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MIS OBRAS

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jueves, 22 de septiembre de 2011

Saga "La Mediadora, El Comienzo" Capitulo 39: Ganas de Gritar

Constantin trató de alcanzarme elevando su mano ligeramente sobre mi brazo pero yo me retiré hacia atrás. No me lo podía creer… ¿cómo había sido tan estúpida? Él afirmó al principio de conocernos que sabía que yo era una Mediadora, había admitido que mi sangre le atraía más que la de cualquier otro. Kareemah le hizo un conjuro para unirse a Claire a petición suya y supuestamente yo tengo algo que ver con ella, no como descendiente sanguínea sino con su esencia mística, como si fuésemos parientes mágicos. La atracción que yo sentía por él podía no ser real y la había utilizado para acercarse a mí. Todo por culpa de mi maldita sangre. Y encima ahora mi supervivencia dependía de que yo obtuviese la suya… cosa que también sabía que iba a pasar gracias a Kareemah.
-¡No me toques!- siseé, y de mi boca se derramó un pequeño hilo de sangre. Tendré que aprender a usar mis nuevos colmillos.
-Frumos por favor. Lo de Claire no tiene nada que ver contigo, con lo que siento hacia ti desde el mismo momento en que te vi por primera vez. Por Claire solo sentía gratitud por no alejarse de mí al saber lo que yo era. No la amaba. Eso lo comprendí con el tiempo.
-¿Y ahora que me dirás, la típica excusa de “yo era un vampiro joven, no sabía lo que me hacía”? Es una pena que alguien que no tiene ni la quinta parte de vida vivida que tú tenga que enseñarte que todas las acciones que hacemos tienen sus consecuencias. Tú has actuado a sabiendas y por eso yo ahora necesitaré de ti, de tu sangre. No puedes recriminarme por odiarte y no saber si algún día te podré perdonar. Buscaré la forma de que me lo des sin tener que tenerte cerca, pero lo haré cuando hayamos terminado con El Rayo de Sol. Mantente lejos de mí.
La puerta se abrió en un estruendo haciéndose pedazos al instante. Donovan entró hecho una furia. Sus ojos tenían un color ambarino, su cabeza era ligeramente más ancha y felina. Su piel se estaba oscureciendo y sus andares eran sigilosos, como los de un depredador en el momento de la caza. Sus manos iban desapareciendo bajo unas garras. Su nebulosa de poder destellaba en toda clase de rojos e iba creciendo a cada paso.- ¡Apártate de ella, es mía!- No se si eso sonó más a rugido que a humano, pero estoy segura que su rabia lo acompañaba.- ¡Cómo te atreves a intentar cambiarla!
-No intentes mangonearme, were. Yo no sabía que iba a pasar, sólo quería ayudarla a recuperarse. A ti no te debo ninguna explicación más.
-¿Crees que no he escuchado lo que ha dicho ella que has hecho? ¡Nadie toca lo que es mío!
Tras un rugido se abalanzó contra él, Constantin siseó mostrando sus colmillos y se enzarzaron en una pelea monumental. Donovan había completado su transformación en una bella pantera enorme que había desgarrado su ropa durante el cambio. Si la situación no hubiese sido aquella me habría gustado admirar aquella hermosa piel de color negro azulado bordeada por ese aura rojiza. Yo no sabía qué hacer, aquello estaba pasando por mí, por mi culpa. La habitación no era suficientemente grande para que ellos tomasen toda su velocidad natural y eso hacía que la lucha fuese más intensa, un revoltijo de nebulosas roja y azul que se entremezclaban por la velocidad sobrenatural. Si no conseguía separarlos pronto uno de los dos iba a morir y aunque estuviese dolida con Constantin no quería verlo en ese estado. Tampoco se lo deseaba a Matt. Grité todo lo que pude sin conseguir que se fijaran en mí. Miré hacia la puerta intentando que los agentes que acompañaban a Matt hicieran algo. Estaban manteniendo sus armas en posición de disparo pero sin un objetivo bien expuesto era imposible. Les grité pidiendo que hiciesen algo pero ninguno se movió. La comprensión de lo que pasaba llegó a mí de golpe, como si me hubiesen dado una bofetada instantánea: acababan de descubrir que su apreciado sargento Donovan era una pantera. El policía más joven era el único que mantenía el rostro menos impresionado y a él me dirigí.
-¡Por el amor de Dios, haced algo! ¡ Se van a matar!
-No se me ocurre nada, nuestras armas podrían dañar al sargento. Quizás debería probar usted a llamarlos.
-¿Yo?- pregunté extrañada cortando de golpe la letanía de insultos que les dije por no cooperar.
-Esto parece más una pelea típica de hogar que otra cosa, se están peleando por una mujer y creo que es por usted. Si lo intenta quizás consiga más que nosotros.
Mi boca cayó abierta- ¿Me está diciendo que así es como solucionan las peleas cuando llegan a las manos, diciéndole a una mujer que les diga que paren?
-No señora, lo que quiero decir es que creo que harán mas caso de usted que de nosotros. Después de todo, esa pelea se debe a usted ¿no?
Me mordí la lengua para no decirle gilipollas. O el chico tenía miedo de los seres sobrenaturales o la policía no está bien preparada para un ataque real de ellos. Giré mi cabeza hacia la pelea. Matt sangraba por el cuello y Constantin tenía el estómago lleno de arañazos profundos por donde la sangre se deslizaba rápidamente. Si no paraban se iban a matar.
-Por favor, dejad de luchar.- Dije tranquilamente para intentar un llamado a la calma. En realidad yo me estaba ahogando por todo aquel estallido de poder tan cercano. Nada.- ¡No quiero que os peleéis por mí!- nada de nuevo. La rabia por no ser escuchada me dio un impulso de fuerza superior y grité mientras abría mis manos hacia fuera- ¡Parad ahora!
La energía estalló por todo mi cuerpo en mi propia nebulosa verde y descargó desde mis manos hacia fuera sobre ellos. Los dos salieron despedidos en direcciones opuestas. Matt aterrizó cerca de mí y su cuerpo de pantera fue menguando para volver a ser humano entre respiraciones hondas provocadas por el cansancio de la lucha y el cambio rápido. En el momento en el que recuperó su forma un policía se acercó a él con una manta que no supe decir de donde sacó y envolvió su desnudez con cierto recelo. Constantin estaba de pie en la pared opuesta, sus manos y pies pegados al muro, sus colmillos se habían retraído y su mirada estaba falta de emoción o movimiento. Con esa inamovilidad parecía una de esas mariposas que los biólogos conservan en colecciones de insectos. Una sangrienta y pacífica estatua que pese a su belleza no me engañaba porque sabía que era letal.
“Evelynn, ¿qué hiciste? No me puedo mover” Constantin estaba usando nuestra conexión mental y sonada algo preocupado. Yo también me asusté porque no sé cómo lo hice y por esa misma confusión en mi mente él consiguió liberarse. Cayó a plomo hacia el suelo pero en el último momento sus reflejos estaban al cien por cien y evitó golpearse en un rápido movimiento casi inexistente a mis ojos. La sorpresa en su cara duró poco tiempo, en unos escasos segundos mostraba la cara tiesa e indescifrable que portan todos los vampiros.
Una sonora risa retumbó en mi cabeza envolviéndome en una agradable brisa inexistente. Era como sentir una mano acariciándome suavemente desde mi cabello, pasando por mi nuca y mi cuello de la más erótica manera posible. Un imaginario dedo se deslizó por mi espalda haciendo pequeños círculos hasta alcanzar la parte superior de mi culo. Al llegar allí imaginé quién podía ser y bloqueé mi mente de aquel manoseo imaginándome a mi propia mano dando un manotazo para apartar aquel dedo. La risa fue más insistente pero ya no me alcanzaba de la misma forma que antes. Miré directamente a donde seguía postrada Kareemah, sabía que era ella pero no se había movido ni un milímetro. Lo único diferente eran sus ojos arremolinándose en un profundo rojo. Me asusté. Ella realmente me deseaba.
“Sí Mediadora. Has probado lo que tus poderes hacen, todavía descubrirás más. No trates de engañarme, he visto como has reaccionado a mi toque mental, imagínate lo que podría hacerte realmente, sé que lo deseas. Te he probado a ti a través de mis lazos con Constantin. Me costó trabajo porque tiene una mente muy fuerte pero yo soy milenaria. Juntas seríamos invencibles. Yo obtendría el poder absoluto, ningún humano o vampiro podría con mi poder y tú obtendrías todo lo que desees. Piénsalo Mediadora, todo. No te negaría nada a cambio de alimentarme a diario de ti, solo necesito una pequeña cantidad…”
“No te ilusiones maldita, tú presumes de que podrías darme todo y no creo que sea posible. ¿Qué te parece si te digo que lo que deseo de verdad es que te mueras de una vez? Nada de no muerte, deseo verte convertida en polvo, esparcida por los cinco continentes para que tus cenizas no puedan ser reunidas de nuevo en un intento de hacer algún yu-yu que te devuelva tu cuerpo.”
“Vaya. La nueva Mediadora está llena de sarcasmo, me daba a mí que iba a ser así desde que te conocí.”
Pensé por un momento y le pregunté. “¿Estás diciendo que usaste a Constantin para acercarte a mí?” Ella no respondió, lo que me dio la respuesta. Ella lo había estado influenciando. Quizás solo él tuviese parte de culpa en todo y Kareemah es la hija de puta más grande que he conocido en mi vida. Me acerqué hasta donde ella estaba esposada y pese a todo mi miedo, forcé a mis ojos a mirarla directamente.- No te acerques a mí, no intentes cogerme, mangonear mi vida o la gente que me rodea. Te juro que si vuelves a intentar algo con aquellos que me importan iré directamente al maldito agujero donde reposas de día y te estacaré. Cortaré tu cuerpo en trozos tan minúsculos que ni las ratas tendrán bocado que llevarse a la boca.
Siseó- Está aprovechándote de que yo estoy indefensa en esta especie de camilla.
-Créeme, si lo estuviese haciendo ya serías polvo.
Giré de nuevo hacia fuera. Me paré al lado de Constantin donde seguía mirándome sin pestañear. Por un momento vi en su cara algo parecido al orgullo y admiración por mí.- Eve…
Le tendí una mano aunque no estaba segura si de verdad la necesitaba. Sus heridas ya no sangraban y solo habían pasado unos cinco minutos desde que lo derribé.- He tenido una pequeña conversación mental con ella. Digamos que ella te “lavó el cerebro” para hacerte venir a mí intentando capturarme. Eso no quita que tú has usado deliberadamente mis sentimientos en un momento muy vulnerable para mí. No puedo perdonarte todavía, necesito tiempo.
Pareció pensarlo por un momento. Luego volvió a su inescrutable rostro y asintió con la cabeza a la vez que me dejaba que le ayudase a levantar. No me costó trabajo, lo que me dijo que realmente no lo había necesitado y buscaba un acercamiento.- Te demostraré poco a poco que lo que siento es verdadero, nada que ver con lo que ella me hizo.
Donovan gruñó aproximándose peligrosamente a nosotros. Debería haberse visto mal tratando de verse agresivo envuelto solamente en una manta, pero en él nada estaba mal- ¡Déjala!
Me metí en medio de los dos. Si alguno intentaba hacerle algo al otro tendría que pasar primero sobre mí y eso los frenó. Apreté la mandíbula y hablé entre dientes.- Dejad esa cosa de macho dominante y centrémonos en lo que está pasando. Hay gente a punto de morir, y cuando digo gente me refiero a humanos y sobrenaturales. Están a punto de amotinarse o incluso asesinar al senador Starch enfrente del edificio policial. El cabecilla se llama Jacob y es quien cometió los asesinatos del Bites and Dreams.
-¿Estás segura?- preguntó uno de los oficiales. ¡Vaya! Ahora que estaban a salvo los egos masculinos volvían a interesarse por ellos…
-Tan segura como puedo estarlo de que mis ojos han estado a escasos centímetros de esas garras de águila tatuadas en su antebrazo.
Donovan comenzó a organizar a su grupo de oficiales y alguien le trajo unos pantalones y una camiseta de una mochila en su vehículo. Saber que cuando te transformas sin previo aviso puede dejarte desnudo es un buen motivo para siempre llevar ropa de repuesto guardada. Se vistió sin vergüenza delante de mí. No exactamente delante, se apartó a un lado pero todavía podía verlo si quería. Y Dios me perdone, quería hacerlo. Me dio una completa vista de su trasero antes de embutirse unos vaqueros que se deslizaban sobre sus muslos como una segunda piel. Él me pilló mirando cuando volteó su cara atrás hacia mí. Me ahogué en una mar de calor y vergüenza por haber sido cazada y él me dedicó una sexy sonrisa subiendo la mitad de su boca pícaramente. No sé por qué, pero sabía que el había notado mi deseo y por eso se volvió. Sentí el leve toque de los celosos pensamientos de Constantin y miré hacia él. Estaba limpiándose con una toalla todo lo que podía de la sangre salpicada en su abdomen. No sé si los vampiros debían de hacer ejercicio para mantenerse en forma, pero su pack de seis asomando confirmaba que como mínimo lo había hecho antes de transformarse. El calor regresó a mí cuando aprecié el remolino rojizo en sus ojos. Estaba excitado por mi escrutinio sobre su cuerpo. Pese a que estaba odiando todo lo que había descubierto no podía dejar de desearlo, y a Matt también. Salí de aquel cuarto tan lleno de testosterona refunfuñando una maldición a mis lazos con ellos. No había modo de saber cuanto provenía de mí y cuanto de las ataduras.
Hurgué por el pasillo mientras ellos organizaban todo. Las armas que vi cuando bajé ya no estaban. Entré en la primera habitación de la izquierda y resultó ser una oficina llena de cajas de facturas, licores caros almacenados en una estantería bajo llave, objetos de propaganda de productos hosteleros, un par de sillas simples rente a una mesa de oficina y un cómodo sillón de piel. Tras curiosear un poco sin ver nada importante pasé a revisar los cajones. No había nada raro excepto por el ultimo cajón que estaba cerrado. Con el abrecartas conseguí forzar la cerradura. Fui muy cuidadosa para no dejar indicios del forzamiento y allí encontré facturas pagadas por artículos de armamento, madera y materiales de carpintería. Eso serían pruebas con las que demostrar que aquello no era solo un restaurante donde se celebraban las “inocentes” reuniones de un club de antivampiros. Era un club de antivampiros muy peligroso. Bajo todo aquel papeleo encontré mis cuchillos, mi S&W y mi bolso. Todavía estaban dentro mi Glock y mi cajita. Miré hacia todas mis armas, ¿Las querría guardar Jacob como trofeo? Mejor no pensar en ello y comencé a recolocarme todas mis cosas en su sitio. Donovan entró con un chaleco para mí y le dije que no tenía frío, un poco de rabia y poder funcionaban como el mejor calefactor del mundo.
-No es por el frío. ¿Qué te hizo ese cabrón?- y me señaló hacia la parte superior de mi pecho, el cual estaba casi al descubierto por los desgarrones durante el forcejeo. Ni siquiera me había acordados de eso. Todos los que habían estado en el sótano habían tenido una buena vista de mi sostén y mis generosos pechos ¡A la mierda! Casi debía preguntar por si alguno no había tenido la vista completa…
-Nada por lo que no vaya a pagar cuando lo atrape. Y si lo cazas tu primero quiero cinco minutos con él para mí sola.
El borde de su mirada comenzó a tomar el color ambarino de su were y la neblina rojiza quería pronunciarse. Lo calmé colocando un dedo sobre su boca- Shhh… sabes que puedo cuidarme sola, ese cabrón no obtuvo nada de mí pero le haré pagar por lo que quiso hacer. Prométeme que me conseguirás esos malditos minutos.- Apretó la boca con molestia, pero al final asintió. Eso me hizo sentir muy bien. Él me estaba dando mi espacio y respetaba mi decisión.
-Sargento, la vampiro de aquella habitación a desaparecido. Hemos estado registrando el resto de habitaciones y si allí habían retenido a más no queda ninguno, solo un hombre muy torturado que nos ha insistido en decirte que se llama Adam.
Matt salió disparado hacia donde el oficial le gritaba que estaba. Lo trajo hasta la camilla donde había estado Kareemah. Parecía una hamburguesa, todo lleno de cortes y zonas donde faltaba piel. Su piel emanaba un hedor nauseabundo, mezcla de carne quemada, sangre y desechos. Le habían atado con cadenas de plata como a los demás, incluso tenía una cuerda alrededor del cuello en una malintencionada idea de tratarlo como a un animal. Respiraba fatigosamente y por una de las heridas en su pecho asomaba un trozo blanco ensangrentado que me pareció que podía ser un trozo de costilla rota. Matt llamó con su teléfono a la doctora Maxwell, ordenándole que viniese a atenderlo allí. Dos agentes bajaron a los trabajadores del restaurante que se habían quedado para vigilarnos. Bajaron esposados y Matt ordenó que los recluyesen en la misma habitación donde mantuvieron a Adam. Cuando los dejaron encerrados los agentes tuvieron que salir corriendo a vomitar por el hedor del cubículo. Ni siquiera le habían dejado ir a hacer sus necesidades a un aseo. Matt maldecía por no poder disponer de más agentes para cuidar a los presos hasta que elimináramos la rebelión. Los agentes que lo acompañaban eran solo tres además de é. Uno debía de quedarse con Adam, otro vigilaría la entrada del restaurante y otro controlaría a los presos. Eso dejaba solo a él, Constantin y yo para ayudar.
-Mi señora, he traído refuerzos tal y como me ordenaste.- era William.
-Yo no te ordené, te lo pedí que no es lo mismo. ¿Dónde está la ayuda?- los dos me miraron con asombro aunque no dijeron nada. Sabían que estaba hablando en serio con alguien, después de todo lo que habíamos pasado últimamente esto era lo más normal en los últimos dos días.
-Por lo que veo una llegó antes de que yo volviese. Conseguí contactar con la tía del were tras una sesión de espiritismo- hizo una mueca intentando que yo imaginase la clase de “penalidades” que había sufrido el pobre fantasma en sus inexistentes carnes- y le llamó para indicarle donde estaba usted atrapada. El resto de la ayuda está en donde están concentrados los humanos frente a un edificio de la policía.
-¿Quiénes son?
- La tribu were y una legión de espectros del cementerio más próximo. Por cierto, tendrás que ayudarles a conseguir un poco de energía eléctrica a través de tus poderes. Es lo único que piden como pago. La culpa es mía por hablarles del subidón que me dio…- le dí una mirada fulminante y comprendió que se estaba extendiendo en la explicación- Por cierto, hay alguien más. Una preciosa señora mayor que dice ser su yaya.
Eso me hizo tirar de Constantin y Matt para irnos cuanto antes. Ante el levantamiento de ceja que me hicieron los dos a la vez al entrar en el coche policial suspiré- Preparaos, vais a ver a la abuela Tunner en acción.

I'M BACK!!!!!!!!



Bueeeeeeno... por fin todo en orden! Mi niña mayor en el cole, mi marido trabajando y yo... yo nunca estoy sola :P Pero lo importante es que espero poder retomar el blog y atenderlo con buen ritmo. La imagen inspira descanso aunque no haya sido así exactamente. Ha sido un verano muy ajetreado para mí. Además de la operación de mi marido, mis niñas cogieron varicela con un intervalo entre ellas y su padre de quince días por cada uno, así que ni siquiera hemos podido ir a la playa o la piscina por miedo a que les queden marcas. El año que viene si puedo me desquitaré por lo de este verano. Os veo pronto con nuevo cap. Besitos!!!!!

martes, 23 de agosto de 2011

Saga "La Mediadora, El Comienzo" Capitulo 38: Del Amor al Odio

Estaba en mitad de un bosque tras unos matorrales que ocultaban una cueva de difícil acceso. La luz de la luna iluminaba débilmente sobre el ramaje pero aun así era suficiente para distinguir todo lo que me rodeaba. A veces pasaban segundos en los que se hacia más oscuro. Miré hacia arriba sobre el firmamento para comprobar que lo que provocaba esos cambios en la iluminación era causado por multitud de nubes corriendo vertiginosamente por culpa de un viento helador que las azotaba.
Sabía que estaba en una de mis visiones pero había algo que no encajaba, era diferente. Miré hacia abajo sobre mi cuerpo y nada estaba cambiado. Era yo misma, lo sabía porque llevaba puestas las mismas ropas que tenía en el restaurante, incluso estaban desgarradas mostrando parte de mi sujetador. Si aquello no podía ser otra visión… era algo diferente.
-Por supuesto que no lo es, yo te traje aquí, a este momento para que compruebes lo que te dije antes de que le dejes darte su sangre. Él realmente no es el vampiro fuerte y temido por todos que crees, es un simple peón.
Giré mi cabeza a mi izquierda hacia la cueva. Kareemah estaba justo en la entrada como si acabase de salir de allí y estaba hablándome directamente a mí. Sus ropas eran vistosas, pomposas y extrañamente llevaba el pelo cubierto por un pañuelo atado en la parte de atrás. Un conjunto policromático de colores brillantes que realzaban su rostro. La miré extrañada.
-¿Qué quieres decir?
-Es mejor que lo veas. He entrado en tu mente y te estoy mostrando mis recuerdos. He tenido que forzar algo parecido a una visión para que estés presente. Tu realmente no has estado teniendo unas buenas visiones, has dejado que él te tocase justo en el momento en el que las alcanzabas y sus deseos y recuerdos se han fusionado lo suficiente como para que la historia se alterara en tu cabeza. Sólo contempla y luego decide qué quieres creer.- me hizo gesto con su mano de que me mantuviese tras los matorrales y ella también lo hizo.
No había pasado más de medio minuto cuando escuchamos el golpeteo de un caballo acercándose. En la lejanía distinguí una figura oscura que conforme se fue acercando tomó la forma de un caballo con dos personas en su lomo. La velocidad con la que se movía el animal era frenética, algo así como si estuviesen huyendo de algo o alguien pero justo cuando creí que iban a pasarnos él tiró de las riendas haciendo que el caballo frenase poco a poco hasta detenerse a un metro de donde yo me encontraba. Del lomo se bajaron Constantin y Claire. Ella tuvo que apoyarse bastante sobre los hombros de él para conseguir bajar sin caer y al final tuvo que cogerla en brazos porque no se sostenía. Parecía débil o mareada, con un chorro de sangre corriendo por el escote de su vestido hasta el canal entre sus pechos. Las mangas de su vestido estaban hechas jirones y sus brazos eran un amasijo de moretones y graves heridas. Constantin tenía los labios y parte de su barbilla también manchados además de la ropa destrozada. Dejó a Claire sobre la hierba apoyada contra la corteza de un árbol y giró en redondo como si buscase a alguien o algo.
-¡Estella! ¡Estella¡ ¡Maldición, no veo su carro por ningún lado!- gritó mientras acudía a comprobar a la mujer.
Yo observaba a Claire sentada inmóvil. Creí que se había desmayado porque no se movía pero ante los gritos que Constantin había dado movió la cabeza hacia arriba y apoyó la nuca en el árbol. A la luz de la luna y sin la intromisión de mi propio ser en su cuerpo pude apreciar con mayor exactitud sus rasgos faciales. Claire y yo no éramos tan parecidas, su nariz era más prominente y sus ojos tampoco se asemejaban a los míos. Realmente Claire y yo teníamos muy poco en común por no decir nada… ¿por qué pensé una vez que nos parecíamos como hermanas?
“Te lo dije, él quería creer que era así y por eso tú así lo viste…” Resonó en mi cabeza la voz de Kareemah.
Quise contestarle pero en ese momento ella decidió dejarme y aparecer en escena justo a ellos con unos pasos al caminar que no tenían el aire majestuoso con los que le había visto hacerlo cuando la conocí en la mansión.
-Hola Constantin, mi carromato está en el pueblo cercano. Tuve que llevarlo para que el herrero arreglara una rueda pero decidí quedarme por aquí a esperarte. Sabía que vendrías.
Me extrañó que Constantin la llamara Estella y no la reconociese como Riath, aunque claro… esto era Francia. Kareemah se acercó hasta ellos e inhaló brevemente, supongo que el aroma a sangre proveniente del cuello de Claire.
-Siempre sabes cuando vendré. Necesito tu ayuda. No creo que le quede mucho tiempo de vida.
Stella/Kareemah arqueó una ceja- ¿Y qué quieres que haga yo? Llevo meses intentando hacerte controlar tus instintos para que no la drenes y ahora ella casi lo está. Además, yo no soy médico, no puedo hacer nada por ella.
-Dijiste que encontrarías el modo de revertir mi monstruosidad, dijiste que podrías hacerme humano de nuevo. Si eres capaz de eso puedes salvarla también.
-Dije que lo intentaría, no que lo supiese.- caminó en círculos por unos pocos minutos para desesperación de Constantin como si buscase la solución. De repente se giró bruscamente y lo miró directamente a los ojos.- Esta bien, deja que me la lleve a mi carromato y trataré de que no muera. Eso puede llevar un tiempo, luego te buscaré y te la entregaré cuando haya sanado. Es lo mejor que puedo hacer.
-No. Ella no se aleja de mí.
-¡Tú no puedes venir! La matarás antes de que pueda hacer nada. Yo me la llevaré.
-¡He dicho que no! Fuimos atacados por el vampiro que te dije que me buscaba justo cuando descubrimos que andaba cerca y decidimos huir. No la dejaré sola. Yo… yo… quiero estar con ella.
-¿Por qué vampiro, la amas? ¿O más bien es su sangre?
-No lo sé, pero sé que necesito tenerla conmigo. Ella ha entrado en problemas por mi culpa y debo protegerla. Si eso puede llamarse amor, entonces si, no creo que haya otra cosa que sienta siendo el monstruo en el que me convertí.
Estella/Kareemah chasqueó la lengua con desprecio-Tú eres adicto a su sangre, eso no es amor. Me vas a poner las cosas difíciles para que me la lleve. Eso no me gusta nada. Deja que te lo aclare. Ella se viene conmigo. No eres rival para Lucien, apenas eres un niño recién nacido en comparación con los años que tiene él. Conseguirás que la mate en despecho por haber matado a su compañera.
Alzó la cabeza con indignación -Soy un vampiro joven, lo sé, pero también se que soy una rareza. Soy un vampiro creado por dos, algo nunca hecho antes. Poseo las características de los Varacolacci y los Strigoii a la vez. Pudo ser capaz de defenderla como hasta ahora, además es cierto que su sangre es adictiva, pero también me da más fuerza que la de cualquier humano. Hacemos un buen dúo.
Ella se acercó hasta donde reposaba Claire dejando su rostro a escasos centímetros y aspiró el aroma de su sangre. No pudo evitar relamerse por lo embriagador que era. Hacia varios milenios que no captaba algo tan apetitoso semejante a su querida Indra. También notó que el latido era ya casi imperceptible. Claire estaba a punto de morir.- Ella no estaba totalmente formada y esto es una pérdida de tiempo. No tiene salvación. Has desperdiciado su sangre.
-¿Qué estás diciendo? Llevo meses drenando completamente a otros humanos tratando de calmar mi ansia por su deliciosa sangre tal y como me aconsejaste, desapareciendo de su lado durante varios días para lograrlo y por culpa de un vampiro no he podido alejarme de ella desde que escapamos y ahora está a punto de morir. La culpa me perseguirá eternamente ¡Ayúdame o dime donde encontrar un medico que la salve!
-¿Y qué les ibas a explicar, que como eres vampiro la has drenado totalmente porque no supiste el modo de parar de comerte la cena? Eso tendría que verlo.
-¡No!- gritó desesperado mientras la acunaba entre sus brazos mientras lágrimas de sangre brotaban de sus mejillas y se unían a las gotas ya existentes en el escote de Claire. Un minuto más tarde alzó en un rápido movimiento vampírico la cabeza como si acabase de entender algo- ¿Cómo sabes tú como se llama el que nos persigue? Nunca te dije su nombre.
-Ya me cansé de esta comedia… Conozco a Lucien y también a Natasha. Ella era uno de mis maestros en el nuevo mundo. Lucien me comentó lo que pasó cuando te convirtieron y sus sospechas de que esa humana era algo especial. Le envié a espiarte y el idiota lo hizo pero solo para vengarse de ti por matar a su compañera. Así que viendo que no entraba en razón decidí hacerme pasar por una gitana sabedora de los vampiros, para poder localizar donde vivías con ella. Debo felicitarte por haberla mantenido tan bien escondida, fue difícil dar con vuestra casa. Todo lo que me explicaste sobre vuestra relación me hizo pensar en que ella podía ser como mi Indra. Quiero sentir ese poder corriendo otra vez por mis venas. Ya no podré retenerla para poder alimentarme mientras durase su estúpida vida gracias a tu falta de control. Dámela antes de que termine de morir, por lo menos podré conseguir un poco de ella y quizás te perdone la vida.- Sin esperar a su reacción la arrancó de sus brazos en un rápido movimiento y en un parpadeo estaba a varios metros de distancia. Dejó que sus colmillos descendiesen y se dispuso a drenar la sangre que le quedaba. Claire dio un mudo gemido de dolor antes de quedar laxa entre sus brazos mientras Constantin la miraba horrorizado. Cuando hubo acabado Kareemah alzó su rostro al cielo con la boca cubierta de sangre y exclamó de placer al sentir la magia de la sangre corriendo por ella. Después dejó caer el cuerpo a sus pies como si no fuese más que un simple trapo y lo encaró.- ¿Sorprendido? Ella era una Mediadora en potencia, no estaba cambiada totalmente para tener sus poderes a plena potencia. He estado aguantando tus molestas quejas sobre tu monstruosidad intentando que la acercaras a mí, pero tenías que ser testarudo y mantenerla en secreto. Al final solo conseguí un pequeño bocado. Tantas noches aparentando ser una zíngara que iba a ayudar al joven vampiro a volver a ser humano… sorpresa, no puedes volver a ser humano. Supéralo de una vez.
Con un rugido de rabia se abalanzó sobre ella y consiguió darle un puñetazo en la cara. Si hubiese sido humana tendría la mandíbula rota. Fue a por un segundo golpe pero ella ya estaba en guardia y lo cogió por el cuello alzándolo en vilo.- No sabes con quién te enfrentas pequeño renacido. Soy la Riath Kareemah del nuevo continente, hija del Nilo, devota de Osiris, señor de los muertos. Por mucha sangre de una medio Mediadora que hayas podido tomar nunca tendrás la suficiente para derrotarme, te llevo muchos milenios de no vida de diferencia.
-No me asustas, termina conmigo de una vez y podré descansar.-su voz era entrecortada por el agarre de la mano sobre su cuello. No necesitaba respirar, pero su garganta estaba siendo estirada en una postura imposible.
Ella estudió su cara en busca de su miedo. Cuando un vampiro es joven no sabe enmascarar sus emociones y son fáciles de leer. Pero ella no vio lo que esperaba, él realmente quería morir. Lo depositó en el suelo y puso sus manos en las caderas para explicarle- Aunque no lo creas Natasha y Lucien te hicieron un precioso regalo. Mucha gente daría todo por la vida eterna que tú tienes. Eres valiente, podrías ser un buen señor para las tierras del nuevo mundo, hay mucho que conquistar. Te voy a dar la oportunidad de servirme a mí fielmente, tendrás una posición alta en nuestra política vampira manejando los terrenos que le pertenecían.
-No podría, como tú has señalado solo los más fuertes acceden a esas posiciones. Termina conmigo de una vez.
Un destello rojo de ira cruzó su mirada, nadie le negaba nada- No me hagas enfadar renacido. Sé a que te dedicabas antes de morir, serás bueno para aquellas tierras. Lo único que necesito es tu lealtad, algo que escasea cuando siempre hay algún traidor detrás deseoso de ocupar mi puesto, cosa que ninguno ha conseguido. Eres una cosa bonita de ver, yo podría quedarme personalmente algún tiempo contigo para enseñarte a manejar todo y quizás podría tenerte en mi cama. Serías mi favorito y nadie te retaría. Además, nadie tiene que saber cómo la suerte jugó de tu parte para derrotar a Natasha, así todos te temerían lo suficiente para respetarte aun siendo joven.- le tendió una mano- si decides que sí, agárrate a mí y nos pondremos en marcha. Tienes toda la eternidad para aprender a controlar tu sed y debo decirte que si apareció una Mediadora en la Tierra es porque será necesaria en años venideros así que no sufras, la Naturaleza se provee de todo lo que necesita para mantener el equilibrio, un nuevo Mediador nacerá a su debido tiempo.
-No será ella.
-Créeme Constantin, después de que me pediste que te uniera con un hechizo a ella te eché la buenaventura vi que tu ser estaba ligado a su esencia más allá de este tiempo. Volverás a ver a un Mediador. Y ahora apresúrate. Debemos de llegar a la costa francesa para embarcarnos hacia el nuevo mundo, ya me cansé de tanto aire de superioridad europeo y tengo que escoger un gran barco en el que zarpar. Cuanta más gente mejor para comer sin ser descubiertos.
Pasaron un par de minutos y al final él tomó lo que le daba y se levantó. En esos momentos volvió la neblina. Sabía que estaba tragando sangre pero tenía tal sed que no podía parar y abrir mis ojos. Kareemah seguía zumbando en mi mente intentando hacer que dejara de beber. Conforme el dulce sabor de la sangre de Constantin bajaba por mi cuello comencé a encontrarme mejor. Me sentía como un deportista dopándose con sangre oxigenada. Mi adrenalina zumbaba por cada poro de mi piel. Su sangre fue el mejor reconstituyente que podría conseguir. Ya reconstituida abrí mis ojos. Constantin estaba mirándome con los ojos muy abiertos en una expresión de dolor. Yo fruncí mi ceño y salté hacia una pared para apartarme de él. El bote que dí me asustó, no fue un salto humano, más bien fue un salto muy vampírico. Mis manos temblaban cuando acerqué mis dedos temblorosos a mi dolorida boca. Una yema se pinchó contra una afilada punta saliente. Ahora tenía además de mis ojos rojos un par de diminutos colmillos como herencia.
-¿Qué me has hecho?- medio pregunté, medio grité con horror.- ¡Me convertiste!
-No, no… no lo sé. Solo quise que te recuperaras. No te siento como un vampiro si eso es lo que piensas que eres ahora. Hueles como uno, pero no eres uno. No sé cómo lo sé exactamente, pero sé que hueles a más cosas.
Fui hacia él en un borrón y lo empujé contra el muro con tanta fuerza que un nuevo agujero se abrió. Esta vez pude ver que la siguiente habitación en el maldito sótano estaba ocupada por Kareemah. Tenía montones de cadenas de plata alrededor de su cuerpo. Su piel pálida era ahora casi translucida y tenía una via en su brazo por donde le estaban sacando su sangre. Unas quemaduras en forma de cruz en una de sus mejillas y en un brazo daban constancia de que había sido torturada. Volví de nuevo mi atención al maldito vampiro frente a mí y me acerqué lo suficiente como para que mi aliento entibiase la punta de su nariz mientras siseaba al intentar hablar con mi nueva dentadura.- La drenaste, la hechizaste para asegurarte que solo te quería a ti, sabías quien era ella porque te lo explicó tu Riath, ¿y ahora intentas transformarme?
-Te juro que no tenía intención de nada, solo quería salvarte. Si has visto lo que pasó con Claire sabrás que no quiero perderte a ti tampoco. Me arrepiento de lo que le hice a ella, pero te juro que contigo no he intentado nada. La atracción y el amor que nos profesamos es pura.
Odiaba admitir que sí tenía sentimientos hacia él, hacia ese hombre que era capaz de manipular con tal de mantenerte a su lado. Ya no estaba segura de si mis sentimientos eran reales o no-¿Amor? ¿Qué coño sabes tú lo que es el amor? Amor es cuando uno acepta a otro libremente, sin coacciones. No me convertirás en una marioneta como hiciste con Claire. ¡No soy Claire!
-Si pudiese mover las manos te juro que te aplaudiría, Constantin. Hiciste una desgracia con aquella Mediadora y te acabas de joder la oportunidad con esta. Debo decir que te tengo lástima, puesto que tal y como te dije tu vida iba a estar unida a ella.- pese a estar sufriendo un infierno de dolor con las cadenas Kareemah sonreía al decirlo.- Un Mediador es como un juez de lo sobrenatural, su fuerza reside en que maneja un numeroso grupo de poderes sobrenaturales, pero para ello necesita estar unido a gente que porte esos poderes. He intentado que me deje entrar en ese distinguido grupo porque todos se benefician de esa unión, todos adquieren fuerza. Pero tú eliminaste esa posibilidad cuando le diste tu protección en la mansión. Ella despertó su esencia Mediadora y adquirió de ti tu necesidad de sangre, pero no la de cualquiera. Necesita exclusivamente tu sangre.
-¿Qué cojones dices y tú cómo sabes eso?
-¿No lo entiendes Evelyn? ¿No te has sentido más débil hasta el punto de desfallecer? Por la expresión de tu cara ya lo has sufrido. Eso era tu falta de su sangre. No sé cada cuanto la necesitarás, pero créeme, tendrás que obtenerla aunque no quieras. Te mentí. Cuando mi Indra estaba en su lecho muy débil traté de darle mi sangre y convertirla. Sus poderes como Mediadora surgieron y se estabilizó. Pero ella no aceptó tener que necesitar mi sangre como alimento, ella al final se suicidó.
Giré mi rostro surcado en lágrimas hacia Constantin y le dije solo dos palabras- Te odio.