa y te la presento.
-Hmm... No se, quizás mejor me sorprendéis el día del estreno.
Dominique puso una cara de desánimo.- No se por qué no quieres venir. Quería que los conocieses a todos antes de ver la función. No quiero que te asustes ese día.
-Dominique, se de que va el espectáculo aunque no conozca lo que representareis. Que vayáis de vampiros no supone que lo seáis.
Dominique murmuró algo en francés que me sonó algo así como a “te sorprenderás” mientras se encaminó hasta el salón, Antoine lo estaba llamando para irse.
El domingo no vi a Dominique pero el lunes estaba esperándome en la puerta como me dijo que iba a hacer. Estaba en vaqueros, con una camiseta gris, una preciosa chaqueta negra y el pelo recogido en una coleta. Le di un beso antes de ponerme el casco e irnos al instituto. Tara, Roger y Jake llegaron al poco tiempo en el autobús. Ya le había comentado a Tara que Dominique me había pedido salir y que le había dicho que si, así que no le importó que acudiese a clase en moto con él.
Los problemas empezaron cuando entramos a la clase de la señora Collins y Jake fue hasta uno de sus amigos a pedirle que le cambiase el sitio cuando Laura comenzó a decir comentarios insultantes. Tara no se lo pensó dos veces para intentar darle su merecido y nosotros tuvimos que sujetarla. No nos dimos cuenta de que trataban de distraernos hasta que comenzó la clase y la señora Collins nos pidió que entregásemos la redacción que nos había mandado como deberes el viernes. Tara no estaba muy segura de haber dejado su mochila abierta y mis sospechas se confirmaron cuando descubrió que su trabajo no estaba dentro. Los nervios la carcomían tratando de rebuscar en la mochila.
Dominique me preguntó que pasaba y se lo dije. Se quedó muy quieto mirando al grupo de Laura, examinando minuciosamente todo lo que se podía observar bajo los pupitres. Cuando lo percibió, me dijo que distrajese a la señora Collins para poder regresarle a Tara su trabajo. Tuve que ir hasta la mesa de la profesora y aparentar que tenía una duda acerca del trabajo y que quería corregirla antes de entregárselo.
Dominique se acercó a Laura luciendo su mejor sonrisa. No se como lo hacia, pero ellas estaban embobadas escuchándole y no parecían darse cuenta de que cogió el trabajo de Tara bajo la mesa de Laura. Les dijo que se marchaba antes de que la señora Collins se diese cuenta y ellas le dieron una sonrisita tonta mientras lo veían alejarse y se centraban en verle el trasero, lo cual me molestó casi más que el que hubiesen robado el trabajo. Tuve que respirar hondo para no terminar con lo que había comenzado Tara unos minutos antes y borrar esa sonrisita estúpida de sus caras. Cuando llegó el momento de que la señora Collins pidiese a Tara su trabajo las perras estaban expectantes para ver como le ponían un enorme cero y se llevaron un buen chasco. En fin, esa fue la anécdota de ese día.
En las siguientes tres semanas todo fue más o menos bien. Dominique y yo quedábamos casi todos los días y cada día estaba mas feliz, era un chico estupendo que se preocupaba por saber todo lo que me gustaba para complacerme, sobre todo cuando se enteró de que en verdad me gustaba la velocidad y cada vez que cogíamos la moto me llevaba dando el máximo de su máquina. Casi creo que he echado músculos de tanto apretarme contra su cintura para no caerme. Lo único que iba mal era la intromisión de Laura en la relación de Tara y todos la apoyábamos en la medida de lo que podíamos. Y aparte de todo eso estaba también mamá, que actuaba muy rara desde que comenzó a trabajar para los Dubois. Mamá ha sido siempre una mujer muy dedicada a lo que hace y desde que Antoine habló con su jefe no hacía horas extra y estaba totalmente dedicada a la publicidad de la compañía de teatro, lo que le dejaba mucho tiempo para salir con Antoine aunque ella me negase que mantenía una relación con él. En los principales carteles anunciando el estreno podía verse a Antoine, Maximilien o a una hermosa mujer pelirroja en una pose que daba a entender que iban a morder una victima, en este caso algunas de las modelos que solían trabajar con mamá. Iban vestidos de época y tengo que decir que se les veía guapísimos, sobre todo la mujer pelirroja, que tenía una larga cabellera ondulada y unos vivísimos ojos rojos que destacaban sobre una tez blanca a más no poder.
Faltaba una semana para Halloween y ya llevaba unos cuantos días anunciándose el estreno de Le Theatre des Vampires. Yo no había querido ir a la casa de Dominique por eso de que pareciese que estábamos haciendo ya nuestra relación muy formal. Él si venía a casa a veces ya que mamá lo conocía de venir a hacer los deberes junto a los otros del grupo.
Estaba esperando que Dominique llegase a casa mientras veía la tele junto a mamá. Era uno de los pocos días que se quedaba por la tarde en casa y aprovechábamos para ver algún programa sobre el que poder dar nuestras opiniones. Mamá me había hecho un chocolate caliente exquisito que me hacía recordar cuanto me gustaba de pequeña que me hiciese uno en los días tormentosos en los que no podía salir a la pradera a jugar con los hermanos Stuart. Como era normal en mí, al chocolate le agregué un poco de nata para darle mi toque personal.
Llamaron a la puerta y mamá dijo de abrir mientras Bloody se subía a mi regazo. Ya sabía de antemano que sería Dominique, porque cuando él venia a casa, Bloody tenía la costumbre de subirse sobre mí para indicar su pertenencia. Si la gata supiese hablar diría: Esta dueña es mía. Dominique y Antoine entraron al salón con un par de cajas en las manos. Antoine estaba vestido como siempre en un espléndido traje de firma y Dominique iba con los vaqueros que más me gustaba que llevase, acompañado de una camiseta azul marino y la chaqueta de cuero.
-Bonnes nuits, belles mesdemoiselles.- dijo galantemente Antoine mientras besaba la mano de mi madre sin apartar la vista de sus ojos. Casi tengo que ir a por la fregona para recoger a mamá que se derretía sonriendo sin saber qué decir.- Katherine- me saludó haciéndome una pequeña reverencia y se giró otra vez para hablarle a mamá mientras que Dominique se acomodó a mi lado y me dio un casto beso en la mejilla. Bloody le maulló suavemente y se apartó de mi regazo de mala gana- Las campañas de publicidad están siendo todo un éxito, hemos recibido numerosas llamadas de teléfono haciendo reservas para el estreno.- se giró otra vez hacia mi- Por supuesto traigo las invitaciones para que vayas con tus amigos. Como estrenamos en Halloween estoy seguro de que irás disfrazada, pero por si no tienes aun un traje me he tomado la libertad de traerte uno de los de nuestro atrezzo, seguro que quedará muy bien en ti.
Cogí las invitaciones después de darle las gracias y las deposité en mi bolso que estaba en un brazo del sofá. Estaba alucinada. En mi vida me había disfrazado pero Dominique me miraba muy complacido mientras me daba la enorme caja que no pude hacer más que sonreír y cogerlo. Cuando lo abrí mis ojos se iban a salir de las orbitas. Era un precioso traje de época en un suave color vino de mangas bombachas hasta el codo, rematado con una finísima tela en oro viejo y ribeteado con encajes en el mismo tono dorado. En la parte de la falda tenía varias telas superpuestas mezclando el color base con otras en el mismo oro viejo, dándole un volumen majestuoso. Le di la vuelta admirándolo y descubrí que, aparte de tener un generoso escote, la espalda quedaba descubierta hasta casi la mitad.
Todavía no me había repuesto de la impresión cuando Antoine me alcanzó la otra caja más pequeña. La abrí y saqué un hermoso tocado a juego con el vestido. Era muy alto y estaba lleno de hermoso adornos en los mismos colores y con un antifaz negro sujeto a él.
-Estoy seguro de que estarás muy bella. -Dijo Dominique antes de que pudiese decir algo.
-Gracias. No se que más decir. Me ha cogido por sorpresa.
Antoine sonrió amablemente y mamá se apresuró a ofrecerle una copa de vino, del tipo que sabía que a él le gustaría. Yo por mi parte me levanté para llevar el traje a mi habitación y Dominique lo cogió rápidamente para ayudarme.
Al entrar en mi dormitorio se quedó contemplándolo todo muy atento.- Tienes una habitación preciosa.
-Bueno, no es gran cosa. Llevamos aquí dos meses y pico y todavía no le he dado muchos retoques.
-Pues a mi me gusta como está, tan minimalista. En casa nuestras habitaciones parecen de otra época con tantos remates y adornos, pero Veronique dijo que teníamos que adornarlos acorde al estilo de nuestro espectáculo.
-No tiene por qué ser así. Una cosa es interpretar y otra la vida normal de cada uno. ¿Ella es la pelirroja de la publicidad?
-Si, es ella. Y eso lo dices porque todavía no la conoces, ella siempre está metida en su papel. Ven un rato a casa y te la presento.
-Hmm... No se, quizás mejor me sorprendéis el día del estreno.
Dominique puso una cara de desánimo.- No se por qué no quieres venir. Quería que los conocieses a todos antes de ver la función. No quiero que te asustes ese día.
-Dominique, se de que va el espectáculo aunque no conozca lo que representareis. Que vayáis de vampiros no supone que lo seáis.
Dominique murmuró algo en francés que me sonó algo así como a “te sorprenderás” mientras se encaminó hasta el salón, Antoine lo estaba llamando para irse.
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