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MIS OBRAS

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lunes, 29 de noviembre de 2010

Saga "La Mediadora" El Comienzo Capitulo 24: Marco Moretti

La comitiva que acompañaba al maestro de Illinois estaba a punto para hacer su gran entrada. Los vehículos estaban aparcados a unos treinta pasos de nuestros anfitriones, que esperaban sin mostrar ni un ápice de movimiento o emoción alguna. Comenzando de atrás hacia delante, la compaña estaba formada por el grupo de weres, los vampiros que ya se habían alzado tras ponerse el sol, yo misma y Constantin. Tomó la iniciativa y comenzó a dar pasos hacia la escalinata. Aunque seguía su ritmo fielmente, mi mente trataba de ordenarle a mi cuerpo que me guiara hacia la derecha, hacia el cementerio. Las vibraciones que estaba notando eran muy intensas, era como si me estuviesen llamando a sumergirme en ellas. Tal era la magnitud de su fuerza para arrastrarme que estaba a punto de soltarme de la mano de Constantin para correr hacia allá. Por comparar un poco la sensación que tenía diré que es como tener hambre y saber que a tu derecha tienes la cocina o la despensa y sabes que deberías ir primero a saciarte. O como pasar por delante de una tienda, ver la ganga más grande del mundo en el escaparate y saber que no puedes dejarla pasar. O como haber naufragado en el mar y tener a la derecha el salvavidas.
El caso es que mi mano iba perdiendo el agarre sobre la mano de Constantin y me iba torciendo en los pasos hasta que él apretó con más fuerza y consiguió mantenerme en el sitio. Sentí el empuje mental de él tratando de conectar conmigo- “¿Qué te ocurre?”.
Por primera vez mantuvimos conexión mental. Probé a contestarle- “No lo sé, supongo que la curiosidad o la periodista en mí quiere ir a fisgonear por ahí, el cementerio captó mi atención”.
Interferencias que se podían traducir como un poco de ira o enojo cruzaron en mi cabeza, Constantin estaba enfadado.- “¿Podrías mantenerte concentrada en lo que estamos haciendo ahora mismo? Ya te dije que la presentación es muy importante en el estatus vampiro, ahí se muestra como de leales son los seguidores. Si hay algún problema se toma como signo de debilidad y podrían atacarnos para derrocarme”.
Yo también me enojé por el dolor de cabeza que me estaba provocando y luché por no mostrar nada de cara a ellos-“Tranquilo, mensaje captado. Me esforzaré en continuar con mi cometido como “mujer florero”, adornando de tu brazo”.
-¿Mujer florero?- su voz sonaba ahora confundida.
-Si, eso es lo que he dicho. Deja ya de comunicarte mentalmente conmigo, me das dolor de cabeza.
Cerré la comunicación pensando en que dos esponjosos algodones tapaban mis oídos y me impedían escucharlo, fue lo único que se me ocurrió. La paz volvió a mi mente y el dolor de cabeza desapareció.
Aprovechando mi mejorada concentración me dediqué a admirar el edificio mientras nos acercábamos. Tenía todo el aspecto de un gigantesco convento, nada más propio para acompañar un cementerio. Los gruesos muros de la parte frontal y parte de la lateral estaban llenos de hiedra y enredaderas. El edificio estaba construido con enormes bloques piedra en un estilo medieval. Las ventanas eran pequeñas para dejar pasar mínimamente la luz del sol y tenían forma ojival. Advertí que el tejado estaba ocupado por un numeroso grupo de soldados que iban armados con ballestas y espadas y a cada cinco metros del muro estaba apostado un guardia con las mismas armas. En la parte frontal observé además de la escalinata un enorme porche que resguardaba una enorme puerta de madera, hecha toda de cuarterones. Bajo él había un par de esculturas de dos soldados, una a cada lado del portón, tallados con la vestimenta propia de los guerreros de las cruzadas cristianas.
Más o menos tenía controlada la estructura del edificio, a simple vista el único modo de salir de allí era por el mismo sitio por el que íbamos a entrar, mal asunto si algo ocurría y teníamos que salir corriendo. Como ya no encontré nada más en lo que fijarme excepto el cementerio y no era buena idea en ese momento me dediqué a observar a la gente que nos estaba recibiendo. Todos expelían energía, mostrando nebulosas de color azulado alrededor de sus cuerpos. Me daban la sensación del frío, así que eran todos vampiros. El saber desde cierta distancia si son vampiros o were lo aprendí estando en la casa de Constantin al observar a los habitantes de la mansión. A diferencia de los vampiros la nebulosa de un were despide calor y tiene un leve tono rojizo que se intensifica cuando tratan de mostrar su poder. Los vampiros situados a mi izquierda en la escalinata parecían cortados con el mismo patrón, a excepción de dos que portaban grandes medallones: pantalones de seda amplios- parecían más que llevaban falda por lo amplios que eran- de estilo mozárabe en tono verde, iban sin camisa y sobre el pecho portaban un pequeño chaleco rojo con bordado de oro en todo el borde. Todos llevaban fajín a juego con el chaleco y una especie de casco verde muy ajustado a la cabeza como una segunda piel. Sobre su cintura colgaban espadas de punta curvada típicamente morisca y sus brazos estaban llenos de figuras geométricas egipcias. Obviamente formaban parte del séquito de la Riaht.
A la derecha estaban un grupo totalmente opuesto al de la izquierda: vestían formalmente, pero cada uno iba a su estilo. Portaban katanas y usaban coleta para recoger el largo de su pelo. Éstos debían de pertenecer a la guardia de Moretti.
Un vampiro de la derecha y dos de la izquierda se adelantaron a nuestra llegada. Como si se hubiese activado en ese momento, Mei Ling avanzó por delante de nuestro grupo de vampiros y se colocó al lado izquierdo de su maestro para mostrar que estaba preparada para cualquier ofensa. La tipa me caía mal pero he de reconocer que la jodida sabía hacer su trabajo.
Uno de los egipcios dio un pequeño asentimiento de cabeza a modo de saludo hacia Constantin.- Bienvenido Dinescu, por lo que puedo apreciar esta debe ser la joven que dices que presenció el pequeño problema que ocasionó Prescott.
Su aspecto era de no tener más de veinticinco. Alzó un poco la nariz, como si estuviese olfateando algo en el aire. Sus ojos cruzaron con los míos y yo no pude evitar fijarme en el hecho de que él y el otro egipcio eran muy guapos e idénticos, gemelos. Tampoco pasé por alto el formidable abdomen que asomaba tras sus chalecos y el hecho de que llevaban pintados los ojos con eyeliner negro. El rabillo de los ojos acababa con un trazo muy largo. Para ser vampiros tenían la piel de un color tan dorado como si hubiesen tomado el sol en la playa. Como algo inusual en los vampiros me ofreció su mano.- Soy Tarik, y este es mi hermano Anpu.- Anpu me saludó con una reverencia y volvió a posicionarse al lado de su hermano. No estaba segura de qué hacer con la mano de Tarik, puesto que Constantin me había dicho que los vampiros nunca saludan tocando. Opté por buscar respuesta en su mirada y cuando me dio un imperceptible asentimiento ofrecí mi mano a Tarik mientras le decía mi nombre. Educadamente se inclinó para darme un beso en la parte superior y aprovechó para olfatearme disimuladamente. Mientras alzaba su cabeza musitó algo a su hermano en un idioma que me resultó desconocido –egipcio, supongo- y por un instante noté un destello rojizo cruzando sus pupilas.- ¿Qué eres? Tu aroma me resulta embriagador.
“¿Oler yo?”, pensé. Luché con las ganas de agachar la cabeza hacia mi axila y olerme yo misma. Soy muy escrupulosa con el aseo personal pero contra el súper olfato vampiro no hay nada que se pueda esconder. Por si acaso se refería al color de mis ojos traté de desviar su atención hacia el aroma con una chistosa salida.-Es Amour-Amour de Cacharel, mi abuela se aseguró de que siempre fuese perfumada allá donde fuere.
Constantin me dio un pequeño apretón en la mano a modo de reprimenda. Yo lo miré encogiéndome de hombros para restar importancia a mi respuesta y por segunda vez desde que lo conozco hizo un gesto muy humano, rodó sus ojos.
Tarik sonrió encantadoramente- Si no quieres decirlo no importa, estoy seguro de que Kareemah lo descubrirá en seguida.
Iba a preguntarle por ella, pero Constantin se me adelantó- ¿Está Kareemah preparada para el juicio de Bernie Prescott?
-Está jugando con Ziva- su elefante “mascota”.- Todavía tenéis que instalaros en vuestras habitaciones y de eso se encargará Peter. Nosotros vamos a comprobar vuestro equipaje mientras él os muestra donde os alojaréis.
Peter era el tercer vampiro que se adelantó a recibirnos. Saludó a Constantin con un gesto de su cabeza y luego me ofreció su mano para saludarme de la misma forma que había hecho Tarik, supongo que para no hacerse de menos. Cuando alzaba la cabeza noté que sus colmillos estaban a medio asomar y su cara mostraba esfuerzos por tratar de controlarlos. Comenzaba a sospechar que esta iba a ser la última vez que mi piel estuviera cerca de la nariz de un vampiro salvo que fuese una causa de fuerza mayor, me hacía a sentir como un buffet listo para servir y al que todos querían hincar el diente.
Peter por fin se calmó. Sacó una agenda electrónica y la examinó antes de dirigirse a Constantin -Bienvenidos. Las habitaciones están preparadas en la cuarta planta para usted y la señorita Tunner. Son contiguas tal y como nos solicitó durante nuestro contacto telefónico. También se alojará su escolta en la habitación siguiente, el resto de vampiros lo hará en la planta inferior y los were en la primera o segunda planta junto a los were del resto de maestros.
Subimos la escalinata mientras los were se quedaban para descargar y mostrar lo que traíamos. No me gustaba que los tratasen así pero poco podía yo hacer en ese momento por ellos con tanto vampiro por allí. Mei Ling fue la única que continuó su camino con nosotros.
El aspecto del interior del edificio asemejaba mucho a los castillos medievales. No entiendo la manía que tienen los vampiros a decorar sus hogares con el estilo de vida que llevaron cuando estaban vivos. Esperaba que a Moretti no se le hubiera ocurrido agasajarnos con un torneo de caballeros usando caballo y lanza.
Las paredes interiores también estaban hechas de bloques de piedra y su decoración consistía en escudos, cuadros antiguos, algún que otro jarrón con flores variadas y hermosos tapices. También vi armaduras y las lámparas eran de forja. Por suerte, aunque eran típicas de aquella época, habían sido reformadas y utilizaban bombillas eléctricas para la iluminación de las estancias.
En el recibidor únicamente topamos con weres y humanos vestidos como criados de época. Iban y venían portando comida en lujosas bandejas o llevando botellas de Sangre Real. Los alimentos por norma eran para los acompañantes no vampiros de los maestros. Junto a una gran puerta de madera de poca ornamentación estaban apostillados dos guardias que nada más vernos se apresuraron a abrirnos. La escena tras la puerta tenía toda la pinta de las reuniones familiares para las grandes ocasiones. Una gigantesca mesa de madera ocupaba la parte final de un descomunal salón. A los lados también estaban dispuestas otras mesas, unidas entre sí por la parte más estrecha. Los comensales eran todos los maestros de los distintos estados. Algunos estaban ataviados con ropas más o menos antiguas, tipo años veinte, setenta, siglo XIX… y también había algunos que sabían con certeza cual era la ropa de último diseño en las pasarelas.
La mesa principal estaba casi vacía, sólo un par de hombres estaban sentados a ella tomando una copa de algo rojo que no sabía si era vino o sangre. El resto de personas estaban repartidas a lo largo del salón, unos en sus correspondientes sillas y otras usando los cómodos divanes que lo bordeaban, todos en una actitud altanera. Conforme más observaba, más me parecía una de esas reuniones de postgrado para antiguos alumnos, donde todos quieren mostrar que su vida es exitosa. En este caso, los vampiros tratar de dar la imagen de cómo de perfecto, organizado y poderoso es su respectivo estado en función de cómo trataban a la gente que pululaba a su alrededor.
Constantin caminaba en total calma a través del salón mientras yo preguntaba. Conforme íbamos rebasando vampiros él iba haciendo un leve gesto con la cabeza para saludar y se lo iban devolviendo escuetamente. Algo me decía que no iba bien. Vale que los chupasangres no son muy dados a mostrar afecto y cosas así, pero por lo que yo estaba comprobando estaban todos muy animados en sus respectivas conversaciones hasta que veían a Constantin. Una vez que los pasábamos volvían a sus conversaciones como si nada.
-No parece que seas muy popular entre los tuyos.-le indiqué.
Constantin se acercó a mi oido para susurrarme en un hilo de voz tan bajo que tuve que hacer esfuerzos para escucharlo- Siguen preguntándose cómo conseguí vencer a Natasha siendo recién convertido y hacerme con Illinois. Temen mi poder.
-Uhh, si, ya. Hasta ahora, estando yo contigo no es que te haya visto mucho de eso, quizás lo único que te he visto hacer con maestría fue “bailar” con el compinche de Prescott cuando me atacaron.
Constantin me alzó una ceja interrogativa- ¿Dudas de que lo tenga?
-No, porque no lo he visto. La verdad es que es una pregunta interesante. Sólo digo un hecho, estás muy mono usando una katana.
Yo estaba siendo conducida en el salón sosteniéndome de su mano. Se detuvo en seco y me miró divertido. Su cara fue tornándose retorcida hasta que acabó en una genuina sonrisa en la que dejó medio asomando sus colmillos. Para cuando acabé la frase me arrepentí de haber dicho lo que pensaba. Él aprovechaba cualquier descuido mío para su propio beneficio, alguna oportunidad de tratar de seducirme.
-¿De verdad te parezco guapo con la katana? Si lo sé la hubiese traído colgada en este momento. Lo malo es que lo hubiesen tomado como un ataque, pero habría valido la pena por sentirte decir eso que me has dicho.
Traté de ignorar lo que estaba escuchando. El mejor modo de hacerlo era restándole importancia y cambiando de tema, así que me dediqué a mirar para un lado mientras manoseaba mi pelo. -¿Seguro que ahora va a haber un juicio? Se lo están pasando muy bien para pensar en hacerlo. Y por cierto, ¿Quién es ese de ahí que lleva las pintas más estrafalarias de todos los que he visto hasta ahora? -gesticulé con un imperceptible cabeceo- Parece un maestro de ceremonias escapado de alguna extravagante iglesia de Las Vegas.
Miró hacia donde yo le indiqué- Todavía no me han dicho cuando será el juicio. Son pocas las veces que todos los maestros nos juntamos y gustan de cambiar impresiones sobre cómo están manejándose las cosas en cada estado. Ese por el que me preguntas y que nos mira tan interesadamente es Marco Moretti. Viene hacia acá.
Moretti estaba muy metido en su papel de anfitrión con el porte que tenía al caminar. Su ropa y sus andares lo hacían verse como un noble de la Edad Media. Tenía el pelo castaño, ojos verdes y facciones muy cuadradas. Podría rondar el metro ochenta aproximadamente y aparentaba unos treinta y cinco años, quizás algo más. Su vestimenta era todo un poema: mofarrex en terciopelo azul marino decorado con pasamanería de plata, sombrero de picos en el mismo tono y material que su ropa, zapatos negros y para rematar el conjunto, lo que asomaba de sus piernas estaban cubierto por unas calzas finas en un tono gris claro.
Cuando llegó a donde nos encontrábamos saludó formalmente a Constantin- Buenas noches Dinescu. ¿Es esta muchacha la señorita Tunner?
-Buenas noches Moretti. Te presento a Evelynn Tunner. Ella será testigo en el juicio a Prescott.
Moretti hizo una reverencia hacia mí y empecé a sentir un leve dolor de cabeza seguido de un empuje en la misma- Un placer conocerla. Siento que tuviera que pasar por aquel trance tan molesto. No sé que demonios pasó por la cabeza de Bernie para cometer semejante locura.
“¿Locura?” -le mentalicé a Constantin- “El hijo de puta trató de matarme. Eso no es de locos, es de asesinos. Tengo muy claro que en esos momentos él sabia muy bien lo que hacía.”
“Yo también lo creo así, pero Moretti está tratando de convencerte para que no testifiques en contra de su segundo”
“Di más bien que trata de hipnotizarme, ahora mismo tengo un run-run en la cabeza, taladrándome, y estoy segura de que proviene de él”.
“Si es así debemos cortar la comunicación cuanto antes y debes actuar muy natural. No quisiera que se diese cuenta de que manejas la telepatía. Podrían descubrir que eres inmune a su hipnosis”.
Me cerré por completo. Sentía como Moretti iba enviándome la idea equivocada sobre que Bernie era un buen muchacho que actuó sin pensar. Para conseguir evitarlo sin ser descubierta me imaginé que mi cabeza era un gran colador lleno de agujeros por donde la voz de Moretti pasaba hacia el exterior, fuera de mí. La intensidad con la que me enviaba el mensaje fue en aumento cuando percibió mi resistencia. Para colmo de males, Constantin notó que algo me pasaba, pues mi cara se iba torciendo por el esfuerzo y contactó de nuevo conmigo.
“Frumos, ¿te pasa algo?”
“Creo que Moretti trata de persuadirme mentalmente para que cuando declare diga algo así como que Prescott es tan inocente que casi debería ser beatificado en vez de crucificado. El muy cabrón empuja en mi cabeza como una estampida de elefantes”.
Constantin apretó la mandíbula por el enojo y rápidamente cambió al rostro impasible de siempre para que Moretti no lo notase.- “Moretti no se ha dado cuenta de tus dotes y es mejor que no lo sepa, apreciamos como un tesoro la sangre de la gente mágica. Envíale la idea de que has captado su mensaje y dejará de atosigarte”.
En ese momento empecé a atar cabos- “¿Por eso Tarik decía que olía especial?, ¿para ti a qué huelo?”
“Es un aroma indescriptible. Supongo que para cada uno es diferente. Yo capto tu olor como a frutos recién cosechados, podría compararte con el olor de la ambrosía”.
“Eso no existe realmente, pertenece a la mitología, así que no puedes saber a qué huele la ambrosía”
“No, pero siempre se ha comparado su sabor y aroma con lo mejor de lo mejor. Para mí no hay nada que se pueda comparar con el tuyo, cuando estoy a tu lado tengo que hacer muchos esfuerzos para no tratar de morderte”.
Gran revelación la suya a estas alturas. Si lo llego a comprender antes no vengo a la reunión de vampiros, ha sido como meterse en la boca del lobo. Envié a Moretti la idea de que sí me había convencido e hice señas a Constantin para que nos excusara para ir a nuestras habitaciones. Moretti no puso objeción alguna, pero justo cuando íbamos a girarnos para irnos llegó un were a donde estábamos con una nota escrita en un pergamino. La leyó rápidamente y llamó la atención de todos los que estaban allí.
-Kareemah ha decidido celebrar una reunión privada con alguno de los presentes que ha recibido. El juicio no será hasta las tres de la madrugada.
La Riaht parecía disfrutar haciendo esperar a todo el mundo. A mí me jodió por completo. Lo único que quería hacer era terminar con el maldito juicio, hacer como que me había enfermado y obligar a Constantin a traerme de vuelta a Chicago o irme yo misma en tren, autobús o incluso haciendo autostop si hacía falta con tal de alejarme de allí. Dinescu solicitó mi mano y de nuevo me condujo hacia el ascensor para ir a nuestros “aposentos”, como los llamó Moretti.
Entré en el dormitorio que me habían asignado y como me esperaba era jodidamente medieval. Por lo menos el color predominante era mi favorito, el malva. Lo único moderno allí era el cuarto de baño. Digo que era moderno porque tenía water, en la Edad Media solían hacer sus necesidades en un agujero en el suelo, en un orinal o en mitad del campo y después de haber visto que Moretti trataba de recrear esa época no me hubiese extrañado que hubiese alguna de esas cosas. En la pared que separaba el dormitorio de Constantin con el mío me sorprendió encontrarme con una puerta que los comunicaba. Mientras habíamos estado en el salón ya habían subido mis cosas, pero aún así no desempaqué nada, directamente pegué en aquella puerta y sin esperar a que me dejase entrar me metí. Iba hecha una furia, con los brazos tensos hacia abajo, los puños bien apretados y posiblemente mis ojos no eran rojos si no fuego. Constantin se quedó mirándome sin decir nada, solo subió una ceja a modo de pregunta.
-¿Por qué tenías tanto interés en que nuestros dormitorios estuviesen juntos? ¿Crees que te voy a dejar que entres a él a tu antojo? Perfectamente podría quedarme con los were, no soy vampiro para estar en esta planta,- tras esas primeras preguntas todo lo demás lo dije dando paseos de un lado a otro de la habitación. Juro que tenía tal cantidad de euforia y adrenalina acumulada que si me hubiesen puesto un muro de hormigón delante lo habría destrozado de un puñetazo- ¿Por qué cojones no me advertiste de que huelo como a hamburguesa para vosotros? ¡Me has metido en un gran problema! ¿Quién me mandaría a mí aceptar el trato? ¡Me voy a coser la boca con hilo de pescar para no volver a decir sí a nada más, así aprenderé!... – me giré de nuevo para enfrentar a Dinescu. Estaba sentado en el borde de su cama, mirándome muy sereno y con los brazos cruzados- Bueno, ¿qué, no vas a decir nada? Yo dándote el sermón y no has dicho nada todavía por defenderte.
-Estaba esperando a que te desahogaras. Te veo muy tensa. Iba a sacar algunas cosas de mis maletas, a comprobar si todos mis vampiros se habían alzado y después iba a llevarte la llave de esa puerta para que tú misma puedas cerrar, precisamente para evitar un enojo como el que tienes ahora mismo. Pedí las habitaciones juntas por la misma circunstancia de la que habíamos estado hablando antes, quería protegerte de cualquier vampiro que tratase de tomarte por culpa de la atracción a tu sangre, y ya que estoy seguro de que no habrías compartido mi dormitorio conmigo…
Por un nanosegundo nos imaginé tumbados en el mismo sitio donde él estaba sentado, empujando dentro de mí con rapidez vampira… ¡Dios!, creo que la cantidad de meses que llevo sin tener sexo me está pasando factura. Pasé a estar a la defensiva-¡Antes me tumbo en mitad de la mesa del salón, me corto en el cuello y le digo a Tarik que hoy tiene de postre el “Especial de Nueva Orleans”!- agarré la llave de un tirón y me dirigí de nuevo hacia la puerta que había usado parta entrar maldiciendo el día que me crucé con vampiros.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Regalo en la oscuridad...

Gracias a Angy hoy traigo uno de sus consabitos regalitos para el sábado. Como bien dice, me gusta estar "In the dark"...

viernes, 19 de noviembre de 2010

Saga "La Mediadora" El Comienzo, Capitulo 23: Conociendo a Claire

Claire… No sabía quien demonios podía ser esta mujer, sólo sabía que en esos momentos yo estaba “poseyéndola” y que debía de tener algo que ver con Constantin ya que aparecí en su cuerpo al rozarlo.
Giré mi cabeza hacia quien me entregaba el camafeo y tal y como me imaginaba cuando reconocí su voz era Constantin. Debía de llevar poco tiempo usando este idioma porque todavía tenía muy presente el acento que se usa al hablar rumano. Por lo demás, para estar viéndolo unos ciento cincuenta años antes de conocerlo se le veía igual, con su carita prístina y su melena rubia recogida en una coleta. Me miraba con una pícara sonrisa, como si estuviese esperando saber qué me parecía su regalo. Lo que encontré diferente en el fue que sus patillas eran más largas y gruesas, rozando casi el final de su mandíbula, muy típicas de la época. Iba vestido con una levita larga en color gris oscuro, camisa blanca, chaleco en un tono de gris mucho más oscuro y pantalones negros. Del bolsillo de su chaleco asomaba una cadenita de esas que se utilizan para llevar colgado un reloj y en su mano libre portaba un sombrero de copa.
Esperaba poder moverme a mi antojo, pero al igual que me pasó la vez que lo poseí a él, yo era una mera espectadora en ese cuerpo. Lo que yo quisiera hacer no importaba, debía seguir el guión tal y como había pasado. Se me dibujó una sonrisa y sin más me lancé a sus brazos para besarlo. Él dejó caer su sombrero para poder elevarme del suelo y después de darme una vuelta en volandas mientras me miraba feliz me bajó hasta poner mi cara a la altura de la suya. Me dio un beso apasionado, de esos que hacen historia y que no se te olvida en la vida. Claire correspondía de la misma manera y aquello duró unos interminables minutos. Yo estaba sintiéndolo todo y me gustaba poder hacerlo. Mientras duró ese largo beso no pensé que era a otra mujer a la que estaba besando y debo decir que no le hacía falta que hubiesen pasado muchos años para mejorar ese talento, tenía el equipaje completo desde que nació. Cada vez que le besaba me parecía entrar en el limbo, no conseguía pensar en otra cosa que no fuese él y en lo mucho que necesitaba estar todo el tiempo tocándolo y a su lado. Cuando al fin me bajó y mis pies tocaron el suelo recordé que era a otra a quien besaba y me invadieron unos pocos de celos. Envidié a Claire porque Constantin la miraba como si fuera la única mujer en el mundo. En esos momentos no había ningún rastro de la característica frialdad adquirida por el paso de años sobre un vampiro. Se comportaba como una persona normal que dejaba asomar su estado de ánimo a su rostro. Me di cuenta de que estaba dejando llevarme por el momento apasionado que había vivido y traté de centrarme en lo que estaba viendo en ese momento. La racionalidad ayuda en un momento de pequeños celos.
Claire apoyó el camafeo sobre su escote y con la mano libre se apartó el cabello hacia un lado mientras se daba la vuelta para que Constantin se lo abrochase. Él pasó sus manos por encima de los hombros de ella para coger la cadena, rozándola a propósito en un gesto muy sexual. El embriagante y exótico olor del perfume que estaba utilizando me inundó. Olía a cítricos y a hierba mojada, a una mezcla de pomelo, limón y te verde que pasaba después a algo parecido al ámbar y al cedro. Exactamente el mismo aroma que yo recordaba haber notado cuando me besó a mí en su despacho. Ciento cincuenta años de diferencia y él seguía usando un perfume con los mismos ingredientes, igual que si fuese un distintivo en él. Impresionante.
Tras abrochar el camafeo me sujetó por la cintura y se dedicó a besar toda la línea ascendente que había desde el hombro hasta llegar al cuello.-Mi hermosa Claire, ¿me has echado de menos? He pensado en ti cada minuto que he estado despierto. No veía el momento de regresar a ti.
-Pues claro que si mi amor, no pensaba que una semana sin verte iba a pasar tan lentamente, creí morir. Me ha parecido un siglo. Sólo el saber que pronto vendrías me daba ánimos para mantenerme viva.
“Vaya tía más hortera hablando” pensé. “Por mucho que me gustara un hombre nunca diría algo así, dan ganas de vomitar. Y de cometer suicidio si vuelvo a sentir una gilipollez de esas”.
Claire se apartó hacia la ventana en un gesto infantil, como avergonzada de haberle dicho aquello y miró a través del cristal. Era de noche y había viento. La empedrada calle estaba iluminada por la tenue luz de las velas instaladas en las farolas. Había pocos viandantes paseando a esas horas y los que lo hacían iban caminando deprisa sujetándose fuertemente el abrigo para apartar el viento.
-Gracias por tu regalo. Siento no habértelo agradecido antes.
Constantin volvió a acercarse. La envolvió de nuevo entre sus brazos por detrás y volvió a recorrer la zona del cuello, alternando las palabras con cálidos besos y subiendo sus manos lentamente buscando tocar sus pechos por encima de la ropa-Sabes que no tienes que hacerlo. Te hubiese traído las rosas originales, pero aquí no las consiguen. Las que yo tenía en mi hogar me las trajeron de Japón, fue un regalo de un embajador. Me las entregó durante una de las reuniones que mantuve con los miembros del estado. Algún día te las conseguiré. Ahora…
Tocaron a la puerta. Constantin se apartó rápidamente con su velocidad vampírica y se sentó en el taburete frente al escritorio, cosa de mantener el pudor en aquella época. Claire se reajustó el vestido y ordenó pasar. Entró una muchacha joven vestida de criada.
-Mademoiselle Deville, la cena está preparada para cuando usted guste. ¡Oh excusez moi! No sabía que estaba acompañada por monsieur Dinescu, Pondré un servicio más en la mesa.
-Gracias Anette, bajaremos enseguida. Puedes marcharte.
Claire sonrió al girarse hacia el escritorio- Siempre consigues sorprender a la criada, un día de estos va a sospechar de ti.
-Tengo que practicar con la hipnosis y qué mejor modo que hacerle olvidar que me ha visto entrar. A Natasha no le dio tiempo a enseñarme. Espero que utilizarla tantas veces en el servicio no afecte a su mente.
Claire se acercó a la puerta y Constantin en seguida fue a abrirle. Estaba a punto de salir cuando le preguntó tocándole el rostro con la palma de la mano.- Estás muy pálido. Cuando hayamos cenado te daré de beber. ¿Tuviste suficiente con la que te llevaste?
-Si. Anduve a cien kilómetros de aquí y me sacié. No sé para que te empeñas en que coma si sabes que no me hace nada.
-Tienes que aparentar normalidad. Si alguna vez te descubren, nadie creerá lo que eres si te ven comer. Y Anette no se volverá loca queriendo saber de que te alimentas si no pruebas la comida.
Bajaron al comedor. La mesa estaba dispuesta con vajilla de fina porcelana, un jarrón lleno de rosas blancas y mantelería de damasco, ostentosa hasta la saciedad. Claire vivía con todos los lujos existentes en esa época.
Después de ser servidos ella envió a la sirvienta a la cocina para tener libertad al hablar mientras comían. Tras escuchar conversaciones vanas entre ellos estaba aburrida. Hablaron de varias inversiones que habían hecho en la ciudad con motivo de la ampliación de la misma. Recuerdo de las clases de historia que París fue ampliándose y adquiriendo un mayor prestigio sobre estas fechas. Monmartre había sido adherido recientemente y buscaban invertir en sus tierras. Ahí fue cuando comencé a escuchar algo que captó mi interés. Claire había estado merodeando cerca de la Iglesia de San Pierre, decía que “captaba” energía procedente de la iglesia y que le vendría muy bien para sus ritos. También comentó que tratando de localizar la energía topó con la procedente de un vampiro. Cuando el vampiro la vio, trató de hipnotizarla y de sonsacarle donde estaba Constantin. Ella pidió socorro y acudió un hombre a ayudarla. Ella consiguió escapar y el hombre quedó atrapado por los ojos de él, el vampiro ya tenía la cena de esa noche asegurada.
Constantin le pidió que le explicara como era el vampiro. Cuando Claire lo describió, sus colmillos asomaron y su gesto se volvió agresivo.- Tiene que ser Nicolae, no me cabe duda.
-¿Quién es Nicolae?
-Por lo que sé es el siguiente vampiro que hizo Lucien tras escaparnos. Debe de haberlo enviado a buscarme. Lucien todavía trata de encontrarme para hacerme pagar por haber estacado a Natasha.
Claire rompió a llorar. Se tapó la cara con ambas manos- ¿Cuándo conseguiremos escapar de él? ¡No nos dejará en paz nunca! Creí que viniéndonos a vivir a Francia lo perderíamos de vista.
Constantin endulzó su rostro al verla llorar y se levantó para acercarse a consolarla. La sujetó entre sus brazos y Claire estuvo sollozando apretada en su pecho. Cuando el llanto disminuyó le alzó la cara para secarle tiernamente las lágrimas.- Buscaremos la forma de librarnos de Lucien. Lo primero que tengo que hacer es encontrar a Nicolae y acabar con él, así no podrá informar a Lucien de donde estamos.
-¿Y de qué servirá? Hoy es Nicolae, mañana será otro vampiro al que envíe.
-Lucien es un vampiro muy anciano y Natasha llevaba con el un milenio. Está muy dolido.
-Gracias a Dios que pudiste acabar con ella.
-Di más bien gracias a ti, sin combinar tu poder con mi fuerza vampira no lo habría conseguido nunca.- Descendió su cara para besarla. Cuando terminó emitió un pequeño gemido casi imperceptible. Como de gusto o satisfacción.- Nos ocuparemos de ello mañana. Ahora vamos a comernos el postre y después te haré el amor toda la noche. Una semana sin tenerte entre mis brazos es un error que debemos arreglar cuanto antes.
Con una pícara sonrisa Claire se levantó de la silla- Creo que mejor pasamos del postre, pero de lo que venía después no.
Constantin le tendió el brazo y ella lo tomó- Ven mi amor, la cama nos espera.
La condujo hacia la habitación donde habían estado al principio. Claire fue hasta el tocador para quitarse los adornos. Constantin se acercó de nuevo por detrás para ayudarla con el corsé. Ella miró hacia el espejo deseosa de verle trabajar en su cuerpo y yo me quedé helada. Claire era muy parecida a mí en los rasgos faciales, aunque más joven. Su pelo era más claro y estaba muy elaborado en un recogido bajo lleno de bucles, su piel era algo más oscura y sus ojos normales. Por lo menos debía de pesar cinco kilos más que yo pero por la forma del ovalo de su cara, la barbilla, la forma de sus ojos y pómulos creí tener frente al espejo a una hermana menor. Yo conocía la frase esa que dice que todo el mundo tiene un doble en algún lugar del mundo, alguien igual. Puedes parecerte a tu abuela o a una tía lejana de la familia. Lo que nunca había escuchado era que ese doble pudiese estar en otro tiempo tan lejano y en otra época, y encima no pertenezca ni siquiera a tu árbol genealógico.
Los ojos de Constantin estaban tan rojos como los míos y habló con voz ronca- Mi amor, tengo muchas ganas de estar contigo, pero primero quiero un aperitivo de lo que obtendré después, me has hecho adicto a tu sabor.- Sus colmillos descendieron excitados por querer morderla y Claire le sonrió mientra inclinaba la cabeza a un lado y hacia atrás para darle mejor acceso a su aorta.
El pánico se apoderó de mí. No quería ser mordida y estaba segura de que cuando Constantin la mordiese yo iba a sentirlo. No sabía que hacer para escapar de ese momento. Tampoco me hacía gracia la idea de verlo hacerle el amor a Claire, sobre todo dada la circunstancia de que yo estaba en ella. Recordé una de las lecciones que me había dado Enrietta, si quería conseguir algo lo primero que debía hacer es desear que pasase de verdad. Lo pensé con todas mis fuerzas. Deseé estar en mi tiempo, en Chicago. Imaginé que mi cuerpo volvía a ser el mío realmente, que París había quedado lejos y me sentí mareada. Claire ojeó por el rabillo del ojo hacia el espejo, buscando poder ver a Constantin mientras la mordía. La punta de sus colmillos casi rozaba ya. Aumenté mis ganas y deseé que pasara como nunca antes había necesitado algo. Apreté los ojos con fuerza y lo volví a intentar.
Sólo había oscuridad a mi alrededor. Se hizo el silencio durante unos segundos, después comencé a oír el run-run del motor del coche donde viajaba con Constantin que estaba todavía hablándome de las costumbres vampiras. Yo tenía los ojos abiertos pero seguía estando en la oscuridad. Mi visión fue retornando lentamente, como si estuviese borrosa y poco a poco se aclarara. Lo miré escrutándolo buscando respuestas a múltiples preguntas que venían a mi mente. ¿Quién era Claire? ¿Qué tenía que ver con él? ¿Por qué mató a Natasha? ¿Qué hizo con Nicolae? La que más me intrigaba, ¿cómo era posible que una persona que era capaz de ser tan tierna y dulce como se había comportado él pudiera llegar a cambiar tanto? Ahora tenía una forma de ser que distaba mucho de aquella. Era más estirado, serio, ocultaba los sentimientos tras un rostro inexpresivo y salvo las ocasiones en que había tratado de seducirme normalmente hablaba solo de asuntos vampiros y de sus inversiones. Si cuando lo conocí hubiese sido más expresivo quizás hubiese conseguido seducirme, pero una persona tan racional no me llega.
Él me explicaba todo como un profesor que instruye a su alumno, pero yo estaba dándole vueltas a lo que había visto. Tenía conjeturas. Llegué a la conclusión de que Claire debía ser la mediadora que él había conocido, había estado enamorado de ella. Según él me dijo ella había muerto cuando llevaba convertido un año, por lo que debía de faltar poco para que sucediese.
Quería explicarle qué había visto y preguntarle por todo aquello, pero no hubo tiempo de hacerlo. El coche se detuvo y bajé el cristal de la ventanilla. Ya era de noche. Estábamos frente a una gigantesca construcción con una gran escalinata. A los pies de ella había una comitiva formada por unas veinte personas organizadas en dos grupos, uno a cada lado. Estaban esperando a que saliésemos. En el lado derecho del edificio atisbé lo que me pareció un inmenso cementerio muy antiguo que enseguida hizo que mi cuerpo se llenara de vibraciones. ¿Quién era el estúpido que querría vivir al lado de uno? Moretti debía de ser un morboso.
Adam y Cristine cogieron los bolsos y bajaron del vehículo para esperarnos. Constantin Bajó y me ofreció su mano.- ¿Estás preparada?-Sólo atiné a asentir.- Bien. Recuerda mantenerte cerca de mí. Kareemath no está en la entrada, por lo que quiere dejar claro su estatus.
Suspiré y tal y como él me había pedido que hiciese me dejé llevar cogida de su mano, como si fuera un objeto decorativo en él y le perteneciese. No sé que podría esperar de Indianápolis y sus vampiros, pero sea lo que sea, cuanto antes pase, mejor.

viernes, 12 de noviembre de 2010

La Danse des Vampires, Capitulo 2

A las dos horas exactamente yo estaba sentada en uno de los cómodos sofás del salón principal de la mansión esperando a Tara. Dominique había vuelto al sótano para reanudar su trabajo en el laboratorio e iba después a acompañar a Veronique para comprar unos cuantos artículos para la función de más tarde.
Mientras esperaba a que ella llegara me dediqué a leer uno de los libros antiguos de la estantería. Era un libro bastante grande y grueso pero ya lo llevaba más o menos por la mitad. Recién convertida y sin saber apenas nada del mundo vampiro tenía muchísimas preguntas para hacer a Antoine y Dominique. Como hacía muchas, Antoine me mostró el libro que estoy leyendo y me dijo que estaba dedicado a los inicios del vampirismo. Leerlo me distrae bastante cuando no estoy al lado de Dominique.
Aunque estaba bastante concentrada conseguí escuchar a Tara cuando se acercó a la puerta del salón. Más bien debería decir que lo que escuché de ella fue el latir de su corazón bombeando. Es la única persona viva que pisa la casa fuera del horario del espectáculo, aparte de su novio Jake.

-¡Pasa Tara, estoy en el salón!- le avisé.

Tara entró con la cara de sorpresa de siempre- Sigo sin acostumbrarme a que sepas de antemano que estoy llegando.

-A estas alturas no debería sorprenderte, ¿no crees?

Tara es la única persona que sabe lo que somos en la mansión. Es muy perspicaz y comenzó a sospechar por mi culpa, cuando dejó de verme salir de día y mi cara palideció mucho. Lo que la terminó de convencer fue el que me costase dominar mis colmillos para que no asomaran y me trababa al hablar. Se asustó mucho al principio y Dominique la hipnotizó para hacerle olvidar lo que había visto. Una y otra vez volvía a ocurrir y al final mi madre convenció a Antoine para que me permitieran explicárselo, así podía mantener nuestra amistad y a la familia a salvo.

-Tú di lo que quieras, pero a un vampiro no se acostumbra nadie- me dijo bromeando mientras simulaba unos colmillos sobre su boca con los dedos índice.

-¿Dónde está Jake?- Le pregunté, luego me arrepentí de habérselo preguntado. Desde hace unos meses estaban teniendo problemas de pareja y si Tara estaba aquí sola debía ser porque habían tenido otra de sus peleas.

-Ni lo menciones. Ha decidido que se encontraba agobiado por mí, que no le dejo su propio espacio. Lo mismo que pasó cuando estuvimos saliendo la otra vez.

-Tienes que entenderlo, entre las clases, el rugby, tú y las prácticas que está haciendo en la empresa de su padre tiene que estar agobiado de verdad. Yo no aguantaría ese ritmo.

-Tú ahora mismo no aguantas despierta ni siquiera catorce horas del día, y no vas a estudiar por lo menos, así que no te pongas de su parte.- me recriminó sentándose a mi lado.

Levanté mis manos para tratar de frenar su enfado que iba en aumento y me levanté del sofá simulando estar asustada aunque en realidad fui a buscarle un café del carrito que había preparado- ¡Epa! No pagues conmigo tu mal humor, simpática, que sólo estaba haciendo un comentario sobre lo que opino. Como tu amiga te aconsejo que le des un poco de espacio o acabará cansándose.

-¿Y qué quieres que haga? ¿Lo dejo? Podría él también dejar el rugby por ejemplo. De todos modos algún día heredará la empresa de su padre, así que tiene un futuro ya preparado.

-Sabes de sobra que lo que a él le gusta es el rugby y que quiere dedicarse a ello profesionalmente., no lo va a dejar.

-Tú si que tienes suerte. Dominique bebe los vientos por ti y no te deja a sol ni a sombra. Y encima vives con él.

Me preparé uno de mis suculentos capuchinos antes de volver con ella. Hoy definitivamente la visita de Tara parecía uno de esos programas donde te dan consejos sentimentales.- Si, vivimos juntos… ¿y qué? Dominique ahora mismo está en el sótano ocupado y luego va con Veronique a unos recados. Yo estaba aquí leyendo y había quedado contigo, solo las dos. No siempre estamos juntos y eso ayuda a que cuando nos vemos nos apetece más estar juntos y contarnos qué hemos hecho.

-Di lo que quieras, Dominique y Jake no se parecen ni en el carácter.

-Tú no lo has visto cuando saca los colmillos porque está cabreado, si no, no hablarías así.- le dije con una sonrisita mostrando mis colmillos a medio sacar .Me excitaba pensar en los suyos sobresaliendo.

Antoine y mamá entraron en ese momento en el salón. Mamá estaba espectacular con su pelo recogido en una coleta alta y embutida en un costoso vestido de una firma francesa muy conocida. Fue un regalo de Antoine cuando cumplió el primer año de su conversión. Antoine llevaba su pelo rubio largo, ondulado y suelto como siempre. Tenía una carta entre sus manos.

-Hola Kat, ¿Dónde está Dominique?

-Creo que hace un rato que salió con Veronique. No me dijo cuánto tardarían en volver.

-¡Ah chére! Recuerdo que Veronique pensaba comprar nuevos objetos para el atrezzo. Cuando regresen diles que necesito reunirme con ellos.- Dio un beso en la mejilla a mamá y tras despedirse de nosotras se fue del salón.

Pregunté a mamá por qué Antoine no había usado la telepatía para conectar con Dominique y mamá me dijo que tras recibir la carta que llevaba en la mano su rostro mostró preocupación pero que no le había dicho nada a ella. Mamá suponía que quizás él no conseguía concentrarse en la telepatía por culpa de ese problema.
No me quedé conforme con lo que había pasado pero no tenía costumbre de entrometerme en los asuntos de la familia. Yo todavía soy un aprendiz en los asuntos vampiros.
Mamá notó lo pensativa que estaba y para intentar alegrarme comenzó a explicarme las ideas que tenía para la nueva campaña de publicidad del espectáculo de esta temporada. La trama de la obra iba a tratar de la época de los años veinte, donde unos gángsters tramaban un golpe a la mafia local. El argumento lo había diseñado mamá, su excusa era que había que las obras de teatro debían de renovarse para no perecer en el aburrimiento del espectador. Antoine y Veronique no querían cambiar la época de sus obras de teatro, amaban los tiempos en los que ellos nacieron, pero mamá supo convencer a Antoine con sus mimos. Lo que hace el amor… y Antoine profesaba mucho hacia mamá, haría cualquier cosa por ella, hasta cambiar el guión de la obra por uno de los años veinte. Por eso Veronique había ido a comprar artículos en una tienda de antigüedades para reformar de nuevo la casa.
Tara se marchó al cabo de una hora porque tenía deberes de clase que hacer. Se fue no sin antes recordarme lo a gusto que yo estaba sin tener que asistir a clase.
Dominique y Veronique regresaron media hora después y tal y como me pidió Antoine los envié a buscarlo a su despacho.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Saga "La Mediadora" El Comienzo Capitulo 22: Claire

Sobre las cinco de la tarde todo estaba dispuesto para partir. Estaba embutida en uno de los costosos trajes que me habían comprado para la ocasión: conjunto de falda corta lisa y chaqueta negros acompañados de una fina blusa de seda en tono champán claro. Agregué unas medias negras muy transparentes, unos zapatos de tacón fino con un pequeño adorno en forma de broche dorado y un discreto bolso negro en piel de cocodrilo.La simpleza del conjunto quedaba perfecto, realzaba mi figura -sobre todo mi trasero- pero me podría venir bien para no destacar mucho entre la gente cuando llegasemos al juicio.
Me habían dado indicaciones de que esperara a Constantin en su despacho de la planta baja, así que allí estaba yo juegueteando con una de las figuras en plata que adornaban una estantería al fondo de la habitación. Era una pequeña estatuilla del tamaño de la palma de mi mano con la forma de una mujer india, pluma en la cabeza incluida. No sé por qué pero me recordaba a Pocahontas. La figura tenía la mano alzada y portaba una pequeña daga en su mano. A fuerza de manosearla descubrí que sus extremidades y cabeza estaban articuladas y mi necesidad de distraerme con ella aumentó. No era nada del otro mundo, pero hacerle subir y bajar el brazo que portaba la daga me hacía distraerme de mi ansiedad. Cinco minutos antes, los ventanales del despacho se habían cerrado mecánicamente con un grueso muro de acero que salió por una hendidura del exterior del alfeizar. Antes de que terminasen de cerrarse me dio tiempo de ver por el cristal que el resto de ventanas que desde allí se podían ver también estaban siendo amuralladas. La casa entera se había convertido en un bunker impenetrable. No suelo ser miedosa, pero saber que estoy encerrada y no conozco la manera de salir me pone de los nervios. Estaba segura de que cuando Constantin llegase me daría una explicación pero mientras no lo hiciese yo me comía el coco pensando en una vía de escape. Es una de las primeras lecciones que mi abuela me enseñó cuando me entrenaba para luchar contra los vampiros:

“Conforme camines, donde estés debes comprobar todo el área que te sea posible minuciosamente. Si te cruzas con un vampiro y decide hacerte prisionera para tener alimento seguro durante días, tendrías solo una oportunidad buena de escapar si sabes con antelación donde está la salida”.

Tantas veces me lo repitió a lo largo de mi vida que había creado en mí una especie de fobia extraña, puesto que no hacía falta que fuera un espacio pequeño para molestarme. Por eso decidí fisgonear por la habitación, para distraerme y no pensar en que me sentía atrapada. Encontrar a Pocahontas fue un alivio. Tras tres minutos mi nerviosismo aumentaba y con ello la rapidez de mis movimientos sobre la muñeca. Si seguía así la india se quedaba sin brazo.

Una suave mano se posó sobre la mía para detener mis movimientos- Yo que tú no haría eso, puedes lastimarte.

Giré la cabeza en un nanosegundo, era Constantin y extrañamente su cara mostraba cansancio. Maldije en mi interior. Tan concentrada estaba en olvidar mi fobia que lo que realmente olvidé fué la primera regla de mi abuela, estar alerta y anticiparme. No me había enterado de cuando él entró.- Lo siento, no creí que fuese algo tan endeble como para que me lo pueda cargar.

Debió de notar algo en mi mirada porque se apresuró a explicarme- No es la figura la que me preocupa que le pueda pasar algo, eres tú. Esto no es tan inofensivo como parece.

Me arrebató con delicadeza la pequeña figura. Con dos dedos giró el brazo de la figura un poco más hacia atrás de lo que yo lo había estado haciendo mientras con la otra mano la sujetaba firmemente por la base. Se oyó un click y la cabeza de la india torció a un lado dejando asomar un afilado cortaplumas.

-¡Oh!- Exclamé pensando en que me podía haber cortado.- Estaba tratando de distraerme un poco. Las ventanas han sido emparedadas con un grueso muro de acero y no me gusta quedarme encerrada sin previo aviso.

-Esto se hace siempre que me levanto temprano, antes de que se haya ocultado el sol. Gracias a ello puedo pasearme por toda mi casa sin el peligro de quemarme. Siento que no te hayan avisado, me encargaré de que no vuelva a suceder.

Volvió a colocar la cabeza en su sitio y se acercó hasta la estantería para dejar la figura en su sitio. Fue el momento en que me fijé en su vestuario. Siempre que lo he visto ha llevado puesto un traje, esta vez también llevaba uno pero tenía algo que lo hacía diferente. Iba vestido de pies a cabeza en riguroso negro: camisa, pantalón, zapatos... nada fuera de lo común. Creo que lo diferente estaba en su abrigo, era largo hasta el tobillo, ajustado en la parte superior, mucho más amplio en la parte inferior y con una gran abertura en la parte de atrás. Las mangas tenían acabado mosquetero en los puños. Me dieron ganas de preguntarle si acaso era fan de las películas de Matrix, donde Keanu Reeves llevaba uno del mismo estilo, solo que en cuero. Debió de notar algo porque se giró hacia la puerta. Aunque nadie había llamado dió permiso para entrar.

-Adelante, Elliot.

Sería cosa de vampiro. La puerta se abrió y el Renfield estaba realmente tras la puerta. Entró en la habitación e hizo una tiesa reverencia con la cabeza a Constantin.

-Señor, el equipaje ya está en el vehículo. Todo dispuesto para cuando desee partir.

No esperó respuesta, simplemente se apartó a un lado esperando para que él saliese. Constantin me miró de nuevo y tras escrutarme de arriba a abajo curvó sus labios en una sonrisa picarona.

-Luces hermosa.- Constantin caminó sonriente hacia mi elevando una mano con la palma hacia arriba a la altura de su pecho, era una invitación a acompañarlo.-Ven frumoasa floarea, nos esperan en Indiana.

Tanta caballerosidad me resultaba muy pastelosa. En lugar de tomar su mano me paré junto a él mientras hacía como que me arreglaba unas ficticias arrugas en mi blusa. Esperó paciente a que acabase para insistirme en que tomara su mano. Como ya no se me ocurría nada le negué con la cabeza.

-No te voy a hacer nada, créeme.

Rodé mis ojos- ¿Y ahora qué dirás? ¿Que no muerdes? ¡Por favor...!

Puso sus manos en la cadera y adoptó una voz imitando un pequeño enfado- ¿Acaso te los he mostrado alguna vez? Que tenga con que morder no siempre significa que vaya a hacerlo. El problema está en que todavía no te has relajado y por eso tomas una actitud defensiva. Lo único que intentaba era que tomaras mi mano para caminar hacia el coche, quería que te fueses acostumbrando a hacerlo para que cuando llegasemos a Indiana no te supusiese un problema. Cuando lleguemos allí nos estará esperando una escolta de Moretti y posiblemente alguien que pertenezca a Kareemah, si ven que tu llegas de mi mano sabrán que me perteneces y no podrán ponerte una mano encima.

-¡Yo no te pertenezco! Si sigues por ese camino prefiero quedarme y mandar a la mierda todo, incluido el reportaje.

-Es una formalidad. Todo aquel que no pertenece a un maestro automáticamente se convierte en un alimento a compartir. ¿O es que te apetece ser mordida por cualquiera que quiera hacerlo?- hizo una parada dramática para enfatizar el asunto- Entonces, ¿vendrás de mi mano o prefieres no venir y que Moretti suelte otra vez a Bernie gracias a un juicio nulo? Prescott estará feliz de poder ir a por Gina Banks y terminar con lo que empezó. Créeme, esta vez estará preparado por si alguien trata otra vez de capturarlo.

Lo analicé por un momento. No creí que mi presencia pueda tener tanto valor en el juicio como él pensaba. Al final sopesó más el no querer ser culpable si algo malo le pasaba a Gina Banks que mi testarudez hacia el vampiro. Respiré profundamente y coloqué mi mano sobre la suya dándole una mirada entrecerrada.

-Que conste que esto me ha parecido un chantaje más que otra cosa. Espero que por lo menos me pongas al dia con todo lo que pueda necesitar saber, no quiero más sorpresas del estilo “las ventanas se emparedan automáticamente” o “tiene que parecer que eres propiedad de alguien”.

-Por supuesto frumos...- me dijo mientras caminabamos por el pasillo.

-Te he dicho ya mil veces que no me llames eso.- protesté yo.

Llegamos hasta una puerta al fondo seguidos por Elliot que se apresuró para abrirnos. La estancia era un garaje que daba directamente al lado del restaurante. Hice memoria y recordé ver un portón junto a él, pero por su apariencia exterior nunca lo hubiese relacionado con una propiedad de Constantin, la fachada no encajaba con la pintura del resto del edificio y su aspecto era deteriorado.
Dentro del enorme garage se encontraban tres gigantescos vehículos negros con los cristales tintados. Por su tamaño me resultaba difícil encajarlos en la gama de gran monovolumen o en la de microbus. Tras ellos había un camión en el que un grupo de weres terminaban de cargar una especie de maletas largas junto a varios baúles. Adam y Cristine estaban en ese grupo.

-Antes de que preguntes y para ratificar el acuerdo que teníamos sobre que te informaría de todo lo que quieres saber te diré que esa especie de maletas portan a un grupo de mis vampiros que formarán parte de la comitiva que llevo.- me dijo Constantin.

-¿Eso son ataudes?

-Si, se podrían llamar así si te gusta más,. Es lo mejor del mercado actualmente para el transporte de vampiros durante el día.

-Presumes de tradicional y luego usas cosas de última generación, no te pega.

-Pues claro que hay cosas que son necesarias. Un ataud tradicional era lo mejor para ocultarse del sol y de las miradas ajenas en mi época, nadie quería abrirlo por si daba mala suerte. Hoy en día ir en uno es lo mismo que llevar un cartel en la frente que ponga: “vampiro, permitido estacar mientras duermo”. El material con el que están hechos es ignífugo y tampoco deja traspasar la luz, si tuviesemos un accidente tendrían tiempo de sobra de salvarlos ahí metidos.

-Pues venga, no te entretengo más, ve a por el tuyo. Yo te aviso cuando lleguemos.

-He optado por mantenerme despierto durante el viaje, son tres horas nada más.

Adam y Cristine llegaron hasta nosotros- Todo está dispuesto para cuando quieras salir.

Con un asentimiento de cabeza del maestro el grupo de weres fue montando en dos de los vehículos. Elliot se apresuró a abrir la puerta a su señor después de recibir las últimas órdenes con lo que se debía de hacer en su ausencia y después de montarme yo subieron al coche los dos were-tigre.
El habitáculo era muy grande, había asientos a un lado y otro como en una limusina, incluso una pequeña nevera y un soporte para bebidas.. Constantin me invitó a sentarme a su lado y como si todo hubiese sido estudiado en una coreografía el portón se abrió y los vehículos fueron marchando. El nuestro era el del medio.
Al principio del trayecto estaba un poco incómoda pensando en lo que me esperaría ver cuando llegasemos. Para olvidar el malestar centré mi atención en los dos weres que estaban jugueteando como si fuesen cachorros tirándose del pelo o de las mangas de sus abrigos. Era divertido ver cómo esperaban la oportunidad de molestarse el uno al otro hasta que empezaron los mordisquitos y Constantin tuvo que poner paz entre ellos porque el juego estaba pasando a mayores. Cuando consiguió calmarlos volvió a centrar su atención en mí. Tal y como quedamos empezó a adoctrinarme en las costumbres vampiras que debía cuidar en una reunión como a la que íbamos. Eran muchas, unas más raras que otras pero llevaderas. Estos son algunos ejemplos: Nunca debía de intentar dar la mano para saludar, con una simple inclinación de cabeza era suficiente. Si teníamos que desplazarnos hacia una estancia diferente primero debía de pasar la Riaht, después los consejeros, los maestros y por último el séquito, así era como ellos llaman a la compañía que llevaba cada maestro, incluida la escolta. Los humanos no podíamos estar en algunas de las reuniones y nuestros dormitorios estaban todos en la misma planta, lejos de los de los vampiros- salvo que te hubiesen invitado a permanecer en uno. No podíamos tampoco hablar sin ser preguntados o sin haber dado permiso. A cada nueva norma que me decía yo tenía siempre una pregunta, ¿Qué cojones se habían creído estos vampiros? Tratan a los humanos como perros. Constantin notaba que me iba molestando saber todo esto.

-Mea floare, no te sientas molesta por las normas que estás escuchándome decir. Piensa que hemos estado ocultos durante mucho tiempo y es muy difícil cambiar las costumbres en tan corto espacio. Además piensa, si hubiésemos sido descubiertos en vez de hacerlo público nosotros, ¿nos habrían tratado como iguales o peor de lo que yo te estoy explicando?

Tuve que darle la razón ahí, la mente humana es una jodida mierda cuando trata de protegerse. Los vampiros hacían exactamente lo mismo y no podía juzgarlos duramente por ello.
Tras esa explicación que me dejó mas o menos convencida se formó un pequeño silencio que yo rompí preguntándole si me podía explicar cómo Kareemah había conseguido ser Riath aquí procediendo de Egipto. Por lo poco que me había hablado de ella parecía ser una gobernante autoritaria. Él mismo tampoco sabía exactamente cómo había sido en vida, lo único que conocía era que ya siendo vampiro fue emigrando continuamente por Africa para no ser descubierta hasta embarcar en Mauritania en una nave mercantil que cruzó el Atlántico rumbo a Sudamérica. Para subsistir se alimentó e hipnotizó a la tripulación con algún que otro percance que dió lugar a unas cuantas historias sobre la ”nave maldita” que duraron años.
Estaba explicándome cómo ocupó el lugar del antigio Riath cuando el vehículo pilló un bache en la carretera. El rebote fue tan grande que choqué con Constantin. Una luz intensa me dejó ciega por instantes, así que cerré los ojos y esperé a que se les pasase el destello.
Cuando abrí los ojos no estaba en el interior del vehículo. Me encontraba en una habitación, un dormitorio para ser más exactos. Era una habitación enorme, con la pared empapelada en motivos florales en tonos pastel, muebles muy torneados en caoba oscuro y la cama de dosel con visillos blancos. Yo estaba sentada junto a la ventana frente a un escritorio. Miré hacia abajo a mis ropas y aluciné. Llevaba puesto un hermoso vestido en color azul profundo, de escote barco rematado con un pequeño lacito de encaje, mangas caidas hechas del mismo tipo encaje y la falda voluminosa por estar usando una gigantesca crinolina. El taburete sobre el que estaba sentada no podía verse por culpa de ella.

-Vale- pensé- ya estoy metida de nuevo en una de esas regresiones que no me sirven para nada.

Me di cuenta que sobre el escritorio había una hoja, una carta. Debía de estar escribiendo cuando llegué allí, tenía el dedo pulgar y el dedo corazón ligeramente manchados de tinta. Ojeé la carta y sólo estaba puesta la fecha y el lugar: Paris, 8 de noviembre de 1860.
Quizás todo esto de estar viajando al siglo XIX era porque tenía que arreglar algo que sucedió y hasta que no lo consiga no podría quitarme el problema de los flashback. Era lo único que se me ocurrió en ese momento acordándome de lo que hice sin querer durante el asalto al hotel, así que me concentré en repasar todo lo que había visto hasta ahora en mis visiones por si encontraba la clave para ese momento.
De repente, un precioso camafeo ovalado en marfil con el dibujo de una rosa negra en el centro apareció ante mis ojos y escuché una inconfundible y melodiosa voz, sólo que con un profundo acento.

-Un pequeño detalle para mi hermosa Claire...

domingo, 7 de noviembre de 2010

martes, 2 de noviembre de 2010

Saga "La Mediadora" El Comienzo Capitulo 21: De Compras

El recibidor estaba lleno de vida con el trasiego de vampiros para un lado y otro. A excepción de los que estaban de guardia todos me iban saludando con un leve gesto de inclinación con la cabeza. El aire estaba electrizado, cargado de energía, como si esa noche se estuviesen preparando para algo importante. Subiendo las escaleras me crucé con unos cuantos weres que comentaban con Adam sobre el por qué todo el mundo estaba absorto haciendo preparativos para cuando el maestro partiese al día siguiente para Indiana. La casa debía quedar bien guardada por si se producía un ataque y todavía se estaba ultimando el equipaje y la protección que debíamos llevar. No pensé que de verdad podía hacer falta tanto, sólo era un viaje de un par de días entre ir, el juicio y volver.
Al llegar a la puerta de mi habitación me encontré con que alguien me había dejado un sobre pegado con cinta adhesiva al lado del pomo. Era una nota de Cristine indicándome que no preparase nada de equipaje, ni siquiera la ropa interior. Todo lo que necesitase lo compraríamos por la mañana. ¿Qué le pasaba a mi lencería para que no quisiese que la llevara? Espero por su bien que no haya estado registrando entre mis cosas. No es que yo use ropa interior tipo “axilar”- de esas que llevan las personas mayores en las que las bragas son tan altas que alcanzan justo el pliegue de las axilas.- Mi lencería suele ser deportiva por lo cómoda y práctica que es. Luego eso si, para cuando he tenido algún que otro escarceo amoroso a lo largo de mi vida tengo guardados algunos conjuntitos de Victoria Secret's que harían maldecir a mi yaya. No traje ninguno conmigo porque estaba claro a lo que había venido, a trabajar nada más. Así que esto me lleva a una nueva pregunta: ¿qué estarían pensando que iba a suceder allí?
Arranqué el sobre y me introduje en la habitación.
Estuve tecleando en mi pc un buen rato hasta que mi teléfono sonó. Comprobé quien era y me sonreí a mí misma.

-¿No te duermes todavía? Mañana vas a ser un gatito muy manso por el cansancio.

-La verdad es que no había hecho nada más que cerrar los ojos y me llamaron para una redada sorpresa. Están desvalijando unos grandes almacenes y los agentes que hay allí pidieron refuerzos. ¿Adivinas quién es el idiota que vive muy cerca de allí?

-¿Es la pregunta del millón? Supongo que tú. ¿No hay más agentes de servicio o qué? ¿Y qué haces perdiendo el tiempo conmigo en vez de irte ya?

-Estoy ya cogiendo el kevlar y salgo para allá. Me han llamado porque soy el que tengo más experiencia en robos con rehenes de la comisaría. Tienen atrapados a cuatro seguratas y la zona se está convirtiendo en un caos con el revuelo latente entre periodistas y vecinos fisgones, todos quieren un asiento en primera fila para empaparse bien de lo que sucede.

-Ten cuidado y no te retrases más, no me gustaría que muriese alguien por mi culpa, por haberte entretenido.

-Tranquila,- escuché un portazo como si estuviese ya saliendo de su casa.- Solo quería pedirte que me llames cuando vuelvas para saber que ya terminaste tu trabajo con Dinescu y que estás bien. Las reuniones de vampiros donde suelen estar los de más alto nivel no me gustan ni un pelo. Además, la despedida que nos hemos dado ha sido muy sosa.

La pequeña emisora que lleva colgada en uno de los brazos para dirigir a su equipo se encendió preguntandole cuánto le quedaba para llegar a los almacenes. -Vete ya Donovan. Te prometo llamarte cuando vuelva.

Me dijo adios y colgué rápidamente cuando me dijo con voz melancólica que me extrañaría. Pese a su apariencia de tipo duro era todo un cachorro sentimental.
Me dirigí hacia el baño para al menos recoger en un neceser lo imprescindible y volví a por mi pc portátil para avanzar un poco más el reportaje. Me situé encima de la cama con los pies cruzados y apoyé el ordenador en mis rodillas mientras pensaba qué era lo último que había escrito antes de que Donovan llamara.
Debí quedarme dormida mientras repasaba las posibles erratas. Cuando abrí los ojos estaba cegada por los rayos de sol que entraban por la ventana y se podía escuchar a Cristine al otro lado de la puerta llamándome y aporreando fuerte. Sin mucha prisa por mi parte abrí.

-¿Sabes la hora que es? Las diez y media ya. Vamos muy atrasadas con las compras.- Cristine entró agitada y cerró tras de sí con energía. Me miró de arriba a abajo y negó mientras chasqueaba con la lengua. Me quedé dormida llevando aún la ropa con la que salí el día anterior. Debía de tener una pinta horrenda.

-No es que piense que vamos a ir a vaciar las tiendas como para tener que madrugar para comprar y que nos de tiempo. Tampoco creo que sea época de rebajas y si no vamos pronto nos vamos a quedar sin las gangas.- Me salió un bostezo gigantesco.

-¿Tan buena fue la fiesta que te diste y estabas tan agotada que decidiste ni siquiera era bueno quitarte la ropa?

Le dí una mirada de “te estás pasando” y ella se sobresaltó.- Nos es que te interese mucho ni que deba decírtelo pero sí, me lo pasé muy bien. Y después estuve escribiendo durante mucho rato en mi pc sobre el reportaje. ¿Algo más, reina de la hosquedad?

Cristine se relajó un poco con la expñicación y volvió a abrir para dejar pasar un carrito con un desayuno coninental- Solo una cosa, apúrate en cambiarte y comer. Quiero recorrer unas cuantas tiendas y deberíamos estar de regreso a la hora de comer. Todavía me queda mucho que hacer.

-¿Liáis todo esto siempre que se organiza un viaje?

-Si, pero hacía mucho que Constantin no salía de Illinois y quiero que todo salga bien. Es la primera vez que lo organizo yo todo.

-Si te agobias pensando en ello es cuando las cosas se pueden torcer. Tienes que ser positiva y pensar en que nada fallará.- la alenté.

-Hasta ahora todo ha salido bien porque todo el mundo ha seguido mis instrucciones. Tú eres la única que ha sido un dolor en el culo.

-Soy la única que va porque quiere, no tengo obligación.

-Pero podías colaborar un poquito más...

-Y tú podrías meterte menos en mis asuntos, quizás así sería más cooperativa.

Se lo pensó un poco- Quizás llevas razón. Juro que no te preguntaré más sobre cosas personales si tú te das prisa para ir a comprar.

-Trato hecho- dije yo.

Cogí un bollo relleno de crema y me encaminé hacia el baño para ducharme mientras Cristine se iba más contenta a esperarme abajo. Veinte minutos más tarde estabamos saliendo hacia el jardín para coger mi coche. Todo iba bien entre nosotras hasta que me hizo parar en la avenida Michigan. La primera boutique en la que quiso entrar fue Gucci. Como prometí colaborar entré y estuve mirando unos cuantos tops. A los cinco minutos Cristine me llamó desde atrás. Me giré. Ella estaba muy contenta esperando junto a una dependienta que cargaba muy feliz con unas veinte prendas distintas entre sus brazos. La dependienta no podía tener una cara mayor de satisfacción que si le hubiese tocado la lotería de Navidad. Cristine le indicó que metiera todas las ropas en un cambiador y me achuchó para que entrara a probármelo todo. Miré todo lo que tenía sobre una pequeña mesita buscando conjuntar. Cristine tenía buen gusto escogiendo la ropa y también buen ojo, todo era de mi talla. Salí un par de veces para ver qué me decía. Ella me miraba muy seria como si de un concurso de top models se tratase y ella fuese el jurado principal. Me hacía caminar unos pasos, dar dos vueltas y adoptar varias poses hasta que yo bufaba por tanto rodeo y entonces anunciaba: nos lo quedamos.
La tercera vez que me probaba algo tuve la idea de mirar la etiqueta con el precio, casi grito del susto. Quise terminar con la compra y le rogué varias veces que nos fuéramos, pero ella ni caso.

-Ojalá alguien me diera carta blanca para comprar todo lo que quisiera. Dinescu fue muy claro con el tipo de ropas que ibas a necesitar y yo cumplo. Ahora, si lo que te pasa es que quieres mirar en otros diseñadores, dímelo. Cuando salgamos de aquí tenemos que ir a un par de boutiques más.

-Con cuatro conjuntos yo creo que sobra. La ropa que yo tengo es elegante y está bien, pero el estilo de estas prendas me hace pensar que allí todo el mundo va todo el tiempo de gala.

-No lo sabes tú bien. Cuando hay reuniones en las que estám presentes altos cargos del status vampiro no hay ninguno que no trate de mostrar lo poderoso y rico que es frente a los demás. Los vampiros son así de ambiciosos, todo lo suyo tiene que ser mejor . Eso por no hablar de Kareemah, es capaz de gastar en un día lo que en la mansión se necesita para dar de comer a todos los que viven allí durante dos semanas, y ya sabes lo que les gusta comer a los were...

-¡Joder!- esa palabra resumía muy bien lo que me parecía toda esa mierda de ostentación.

Seguí probando y al poco tiempo la caja registradora estaba sonando mientras hacía la cuenta de la compra.

-¿Efectivo o tarjeta?

-Tarjeta, pass-vip.- Cristine le entregó una tarjeta dorada. Era del tipo de tarjetas que usan las personas asiduas a un comercio y tienen cuenta abierta.

-¡Oh, disculpeme señorita!, no sabía que pertenecía al servicio del señor Dinescu- Dijo avergonzada después de comprobar la tarjeta- Si me lo hubiese dicho le hubiese mostrado la nueva colección en una sala privada para su comodidad.

Tras unas cuantas reverencias y un escaneo hacia mi persona preguntándose quién era la mujer a la que Constantin estaba comprando las ropas conseguimos salir de allí. De allí me guió hasta Water Tower Place en North Side para visitar tres tiendas más. La primera fue para comprar kilométricos zapatos de aguja y tres bolsos. Tras mis ruegos me compró también unos zapatos de tacón más decente. En la segunda tienda en la que entramos miramos más ropa, pero sobre todo lencería, Cristine tenía en esto también un gusto exquisito e incluso me aconsejó en más de una cosa que me llamó la atención, se notaba que disfrutaba gastando dinero. En la última tienda Cristine pidió que nos mostraran exclusivamente trajes de fiesta y de coctel. La dependienta debió de reconocer a Cristine, porque después de preguntarle para quién trabajaba se fue a la parte trasera del negocio y regresó con un vestido guardado en una lujosa funda dorada.

-El señor Dinescu dejó instrucciones explícitas para confeccionar este vestido. Solo falta que la señorita se lo pruebe por si hay que reajustarlo a su figura.

Casi me caigo de culo cuando sacaron el vestido para que me lo probase. Era totalmente de estilo victoriano, en seda negra en la parte de la falda y de rojo sangre cubierto de encaje negro en el corpiño. La falda era una cascada de volantes y acababa en cola. De los hombros caían unas ristras de perlas negras en forma de lágrimas a modo de semi mangas y el escote era pronunciado y rematado con el mismo tipo de cuentas. Me ardían las manos al pensar que debía de tocarlo para probármelo y pudiese mancharlo. Junto al vestido trajeron una caja forrada en terciopelo. La dependienta la abrió y me mostró el interior. Era un bellísimo conjunto de tiara, collar y pendientes a juego. Toda la gargantilla estaba llena de pequeños diamantes y sobre ella colgaba un rubí en forma de lágrima bastante grande que también estaba rodeado de diamantes. Lo único más discreto era la tiara, formada sólo por pequeños diamantes. La caja también portaba una nota. Estaba escrita con la misma letra que la que una vez me entregó Elliot .

“Pedí que confeccionaran este vestido pensando en ti. Estoy seguro de que Kareemah dará una de sus conocidas fiestas y me gustaría que lucieses como la mujer más hermosa de la fiesta. Espero que te guste todo. Constantin”

Si de verdad quería que me divirtiese en esa maldita fiesta me debería de haber dejado ir en jeans.-pensé mientras me lo probaba- Si te manchas no te duele el estómago pensando en lo que te costaron. El vestido era una monada, eso no lo dudaba, pero no ve veía luciéndolo. Cristine me ignoró y lo guardó con esmero en su funda tras los últimos retoques.

Regresando hacia el coche me sentí como Julia Roberts en Pretty Woman, cargadas de ropas de firma compradas por el guapo ricachón y la gente mirándonos asombrados. Me moría de vergüenza. Estaba deseando regresas a la mansión y desaparecer de aquellas miradas, cosa que hicimos nada más coger el coche. Llegamos justo a la hora de comer como había previsto Cristine.
Como yo me había comportado y no le había dado problemas, ella estaba super amable conmigo, incluso se ofreció a ayudarme con el equipaje. Ya solo faltaba que Constantin se alzara para salir.